Tesalónica en época bizantina

 

En esta entrada conoceremos el comienzo del doloroso cautiverio de Cameniates y su familia. Sigue leyendo para averiguar los detalles…

 

EL CAUTIVERIO DE JUAN CAMENIATES

El grupo de Cameniates fue conducido a un barco egipcio. Allí se dedicaron a preguntar por el resto de sus familiares y consiguieron localizar a la madre de Juan y a otro de sus hermanos así como a su cuñada, pero su mujer, sus tres hijos de corta edad y su hermana pequeña no pudieron ser localizados. Anonadados por la tristeza se dispusieron a sufrir una penosa travesía encadenados y amontonados en espacios insuficientes e insalubres, hostigados por el hambre y la sed. Muy pronto estas condiciones comenzaron a hacer mella entre los cautivos, de los que había ochocientos en el abarrotado barco de Cameniates que, sumados a los doscientos de la tripulación, hacían la navegación muy lenta.

 

A la tarde del día siguiente, cuando la flota estaba a la altura del lugar llamado Bolbos divisaron unos jinetes cabalgando frente a ellos y haciendo señas a los barcos. Se trataba de los mismos ciudadanos con los que León de Trípoli había tratado el día anterior y que ahora deseaban rescatar a ciertas mujeres, lo cual se realizó con celeridad previo pago de una fuerte suma de oro. Luego la flota puso proa a alta mar de nuevo y en breve realizó un alto frente a la isla de Palene desde donde se encontraron vientos favorables y navegando a toda vela la flota alcanzó el lugar llamado Diadromoi al comienzo del 11 de agosto. Allí se encontraron con un mercante cargado con trigo cuya tripulación, al no poder huir debido a lo imprevisto del suceso, intentó embarrancar, sin que ello les sirviera de mucho pues una partida los asaltó y mató a todos los marineros salvo a uno. Tras esto la flota zarpó de nuevo costeando la isla de Eubea durante dos días y dos noches y llegó a las cercanías de Andros siguiendo una ruta de viradas continuas y costeando por temor a un encuentro con la flota imperial en mar abierto.

El siguiente punto del viaje fue la isla de Patmos donde el convoy se detuvo durante seis días que supusieron un gran sufrimiento para los prisioneros por la falta de agua potable en el lugar y la miserable dieta de pan mohoso, lo cual provocó que cada día aumentasen los fallecimientos en las bodegas. Cameniates se detiene por extenso relatándonos la tortura del cautiverio en el que a la mala alimentación se unían la falta de higiene, las pulgas y el hacinamiento, condiciones tanto más insoportables para quién como él estaba acostumbrado a las comodidades de una vida placentera.

Tras dejar Patmos la flota se dirigió a Naxos, isla tributaria de los musulmanes de Creta. Allí fueron aprovisionados por la población local y el 24 de agosto, tras dos días de estancia pusieron rumbo a Creta. El punto de llegada fue un lugar llamado Zontarion, al oeste de la bahía de la ciudad de Chandax.

La flota de León de Trípoli al regreso de la conquista de Tesalónica en 904

Recorrido de la flota al regreso de la toma de Tesalónica

Mientras la flota echaba el ancla fueron avistados por los cretenses que en un primer momento pensaron que se trataba de una flota romana que atacaba la isla, lo que provocó una gran alarma, pero el temor desapareció al reconocer los emblemas distintivos de los barcos y saludaron entonces con gran alegría a los recién llegados. Era el domingo 26 de agosto cuando la flota en medio del estruendo de los tambores y los gritos de la marinería procedió a desembarcar su cargamento conduciéndolo a la playa a los lugares asignados para cada barco con el fin de que cada tripulación mantuviese el control de todas las riquezas que había transportado. Hizo falta todo ese día para descargar los barcos y el lunes 27 los capitanes desembarcaron para dividir entre sí los lotes de prisioneros y el botín, del que había tal cantidad como nunca se había visto en la isla. El momento del reparto permitió un reencuentro entre los prisioneros que pudieron ahora intentar buscar a sus familiares y saber de los desaparecidos. Cameniates nos relata las desgarradoras escenas de madres encontrando a sus hijos perdidos o hermanos llorando por la confirmación de la muerte del familiar o del amigo. Mas este momento resultó ser fugaz por cuanto, una vez alcanzado el acuerdo entre los capitanes, se procedió de inmediato a formar los lotes y separar a aquellos que acababan de reencontrarse, con la única excepción de los niños que tomaban pecho, a los que se permitió seguir con sus madres por ser incapaces de valerse por si mismos. Una vez separados y divididos se procedió al recuento para ser reagrupados en atención a su estado físico y a su edad y permitir así una distribución equitativa entre los barcos. La cifra resultante fue de veintidós mil prisioneros, todos ellos jóvenes y escogidos, como recalca Cameniates, sólo el pequeño grupo que se había salvado entregando su dinero se apartaba de esta descripción.

