Portada Nicéforo I (802-811)

 

Nicéforo I el reformador (802-811) fue un emperador cuyo reinado causó gran impresión entre sus contemporáneos a pesar de su corta duración. En Desde las Blaquernas le dedicamos un artículo para conocer algo más sobre su vida y sus acciones y la impronta que lo convirtió en un monarca singular. En este artículo analizaremos las circunstancias de su llegada al poder, las reformas fiscales y administrativas y su política exterior y relaciones con el imperio franco, el califato abasida y Bulgaria. En la parte final dedicaremos un amplio espacio al relato de su enfrentamiento con el jan búlgaro Krum y la aciaga campaña de 811 en la que el emperador perdió la vida. Espero que encuentres esta entrada de tu interés…

 

El reinado de Nicéforo I

 

Antecedentes: el Imperio en 780-802

 

Los últimos años del siglo VIII estuvieron marcados por la restauración de las imágenes tras el séptimo Concilio Ecuménico de 787 y la lucha contra la resistencia iconoclasta. También por la tensión creciente entre Constantino VI (780-797) y su madre Irene. El joven emperador ansiaba liberarse de su tutela y de la del poderoso ministro Estauracio. En el año 790 su intento de deponer a Estauracio fracasó. Los partidarios del emperador, el magistros Pedro, los patricios Teodoro Camuliano, Damián y el protoespatario Juan Picridio fueron exiliados o depuestos. Para mayor humillación todavía, el propio emperador fue azotado por su papel como instigador.

Tras este enfrentamiento Irene reclamó para sí el poder real obligando a Constantino a conformarse con el título de co-emperador. Las tropas presentes en Constantinopla aceptaron el  nuevo estado de cosas, pero los themas peraticos [los contingentes armados de Asia Menor] se pronunciaron contra los planes de la emperatriz. Las tropas reunidas en octubre de 790 en Atroa en el thema del Opsicio proclamaron a Constantino VI como único emperador. Los motivos podrían ser varios: las simpatías iconoclastas, la defensa de los derechos del joven emperador en la esperanza de que resultase ser un gobernante tan capaz como su abuelo Constantino V, o simplemente porque no les complaciese Irene. En ese momento, octubre de 790, la lucha pareció perdida para Irene y en consecuencia la emperatriz abandonó el palacio dejando la victoria en manos de Constantino.

Moneda de León IV con Constantino VI

El carácter del joven emperador no era el de sus ancestros. Demasiado débil en la victoria, se dejó convencer por los partidarios de su madre para permitirle volver a Palacio menos de dos años después. En los tiempos que siguieron Irene maniobró para volver a recuperar su perdida posición. La evidente falta de dotes de gobierno de Constantino y la gran derrota ante los búlgaros en el verano de 793, en la que el propio emperador abandonó vergonzosamente el campo de batalla, le hizo perder el apoyo de la mayoría de sus partidarios. Poco después estalló una conspiración en favor de su tío Nicéforo, el mayor de los hijos de Constantino V todavía vivo. La reacción de Constantino fue contundente: Nicéforo fue cegado y los cuatro tíos del emperador sufrieron la amputación de sus lenguas.

Irene y Estauracio jugaron sus bazas. Denunciaron por traición a Alejo Mosele, estratego del thema de los Armeníacos, hasta entonces uno de los principales partidarios del emperador. Constantino ordenó que fuese cegado y la reacción de los soldados del thema fue la rebelión contra su antiguo patrón. El emperador castigó con crueldad a los rebeldes y de ese modo perdió definitivamente el apoyo del ejército y del pueblo.Constantino VI e Irene acompañados de León III y Constantino V

La cuestión que precipitó finalmente la caída del emperador fue la de su segundo matrimonio. En enero de 795 Constantino VI se divorció de su esposa, María de Amnia y la obligó a tomar los votos. En agosto de ese mismo año una doncella al servicio de Irene, llamada Teodota, se convirtió en prometida del emperador y su esposa en septiembre. La ostentosa celebración mientras su primera y legal esposa estaba todavía viva fue considerada por la opinión pública como un escándalo que levantó acerbas críticas entre amplios sectores del influyente partido de los monjes, liderado por Platón de Sacudio. La irregularidad del segundo matrimonio de Constantino fue empleada menos de dos años después por Irene como un excelente pretexto para ordenar la ceguera de su hijo (agosto de 797):

El 17 de julio en la quinta indicción, un jueves, cuando el emperador cruzó a San Mamas después de una carrera, los oficiales de los tagmata [a los que su madre había atraído a su partido] lo siguieron para apresarlo. Cuando él supo esto se embarcó en su quelandio y cruzó a Pilas intentando buscar refugio en el thema de los Anatólicos. Lo acompañaban, sin su conocimiento, los amigos de su madre. Su mujer [Teodota] también viajó hasta Triton. Los amigos de su madre que le acompañaban se reunieron entre sí y se dijeron “si reúne un ejército no será posible someterlo. Él nos descubrirá y acabará con nosotros”. Su madre, por su parte, reunió en el palacio de Eleuterio a los oficiales de los tagmata aliados y entró en el Palacio. Cuando supo que las tropas se estaban reuniendo para apoyar a su hijo  [Irene] tuvo miedo y pensó enviar una delegación de obispos para ofrecerle garantías de seguridad y permitirle retirarse con tranquilidad. También escribió en secreto a los amigos que estaban con él para decirles, “si no encontráis la forma de entregármelo revelaré al emperador vuestros acuerdos conmigo”. Ellos entonces atemorizados abrumaron al emperador con súplicas y le convencieron para regresar a la Ciudad, lo que hizo en la mañana del sábado 15 de agosto y lo encerraron en el Porfira, donde había nacido. En la novena hora del día lo cegaron de modo cruel con la intención de hacerlo morir a instigación de su madre y sus consejeros. El sol se oscureció durante diecisiete días y no brilló de modo que los barcos perdían su rumbo y navegaban a la deriva. Todos reconocieron que el sol retenía sus rayos porque el emperador había sido cegado. De ese modo su madre Irene accedió al poder.Teófanes, Cronografía, AM 6289, AD 796/797, 472

Los conspiradores anunciaron que el joven emperador había sobrevivido al tormento y que vivía confinado (alguna crónica cita incluso una mansión llamada de Isidoro como su lugar de residencia), pero todo apunta a que Constantino falleció poco después a consecuencia de las heridas.

