Los embajadores de Alepo se presentan ante Romano III Argiro

 

Una parte muy significativa de los hechos narrados en la segunda novela de la Trilogía de Jorge Maniaces se desarrolla en Siria del Norte. Al tratar su historia la tradición ha tendido a centrar su atención en el siglo X, durante la brillante época de los Hamdanidas y los hechos de armas de Sayf al-Dawlah y su corte de guerreros y poetas y en el siglo XII, con la llegada de los cruzados a la región. El siglo XI sin embargo ha sido ignorado persistentemente cuando nos ofrece un rico y apasionante relato que no desmerece de los anteriores. En esta época dos ciudades sobresalen sobre las otras en la región.

  • Antioquía, en manos de los bizantinos otra vez desde 969 .
  • Alepo, sucesivamente en poder de la dinastía Hamdanida, los gobernadores nombrados por el califa fatimí de El Cairo y los poderes locales, intenta sobrevivir y mantener una precaria independencia basculando entre bizantinos y egipcios.

En esta entrada vamos a conocer algo más sobre una de las figuras más destacadas en el complicado tablero de juego que es Siria del Norte a comienzos del siglo XI. Salih ibn Mirdas (ca. 980-1029), jefe de la tribu beduina de los Banu Kilab, , señor de Alepo, guerrero, político y objeto de atención de historiadores y poetas.

 

LAS TRIBUS BEDUINAS EN SIRIA DEL NORTE

 

Réquiem por Salih ibn Mirdas y Nasr ibn Salih

Una forma es distinta a otra durante sus vidas,

Pero cuando las dos han muerto no encontrarás ninguna diferencia.

Quien estudia el tiempo y las gentes que en él han vivido le acusará por sus hechos, ya sea en el este o el oeste.

Encontrará mentira en sus palabras y de su amor nada salvo odio,

Que lo mejor de lo suyo es solo maldad y su arte nada más que estupidez.

Su alegre apariencia [es] engaño; su pobreza, riqueza; su conocimiento, ignorancia y su sabiduría la extensión de su ceguera.

¡Oh tribu de Kilab! Cuántos clanes pastaron antes que vosotros, siempre alerta ante el destello [de un relámpago] en medio de la oscuridad que les rodeaba.

Ellos derramaron su generosidad sobre cualquiera de sus invitados y regresaron al oasis del contento. Después pasaron a distantes regiones cruzando el desierto.

Y durante una noche negra, con el blanco de sus ojos tornado en azul por sus caídas estrellas.

Cuando una nube surgía en tal noche como esa, podías imaginar por el resplandor de su luz que era una negra que había cortado una de sus venas.

Ellos se fueron conforme al uso de la muerte, abandonando las montañas eternas de palomares escondidos.

Vimos que los asuntos del Tiempo se reducen a humillación y exaltación mientras estamos prisioneros o ahogados en sus vicisitudes.

Alguien poderoso cae como lluvia de una nube, mientras otro es alzado de su humilde posición como polvo que se levanta bajo los cascos.

Las oscuras hojas de sus lanzas han tajado la cota de malla de un hombre aunque éste fuese generoso y amargo de enfrentar.

Cuando las lanzas buscan a los más nombrados golpean con sus agudas hojas

en caminos trazados en los huesos de tu pecho.

Si fueses las hojas de un tamarisco, te habrían avasallado con flechas como nube de langostas en su deseo de destrozar todas tus hojas.

Abu ‘l-Ala Ma’arri, Luzum, I 302-303.

 

