Romano III Argiro recibe una embajada del califa fatimí

 

En esta segunda entrada dedicada al fundador de la dinastía de los Mirdasidas de Alepo retomamos la situación tras el victorioso enfrentamiento con Mansur ibn Lu’lu y el reconocimiento de Salih ibn Mirdas como jefe indiscutible de los Banu Kilab. Ahora Salih es un interlocutor indispensable en la alta política de la región y Alepo el premio más codiciado. Sigue leyendo para conocer cómo se estableció la dinastía Mirdasida y la lucha despiadada por el control de Siria del norte entre fatimíes, bizantinos y las tribus beduinas…

 

LA REBELIÓN BEDUINA Y LA LUCHA POR ALEPO

 

Salih demostró ser sabio en la victoria. Como nuevo hombre fuerte en la región recibió la bendición de al-Hakim, que le envió el laqab de Asad al-Dawlah (el león de la Dinastía). También tuvo que tratar con los bizantinos. Éstos recelaban de él y tras su llegada al poder el emperador ordenó el cierre de la frontera para las actividades comerciales con Siria y Egipto en represalia por la expulsión de Mansur. Salih se dirigió de nuevo al emperador para solicitar que autorizase a los suyos la continuación de sus actividades comerciales y obtuvo del emperador el permiso para su territorio con exclusión expresa de los egipcios.

Mientras tanto en Alepo la desconfianza entre los aliados crecía cada vez más. Fath al-Qal’i era el nuevo amo de la ciudad. Después de una serie de escaramuzas beduinos y egipcios (magrebíes como son llamados en las fuentes) se mantuvieron en una calma tensa. Al-Hakim concedió honores a Fath con el laqab de Mubarak al-Dawlah wa Sa’idaha (bendición y felicidad de la Dinastía) y la posesión de Tiro, Sayda (Sidón) y Beirut en iqta durante su vida a cambio de la entrega de Alepo y su ciudadela. Para ganar popularidad entre la población el califa ordenó la exención de diversos impuestos y del pago del tributo anual. Fath se mostraba dispuesto a aceptar cuando Salih le escribió para proponerle que rechazase la oferta y que retuviese para sí la ciudad expulsando a todos los magrebíes de ella. Él por su parte se mantendría en las afueras y se comprometía con su ayuda a rechazar a todos los que tuviesen ambiciones sobre Alepo, fuesen del bando que fuesen.

El pueblo de Alepo tuvo noticias de esas negociaciones y se manifestó públicamente a los pies de la ciudadela al grito de ¡Queremos a los magrebíes y no a los beduinos! El recuerdo de las depredaciones de los beduinos y la exención de impuestos concedida por el gobierno de El Cairo tuvieron sin duda influencia. Como resultado de estas protestas estalló una sublevación en la ciudad. Al-Dayf escribió a al-Hakim para reclamar tropas que le ayudasen a enfrentarse a Salih. Todos los gobernadores de Siria enviaron refuerzos y con ellos llegaron también Hassan ibn al-Mufarrig ibn al-Garrah, señor de los Tayyi y Sinan b. Ulyan emir de los Kalbíes.Plano de la ciudadela de Alepo

Salih no podía hacer frente a tantos rivales y tuvo que aceptar el hecho consumado. Fath acepto por fin la oferta del califa egipcio y entregó Alepo a las autoridades egipcias. Al-Hakim nombró gobernador a Aziz al-Dawlah Fatik, un ghulam de origen armenio que hizo su entrada en la ciudad el 3 de febrero de 1017.

El nuevo gobernador fatimí, Aziz al-Dawlah Fatik, un hombre ambicioso y capaz, pronto demostró su voluntad de independizarse de sus amos egipcios y aceptó ceder el control de la campiña a los Kilab a cambio de dominar la ciudad. Fatik tuvo buen cuidado también de mantener excelentes relaciones con sus vecinos bizantinos. En este período Alepo reconoció tácitamente el protectorado del Imperio bizantino por razones de orden práctica mientras aceptaba la autoridad religiosa imamita fatimí sin desear mayor intromisión en sus asuntos. En seguimiento de esta política Fatik escribió al emperador para ofrecer sumisión y lealtad y consiguió permiso para comerciar con los territorios imperiales. En su determinada voluntad de tener el control absoluto no dudó en reemplazar los gobernadores nombrados por al-Hakim y sustituirlos por los suyos propios, acuñar moneda con su nombre y ser reconocido como señor supremo durante el rezo de la oración en las mezquitas de su dominio