Una vez realizada la distribución los cretenses se dedicaron a comprar a muchos de los cautivos, con la idea de obtener un gran beneficio cuando llegase el tiempo del intercambio y poder así rescatar a sus conciudadanos. Cameniates nos informa que la costumbre en Creta sobre el canje difería de la de Siria, pues en la primera recibían como pago el doble de la cantidad que habían desembolsado por su prisionero, por lo que las transacciones eran muy beneficiosas para ellos. Este proceso de compra se extendió durante diez días, y la cuñada de Cameniates fue una de las vendidas, aunque su mujer y dos de sus hijos consiguieron librarse (el tercero había fallecido durante la travesía), así como el resto de la familia. Todo el grupo destinado al intercambio en Tarso fue confinado en un barco y quedó a la espera de la partida que se esperaba cercana debido a los peligros de la navegación a esta altura del año. Antes de zarpar León de Trípoli y sus oficiales realizaron un desfile para celebrar su éxito y realizar los actos de culto a su religión. Tras un día de fiesta regresaron rápido para apresurar los preparativos y al alba del 6 de septiembre, doce días después de la llegada a Creta, la flota zarpó en dirección a la isla de Dia que sobrepasó por el sur en dirección al extremo este de Creta donde hizo aguada antes de poner rumbo a Chipre.

Los prisioneros estaban hacinados en la hedionda cubierta inferior de una galera romana de dos filas de remos y las malas condiciones en las que viajaban se vieron empeoradas por la llegada de una tormenta que se abatió sobre la flota y la dispersó. El barco de León navegaba cerca del que transportaba a Cameniates, y desde éste se podía ver al caudillo pirata sentado en la popa de su galera dando órdenes para manejar el barco. A poca distancia una galera de poco porte estaba virando tras haber sido gravemente dañada por un golpe de mar. La tripulación de inmediato pidió socorro al barco de León, y éste tras acercarse a ellos les preguntó por el estado de la embarcación. Los atribulados tripulantes le rogaron que echara al mar a los prisioneros del barco en que iba Cameniates y que les dejaran subir a bordo. León dio órdenes de detener el navío y de que los prisioneros fueran arrojados por la borda pero entretanto un golpe de viento alejó de allí el barco, imposibilitando el cumplimiento de la orden. Cuando vieron eso desde los otros barcos hicieron señales para que esperaran, pero la tripulación no oyó o fingió no entender lo que se le comunicaba y siguieron adelante buscando escapar de la tormenta.

Cuando la tripulación del barco en peligro vio que no podía esperar nada por esa parte rogaron a León que arrojase al mar a los prisioneros y el botín de la nave insignia; éste, tras un momento de duda, optó por recibir a bordo a la tripulación sin lanzar al mar a los prisioneros, por miedo a la pérdida económica que ello supondría. Nada más realizarse el transbordo el otro barco se hundió. (Todo esto fue contado posteriormente a Cameniates, que no estaba presente, por Nicetas y León Quitzilaces, que viajaban con León de Trípoli en su barco). El barco llevaba ahora más de mil personas a bordo y navegaba muy pesadamente desplazando mucha agua, afortunadamente la tormenta se calmó casi de inmediato y permitió proseguir el viaje sin otras incidencias.

El 12 de septiembre, al quinto día de viaje, la flota llegó a Pafos, en la isla de Chipre, donde se repararon fuerzas tras los pasados trabajos y tras un breve descanso se reinició viaje a Trípoli de Siria, donde llegó la flota el 14 de septiembre, día de la elevación de la Santa Cruz, como apunta Cameniates. El viaje había durado en total treinta y siete días desde su comienzo el 9 de agosto.

Una masa de ciudadanos salió por las puertas de la ciudad para recibir a la flota y para contemplar cómo todas las valiosas mercancías que transportaba eran trasladadas a los almacenes dentro de las murallas. Los prisioneros fueron paseados por las calles de la ciudad y finalmente alojados en una casa esperando el momento de la salida para Tarso. En esa estancia pudieron por fin encontrar algún alivio a su infortunio y recuperarse al menos parcialmente de tantos sufrimientos y penalidades.

El resto de los prisioneros que habían sido trasladados en otros barcos fueron dispersados a lo largo de la costa siria pues habían sido comprados y vendidos por tratantes de esclavos que hacían negocio en las diferentes plazas con el resultado de que los más desafortunados entre los cautivos acabaron sus días en la lejana África. El propio Cameniates tuvo ocasión de encontrarse con muchos compañeros de viaje y conocer los detalles de sus tragedias personales, pues los prisioneros acabaron esparcidos por toda la región.

La estancia en Trípoli de Juan Cameniates, en la que tuvo ocasión de conocer a su interlocutor Gregorio, fue causa de nuevos dolores para él, pues sufrió la dolorosa pérdida de su padre. Poco después de la partida de Gregorio, Cameniates se vio otra vez embarcado y llevado bajo escolta hasta el confinamiento en Tarso donde permanecía en el tiempo en que estaba escribiendo su obra. Y se encontraba preso entre dos incertidumbres: la de ser finalmente liberado a través del canje o bien morir presa de las enfermedades que acechaban a los que como él languidecían en prisión.

En ese momento remata la obra del cubuclesio Juan Cameniates de la metrópolis de Tesalónica y dejamos de tener noticias de él y su paradero. En la siguiente entrada podrás conocer el final de la historia.

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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

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