En el período entre 797 y 802 Irene gobernó en soledad el Imperio, la primera vez en la historia bizantina en que una mujer asumía el poder como único gobernante, no como tutora de un emperador menor de edad. La emperatriz era consciente de la ruptura de la tradición que prescribía la presencia de un hombre en el trono y al mando del ejército y por ello no dudó en hacerse llamar basileo en los actos de su gobierno en lugar del más apropiado basilisa.Nomisma de Irene (797-802)

Sólo dos meses después de la toma del poder, en octubre de 797, la emperatriz tuvo que enfrentarse a una nueva conspiración en favor de los hijos de Constantino V. La acción del eunuco Aecio enviándolos al exilio en Atenas puso un fin momentáneo a la iniciativa. En marzo de 799 se produjo un nuevo intento cuando los eslavos acaudillados por el arconte de Belzetia Acamer intentaron liberar a los prisioneros y proclamar a uno de ellos como emperador. Irene respondió enviando contra ellos al patricio Constantino Tesaracontapequis y su hijo el espatario Teofilacto. Ambos consiguieron arrestar a los principales conspiradores y privarles de la vista.

En ese tiempo comenzaron a aflorar las fricciones en el poder. Los eunucos Aecio y Estauracio conspiraban para situar a sus familiares como sucesores de Irene. Aecio favorecía a su hermano León, nombrado monoestratego de los themata de Macedonia y Tracia en algún momento entre 797 y 801.

Las intenciones de Estauracio no eran tan claras. En cualquier caso, en 800 estalló un incidente que le comprometía. El eunuco resultó severamente herido y falleció al poco tiempo, sin dejar claro si había considerado ser él mismo quien asumiese los borceguíes rojos del emperador. A partir de entonces su puesto en la lucha política fue asumido por los hermanos Trifilio con el apoyo de un buen número de altos oficiales en la corte como el patricio León Sarantapequis, el sacelario León Clocas y el logoteta del Genikon Nicéforo.

La inestabilidad política había sido alentada por la falta de éxito del gobierno de Irene. En el interior, la emperatriz había intentado ganar popularidad con exenciones de impuestos en la capital, reducciones en las tasas pagadas en Abydos y Hieron (las dos aduanas de la capital) y medidas favorables a los monasterios que fueron saludadas con entusiasmo por Teodoro de Estudio aunque a largo plazo debilitaron las finanzas del Estado.

Tampoco la política exterior había sido más afortunada. En esos años las incursiones árabes comenzaron a crecer en frecuencia e intensidad. Cada primavera-verano del período entre 780 y 802 se registran en las crónicas ataques en la frontera asiática. En su afán por evitar una guerra abierta, Irene y Constantino firmaron una tregua en 782 bajo la obligación de pagar un tributo anual al califa.

En la frontera europea la situación no era mejor. Tras los éxitos del reinado de Constantino V los búlgaros habían sabido reorganizarse bajo el mando de Kardam. Deseosa de obtener éxitos militares que reforzasen su posición, Irene ordenó una campaña a comienzos del verano de 783 contra un enemigo débil y desorganizado como las comunidades eslavas. El eunuco Estauracio tomó el mando de una fuerza considerable con la que alcanzó Tesalónica. De allí pasó a Grecia central con un gran botín y numerosos cautivos. A su regreso en enero de 784 Irene le concedió un triunfo en el hipódromo. Animada por el éxito del año anterior en mayo de ese mismo 784 la propia Irene y su hijo se desplazaron a Anquialo para restaurar la fortaleza. De allí pasaron a Beroe y reconstruyeron la ciudad rebautizándola como Irenópolis.

Tracia, Macedonia y Bulgaria hacia 775

Macedonia, Tracia y Bulgaria alrededor de 775 (según Sophoulis)

 

Los búlgaros tenían razones para sentirse amenazados y las iniciativas del gobierno bizantino les decidieron a actuar. En 788 el estratego de Tracia Fileto, tras una exitosa campaña contra los eslavos del valle del Estrimón fue sorprendido a finales de año por un ejército búlgaro. Es probable que se pueda fechar en esta época la creación del thema de Macedonia, cubriendo el territorio entre los ríos Hebros y Estrimón.