Los Banu Kilab forman parte del conglomerado de las tribus Qays, asentadas en la región al oeste de la orilla norte del Éufrates desde comienzos de la conquista árabe. Originarios de los alrededores de Medina los Kilab desempeñaron hasta finales del siglo XI un papel importante en la vida política del norte de Siria. Por sus dotes guerreras y su disposición para participar en el mantenimiento del orden y la administración de la región se les encuentra con frecuencia al mando tanto en el período omeya como el abasida. En la lucha por el poder a la muerte del califa al-Yazid un Zufar Ibn al-Harith al-Kilabi combate con sus hermanos de tribu contra Marwan Ibn al-Hakim en la batalla de Marj-Rahit en 683. Tras su derrota los kilabíes se hacen fuertes el norte de la región que, a partir de entonces, consideraron como suya y defendieron tenazmente de cualquier otra tribu beduina, especialmente de las incursiones de los Banu Kalb. En tan temprana fecha como 830 el califa al-Mamun designa a un maulah de los Kilab como cadí de Alepo. A comienzos del siglo X una nueva oleada de tribus beduinas entra en Siria y Mesopotamia superior. Entre ellas se encuentran muchos protagonistas políticos en tiempos venideros. Los Uqayl se establecen alrededor de Mosul, los Numayr en la frontera con los territorios bizantinos, particularmente en la región de Harran, los Qusayr en Qal’at Ja’bar. Los Kilab entran en Siria en 932 y se reúnen con sus hermanos alrededor de Alepo. En 939 Abu’l Abbas Ahmed b. Said al-Kilabi es nombrado gobernador de la ciudad. Ante el reclamo de su pariente el grueso del clan se instala en la región de Ma’arrat al-Numan. En los años siguientes la importancia política de los Banu Kilab creció durante la guerra que el hamdanida Sayf al-Dawla emprendió por el control de la región contra los Isjidíes. En ese tiempo las tribus beduinas de Ukayl, Kalb y Numayr luchan en alianza con los Banu Kilab, una asociación que, con altos y bajos, se mantendrá en el tiempo, como veremos posteriormente.

Siria y Palestina en la primera mitad del siglo XI

En la segunda mitad del siglo X encontramos a los Banu Kilab sólidamente establecidos en la estepa siria, entre el meandro del Éufrates y el eje Alepo-Qinnasrin-Hamat-Hims/Emesa. En esa época se asiste a un rápido crecimiento demográfico de las poblaciones nómadas y a una demanda creciente de pastos y agua que los llevaba al enfrentamiento con las poblaciones asentadas en las ciudades. La adhesión a la confesión chiita de los Banu Kilab compartida con la región de Ma’arrat al-Numan favoreció su integración con la población local y el enfrentamiento con otras regiones adepta al sunnismo.

Las poblaciones beduinas en el norte de Siria mantenían las costumbres de sus antepasados. La omnipresente práctica de la razzia y un estado de perpetuo enfrentamiento con sus vecinos tribales, el amor a la guerra y al botín, el desprecio por los que viven encerrados tras los muros de las ciudades. El propósito de sus hechos marciales es capturar el mayor número de prisioneros y obtener rescate por los más valiosos. Con frecuencia los combates se deciden con el duelo de dos campeones.

En esta sociedad tribal el papel de las mujeres no es desdeñable. Particularmente entre los Banu Kilab gozan de una considerable igualdad y libertad en sus costumbres. En esta época algunas se distinguieron suficientemente para merecer una mención en los relatos históricos. Tal es el caso de la dama Rabab, madre de Salih, una mujer calificada como sabia y sagaz consejera de su hijo, tan estimada que, como veremos, el propio Aziz al-Dawlah Fatik reclamó a Salih que enviase a su madre a vivir dentro de los muros de Alepo para proclamar públicamente la armonía entre ambos. Otras, como Tarud, sobrina y esposa de Salih, madre de Atiyyah, futuro señor de Alepo, o al-Alawiyya, mujer de de Nasr y después de Thimal, ambos hijos de Salih, también tendrán un papel destacado en la historia política de esos años. Las dotes de Alawiyya, conocida como al-Sayyida (la señora) eran tan aprecidas como para confiarle en 1050 una embajada ante al-Mustansir, el califa. Algunos años después, en 1061, consigue la reconciliación entre su hermano Mani Ibn Wathab, emir de los Numayr y su esposo Thimal y en 1071 la vemos solucionando las diferencias entre su hijo Mahmud Ibn Nasr y el sultán selyúcida Alp-Arslan y convencer a éste último para abandonar el asedio de Alepo y reconocer el dominio de la ciudad para Mahmud.

Sayf al-Dawlah desarrolló con los Banu Kilab una larga y fructífera cooperación. Utilizó sus capacidades guerreras para confiarles la defensa de la región de Alepo mientras él se enfrentaba en el oeste con la amenaza bizantina. Tras su muerte el equilibrio político de la región cambió drásticamente. Los bizantinos pudieron ocupar Antioquía a finales de 969 y los fatimíes llegados del Magreb tomaron Egipto e intervinieron por primera vez en Siria en 971.