Pero para conseguir la independencia necesitaba la colaboración de los beduinos. Dio orden a Salih de que llevase a su madre Rabab a Alepo para calmar los temores del pueblo y hacer saber a los habitantes de la unidad de mando y la alianza de todas las fuerzas contra el enemigo. (Ibn al-Adim, Zubda, I, 218). De la lectura de las obras de Ma’arri se puede conocer el gran temor que había en estos momentos en la región de Alepo a una intervención armada de sus vecinos bizantinos, lo que hacía tanto más necesario el concurso de las tropas beduinas en la defensa. La presencia de la madre de Salih en la capital era, pues, la mejor garantía de la ayuda de los Banu Kilab. Según el testimonio de Ma’arri en esa época se comenzó la excavación de un foso alrededor de la ciudad como defensa adicional en caso de un posible asalto bizantino.

Mientras la Mula conversaba con el Zorro oyeron un clamor en la ciudad. Entonces la Mula dijo, “¿podrías decirnos lo que ha ocurrido, oh Zorro?”. El Zorro entonces se fue apresuradamente. Al cabo de poco tiempo regresó y dijo, “la gente común dice que el jefe de los rum (bizantinos) se ha puesto en marcha contra la tierra de los musulmanes”. Al oir esto la Mula permaneció callada por un tiempo con gran disgusto. Luego dijo las siguientes palabras, “¡oh, desastre, que tu maldad nunca recaiga sobre nuestras cabezas!, ¡que seas sólo un rumor y no nos golpee, que no se escuche tu aplastante voz, que tu eco se apague! Esto es una calamidad. Nadie es capaz de hacerle frente salvo el señor Aziz al-Dawlah, Tag al-Millah, el amir al-umara, ¡que Dios haga grande su victoria!Abu’l Ala al’Ma’arri, Risalat al-Sahil wa ‘l-shahig, 415

Aunque Salih era todavía un jefe menor en la política de Siria del norte y, a los ojos del poeta Ma’arri, un subordinado del emir de Alepo su figura no pasaba desapercibida al extremo de merecer poemas de alabanza.

Dios sea alabado, que hizo que el señor Aziz al-Dawlah (que Dios haga grande su victoria) acertase con su elección de Asad al-Dawlah (que Dios siga fortaleciéndolo), como el poeta de ragaz (tipo de poesía propia de los beduinos) ha tratado con la elección del nombre de éste al pronunciar los siguientes versos:

Si me voy de Damasco sin daño

Después de haber ensillado bien

En verdad habré apretado las cinchas

Y después marcharé a Iraq junto a Salih

Por que Salih es alguien que me puede favorecer

Abu’l Ala al’Ma’arri, Risalat al-Sahil wa ‘l-shahig, 527

Esa situación no podía ser aceptada facilmente por El Cairo. Tras la misteriosa desaparición de al-Hakim el 13 de febrero de 1021 su hermana Sitt al-Mulk, al mando en palacio como tutora de su sobrino al-Zahir, se decidió por actuar. Una conspiración entre los servidores de Fatik acabó con su asesinato el 7 de julio de 1022 por obra de su ghulam Badr. Éste se mostró ansioso por mantener una buena relación con el gobierno fatimí. Al-Dayf regresó a Alepo y convenció pronto a Badr para que dejase su puesto. Dos oficiales egipcios fueron puestos al mando de la ciudadela y la ciudad.

Para contrarrestar este golpe de efecto Salih buscó aliados entre sus hermanos de raza. La ocasión era propicia ante la situación en Egipto. La muerte de Sitt al-Mulk en la primavera de 1024 en un momento en que el país sufría una severa crisis cerealística provocó un brusco cambio gubernamental. Buena parte de los competentes oficiales al mando en Siria fueron sustituidos por hombres inexpertos. El momento fue aprovechada por los beduinos. En junio de 1024 Salih se reunió con los jefes de las tribus más influyentes de Siria central y todos ellos realizaron un juramento formal de unirse para expulsar a los fatimíes de Siria. Sus interlocutores se convirtieron en protagonistas de la política en la región durante el resto de la década, Sinan b. Ulyan de los Kalbíes de Siria Central y Hassan b. al-Mufarrig ibn al-Garrah, señor de los Tayyi de Transjordania. Esta fue la primera y última ocasión desde el siglo VII en que las tribus sirias se pusiesen de acuerdo dejando a un lado sus diferencias. Los acuerdos a los que llegaron fueron los siguientes:

  • Ayuda mutua para enfrentarse a los fatimíes y expulsarlos de Siria y Palestina.
  • Reparto de los territorios: Palestina y sus dependencias para Hassan ibn al-Garrah. Damasco y su territorio para Sinan b. Ulyan y su tribu. Alepo y la región adyacente para Salih ibn Mirdas y los Banu Kilab.

