Mensajeros anuncian a León VI ataque a Tesalónica

 

La conquista de la ciudad de Tesalónica en julio de 904 por parte de una armada árabe sería uno más entre tantos episodios similares a lo largo de la historia del Imperio Bizantino de no haberse conservado para la posteridad el testimonio escrito de uno de los supervivientes. La obra de Juan Cameniates es una excepción dentro de la literatura bizantina:

  • Es una obra escrita por un particular, alejada de cualquier círculo palaciego y por tanto no preocupada por satisfacer ningún tipo de patronazgo. Su propósito es conservar el recuerdo de la tragedia colectiva que se abatió sobre los ciudadanos de Tesalónica tras el brutal asalto.
  • Pero es a la vez también el reflejo de una dolorosa vivencia personal, pues la narración está vinculada al sufrimiento que experimentó el propio autor, que se vio separado de parte de su familia y perdió a su padre y a uno de sus hijos mientras estaba en el cautiverio.

La suma de ambas perspectivas confiere a este documento un valor humano e histórico muy estimable, y nos lleva a conocer muy de primera mano las singularidades de una gran ciudad de provincias del imperio bizantino a comienzos del siglo X.

 

EL AUTOR Y LAS CIRCUNSTANCIAS DE LA OBRA

 

Juan Cameniates es un personaje conocido sólo por su obra La captura de Constantinopla, editada por primera vez por la Asociación Australiana de Estudios Bizantinos. En ella aporta pocos datos biográficos. Se sabe que era un clérigo, un anagnostes (lector) al servicio de la iglesia de San Demetrio en la que desempeñaba la función de chambelán de la casa del obispo. Sabemos también que estaba casado y tenía tres hijos pequeños. Su padre y hermanos también ocupaban puestos entre el personal de San Demetrio.

En definitiva era Cameniates un hombre bien establecido, con cultura y unos medios de vida apropiados para llevar una vida plácida en una tranquila, aunque importante, ciudad de provincias. Tras la toma de la ciudad y su captura es transportado a Siria donde conoce fortuitamente a un tal Gregorio el Capadocio, personaje del cual no se conoce el rango pero que, a juzgar por el tratamiento que le dispensa Cameniates, debía ser hombre de calidad y perteneciente también al estamento eclesiástico.Juan Cameniates. La captura de Tesalónica

El encuentro con este personaje tuvo lugar poco después de la llegada de Cameniates como prisionero a Trípoli de Siria, a mediados de septiembre de 904. Gregorio formaba parte de un grupo de cautivos en ruta hacia Antioquía del Orontes, la gran metrópoli de Siria. Tras un primer contacto con Cameniates, Gregorio se conmovió por la tragedia personal de su interlocutor y un par de semanas después, quizá a mediados de octubre le envió una carta en la que le pedía información sobre Tesalónica, los hechos que allí habían sucedido y su propia historia personal. La contestación de Cameniates es el documento sobre el que se centra esta historia.

Poco después de la recepción de esa carta Cameniates y su gente fueron enviados a la ciudad cilicia de Tarso para esperar el resultado del canje de prisioneros. Dicho intercambio tuvo lugar en septiembre de 905, por lo que el período de mediados de octubre de 904 a finales de septiembre de 905 es el marco temporal para la composición de esta obra, que es tanto la narración de un suceso histórico como la confesión de una desgarradora tragedia personal.

 

TESALÓNICA EN VÍSPERAS DEL ATAQUE

 

Para complacer el deseo de su interlocutor Cameniates realiza una evocadora y entusiasta descripción de su ciudad a través de la cual podemos conocer de primera mano informaciones relevantes sobre Tesalónica y su área de influencia a comienzos del siglo X.

La ciudad se honra por el culto de los santos Pablo y Demetrio, de gran devoción local. Particularmente importante es el culto a éste último, cuyas reliquias exudaban aceite fragante myrobletes y que durante toda la historia de la ciudad había protegido a sus habitantes salvándolos del asedio de los bárbaros, particularmente de los eslavos.

Se conserva un relato de la invasión que se puede leer en Les plus anciens recueils des miracles de Saint Démétrius et la pénétration des Slaves dans les Balkans

Tesalónica a comienzos del verano de 904 es una urbe de grandes proporciones, con un recinto amurallado y fortificaciones para una población estimada, en los tiempos de su captura, de unos 100.000 habitantes según un cálculo realizado a partir de los cautivos tomados en el asalto. Hacia el sur su proximidad al mar y un puerto de aguas profundas permite el acceso a un activo comercio marítimo con el resto del Imperio. A ello ayuda la favorable topografía del lugar, con un promontorio llamado el muelle (el cabo Embolon), que forma un ángulo y crea una bahía natural como abrigo para las embarcaciones que recalan en Tesalónica.