En los años siguientes los Kilab se convirtieron en un factor decisivo en la lucha establecida entre los sucesores de Sayf al-Dawlah y los generales fatimíes llegados a la región para reclamar su protectorado efectivo y con frecuencia se les encuentra luchando en ambos bandos simultáneamente. Así en 991 el turco Bakjur cuenta entre sus filas con guerreros kilabíes en su enfrentamiento con el príncipe Sa’ad al-Dawlah, que a su vez está acompañado por una fuerza de quinientos jinetes kilabíes. A diferencia de otros clanes beduinos los Banu Kilab poseen caballería pesada y necesitan iqta, concesiones territoriales sobre las que ejercer sus derechos fiscales. Par mantener un número suficiente de caballos capaces de transportar a un jinete acorazado y su propio caparazón necesitan propiedades con praderas, quizás a orillas del Orontes y de tierras cerealísticas para obtener el grano. Esto, unido a su tradición marcial, los convertía en codiciados aliados. Esa fuerza temible podía enfrentarse en pie de igualdad contra los soldados profesionales que servían en las filas romanas y fatimíes y mantener abierta las rutas comerciales. Sabedores de su valor los jefes de los Banu Kilab fueron insistentes en reclamar consistentemente propiedades (iqta) para financiar su armamento y sustento, mientras otras tribus beduinas se contentaban con dedicarse al pillaje y al saqueo. El acceso a las rentas procedentes del Estado a cambio de su participación en el mantenimiento del orden fue una constante en la estrategia del clan hasta bien entrado el siglo XI.

A comienzos del siglo XI se produce la coincidencia de varios factores que llevarán a los Mirdasidas a un primer plano en la política regional:

  • El debilitamiento de la influencia fatimí en Siria durante el reinado de al-Hakim (996-1021). Ya durante el gobierno de su padre al-Aziz (975-996) el consejo del experimentado wazir Yaqub Ibn Qilis había sido practicar una política moderada: Que haya paz con los romanos mientras la tengan contigo. Que el hamdanida (el gobernante en Alepo) te mencione en los púlpitos y en su moneda y no dejes vivo a Mufarrig Ibn Daghfal (emir de los beduinos Tayyi) si tienes oportunidad de hacerlo. (Ibn al-Adim, Zubda, I, 191).
  • La retracción de la política bizantina en la región tras las campañas del emperador Basilio II durante la década de los noventa del siglo anterior. Entonces el emperador había intervenido directamente cuando Alepo corrió peligro de caer en manos fatimíes porque en la concepción estratégica bizantina la pérdida de Alepo supondría una amenaza directa contra Antioquía. La preservación de un protectorado sobre Alepo se consideró preferible a una anexión directa por su utilidad como estado colchón y una barrera contra las belicosas tribus beduinas. Las autoridades alepinas estaban más que dispuestas a colaborar. Cuando en 1003 el rebelde Ahmad Ibn al-Husayn llamado al-Asfar proclamó la guerra santa entre los nómadas de la región de Alepo contra el Imperio se solicitó a Lu’lu, el gobernante de Alepo, una solución. Lu’lu invitó a al-Asfar a Alepo para concertar una acción común. Cuando estuvo dentro de la ciudad lo arrestó y lo cargó de cadenas en la ciudadela y puso fin con ello a la rebelión.
  • La decadencia de los hamdanidas y su substitución por antiguos sirvientes (ghilman) incapaces de garantizar la estabilidad de antaño.
  • El valor de Alepo como centro de actividad comercial y cruce de las rutas caravaneras que unen Egipto con el califato abasida y Bizancio.

En ese contexto histórico emerge por primera vez la figura de Salih ibn Mirdas.

 

LA APARICIÓN DE SALIH IBN MIRDAS

 

La biografía de Salih ibn Mirdas puede reconstituirse a partir de los datos proporcionados por la obra de tres escritores:

  • Al-Musahbihi, egipcio, cuya crónica llega hasta 1024 nada más.
  • Yahya ibn Said o Yahya de Antioquía, egipcio cristiano trasladado a la capital del Orontes en 1017 escapando de la persecución de al-Hakim. Su obra proporciona datos fundamentales no sólo para la historia egipcia y de Siria del Norte, sino que es también una fuente insustituible de datos preciosos sobre la gobernación bizantina del ducado de Antioquía y sobre el Imperio en general, sobre el que se muestra bien informado. Su obra se detiene en 1034, pero según testimonio de otros autores cubría en su integridad hasta 1066.
  • Kamal al-Din Ibn al-Adim, historiador de Alepo del siglo XIII que dedica numerosas páginas en su obra histórica y su diccionario biográfico dedicado a su ciudad natal a los hechos de los Banu Kilab. Ibn al-Adim en particular muestra en su obra una imagen muy positiva de varios príncipes Mirdasidas, retratándolos como hombre de noble estirpe árabe, valerosos, fuertes y sabios en el consejo, jinetes de los mejores corceles y maridos de las mujeres más hermosas en el Este. Sus madres son sagaces y muestran gran inteligencia política, y se las retrata aconsejando sabiamente a sus hijos y alentando su carrera política.
  • Adicionalmente la figura de Salih y la política siria está muy presente en la fundamental obra de Abu’l Ala al’Ma’arri, especialmente en su Risalat al-Sahil wa’l Shahig (Carta de un caballo y una mula) y en otros poemas.

Salih ibn Mirdas aparece por primera vez en las fuentes en 1009 al apoderarse de la plaza de Rahba en el Éufrates tras asesinar a su señor, Ibn Mihqan, que también era su suegro. Rahba era un importante punto de arranque de la ruta de las caravanas en la entrada de Siria. Sin duda la conquista de la plaza estableció su prestigio entre los emires de los Banu Kilab aunque en esa época todavía no ejerce una posición dominante. Podemos suponerle una fecha de nacimiento alrededor de 980, en el seno de una familia noble asentada en las cercanías de la ciudad de Qinnasrin. La serie de acontecimientos desencadenados en la región alrededor de Alepo le condujo a asumir un papel cada vez más importante hasta convertirle en el hombre más influyente de su tribu. Desde el momento en que reunió en torno a sí las fuerzas de los Banu Kilab en su resistencia contra Mansur ibn Lu’lu comenzó a dar los pasos que le llevarían un día a gobernar Alepo.

Pero por el momento los Banu Kilab controlan con firmeza la estepa del norte de Siria. El 15 de enero de 1002 Abu l’Fadail ibn Sa’ad al-Dawlah, el último gobernante de los Hamdanidas en Alepo muere envenenado. Lu’lu, antiguo ghulam (servidor o esclavo adiestrado para la guerra desde su juventud) de Sayf al-Dawlah, posiblemente involucrado en su muerte, envía a Egipto a los hijos de Sa’ad, Abu al-Hasan Ali y Abu al-Ma’ali Sharif y gobierna en solitario en Alepo hasta su muerte en septiembre de 1008. Le sucede su hijo Mansur ibn Lu’lu, un hombre soberbio, dado a la bebida y de cortas miras, carente de las dotes de su padre y su gobierno es detestado por los alepinos.

El califa al-Hakim reconoce el hecho y concede a Mansur el laqab de Murtada al-Dawlah (el contento del Estado). Por su parte el emperador Basilio consiente en que su aliado en Diyar Bakir, Mumahhid al-Dawlah Ahmad Ibn Marwan intente establecer en Alepo a Abu l-Hayga, hermano de Sa’ad al-Dawlah y su propio yerno, hasta entonces refugiado en Constantinopla. El pretendiente cruza la frontera y se une de una pequeña tropa de caballería proporcionada por Ibn Marwan. Al entrar en la Yazira recibe las promesas solemnes de los jefes de los Banu Kilab de apoyarle hasta conseguir su propósito.Ciudadela de Alepo

La reacción de Mansur fue rápida y su primer objetivo ganar el favor de los beduinos. Ofreció a los Banu Kilab la concesión de numerosos iqta (feudos fiscales asignados a oficiales para asegurar su mantenimiento a costa del tesoro público) en regiones fértiles aptas para el mantenimiento de su ganado y sus caballos de guerra. También se comprometió a cederles una parte de las rentas de los dominios y las tierras en los alrededores de la ciudad al tiempo que se acercaba a los fatimíes con la promesa de entregarles la ciudadela de Alepo.

El gobernante de Trípoli, Ibn Haydara, acudió con un ejército numeroso y atacó de inmediato a las tropas de Abu l-Hayga. En el momento del ataque los Banu Kilab se retiraron sin combatir y el pretendiente tuvo que refugiarse de nuevo en territorio bizantino donde permaneció hasta su muerte. Por su parte Mansur agradeció a Ibn Haydara su colaboración cerrando las puertas de Alepo y obligándole a retirarse de nuevo a Trípoli.

Tras la victoria los Banu Kilab exigieron a Mansur que cumpliese sus promesas, pero éste demoró su respuesta. Como represalia los beduinos se adueñaron de todo el territorio suburbano de Alepo, talaron árboles y apacentaron su ganado en huertos y jardines encerrando a Mansur en la ciudad. Ante la imposibilidad de enfrentarse a ellos Mansur recurrió a una solución con antecedentes clásicos. Invitó a todos sus jefes y emires a una celebración en el interior de la ciudad para recibir sus iqta y solucionar sus diferencias.

Mansur no estaba dispuesto a cumplir la promesa y tampoco se consideraba atado con ligaduras morales. Por su parte los Banu Kilab acudieron en masa. Más de setecientos hombres entre los emires y los guerreros más valerosos de la tribu se presentaron en palacio dispuestos a recibir su recompensa. Mansur los acogió espléndidamente con un suntuoso festín pero sus invitados estaban impacientes por arreglar los asuntos pendientes. En ese momento Mansur hizo entrar a su guardia. Tomados por sorpresa muchos de los emires beduinos fueron asesinados allí mismo y los más afortunados conservaron la vida para ser arrojados cargados de cadenas en prisiones repartidas por toda la ciudad. Este hecho tuvo lugar el sábado 21 de junio de 1012. Los beduinos que esperaban fuera de las murallas escaparon apresuradamente al mando de Muqallid Ibn Zayda para no compartir la misma suerte y se dirigieron hacia Kefartab para asediarla.

Ante la amenaza a una de sus posesiones Mansur intentó contemporizar y suavizó el trato dado a los prisioneros, particularmente a Hamid y Jami, hermanos de Muqallid, pero tras la muerte de éste durante el asedio a Kefartab y la dispersión de la tribu la amenaza desapareció y el señor de Alepo volvió a enviar a los kilabíes a las mazmorras.

Los prisioneros permanecieron detenidos más de dos años. Ibn Lu’lu hizo matar a un cierto número de ellos y otros más murieron por hambre y enfermedades. Algunos más afortunados fueron liberados el 13 de mayo de 1013 pero Salih, que había sobrevivido al primer momento, no se encontraba entre ellos.

Mansur Ibn Lu’lu detestaba cordialmente a Salih. Además de hacerlo languidecer en la mazmorra le arrebató sus posesiones personales y para mayor deshonra le obligó a repudiar a su sobrina y esposa Tarud que, en palabras del historiador Ibn al-Adim era una de las mujeres más hermosas de su época. Aprovechando su posición Mansur exigió de su cautivo un pronunciamiento público (talaq) de repudio y la tomó después como esposa.

Las dificultades de Salih no se limitaban al deshonor y la pérdida de su esposa. El señor de Alepo era dado a la bebida y cuando se encontraba ebrio proclamó muchas veces su deseo de castigar a un hombre que odiaba por su descaro e insolencia. Cuando estas noticias llegaron a conocimiento de Salih éste temió por su vida y se decidió a intentar escapar por cualquier medio. El historiador Ibn al-Adim nos ha dejado el único relato detallado.

Salih intentó todas las tretas hasta que consiguió que le hicieran llegar una lima escondida en la comida. Así limó un anillo de sus cadenas y luego lo rompió pero el otro fue demasiado difícil de quebrar. Entonces envolvió su pierna con la cadena, excavó un túnel a través del muro de la prisión y salió de noche. Se dejó caer desde la ciudadela al camino de ronda que estaba debajo. Desde allí se dejó caer y llegó al suelo sin daño en la noche del viernes, al comienzo del mes de muharram del año 405 (2 de julio de 1014). Se ocultó en una caverna en la montaña de Gawshan. Por la mañana muchos lo buscaron a pie pero no se volvió a saber de él. Sin embargo pudo alcanzar el campamento de los beduinos.Ibn al-Adim, Zubda, I, 202-203

Bajo este relato con tintes fabulosos es probable que se oculte la explicación real en forma de ayuda desde dentro mediante soborno, lo que explica la acusación de implicación en la huida que recayó posteriormente sobre el comandante de la ciudadela.

El 8 de julio, siempre cerca de la ciudad, el fugitivo consiguió capturar a un ghulam de Ibn Lu’lu y recuperar la espada que éste le había arrebatado el día de su detención. Faltos de sus líderes los Banu Kilab se reagruparon en torno a Salih y lo proclamaron jefe. De inmediato tomó las medidas necesarias para rodear Alepo y comenzó a hostigar la ciudad. Su primera acción fue ocupar Tell Hasid, una localidad muy apreciada por Ibn Lu’lu. Éste, que deseaba además prevenir la reunión de los Banu Kilab con otros beduinos de regiones vecinas, ordenó un ataque de inmediato. El 5 de agosto uno de los oficiales de Ibn Lu’lu realizó una salida por sorpresa y consiguió capturar un importante botín y medio centenar de prisioneros en uno de los campamentos. Animado por este éxito Mansur reunió a sus tropas y reclutó entre las milicias de la ciudad (ahdat), e incluso entre cristianos y judíos a todos los hombres capaces de sostener un arma y los condujo al atardecer del 12 de agosto hasta la localidad de Tell Hasid donde se habían reagrupado las fuerzas beduinas.

A la mañana siguiente tuvo lugar un combate en el que el ejército de Alepo fue vencido claramente y se vio obligado a replegarse a toda prisa hacia la ciudad. Además de perder más de 2.000 hombres el propio Ibn Lu’lu y su segundo, el jefe de los ghulam Salim ibn Mustafad al-Hamdani, fueron capturados. Los Banu Kilab mostraron gran admiración por el valor de su enemigo en el combate y nadie se atrevió a avanzar hacia él hasta que el propio Salih llegó al lugar. Cuando éste le pidió que se entregase Mansur respondió arrojando su espada al suelo en señal de rendición. En un dramático giro de la fortuna entre la escapada de Salih de la prisión y la captura de su enemigo sólo habían pasado cuarenta y un días.

El mando en la ciudad recayó ahora en Abu ‘l-Gays ibn Lu’lu, hermano de Mansur. Salih y sus contribales reconocían no ser suficientemente fuertes para apoderarse de Alepo y eran conscientes además de que el Emperador Basilio seguía reconociendo a Mansur como gobernante legítimo. Así pues llegó el tiempo de la negociación. Un grupo de notables de la ciudad en representación de Abu ‘l-Gaysh llegó hasta el campamento para tratar las condiciones. Cuando comenzó la negociación Salih descubrió que los representantes no se mostraban muy respetuosos hacia él por haber sido testigos de su cautividad. Salih entonces decidió enseñarles una lección y les mostró a su emir reducido a un estado miserable.

Los delegados de Alepo, entre los que se encontraban casualmente los dos testigos en la repudiación forzada de Tarud:

Encontraron a Murtada ‘l-Dawlah (Mansur Ibn Lu’lu) en la peor condición posible, con su cabeza descubierta y sentado con una túnica ajada y laceraciones en las piernas. Desde ese momento le despreciaron mientras que la grandeza de Salih se reveló ante sus ojos pero de todos modos le felicitaron por estar vivo. Él les respondió sin embargo: “es mejor la ruina que esta seguridad”. Luego añadió, “Salih el emir me exige el talaq de Tarud así que sed testigos de que ella está repudiada ahora.Ibn al-Adim, Zubda, I, 206

Las negociaciones para llegar a un acuerdo obligaron a los notables a ir y venir del campamento a la capital. Al fin se aceptó que Mansur fuese liberado con algunas condiciones:

  • Alepo debía pagar un rescate de 50.000 dinares, 120 libras en plata y quinientas piezas de tejidos de distintas calidades.
  • Todos los Banu Kilab todavía en prisión debían ser liberados, al igual que sus mujeres.
  • Mansur repudiaría a las dos mujeres de los Banu Kilab con las que se había casado, entre las que estaba Tarud.
  • Mansur ibn Lu’lu aceptaba entregar una de sus hijas a Salih en matrimonio y le entregase como iqta la mitad del país de Alepo y no tomase decisiones sobre sus asuntos sin autorización de Salih.

La aceptación de Salih como su aliado perceptor de la mitad de las rentas generadas por el Estado y su nombramiento como emir supremo de los Banu Kilab reforzó su posición ante sus contribales. La captura poco tiempo después de Manbij y Balis puso los cimientos del estado mirdasida. Este distrito mesopotámico tenía un valor estratégico y comercial de primer orden y se convirtió en lugar de asilo para los mirdasidas en tiempos difíciles y punto de apoyo para la recuperación de Alepo en distintos momentos de su dominio sobre la región.

Tras la aceptación del acuerdo Salih liberó a su prisionero y Mansur pudo regresar a la ciudad el sábado 22 de agosto de 2014. Al sentirse seguro Ibn Lu’lu se negó a cumplir parte de los acuerdos, particularmente la cesión de los iqta y la entrega de su hija. Como respuesta los beduinos comenzaron a saquear los alrededores de la ciudad impidiendo que los alepitanos pudiese salir o que los mercaderes hiciesen entrar o salir mercancías en la ciudad. Ante la inestabilidad se extendía en toda la población. Mansur pidió al emperador que le enviase soldados de infantería para combatir a los beduinos. Ante su demanda un millar de soldados armenios se presentaron en la ciudad y ayudaron a Mansur a vencer a los beduinos en el primer encuentro. Salih escribió al emperador para quejarse, juró sumisión ante él y denunció las traiciones de que había sido víctima por parte de Ibn Lu’lu mientras que él mismo se había mostrado magnánimo en la victoria. Al conocer el emperador Basilio que Salih decía la verdad ordenó regresar a los infantes armenios y recomendó a Ibn Lu’lu que cumpliese sus acuerdos con los Banu Kilab. Esta decisión debilitó grandemente la posición de Mansur y reforzó considerablemente a Salih. Para probar su buena voluntad Ibn Mirdas envió a uno de sus hijos a Constantinopla para demostrar que su sumisión y su lealtad eran sinceras.Ciudadela de Alepo

Mansur ibn Lu’lu se mostró muy contrariado por la evolución de los acontecimientos y acusó a Fath al-Qal’i, uno de sus compañeros y comandante de la ciudadela de negligencia en la vigilancia de Salih. Ante la amenaza de sustituirle por otro Fath temió la venganza de su señor y decidió obrar en consecuencia. Tras asegurarse el apoyo de un grupo de sus compañeros antes del alba del sábado 7 de enero de 1016 hizo sonar las trompetas en la ciudadela y proclamar vítores en honor de al-Hakim y Salih. Mansur se encontraba en el viejo palacio del distrito de Bab al-Ginan cuando despertó sobresaltado pensando que Salih se había hecho dueño ya de la fortaleza y perdió la serenidad. Reunió a sus hermanos, sus hijos y sus ghulam y montando a caballo escaparon precipitadamente hacia territorio bizantino. Las propiedades de Ibn Lu’lu en la ciudad fueron pilladas y Fath hizo llamar a Ali ibn Ahmad al-Dayf, gobernador de Apamea para que se hiciese cargo de la ciudad mientras su aliado retenía el mando de la ciudadela. Fath hizo salir a las mujeres de Ibn Lu’lu y a sus hijos de Alepo y se las entregó a Salih. Éste decidió ser magnánimo en la victoria. Retuvo para sí a la hija que le había sido prometida y consumó el matrimonio. Al resto lo envió a Antioquía para que se reuniese con Ibn Lu’lu. Entonces Salih tomó posesión de todas las tierras que le habían sido prometidas.

El emperador no olvidaba a los que le servían bien y era norma política bizantina acoger a los antiguos gobernadores de Alepo para usarlo eventualmente como instrumento en su beneficio . Ordenó en consecuencia al duque de Antioquía que recibiese a Mansur ibn Lu’lu con honores y que se le proporcionasen a él y sus hombres subsidios y medios abundantes. También ordenó que se inscribiese bajo el nombre de Ibn Lu’lu a 700 ghulam llegados con él, tanto caballeros como infantes. A esos se les concedieron pagas y pasaron a formar parte del registro de tropas imperiales como parte de la guarnición de la ciudad. Además Mansur recibió una dote generosa de tierras en Sih Laylun en la región entre Antioquía y Alepo y una residencia dentro de la ciudad. A partir de entonces el desterrado mantuvo una alerta vigilancia sobre los asuntos de Alepo a la espera de poder recuperar algún día lo que se le había arrebatado. Su experiencia y sus consejos siguieron siendo valorados por las autoridades bizantinas. Durante la expedición de Romano III Argiro a Siria en 1030 que concluyó en Azazion las fuentes mencionan a Mansur como uno de sus consejeros.

En la siguiente entrada seguiremos conociendo más sobre la lucha por el poder en Alepo y el ascenso de Salih Ibn Mirdas. Si te ha parecido interesante escribe un comentario y comparte este artículo con otros.

Hasta la próxima…

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Salih ibn Mirdas, señor de la guerra (I)
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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

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