Una vez formalizado el acuerdo los aliados se dirigieron a Basilio II para informarle de su decisión y pedir ayuda con el fin de que sus enemigos (fatimíes) supiesen que tenían su bendición y que se apoyaban sobre su poder. El emperador no consideró conveniente ceder a esta solicitud reprochándoles que se rebelaran contra su señor. Por su parte el nuevo califa al-Zahir intentó reconciliarse con ellos pero la hostilidad entre los fatimíes y al-Garrah, que era su enemigo jurado, hizo imposible toda aproximación. Hassan renovó su acuerdo con su cuñado Sinan y ambos con Salih. El pacto proporcionó a las tres tribus un gran poder militar difícil de desafiar para el gobierno fatimí. También sorprendió grandemente a sus contemporáneos que, como recuerda el poeta Ma’arri, estaban acostumbrados a ver a los beduinos preferir sus tiendas y la vida en el desierto con su ganado. La elección de olvidar las viejas costumbres tribales y escoger la vida en la ciudad y las atribuciones de la realeza asombró a todos.

En la coalición la figura de Salih desempeñaba la jefatura militar mientras al-Garrah se ocupaba de las relaciones exteriores. El emir de los Tayyi escribió al califa una carta humillante para asegurarle que no debía preocuparse por Siria…

Él mismo (Hassan) gobernaría los asuntos de Palestina, cobraría los impuestos y los gastaría en sus hombres. Así no habría necesidad de que el califato enviase gobernador ni tropas que serían muy costosos. Del mismo modo su cuñado Sinan Samsan al-Dawlah había llegado a un acuerdo con el pueblo de Damasco. Y el gobierno de Alepo estaba en manos de Salih Ibn Mirdas Asad al-Dawlah. Por eso el califa estaba libre de toda ansiedad con respecto a Siria. El califa no pudo decir otra cosa al mensajero que se fuese y que no tendría ninguna respuesta de élAl-Musabbihi, Itti’azz, 250

En el verano de 1024 las tribus beduinas se pusieron en marcha. El secretario de Salih, Abu Mansur Sulayman ibn Tuq se apoderó de Ma’arrat Misrin, una localidad situada entre Alepo y Antioquía. El 30 de septiembre de 1024 se presentó con sus tropas ante los muros de Alepo y comenzó de inmediato los combates con su guarnición.

Entre tanto Salih se movió hacia Palestina y ayudó a derrotar a Anushtakin. Mientras al-Garrah perseguía a las tropas fatimíes Salih se unió a Sinan b. Ulyan en el asedio a Damasco. Desde allí se desplazó otra vez hacia el norte para unirse al ataque contra Alepo. Con una numerosa tropa de caballería llegó el domingo 22 de noviembre ante la Puerta de los Jardines (Bab al-Ginan). En ese lugar pidió que se presentase el cadí de la ciudad y otros representantes legales pero ninguno apareció. A partir del día siguiente se sucedieron los ataques sin interrupción durante cincuenta y seis días y muchos hombres cayeron en ambos bandos.

En enero Mawsuf al-Saqlabi, gobernador de la ciudadela, sospechó que Abu l-Muragga ibn Mustafad al-Hamdani, el más considerado entre los hamdanidas y jefe de las milicias urbanas (ahdat) conspiraba contra él y se dispuso a asesinarlo. Al saberlo Abu l-Muragga reunió a sus ghulams y cabalgó hasta la puerta de Quinnasrin al sur de la ciudad, forzó la salida y recibió la salvaguardia (aman) para todos los habitantes de Alepo. El sábado 16 de enero de 1025 las puertas de la ciudad se abrieron por fin para Salih. hizo su entrada en la ciudad.

El gobernador de Alepo, Sadid al-Mulk Tu’ban ibn Muhammad ibn Tu’ban, corrió a refugiarse en el palacio fortificado anexo a la ciudadela que había hecho construir Fatik y se atrincheró allí. El 21 de enero Salih comenzó el ataque a la fortaleza con la ayuda de máquinas de asedio. Sus hombres cavaron una mina bajo el palacio y provocaron su derrumbe. El 13 de marzo Salih penetró en las ruinas y procedió a atacar directamente el muro de la ciudadela. Bajo sus órdenes se excavó una galería subterránea para acceder a los pozos de los que se surtía la fortaleza y arrojaron piedras y cadáveres en ellos para inutilizarlos.

En ese punto la atención de Salih fue desviada por la llamada urgente de su aliado Hassan ibn al-Garrah. Tras una gran victoria en el sur sobre al-Dizbiri reclamaba a su aliado para aprovechar la situación. El señor de los Banu Kilab se vio obligado a abandonar el asedio y dirigirse hacia Palestina a marchas forzadas. Antes de marcharse, sin embargo, Salih escribió a Constantino Dalaseno, catepán de Antioquía, para pedir que le enviase soldados de infantería para combatir contra la guarnición de la ciudadela. Ante su requerimiento Dalaseno respondió favorablemente y por propia iniciativa despachó a la ciudad trescientos hombres que Salih situó frente al muro que mira a la ciudad. Al tener noticia el emperador ordenó a Dalaseno que los hiciese regresar sin tardanza, lo que fue aceptado por Salih. Antes de partir hacia el sur nombró gobernador de la ciudad a Abu l-Muragga y confió a su secretario Sulayman Ibn Tuq la continuación del asedio. El 4 de mayo de 1025 partió por fin hacia Palestina en la que al-Garrah estaba combatiendo otra vez con Anushtakin, que había reunido un nuevo ejército.

Tras reunirse con sus aliados kalbíes y tayyi se estableció un plan. En la batalla que siguió al-Dizbiri fue nuevamente derrotado y Salih en su vuelta saqueó algunas ciudades costeras además de conquistar Hisn Ibn Akkar, Sidón, Ba’albak, Emesa (Hims) y Raffaniya. Todas esas ciudades fueron añadidas al nuevo estado mirdasida.

En el bando opuesto el gobierno en el Cairo, especialmente el influyente visir Ali ibn Ahmad al-Gargarai, no ofreció apoyo suficiente al turco AnushTakin al-Dizbiri (el Tusber de las crónicas bizantinas), el capaz gobernador encargado de la defensa de Palestina. Era un principio político establecido en la cancillería fatimí impedir que un general victorioso pudiese crear un principado autónomo en Siria. En consecuencia los éxitos de AnushTakin durante su carrera provocaron vivos recelos en Egipto. Tras hacerlo dimitir en 1026 con falsas acusaciones el agravamiento de la situación obligó al gobierno a reponerlo en su puesto en 1028. Hasta su muerte en 1042 la práctica del gobierno central fluctuó entre reprimir la autonomía de las tribus y animar a éstas a socavar el poder de AnushTakin. En esta coyuntura concreta El Cairo negoció a sus espaldas con los Tayyi para llegar a un acuerdo. Hassan al-Garrah era un hombre poco fiable. Mientras mantenía conversaciones con los egipcios atacó y quemó Ramla para después retirarse ante la presión armada de al-Dizbiri.

En ausencia de Salih el sitio de la ciudadela de Alepo continuó. La resistencia resultó breve. En su desesperación los defensores alzaron cruces en la muralla e invocaron la ayuda bizantina dando dieron vítores en honor al emperador durante tres días. Ese intento no sirvió de nada. Mawsuf el gobernador inició conversaciones con Mustafad y Abu Mansur y después de recibir por escrito las garantías el miércoles 30 de junio arrojó las llaves de una de las puertas a los asaltantes que esperaban fuera. La ciudadela fue sometida a pillaje y los principales dirigentes conducidos a prisión aunque la guarnición magrebí pudo retirarse con sus familias y sus bienes sin ser molestados.Panorámica de la ciudadela de Alepo

Por fin la gran ciudad de Alepo estaba en manos de los Banu Kilab. Era un gran triunfo para Salih y con la victoria su prestigio en toda la región creció desmesuradamente. El éxito de la revuelta kilabí se puede explicar en parte por:

  • La situación de Siria del norte y su alejamiento de El Cairo.
  • El comportamiento de Salih ibn Mirdas y sus tropas, muy alejado del bandolerismo de Hassan ibn al-Garrah. La tribu de los Banu Kilab se mostró a los ojos de las poblaciones sedentarias de la región como una fuerza de orden capaz de dominar a las tribus menores y evitar sus depredaciones.
  • El carisma de Salih. Su madre había residido en tiempos en Alepo y desde la época de Mansur ibn Lu’lu los notables de la ciudad habían tenido ocasión de apreciar su dotes personales, marciales y políticas.

Ibn Mirdas se tomó su tiempo para contemplar su triunfo más sonado. El conquistador hizo entrada en su nueva capital el 4 de octubre y de inmediato ajustó cuentas con los prisioneros. Hizo llamar a Mawsuf el eunuco a su presencia y después de haber intentado en vano atraerlo a su bando lo hizo matar al igual que al cadí Abu Usama. Para éste, que se había negado a tratar con él, reservaba un castigo especial. Fue emparedado vivo en una de las celdas de la fortaleza (el historiador Ibn al-Adim informa que durante la realización de obras de reforma del castillo en 1230 se descubrió en el lugar un esqueleto con las piernas cargadas de cadenas en posición sentada, sin duda el antiguo cadí de Alepo).

Con la conquista de Alepo y de Hims/Emesa su dominio en Siria central se extendió hasta Ba’labakk, Hisn Akkar y Sidón/Sayda además de Rahba, Manbig, Balis y Raqqa. Salih nunca negó la soberanía suprema del califato. Después de consolidar su posición envío a su secretario Abu Mansur al encuentro del califa al-Zahir. Éste reconoció su nueva posición de fuerza con la concesión de nuevos títulos y la entrega de vestimentas de honor y collares de oro para él y sus hijos. En las monedas que mandó acuñar siguió figurando el nombre del califa al lado del suyo propio. La estrella de Salih ibn Mirdas brillaba con más fuerza que nunca.

 

LA FUNDACIÓN DE LA DINASTÍA MIRDASIDA

 

La toma de Alepo y la consolidación del dominio en el norte y el centro de Siria supuso para Salih y los Banu Kilab la culminación de los propósitos anhelados por sus antecesores desde más de un siglo antes. Una vez realizada la conquista territorial Salih se dispuso a establecer su gobernación como un principado con todos los atributos de un estado medieval, con estructura fiscal y administrativa y un ejército permanente de caballería acorazada sostenido por los ingresos de la explotación de los iqta. Como cabeza de la administración escogió a Tadhurus b. al-Hassan como ministro (wazir) del ejército y jeque de la cancillería (confidente y secretario a la vez que representante de Alepo en las misiones diplomáticas a El Cairo y Constantinopla).

La puesta en marcha de la nueva administración no estaba exenta de tensiones. Las diferencias entre cristianos y musulmanes no era la menor de ellas, algo explicable por la cercanía de la frontera bizantina y que la gran ciudad de Antioquía estuviese sólo a dos días de camino de Alepo. Los cronistas de la época han conservado el relato de un incidente relacionado con el gobierno de Salih.

El wazir Tadhurus concibió un odio feroz contra los habitantes de Ma’arrah al-Nu’man, patria del poeta Ma’arri, por el asesinato de su suegro en Has, un suburbio de la población. Se acusaba a al-Huri de causar daño al pueblo. Cuando Tadhurus conoció su muerte se dirigió hacia allí con una fuerza armada. La población de Has escapó a las montañas o se escondió en el campo por miedo a la venganza del todopoderoso ministro y los asesinos huyeron a Apamea. El gobernador de la ciudad entregó a los hombre a la justicia y Tadhurus, después de recibir el consentimiento de Salih ordenó su crucifixión. Cuando los cuerpos fueron descolgados una protesta generalizada se extendió por la población que declaró que unos ángeles habían sobrevolado a los muertos para manifestar su compasión por ellos. Cuando Tadhurus tuvo noticia de ello su animadversión se volvió más fuerte todavía.

Las crónicas han conservado el relato de un incidente más sobre las tensiones entre cristianos y musulmanes que aporta más información sobre los problemas a los que se tuvo que enfrentar la administración de Salih Ibn Mirdas en su principado. En el año 1026 un incidente menor en Ma’arrah al-Numan desencadenó un motín de la población durante la oración del viernes en la mezquita. Una mujer apareció denunciando a gritos que había sido vejada por el propietario de una taberna, un cristiano. Después de oírla muchos de los presentes se dirigieron hacia la taberna la asaltaron y mataron a su propietario y derramaron el vino en tierra.

La represalia se retrasó hasta el final del Ramadán. No fue hasta entonces cuando Tadhurus, que albergaba un rencor indisimulado contra los habitantes de Ma’arrah persuadió a su señor de que tomase medidas de castigo. En aquel entonces Salih estaba residiendo en el distrito de Sidón. A su regreso a Alepo el emir ordenó de mala gana el ingreso en prisión de setenta notables de Ma’arrah además de la imposición de una multa de 1.000 monedas de oro. El wazir Tadhurus insistió a su señor para que condenase a muerte a algunos implicados contra los que tenía rencillas personales. Uno de esos era hermano del poeta Abu ‘l-Ala Ma’arri y los otros habían desafiado su autoridad en tiempos pasados. A esta petición Salih se negó rotundamente.

La situación de los prisioneros se volvió tan precaria que movió a compasión incluso en ciudades tan alejadas como Mayyafariqin y Amida. Salih se desplazó con una fuerza armada hasta Ma’arrah con intención de tomarla al asalto. A tal efecto había hecho traer máquinas de asedio para bombardear los muros. En su desesperación los ciudadanos acudieron a las puertas de la casa del poeta para que intercediese por sus vecinos:

Él salió llevado por la mano de un guía (el poeta Ma’arri estaba casi ciego en esta época). Se le dijo a Salih que se había abierto la puerta de la ciudad y que un hombre había salido guiado como si fuese ciego. Entonces dijo Salih, “¡ése es Abu ‘l-Ala! Parad el ataque hasta que sepamos qué es lo que quiere!”. Cuando llegó a su tienda se le permitió entrar. El emir le recibió con cortesía y reconoció su deseo de verle. Una vez que se sentaron le preguntó, “¿qué es lo que quieres?”. Abu ‘l-Ala contestó, “nuestro amo, el comandante y muy glorioso señor Asad al-Dawlah, el principal consejero de la dinastía es como un día que avanza; cuánto mayor es su calor más delicioso el refrescante atardecer. Es como una espada cortante, de hoja suave pero filo rugoso. No tengas en cuenta las faltas, sé benevolente y aléjate del ignorante (que te da mal consejo, velada alusión a Tadhurus. Se trata de una frase del Corán que seguiría así: y si alguna incitación de Satán te afecta busca refugiio en Allah, porque en verdad Él lo sabe y lo oye todo. En verdad aquellos que muestren piedad cuando vean la sombra de Satán cerca se recogerán y verán con claridad). Salih reaccionó favorablemente y contestó. “¡Ya te los entregué a ti, anciano!Al-Qifti, Inbah al-ruwat, I, 53-54

Salih pidió a Ma’arri que a cambio declamase algunas poesías tras lo cual perdonó a Ma’arrah y ordenó que levantasen las tiendas y cargasen los camellos para regresar a Alepo. A pesar del poema que escribió Ma’arri para incitar a Salih a la generosidad los ciudadanos de Ma’arrah tuvieron que pagar la multa finalmente.

Ese propósito de gobierno estable y ordenado contrastó notablemente con la conducta de Hassan ibn al-Garrah, mediocre guerrero y político intrigante. Aunque el califato podía resignarse a aceptar el dominio mirdasida en Alepo en modo alguno toleró la fundación de un estado similar por los Tayyi en Palestina, que ponía en peligro su propia supervivencia. En el período 1025-1028 el gobierno fatimí reunió nuevas tropas para doblegar a su rival. En su guerra incesante contra los representantes fatimíes se convirtió en práctica habitual para los Tayyi el descenso a las llanuras durante la estación de las cosechas para saquear y quemar retirarse al desierto durante el invierno. Frente a ellos AnushTakin al-Dizbiri, nombrado gobernador de Damasco y Siria en 1028, mantuvo una oposición tenaz.

La muerte en julio de 1028 de Sinan b. Ulyan de los Kalbíes fue un duro golpe para la coalición beduina. AnushTakin maniobró hábilmente para establecer una alianza con su sobrino y sucesor Rafi ibn Abi’l-Layl ibn Ulyan. El nuevo señor de los kalbíes viajó a El Cairo para ser recibido por al-Zahir. A cambio de su acuerdo recibió el título de Izz al-Dawlah (Nobleza de la Dinastía), los iqta de su difunto tío y la bendición como nuevo emir de los Banu Kalb. Como parte de su compromiso aceptó participar en la coalición contra Hassan b. al-Garrah.

En noviembre de 1028 un nuevo ejército fatimí avanzó sobre Palestina apoyado por los Banu Kalb y otros beduinos, principalmente de la tribu de los Banu Fazara. La amenaza contra los Tayyi llevó a al-Garrah a una demanda desesperada de auxilio a los Kilab. Salih descendió con su ejército una vez más y unió sus fuerzas a las de los Tayyi para enfrentarse a la coalición de fatimíes y kalbíes. El comienzo de la expedición fue acompañada de signos ominosos. El cronista Ibn al-Adim relata que Salih vio en sueños como alguien le arrebataba su casco dorado de la cabeza. El emir había soñado con ese desconocido en el tiempo en que había padecido prisión en Alepo. En aquel sueño, sin embargo, el desconocido había puesto ese mismo casco en su cabeza como señal de su liberación inminente.

Parece ser que al principio las fuerzas beduinas intentaron evitar una batalla campal. Después de un primer encuentro indeciso en la región de Gaza Salih y Hassan se retiraron hacia el norte perseguidos por los fatimíes y sus aliados beduinos. El enfrentamiento tuvo lugar finalmente el miércoles 12 de mayo de 1029 en la aldea de Uqhuwana, en la orilla este del lago Tiberíades. De acuerdo con el testimonio de Yahya Hassan ibn al-Garrah traicionó a su aliado y escapó a las montañas mientras que otros autores sólo indican su retirada.

Fuese cual fuese la verdad la derrota de los beduinos fue total. Hassan ibn al-Garrah escapó con los suyos tan pronto como estuvo clara la suerte del combate. Por su parte Salih combatió magníficamente hasta el final. Después de ser abandonado por los suyos se alejó al paso por el agotamiento de su magnífico caballo. El cronista Ibn al-Qalanisi relata que Salih se detuvo un momento para dejar descansar a su montura y se descubrió la cabeza. Un beduino de la tribu de los Banu Fazara, codició el caballo y sin reconocer a su jinete le atacó con la lanza y lo mató. El vencedor se alejó con su presa sin reparar en el muerto. Otro beduino que recorría el campo de batalla en busca de despojos reconoció a Salih. Le cortó la cabeza y corrió al encuentro de Rafi b. Abi’l-Layl de los Kalb que se la mostró a Anus Takin. El gobernador saltó de su caballo y besó el suelo para dar gracias a Dios. A Turayf, el hombre que había matado a Salih, le entregó mil dinares, el caballo y la cota de malla del muerto y a al-Zubaydi, que lo había reconocido y le había cortado la cabeza otros mil. Al-Dizbiri se reservó los ghulam turcos de Salih.

En la batalla también murieron su hijo más joven y su visir, el cristiano Tadrus (Teodoro) b. al-Hassan así como un gran número de los mejores entre los Banu Kilab. Una vez llegado a Sidón, antigua posesión de ibn Mirdas en la que éste se complacía en residir, al-Dizbiri hizo clavar el cuerpo descabezado del jefe beduino sobre la puerta. La cabeza de Salih fue enviada al Cairo como testimonio de la victoria.

 

CONCLUSIÓN

 

La muerte de Salih fue un golpe severísimo para los Banu Kilab. Al conocerse la noticia sus hombres se retiraron de todas las ciudades que controlaban en Siria central salvo Rahba, Balis y Manbig. El poeta Ma’arri, que sentía una confesada admiración por las virtudes del señor beduino compuso en esta ocasión un poema en su honor:

Abu ‘l-Ala Ma’arri, Luzum, 307-308

Salih ha cambiado más allá de todo reconocimiento y la tribu de Diban* son solo lagartos que temen ser cazados.
Ya han partido, no avisados por una voz que los asustase ni golpeados por lanzas que les arrancasen el alma.
Un jinete golpea en un día de guerra y provoca que tu espíritu y tu cráneo se alejen de ti,
Es más fácil soportar eso para ti que una enfermedad que te haga morir en el lecho,
[…] Los leones del tiempo** cortan en piezas a toda tribu. Somos meros cachorros arrinconados unos contra otros.

*Una subtribu de los Banu Kilab

** Alusión a las diferencias entre los hijos de Salih

Dos hijos de Salih, Sibl al-Dawlah Nasr y Mu’izz al-Dawlah Thimal, ambos muy jóvenes, se repartieron el poder en Alepo. Nasr se reservó la ciudad dejando a su hermano menor el control de la ciudadela.

Los dos hermanos se vieron muy pronto expuestos a probar su valía. Al-Dizbiri era de la opinión de golpear el hierro mientras estaba caliente, según sus propias palabras y deseaba avanzar para aplastar definitivamente el poder de las tribus. La reacción del gobierno en El Cairo fue refrenarlo por miedo a que alcanzase demasiado poder en sus manos.

Por su parte los bizantinos reaccionaron también. El estallido de conflictos entre cristianos y musulmanes en la región de Ma’arrat al-Numan y la construcción de fortalezas por parte de familias musulmanas en las montañas costeras sin permiso del emperador fueron excusa y motivo para la intervención. Tras ello estaba el apenas velado propósito de imponer un protectorado directo sobre Alepo tras la desaparición de Salih. El duque de Antioquía Miguel Espondiles contaba con la inexperiencia de los hermanos para facilitar su tarea y así invadió su territorio sin informar al emperador.

Nasr y Thimal intentaron parlamentar sin éxito y finalmente tuvieron que enfrentarse en Qaybar, cerca de Gisr Afrin, a unos 40 km. Al noroeste de Alepo. El duque estaba atacando esa plaza cuando los mirdasidas cayeron sobre su ejército por sorpresa. La batalla, que tuvo lugar el 14 de julio de 1029, fue una rotunda victoria total de los beduinos. Tras su fracaso Espondiles fue sustituido y Nasr y Thimal demostraron que, apenas dos meses después de la muerte de su padre, el estado que éste había creado tenía la solidez suficiente para sobrevivir.El duque de Antioquía Espondiles derrotado por los árabes de Alepo

En el verano siguiente el emperador en persona invadió Alepo. Tras negarse a aceptar otra conclusión que la rendición de Alepo los hermanos se decidieron a luchar otra vez. El resultado fue una memorable derrota del ejército imperial por las solas fuerzas de los Banu Kilab en Tubbal, cerca de Azazion (A’zaz), a una jornada de Alepo.

Estos éxitos defensivos permitieron sobrevivir a los Mirdasidas y convertirlos durante decenios en un factor estable dentro de la política siria. El estado que había creado Salih ibn Mirdas demostró la solidez suficiente para contender con fatimíes, bizantinos y después de estos la aparición de nuevos actores en la región, los turcos.

Pero ésa es otra historia. Hasta aquí ha llegado el relato de la biografía de Salih ibn Mirdas. Si te ha parecido interesante compártelo o aporta un comentario.

Nos encontraremos en la próxima entrada…

Para saber más...

  • Yahya de Antioquía, Histoire, ed. Micheau-Troupeau, Patrologia Orientalis, t. 47, fascículo IV, 212, Turnhout, 1997.
  • Blanquis, T. (1989) = Damas et la Syrie sous la domination fatimide (359-468/969-1076). Essai d’interpretation de chroniques arabes mediévales, II Damasco.
  • Blanquis, T. (1992) = “Les frontiéres de la Syrie au XI siécle”, Castrum 4, pp. 135-150.
  • Blanquis, T. (1993) = “Mirdas”, The Encyclopaedia of Islam. Volume VII: Mif-Naz, pp. 115-123.
  • Canard, M. (1951) = Histoire de la Dynastie des H’amdanides de Jazîre et de Syrie, Argel.
  • Schlumberger, G. (1900) = L’Épopée byzantine a la fin du dixième siécle. II partie, Basile II le tueur de bulgares, Paris.
  • Smoor, P. (1985) = Kings and bedouins in the palace of Aleppo as reflected in Ma’aarris works, Journal of semitic studies monograph 8, Manchester.
  • Tate, G. (1992) = “Frontière et peuplement en Syrie du Nord et en Haute Mésopotamie entre le IVe et le XIe siécle”, Castrum 4, pp. 151-159.
  • Zakkar, S. (1971) = The emirate of Aleppo 1004-1094, Beirut.

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Salih ibn Mirdas, señor de la guerra (II)
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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

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