Imagen de Tesalónica en época bizantina

Por el norte el terreno se encrespa y una serie de cadenas montañosas obligan a que parte de la ciudad se edifique sobre colinas. Las condiciones son mucho más favorables hacia el este y el oeste, donde unaserie de fértiles e irrigadas llanuras favorecen una rica actividad agraria y forestal en la que los viñedos son un elemento esencial. Al este los lagos Koronea y Volvi aportan abundante pesca y en sus orillas pace el ganado y abunda la caza.

Al oeste dela ciudad se encuentra la zona más bella, con viñedos y jardines en un paisaje poblado de residencias y pequeños monasterios. A partir de ahí la llanura se extiende dedicada a un uso agrícola hasta las proximidades de la ciudad de Beroia. En esta zona se encuentran numerosos poblados donde vivían comunidades eslavas, entre las que destacan los Drugubitas y los Sagudatos, que pagaban tributo a Tesalónica. Estos colectivos tendrán un papel importante en la historia.

Otras comunidades cercanas, sin embargo, dependían de los búlgaros, ya que la frontera no estaba muy lejos. Esta situación no impedía unas relaciones comerciales muy activas, generalmente en términos amistosos. Cameniates resalta que la política de buena vecindad por ambas partes era una costumbre establecida desde mucho tiempo atrás, rota sólo por las periódicas hostilidades entre Bizancio y Bulgaria como las que habían tenido lugar en los años inmediatamente anteriores. Debe recordarse que en 894, sólo diez años antes, había estallado un conflicto entre ambos estados por los derechos aduaneros.

Por lo que respecta a la ciudad misma la parte de las murallas que da a tierra está bien fortificada con un conjunto de parapetos reforzados con torres. La situación de los muros que dan al mar sin embargo es mucho peor sin, como se pondrá trágicamente de manifiesto durante el relato. Esas murallas están en muy mal estado pero la opinión generalizada en la ciudad es que no hay peligro por esa parte. Ese convencimiento colectiva se apoyaba en una tradición secular de victorias sobre los sucesivos asaltantes que habían intentado apoderarse de Tesalónica en los últimos trescientos años. Tales éxitos habían arraigado profundamente en el sentir popular la devota confianza en la protección que San Demetrio otorgaba a la Ciudad.

Tesalónica basa su prosperidad en el comercio con las comarcas circundantes y especialmente con Bulgaria. Contribuye en su favor el paso de la Via Egnatia a través de la ciudad, lo que atrae una incesante afluencia de mercaderes para realizar sus negocios y transacciones. Otras rutas importantes que tienen a Tesalónica como centro son las de Vardar-Moravia-Belgrado y la de Anfípolis-Sofía-Danubio como conexiones con la región balcánica y el reino búlgaro.Tesalónica y su entorno en 904

Debido a su condición de mercado de intercambio internacional Tesalónica ha sido provista por el gobierno central de oficinas y almacenes de aduanas gestionadas por los comerciarios,  oficiales que regulan la vida económica de la ciudad. Una de sus principales tareas es recaudar el kommerkion, tasa de aduana del 10% sobre importaciones y exportaciones. En estos años se añaden además abydikoi y vardarioi, los primeros oficiales de la aduana portuaria y los segundos encargados del tráfico por las vías fluviales.

Nos cuenta Cameniates que el oro, plata y piedras preciosas abundan en la ciudad y que se producen tantas vestiduras de seda como de lana. Además son productos comunes el bronce, hierro, estaño, plomo y cristal, materias primas que dan trabajo a un ingente número de artesanos. El mercado de Tesalónica tiene su gran cita anual en la feria del 26 de octubre, la festividad de San Demetrio, que atrae a muchedumbres de comerciantes y mercaderes de todo el Imperio. El cliente natural es Bulgaria y el sistema utilizado el trueque.

  • Los búlgaros aportan materias primas: pieles, miel, lino y esclavos.
  • Reciben a cambio las manufacturas y productos de lujo que Bizancio produce en abundancia.

Iglesia de San Demetrio en TesalónicaTanta prosperidad material no está reñida con los intereses espirituales. No escasean las escuelas y grandes iglesias adornan la ciudad. Entre ellas destacan la de Hagia Sofia, la Theotokos y por supuesto la de San Demetrio. Todas ellas albergan suntuosas procesiones en los días de fiesta y congregan a multitudes de fieles en oficios asistidos por una muchedumbre de lectores, diáconos y músicos que con sus himnos y salmos aportan una brillantez sin par a las celebraciones religiosas.

 

Esta es la situación a comienzos de verano de 904. En la siguiente entrada abordaremos el contexto político y cómo se dieron las circunstancias para el asalto de la ciudad.

Espero que haya sido de tu interés. ¿Quieres añadir un comentario? Estaré encantado de conocer tu opinión.

Suscribirse al blog
Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.ACEPTAR

Aviso de cookies
>
A %d blogueros les gusta esto: