Defensa de Tesalónica

 

Continuamos con la serie sobre la defensa de Tesalónica en 904. En la anterior entrada entrada  conocimos la situación de la ciudad  y los preparativos para su defensa. En ésta vamos a examinar la situación política y las circunstancias concretas que motivaron el ataque árabe sobre Tesalónica.

En su cautiverio el autor intenta descubrir las razones de la catástrofe y reconoce en ellas una causa moral y religiosa. La soberbia y la avaricia que alejan al hombre de Dios son, para él, las causantes de la horrible suerte padecida por la ciudad. El apego a los bienes terrenales y la suma de todos los vicios alejaron el favor divino y favorecieron la llegada del terrible azote de los bárbaros. Pero más allá de ese juicio vamos a examinar las razones objetivas que desencadenaron el ataque…

 

LA DEFENSA DE TESALÓNICA. CONTEXTO POLÍTICO

 

En un análisis más objetivo de la situación se puede observar que, desde finales del siglo IX, las flotas árabes de Creta y Siria habían comenzado a atacar metódicamente las costas del Mar Egeo y sus regiones litorales y se acercaban paulatinamente a Tesalónica, que podía considerarse en justicia como un objetivo muy atrayente. Ya en 893 la isla de Samos, sede del thema del mismo nombre, había sido atacada y su estratego, Constantino Paspalas, hecho prisionero. El imperio tuvo un pequeño respiro en 900 cuando la flota de Tarso, que contaba entre sus naves con 50 enormes galeras que eran la admiración de los contemporáneos, fue mandada quemar por el califa al-Mutadid en represalia por el espíritu excesivamente independiente de su gobernador. Pero otros pronto estuvieron dispuestos a ocupar su lugar en el asedio a las ricas presas romanas. En 902 la vecina ciudad de Demetrias había sido saqueada por Damián, un antiguo cristiano convertido al Islam. Al año siguiente le tocó el turno a Lemnos.

Como resultado de esta oleada de ataques una creciente masa de refugiados acude a la ciudad, lo que en opinión del autor, provocó un descenso de la moralidad pública, desorden en las costumbres y alteración social. El terremoto que había sacudido en 900 a Beroia y los subsiguientes ataques árabes fueron interpretados por Cameniates como un aviso divino, que al ser desoído por la ceguera de los tesalonicenses les condenó a padecer una dura retribución por sus pecados.

En el verano de 904, en medio de este clima de incertidumbre, llega a la ciudad el protoespatario Petronas, un enviado del Emperador León VI (886-912) con noticias urgentes sobre la llegada inminente de una flota árabe. El mensajero urgió a las autoridades para que realizasen todos los preparativos de defensa posibles y poner a la ciudad en pie de guerra a la mayor brevedad. Comunicó que los fugitivos de anteriores ataques habían informado de los planes árabes y que ahora el objetivo principal era Tesalónica. El deficiente estado de las murallas marinas era conocido por los piratas y se consideraba posible un asalto por mar.

 

LOS PROTAGONISTAS

 

El rival era bien conocido. León de Trípoli, otro renegado griego. Proveniente de la ciudad costera de Atalia, había sido capturado en su juventud y mostró las habilidades necesarias para crecer en la estima de sus amos hasta convertirse en un pirata de gran reputación. Había sido adiestrado en la tácticas navales y alcanzó el mando de la flota siria en 903.

Aprovechando el presente estado de guerra entre Bizancio y Bulgaria León había planeado atacar por mar Constantinopla, para lo que puso rumbo al Helesponto conduciendo una flota de 54 galeras en los últimos días de junio de 904. La flota imperial al mando del drungarios ton ploïmon  Eustacio Argiro le hizo frente allí pero retrocedió antes de entablar combate y regresó a la capital sin incidencias. Los árabes entraron entonces en el Helesponto y capturaron la ciudad de Abydos. Siguieron luego hacia la Propóntide y se apoderaron del puerto de Parion, a la entrada del Mar de Mármara. Entonces León repentinamente ordenó que la flota diese la vuelta y se dirigió hacia Tesalónica tras una breve parada en Tasos.

En opinión de algunos autores León estaba en contacto con los integrantes de una conspiración contra el basileo que contaba entre sus miembros con representantes de las familias aristocráticas más influyentes del momento. Eran éstos Andrónico Ducas y el propio Eustacio Argiro y contaban con el asesoramiento del patriarca Nicolás Místico. Cuando León VI retiró el mando de la flota a Argiro para concedérselo a Himerio, un pariente de su esposa Zoé Carbonopsina, eliminó el ploïmon como un factor decisivo en la conjura e hizo desistir al socio árabe que procedió a retirarse.

La flota bizantina al mando de su nuevo comandante se lanzó en busca de la armada pirata intentando reunir información sobre su paradero. En Abydos se les informó de que los árabes regresaban a Siria. De cualquier forma Himerio siguió adelante hasta alcanzar Strobylos en el thema de los Cibirreotas, al norte de la isla de Cos, donde descubrió que los informes no eran exactos. Ante eso ordenó cambio de rumbo y repasó la ruta que le había llevado a Imbros, Samotracia y Thasos. En esta isla estableció contacto con la flota pirata pero, ante su inferioridad numérica, mantuvo sus barcos a distancia y finalmente se retiró.Samonas incita a León VI contra Andrónico Ducas

Es casi seguro que Himerio debió emprender la búsqueda sólo con una fracción de la flota imperial, dejando la mayor parte de los navíos en la capital para protegerla de otro intento semejante. Ante la falta de oposición por parte de los imperiales León de Trípoli pudo llevar tranquilamente sus barcos frente a la península de Calcídica y entrar en el golfo de Salónica en ruta hacia su objetivo final.

 

LA DEFENSA DE TESALÓNICA. PREPARATIVOS

 

La llegada de estas noticias provocó el pánico en Tesalónica. Tras los primeros momentos de confusión comenzaron los preparativos de defensa aunque la falta de experiencia militar de los ciudadanos se convirtió en la mayor de las preocupaciones. Más grave todavía, como nos cuenta Cameniates:

Pero lo peor de todo era el mal estado de la muralla lo que hacía que nuestros corazones se hundiesen en la desesperación. Ésa era la causa de una enorme preocupación, no sólo para los que no teníamos ninguna experiencia en el uso de las armas o en la guerra, sino incluso para aquellos adiestrados en la guerra y un conocimiento de primera mano de los principios que rigen esas cuestiones.

Cameniates, ibidem, §16

 

Enfrentados a esta situación las autoridades decidieron que la prioridad era reforzar el muro. Ante la falta de tiempo el protoespatario Petronas propuso una estrategia alternativa. Su consejo fue echar mano de las numerosas lápidas de los cementerios paganos en las zonas este y oeste de la ciudad y disponerlas como una barrera submarina y aprovechar así la marea baja para crear un obstáculo infranqueable para las galeras enemigas al impedirles acercarse a los puntos más débiles. Así se acordó y los trabajos comenzaron de inmediato progresando a buen ritmo hasta cubrir la mitad de la zona amenazada.

En ese momento llegó a la ciudad un nuevo enviado imperial con la misión de reemplazar a Petronas y hacerse cargo de la defensa de la región. Se trataba del estratego León Quitzilaces. El nuevo oficial al mando ordenó la detención de las obras submarinas y la vuelta al propósito inicial de reforzamiento de la muralla. Por desgracia la extensión de los muros y la escasez de tiempo impidieron que las obras pudieran llevarse a término adecuadamente.

La población era plenamente consciente de ello ante las noticias cada vez más alarmantes sobre la próxima llegada de la flota pirata. No quedaba ante ellos ninguna resistencia organizada que les pudiera retrasar debido a que las islas cercanas habían sido ya saqueadas y sus habitantes fugitivos o capturados. Los rumores hablaban de una armada compuesta por cincuenta y cuatro barcos, todos de gran porte, tripulados por una masa de fanáticos salvajes sirios y africanos.

Esta noticia fue confirmada por otro recién llegado, el estratego Nicetas enviado para colaborar en la defensa de la ciudad. Al acudir de inmediato a conferenciar con su colega, que estaba supervisando las obras en la orilla, se produjo un incidente que empeoró todavía más el estado de las cosas. Cuando ambos se disponían a abrazarse, por ser viejos conocidos, los caballos sobre los que estaban montados se encabritaron y Quitzilaces llevó la peor parte al caer de mala forma al suelo y fracturarse el fémur y la pelvis. El estratego fue conducido a su residencia por su escolta en medio de grandes dolores. Ante la imposibilidad de seguir al mando la defensa quedó a cargo de Nicetas en solitario.

Las obras siguieron adelante con la erección de unas torres de madera en la zona de la muralla en peor estado. Pero ésta era una solución muy deficiente y Nicetas lo sabía. Hacía falta más ayuda y se consideró la utilización de los eslavos vecinos, tanto los que estaban sometidos a tributo como los que servían con el estratego del vecino thema de Estrimón. Unos y otros habían sido ya reclamados a la ciudad pues se confiaba mucho en sus habilidades como arqueros para oponer una resistencia efectiva a los atacantes. Por desgracia los frenéticos requerimientos de ayuda fueron desoídos y sólo aparecieron un escaso número de campesinos mal armados e inexpertos. Cameniates relata el enfrentamiento de los jefes de la defensa con el estratego de Estrimón y acusa a éste de abandono y traición por su resistencia a enviar una ayuda efectiva a la ciudad.

En la  próxima entrada conoceremos lo que ocurrió a continuación. Si quieres dejar un comentario hazlo en el cuadro inferior.

Hasta la próxima

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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

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