En 792 el emperador condujo al ejército hasta el fuerte de Probaton, donde se enfrentó sin consecuencias al ejército búlgaro. Al año siguiente Constantino volvió a tomar la iniciativa al reconstruir la fortaleza de Marcelas, muy cerca de la frontera. La desastrosa derrota ante el ejército búlgaro no se limitó a la pérdida de ese importante puesto fronterizo, sino que animó a Kardam a adoptar una política más agresiva hacia Bizancio:

En el mes de julio [Constantino VI] partió en campaña contra los búlgaros y reconstruyó el fuerte de Marcelas; y el 20 de julio Kardamos, el señor de Bulgaria, se adelantó con todas sus fuerzas y se presentó ante las murallas. Muy excitado y persuadido por falsos profetas de que la victoria sería suya, el emperador inició el combate sin plan ni orden y fue severamente derrotado. [Constantino VI] escapó a la Ciudad después de perder muchos hombres, no sólo soldados comunes, sino oficiales investidos con autoridad entre los que estaban el magistros Miguel Lacanodraco, el patricio Bardas, el protoespatario Esteban Cameas, los antiguos estrategos Nicetas y Teognosto y muchos otros hombres de rango, así como el falso profeta, el astrólogo Pancracio que había profetizado su victoria. Los búlgaros se apoderaron del touldon [tren de equipaje], caballos, dinero y la tienda del emperador con todo su equipamiento.Teófanes, Cronografía, AM 6284, AD 791/92, 468

La humillante derrota en Marcelas tuvo consecuencias inmediatas. Poco después del regreso a la capital una parte de la oficialidad intentó forzar el nombramiento del César Nicéforo como emperador. En agosto Constantino apresó y cegó a su tío y  a Alejo Mosele, estratego de los Armeníacos, lo que provocó la rebelión de estas tropas hasta el verano de 793. Durante el resto del reinado de Constantino no se registran choques armados de importancia con Bulgaria cuya atención se desvió al este tras la destrucción del reino ávaro por los francos en 796.

 

Krum recibe a los ávaros derrotados

Krum recibe a los ávaros vencidos, obra de Dimitar Gyudzhenov

 

Es en las relaciones con el reino franco donde se producen los cambios más drásticos y duraderos. Alrededor de 781 Irene había llegado a un acuerdo para el matrimonio de Constantino con Rotruda, hija de Carlomagno. Ese trato fue quebrado en otoño de 787 tras el apoyo bizantino a Benevento en su oposición al reino franco. Al año siguiente las relaciones empeoraron todavía más cuando el gobierno bizantino escuchó la demanda de ayuda del rey lombardo Adelquis y envió a Italia un ejército al mando de Juan, sacelario y logoteta del Estratiótico. El estratego de Sicilia Teodoro recibió órdenes de colaborar en la empresa. Los aliados fueron finalmente derrotados por completo y el sacelario Juan se contó entre los muertos.

En los años siguientes la aparente paz en las relaciones se vio convulsionada por las decisiones tomadas desde el papado que provocaron una sacudida en la jerarquía tradicional mantenida durante siglos. Los conflictos entre los familiares del difunto papa Adriano I (†795) y el nuevo papa León III (795-816) en abril de 799 llevaron a este a dirigirse a Carlomagno para pedir su intervención. Como pago por sus servicios el rey franco fue coronado como emperador en el día de Navidad de 800. Algunos autores ponen de relieve la cercanía en el tiempo de la privación de la vista a Constantino VI y el propósito idéntico de los enemigos de León III para explicar la decisión del papa.

La emperatriz no reaccionó ante las sorprendentes noticias que llegaban de Occidente. El propio Carlomagno optó por la prudencia a la hora de abordar las relaciones con Bizancio desde su nueva situación. Después de descartar a comienzos de 801 un ataque a Sicilia, se decidió a enviar una delegación a Constantinopla a principios del otoño de 802 con una propuesta matrimonial que uniese ambos imperios.

La propuesta encontró una vigorosa oposición en Constantinopla, ante la percepción de muchos de esa unión como humillante para el Imperio. Es probable también que las maniobras para la deposición de la emperatriz estuviesen ya en marcha. Aecio parecía el mejor situado para adelantar a su candidato pero muchos en la corte se mostraban muy descontentos por su actitud arrogante en exceso. La conducta de Aecio volvió a muchos hacia la candidatura de Nicéforo que ganó apoyos con rapidez.

¿Cuál fue entonces la causa de la caída de Irene?

El apoyo de los monjes a la restauradora de las imágenes era tan firme como siempre. Buena parte de la población estaba complacida con las medidas fiscales y no tomó parte en el destronamiento de la emperatriz. El detonante de la crisis fue un golpe de estado llevado a cabo por oficiales de alto rango del gobierno y el ejército. Entre ellos, nos informa Teófanes, el más importante fue el doméstico de las Escuelas Nicetas Trifilio, que había sido dos años antes el principal partidario de Aecio contra Estauracio y que ahora había cambiado de lado para hacer caer al ambicioso eunuco. Según el cronista, la razón de la conspiración fue el ansia de poder de Aecio y su pretensión de hacer emperador a su hermano León. Tras la llegada de la embajada franca, el temor a que el partido de Aecio se adelantase para destronar a Irene les movió a precipitar su intervención con Nicéforo como elección de última hora con clara intención de convertirlo en hombre de paja.

Esta situación, y la resistencia de Nicéforo a plegarse a sus demandas, podría explicar las turbulencias del nuevo régimen en los meses posteriores. La muerte de Trifilio en abril de 803 y la rebelión de Bardanes Turco en julio pueden interpretarse como resultado de las tensiones entre el nuevo emperador y aquellos que le exigían la aceptación de sus condiciones.

El destronamiento de Irene tuvo lugar el 31 de octubre de 802. Teófanes lo narra del siguiente modo:

En este año, el 31 de octubre, en la undécima indicción, a la cuarta hora de la noche cuando el lunes estaba a punto de llegar al alba, Nicéforo, el patricio y logoteta del Genikon, se rebeló contra la muy pía Irene […] Fue ayudado por Nicetas, patricio y doméstico de las Escuelas y su hermano el patricio Sisinio, los dos Trifilios, engañosos y perjuros. También participaron el patricio León Sarantapequis, el patricio Gregorio, hijo de Musulacio, el patricio y cuestor Teoctisto y el patricio Pedro, que habían sobornado a algunos oficiales de los tagmata.Teófanes, ibidem, AM 6295, AM 802/03, 476

Los seis patricios engañaron a los guardias de palacio diciéndoles que Irene les enviaba para coronar a Nicéforo ante la incapacidad de la emperatriz de soportar las demandas de Aecio en favor de su hermano. Después de entrar en el palacio rodearon la residencia de Irene en el Eleuterio y por la mañana la condujeron al Palacio bajo vigilancia. De inmediato Nicéforo se trasladó a Hagia Sofía para ser coronado. Su primer acto como emperador fue visitar a Irene e intimarla a revelar el paradero de su fortuna a cambio de seguridad y un trato considerado.

Tras su deposición Irene fue enviada al habitual destino de Prote, en el Mármara, para ser llevada luego a Lesbos, donde falleció en octubre de 803. El nuevo emperador Nicéforo ocupó el trono como primero de su nombre.Nomisma del emperador Nicéforo I (802-811)

 

Los orígenes del emperador Nicéforo

 

Se conoce muy poco de la historia personal del nuevo emperador. Las fuentes conservadas (sirias y árabes) mencionan su origen árabe y sugieren que descendía de una noble familia  emparentada con los Gasánidas de Siria y emigrada a Capadocia. Si bien ese supuesto origen no es confirmado por ninguna fuente bizantina conocida, sí parece razonable atribuir un origen a Nicéforo en las provincias orientales del Imperio, probablemente capadocio. En la Crónica del año 811 se ha conservado un retrato en el tiempo de la expedición en la que perdió la vida:

Era un hombre de talla por encima de la mayoría, de espaldas recias, barrigudo, de cabello espeso, con labios gruesos, la cara estrecha y una gran barba encanecida, de físico pesado pero muy inteligente, avispado y de pensamiento rápido, sobre todo para los asuntos del fisco, pero mezquino y amante del dinero en exceso. Por eso merece la condenación eterna.Crónica del año 811, 87-92

En el momento de su ascensión al trono Nicéforo detentaba el puesto de Logoteta del Genikon, como supervisor y recolector de los impuestos en todo el Imperio. Se desconoce el tiempo que llevaba en el cargo, pero sin duda su puesto le había convertido en un experto en cuestiones económicas y fiscales. Algunos indicios apuntan a que el tiempo de servicio de Nicéforo era prolongado en 802. Bar Hebreo relata la siguiente anécdota que implica a Elpidio, el antiguo estratego de Sicilia en 781 y refugiado entre los árabes al año siguiente. Cuando se le preguntó si conocía al nuevo emperador Elpidio contestó “si Nicéforo gobierna, entonces quítate las ropas de seda que vistes y prepárate para la guerra”.

Otra consideración más debe ser tenida en cuenta a la hora de valorar las razones de la elección de Nicéforo. Los hechos de octubre de 802 supusieron una quiebra en el patrón de las rebeliones palaciegas, organizadas tradicionalmente en favor de oficiales de alto rango o miembros de la familia imperial. Esta en cambio llevó a la entronización de un burócrata, lo que es paradójico a menos que se acepte que Nicéforo tuviese una reputación previa como hombre de ánimo marcial o que el logoteta hubiese tejido una eficaz red de intereses y conexiones con la oficialidad y la administración de Palacio durante su mandato.Moneda de Nicéforo y Estauracio

Nicéforo tenía una esposa de la que se ignora si vivía todavía en el momento de su acceso al trono y dos hijos, Procopia y Estauracio. Procopia se había casado antes de 802 con Miguel Rangabé, el futuro Miguel I (811-813). El consuegro de Nicéforo, Teofilacto Rangabé, había ocupado el puesto de estratego del Dodecaneso durante el reinado de Constantino VI y había sido depuesto y exiliado en 780 por participar en la intentona a favor de Nicéforo, el cuñado de Irene. En algún momento posterior Teofilacto regresó del exilio y fue nombrado curopalata. Así pues Nicéforo, al unir a su hija con una familia bien conectada, demuestra la solidez de su propia posición entre la aristocracia de servicio en Constantinopla. Por su parte Estauracio fue coronado como co-emperador en las Navidades de 803 y se casó con Teófano, familiar de la difunta Irene, el 20 de diciembre de 808. Este matrimonio no tuvo descendencia, pero Procopia dio a luz a cinco niños, uno de los cuales, Nicetas, se convertiría con el nombre monástico de Ignacio en futuro patriarca (847-858, 867-877). Nicetas, cuarto de los hermanos (los otros eran Georgô, Teofilacto, Estauracio y Teófano), tenía catorce años cuando su padre fue depuesto en 813.

Basándose en estimaciones Bury ha calculado que Nicéforo tenía al menos cuarenta y cinco años en el momento de acceder al trono en 802, probablemente más. El nuevo emperador necesitaría todas sus energías para enfrentarse a los graves problemas domésticos y exteriores que acosaban al Imperio en el otoño de ese año.

 

Nicéforo I emperador

 

Los problemas a los que se enfrentaba el nuevo emperador no eran nimios. Entre los de ámbito interno se cuentan:

  • La situación del ejército: La división y resentimiento sembradas por las purgas de Constantino VI provocó un gran descontento en el ejército. A ello debe sumarse la desmoralización por las graves derrotas ante los búlgaros, la pérdida de posición del Imperio frente a francos, búlgaros y árabes y los problemas de reclutamiento por la ley o costumbre que limitaba el enrolamiento en filas a aquellos que pudiesen proveer su propio equipo militar y su caballo, impidiendo así el acceso a los demasiado pobres para cumplir esos requisitos.
  • El problema eslavo. Los eslavos asentados en las llamadas Esclavinias eran un problema fundamental de Estado a comienzos del siglo IX por su falta de integración con el resto de los súbditos del Imperio y sus frecuentes revueltas. Bajo el reinado de Irene se emprendieron algunas campañas en 783 y 799 para someterlos a un control más estricto sin resultados concluyentes.
  • El partido monástico. Un grupo de influencia dirigido desde el monasterio de Estudio se alineó incondicionalmente con la emperatriz Irene contra Constantino VI desde 787. Nicéforo podía esperar razonablemente heredar la hostilidad de la comunidad radical ante sus políticas.
  • La situación económica y fiscal. Las medidas económicas tomadas por Irene y el favoritismo hacia ciertos sectores sociales (el monacato) provocaron la acentuación de los desequilibrios presupuestarios, a lo que se debe sumar el impacto de los subsidios abonados a estados extranjeros. Según los cálculos de Treadgold Irene pagó a los árabes unos 45.000 nomismata por año durante el período 780-802, lo que supuso un desembolso de unos 990.000 nomismata, más de la mitad del presupuesto anual del Estado en ese tiempo.

Entre los problemas de política exterior se contaban los siguientes:

  • La situación en las fronteras norte y oriental. Las incursiones de búlgaros y árabes supusieron un grave desequilibrio para la política bizantina del tiempo, obligando a adoptar una posición defensiva. La falta de eficacia militar condujo al empleo de los recursos monetarios tan necesitados en otros ámbitos para comprar la paz en el exterior.
  • La complicada relación con los francos. La firma de un tratado con Carlomagno en 798 reconoció el dominio franco sobre Istria y Benevento, lo que parecía solventar las disputas territoriales entre ambos estados. La adopción del título imperial por el rey franco en la Navidad de 800 convirtió a Carlomagno en un rival directo y usurpador de un derecho hereditario y exclusivo de los emperadores bizantinos.

 

La administración de Nicéforo I

 

Los nuevos hombres del emperador

 

Los primeros tiempos del reinado se vieron marcados por cambios en los hombres al mando de la administración. Cuando en la Pascua de 799 la emperatriz Irene salió de la iglesia de los Santos Apóstoles su carro dorado de cuatro caballos era conducido por cuatro patricios: Bardanes, el estratego de los Tracesios;  Sisinio, estratego de Tracia; su hermano Nicetas, doméstico de las Escuelas y Constantino Boilas. De esos altos oficiales, que evidentemente gozaban de la confianza de la emperatriz, los dos hermanos Trifilio fueron parte de la conjuración que llevó a Nicéforo al trono dos años después. Nicetas murió el 30 de abril de 803 y el puesto de Doméstico aparentemente tardó tiempo en ser cubierto, aunque al final del reinado de Nicéforo el patricio Esteban era el titular y sobrevivió al desastre que costó la vida al emperador.

Otro de los conspiradores fue el cuestor Teoctisto, que ahora fue ascendido al rango de magistros. En 808 las fuentes mencionan en su antiguo puesto a Arsaber, probablemente de origen armenio, cuyo yerno era León el Armenio, el futuro emperador. En ese mismo año una conspiración en favor del cuestor fue desvelada y Arsaber forzado a convertirse en monje y exiliarse a Bitinia. También es mencionado en las crónicas un patricio con el nombre de Aecio muerto en el desastre de 811, quizá el mismo favorito de Irene,.

Sin embargo la figura más destacada en los primeros años del gobierno de Nicéforo es la de Bardanes Turco, el monostratego alzado en rebelión en la primavera de 803. Se le menciona por primera vez en 796 ocupando el puesto de Doméstico de las Escuelas. En ese momento acude en compañía del conde del Opsicio al monasterio de Sacudio para arrestar al monje Platón por su oposición al segundo matrimonio del emperador. En 803, siendo el gobernador conjunto de cinco themata organizó una rebelión para destronar a Nicéforo. Tras su fracaso Bardanes se convirtió en monje y fue amnistiado, aunque poco después perdió la vista a manos de un grupo de hombres de Licaonia que asaltaron su lugar de retiro.

Otros hombres destacados en el gobierno de Nicéforo fueron:

  • Pedro el patricio. Doméstico de las Escuelas durante el mandato de Irene, se convirtió con Nicéforo en doméstico del nuevo tagma de los Hicanatos. En esa condición participó en la campaña del verano de 811 y sobrevivió para retirarse a un convento cerca de Constantinopla.
  • Bardanes Anemas, espatario. Un hombre de lealtad probada al emperador. En 807 es enviado por Nicéforo a Tracia para arrestar a los implicados en una conspiración contra el emperador.
  • Teodosio Salibaras, patricio. El colaborador más eficaz de Nicéforo, tenía la confianza suficiente para presentarle cuestiones delicadas. Cuando poco antes de la campaña de 811 el emperador pidió al logoteta general Nicetas que impusiese una contribución a las iglesias y monasterios y el pago de ocho ejercicios impositivos atrasados a los arcontes, fue Teodosio quien advirtió al emperador del descontento generado por la medida.
  • También los futuros emperadores León el Armenio y Miguel de Amorio sirvieron en la administración de Nicéforo. Ambos estaban a las órdenes de Bardanes Turco en 803 y ambos lo abandonaron cuando este se alzó en rebelión. Como recompensa León fue nombrado comandante de los Federados y Miguel κομεσ τεσ κορτέσ (Conde de la Tienda) . En algún momento entre 803 y 811 León fue nombrado estratego del thema de los Armeníacos, pero en febrero de ese año fue acusado de negligencia y exiliado de por vida. Cuando Miguel Rangabé se convirtió en emperador reclamó al antiguo oficial y en 813, al subir León al trono otorgó a su viejo compañero Miguel de Amorio, el futuro Miguel II (820-829), el puesto de patricio y doméstico de los excubitores.

 

Las innovaciones administrativas

 

Una de las primeras medidas del emperador fue establecer una nueva corte de justicia en Magnaura. Como relata Teófanes:

Así cuando este devorador universal se apoderó del trono fue incapaz incluso por corto tiempo de disimular su innata crueldad y avaricia; por el contrario, fingiendo querer desterrar la injusticia estableció el malvado e inicuo tribunal en Magnaura. El propósito del usurpador, como lo probaron los hechos, no fue dar a los pobres lo suyo, sino deshonrar y subyugar a todas las personas de calidad y obtener el control personal sobre todo.Teófanes, ibidem, AM 6295, AD 802/03, 479

Parece apropiado considerar la nueva institución como ligada directamente a las reformas fiscales y económicas del nuevo gobierno. A pesar de la opinión negativa de Teófanes la corte seguía funcionando durante el gobierno de Miguel I Rangabé, lo que es testimonio indirecto de la utilidad de su funcionamiento.

La situación del ejército fue una fuente constante de preocupación durante todo el reinado. La amenaza se desveló en el transcurso del primer año. El 19 de julio de 803 Bardanes Turco, monostratego de los themas peraticos [de Asia Menor] fue proclamado emperador por sus soldados con excepción del thema de los Armeníacos, que mantuvo su fidelidad a Nicéforo. Entre las causas de la rebelión se aducen problemas en el reparto de recompensas entre los soldados y también la muerte en circunstancias no aclaradas de Nicetas Trifilio, doméstico de las Escuelas, el 30 de abril de ese mismo año. Bardanes avanzó con sus tropas hasta Crisópolis pero ante la falta de apoyo se retiró otra vez al interior de Asia Menor. La defección de sus colaboradores León el Armenio y Miguel de Amorio descorazonó a Bardanes hasta el punto de aceptar la amnistía ofrecida por Nicéforo. Gracias a la mediación de José de Cathara, que se había retirado a un monasterio cerca de Malagina, la rebelión concluyó el 8 de septiembre sin derramamiento de sangre entre las partes. A comienzos de septiembre Bardanes fue enviado a un monasterio en la isla de Prote donde se convirtió en monje. Para debilitar el excesivo poder del thema de los Anatólicos Nicéforo transfirió a Constantinopla una de sus unidades, la de los Federados, al mando entonces de León el Armenio. Este contingente parece haber estado compuesto en esta época de hombres reclutados mayoritariamente en Licaonia y  Nicéforo, cuyos orígenes estaban ligados a la vecina región de Pisidia, los mantuvo cerca de sí como una guardia personal. Posteriormente, alrededor de 809, el emperador creó un nuevo tagma de la guardia, el de los Hicanatos, reclutado al menos parcialmente entre los hijos de la aristocracia.

Otra rebelión militar estalló en 807 mientras el ejército imperial se encontraba en Adrianópolis envuelto en una campaña contra Krum el búlgaro. Al igual que la anterior la asonada concluyó sin sangre, pero el emperador consideró prudente interrumpir la campaña y regresar a Constantinopla.

Tras la conspiración de Arsaber en febrero de 808, antes mencionada, el incidente más grave tuvo lugar al año siguiente. En la primavera de 809 el emperador ordenó la reconstrucción de la fortaleza de Sárdica, que había sido desmantelada por los búlgaros semanas antes. Ante el deseo de Nicéforo de que fuesen sus soldados los que acometiesen personalmente la tarea de la reconstrucción, estos se rebelaron, desgarraron las tiendas de sus oficiales e insultaron abiertamente al emperador, acusándole de retener para sí el botín conseguido días antes en Pliska, la capital de Krum. A instancias del emperador los patricios Nicéforo y Pedro consiguieron calmar la indignación de los soldados. El propio Nicéforo se dirigió a ellos al día siguiente con muchas promesas y asegurando con juramentos sus buenas intenciones hacia ellos. Tras ello Nicéforo regresó de inmediato a la capital renunciando a la reconstrucción de Sárdica con intención de castigar a los cabecillas tan pronto como tuviese ocasión. Al llegar a San Mamas, un suburbio de la capital, su confidente Teodosio Salibaras le reprochó abiertamente que quisiese sancionar a los responsables con el exilio a pesar de haber ofrecido juramentos en sentido contrario.

La escasez de efectivos del ejército en estos años convenció al emperador de la necesidad de hacer reformas. La novedad del reclutamiento de nuevos soldados parece apuntar tanto al aumento de reclutas como al de los ingresos del Estado, ya que el principio de la solidaridad fiscal de la localidad se remontaba al menos al siglo VII, si no antes. Por primera vez se asocia el sistema de solidaridad fiscal con el reclutamiento en el seno del ejército themático. En opinión de Haldon esta medida fue establecida para ayudar a los hombres ya incluidos dentro del servicio militar que dejaban de acudir a los adnumia [revistas anuales] a causa de su empobrecimiento, privando así al ejército de un sustancioso número de soldados entrenados. Aunque la medida estaba dirigida a los hombres dentro de las listas ciertamente abrió el camino al reclutamiento de campesinos pobres, lo que constituía una novedad y por ello fue denunciada como tal por Teófanes como otra de las vejaciones impuestas por Nicéforo. Un incidente bien conocido conservado en la Vida de San Filareto el Limosnero, fechada en la segunda mitad del siglo VIII nos ilustra sobre las condiciones de los estratiotas (soldados) en la época:

Algún tiempo después una tropa auxiliar imperial llegó para tomar posesión del campo vecino para preparar una incursión contra los Ismaelitas. El quiliarca, el hecatontarca y el pentecontarca procedieron al recuento de los soldados para asegurarse de que presentasen sus caballos y carros. Por entonces, un soldado, llamado Musulio era tan pobre que no tenía más que un caballo y un carro. Poco antes de la revista su caballo enfermó de cólicos y temblores se derrumbó en el suelo y murió. Como [Musulio] no tenía para comprar otra montura y el hecatontarca le amenazaba implacablemente con su cólera nuestro soldado se encontraba en un gran apuro y corría un grave  peligro; se dirigió aprisa a casa de Filareto y le explicó su desgracia, suplicándole que le prestase un caballo para pasar la revista y evitar el peligro. El viejo santo le dijo: “cuando pase el día de revista y nos devuelvas el caballo ¿qué es lo que piensas hacer?”. “Que llegue el día, le contestó, para que el hecatontarca no me azote. Luego escaparé a donde me lleven los pies, cruzaré los mares y pasaré la frontera. ¿Lo que haga después? No lo sé”. Cuando el anciano oyó esto fue a buscar gozoso su caballo tan vigoroso, tan hermoso y apto para el trabajo y se lo entregó al soldado diciéndole: “Toma hermano, te lo regalo, y el Señor estará contigo y te gardará de los peligros de la guerra”. El soldado tomó el caballo y fue a la revista lleno de alegría, alabando a Dios y dando gracias al anciano.Vida de Filareto, 70

Las reformas supusieron también la creación de nuevos distritos. En los primeros años del siglo se registra la creación del thema de Cefalonia y las islas jonias. Su estratego tenía como misión proteger el oeste del Peloponeso y el golfo de Corinto de las incursiones árabes y en segundo lugar enfrentarse en el Adriático a Pipino, el hijo de Carlomagno y Rey de Italia. En 807 el patricio Nicetas al mando de una flota es enviado a Dalmacia para restablecer la soberanía bizantina en la región. En 809 es el estratego Pablo el que vuelve a Dalmacia y se traslada después a Venecia. En ese año no se conoce su cargo pero al año siguiente es identificado en los Annales Francorum como praefectus Cefaloniae,  lo que puede confirmar la creación del thema entre esos años 807 y 810.

También se data la creación del thema del Peloponeso en este período. El emperador Nicéforo mostró un especial interés en reconquistar esta región. En el cuarto año de su reinado el estratego León Esclero venció en batalla a los eslavos. En ese mismo año 806 se cita a un estratego establecido en Corinto durante el sitio de Patrás por los eslavos (circa 806-807).

Las medidas tomadas por el emperador para recuperar el Peloponeso incluyeron la reconstrucción de ciudades, el restablecimiento de la estructura eclesiástica con la promoción de Patrás como metrópoli y nuevos obispados en Esparta, Metona y Corona así como el traslado de poblaciones desde otras partes del Imperio a áreas densamente pobladas por eslavos. Este hecho es citado por Teófanes como la primera de las diez vejaciones cometidas por Nicéforo y debió tener lugar durante el cuarto año del reinado del emperador.

También en el noroeste de Grecia la infiltración de poblaciones eslavas amenazaba la estabilidad de la región, particularmente alrededor del río Estrimón. El jan búlgaro Krum realizó dos expediciones a esta parte del país en 808 y 809 con un saldo muy negativo para el Imperio. En el transcurso de la primera los búlgaros causaron gran mortandad, incluído el estratego y los arcontes de la región y consiguieron capturar 1100 libras de oro destinados a la paga de los soldados. En la segunda, como hemos visto anteriormente, el objetivo fue Sárdica. Seis mil soldados murieron durante la toma de la ciudad y el intento del emperador por reconstruirla pocas semanas después provocó una rebelión general en el ejército.

Una de las medidas tomadas por Nicéforo en los tiempos inmediatamente posteriores fue el traslado de soldados de los themas asiáticos a Europa para reforzar sus defensas. Esos soldados fueron reemplazados en sus lugares de origen por reclutas enrolados entre la población sin medios económicos gracias a las reformas recién establecidas. Como señal de la recuperación experimentada en estos años reaparecen algunos obispados como Enos, Filipos, Topiros, Maronia, Selimbria, Tzoida y Mesene. También fortificaciones en Constancia, Escutarion, Bucelon o Versinicia a lo largo de la Via Egnatia o en la costa del Egeo asociadas al programa de restauración de Nicéforo.

Estas reformas que sobre el papel parecieron reforzar la defensa de Grecia continental no fueron todo lo eficientes que el emperador deseaba. Cuando en 812 Krum atacó Tracia y Macedonia Teófanes relata lo siguiente:

El 7 de junio Miguel partió contra los búlgaros y fue acompañado por Procopia hasta Tzurulon. El jefe búlgaro Krummos [Krum] había tomado Develtos por asedio y trasladado su población que se había entregado a él junto con su obispo. Después, a causa de la perversidad de los consejeros del emperador, el ejército y en particular los contingentes del Opsicio y los Tracesios se levantaron en rebelión y le insultaron. Miguel los calmó con regalos y promesas y consiguió tranquilizarlos. Al ser informado  que las tropas se habían rebelado por miedo a la guerra y habían descuidado sus deberes de guarnición, los búlgaros extendieron su poder sobre Macedonia y Tracia. En ese tiempo los cristianos abandonaron Anquialo y Beria y escaparon, aunque nadie les perseguía; lo mismo ocurrió en Nicea [a 26 km. al sureste de Adrianópolis], la fortaleza de Probaton y otros fuertes así como en Filipópolis. Viendo esta oportunidad los emigrantes que vivían en el Estrimón escaparon también y regresaron a sus hogares.Teófanes, ibidem, AM 6304, AD 811/812, 495-496

 

Las reformas económicas y financieras de Nicéforo

 

Estas medidas, las más polémicas del reinado de Nicéforo I, fueron acremente criticadas por Teófanes y calificadas por él como vejaciones. Este es el famoso pasaje que ha provocado tanto debate entre los historiadores:

En este año [809/810] Nicéforo […] trasladó cristianos de todos los themata y les ordenó que se dirigiesen a las Esclavinias después de vender sus propiedades. Ese estado de cosas no fue menos gravoso que la cautividad: muchos en su rabia blasfemaron y rogaron pidiendo ser invadidos por el enemigo, otros lloraron ante sus tumbas familiares y envidiaron la felicidad de los muertos; algunos incluso se colgaron para librarse de tan doloroso trance […] Estas medidas comenzaron en el mes de septiembre y se completaron para Pascua. Además ordenó una segunda vejación, que los pobres se pudieran enrolar en el ejército y fuesen equipados por los vecinos de su comunidad, y teniendo que pagar 18 nomismata y medio por hombre más sus impuestos como responsabilidad compartida. Su tercera invención diabólica fue que todos debían ser sujeto de imposición y se cobrarían impuestos a todos con el pago adicional de dos keratia por hombre como gasto de tramitación. La cuarta medida que ordenó fue que todas las condonaciones fuesen canceladas. La quinta fue que los parecos de las instituciones caritativas, del Orfanato [de Constantinopla, asociado a la iglesia de los Santos Pedro y Pablo], de los hostales, las residencias de ancianos, las iglesias y los monasterios de patrocinio imperial deberían pagar el kapnikon [impuesto por hogar] contando desde el primer año de la usurpación, y que las propiedades más importantes deberían ser transferidas a la administración imperial, mientras que sus rentas deberían ser añadidas a esas propiedades y parecos como lo eran las que quedaban a las instituciones de caridad, con el resultado de que muchas de esas vieron duplicados sus impuestos mientras sus viviendas y posesiones rurales se vieron reducidas. La sexta medida fue que los estrategos deberían vigilar a todos aquellos que se recuperaran con rapidez de la pobreza y reclamarles dinero como si hubiesen desenterrado tesoros. La séptima fue que todos los que en los veinte años anteriores hubiesen descubierto cualquier tipo de jarrón o recipiente serían privados de igual modo de su dinero. La octava fue que los pobres que recibiesen una herencia de sus padres y abuelos deberían responder ante el Tesoro por ese mismo período de veinte años; y aquellos que habían comprado esclavos domésticos fuera de Abydos y especialmente en el Dodecaneso deberían pagar un impuesto de dos nomismata por cabeza. La novena fue que los dueños de navíos que vivían en la costa, especialmente la de Asia Menor, y que nunca se hubiesen dedicado a la agricultura, deberían ser obligados a comprar algunas de las propiedades de las que [Nicéforo] se había apoderado con el propósito de asignarles una tasación fijada por él mismo. La décima medida fue reunir a los navieros más preeminentes de Constantinopla y hacerles tomar un préstamo de doce libras de oro a un tipo de interés de cuatro keratia por nomisma además de las habituales tasas de aduana a las que estaban obligados.Teófanes, ibidem, AM 6302, AD 809/810, 486-487

Sobre esas medidas se puede reseñar lo siguiente:

  • El incremento del impuesto personal pagado por cada súbdito fiscalizable del Imperio y la recuperación de otra tasa de dos keratia (una duodécima parte de nomisma) había sido creada por León III y abolida en tiempos de Irene, sin duda para ganar el favor de la población.
  • La cuarta vejación se refiere al incremento de la presión fiscal sobre iglesias, monasterios y otras fundaciones pías, suprimiendo las exenciones concedidas en su día por la emperatriz Irene. Esa decisión sólo fue tomada en circunstancias extremas, durante los últimos meses del reinado en los que los gastos producidos por la guerra búlgara obligaron a echar mano de todos los recursos  posibles.
  • Al colectivo de damnificados se sumó el de los arcontes [aristócratas y familias bien establecidas] a los que se reclamó los atrasos de ocho años, anulando una exención que debía haber concedido el propio Nicéforo en el momento de su llegada al trono para obtener su apoyo. Por supuesto la medida provocó mucho descontento entre los afectados, e incluso el patricio Teodosio Salibaras protestó abiertamente contra la decisión del emperador.
  • Las tasas sobre el comercio de esclavos son consideradas por Bury como una especie de impuesto de lujo que gravaba aduanas hasta entonces no afectadas. Para ello argumenta que los esclavos para trabajos pesados eran comprados en el Mar Negro e introducidos en Constantinopla a través de la aduana de Hieron, mientras que en los puertos del Egeo los mercados se centraban en esclavos para tareas menudas (camareros, bailarines, etc.). Ambos mercados pasaron desde entonces a tributar al Estado.
  • El ofrecimiento del préstamo gubernamental con alto tipo de interés a los navieros de Constantinopla (un 16,6% aproximadamente, muy superior al 8% establecido por las leyes de Justiniano I) estaba pensado para su obligatoria aceptación por sus destinatarios. Cualquier dueño de un navío que desease un préstamo tenía que aceptarlo en las condiciones fijadas por el Estado y se prohibía a otros prestamistas su intervención para evitar la usura privada. Esta medida ha sido considerada por los estudiosos como un intento por parte del Estado de impulsar la reconstrucción de la marina mercante y controlar su actividad.

 

Una anécdota del emperador…

El cronista Teófanes no era capaz de resistirse a la tentación de transmitir informaciones que mostrasen un sesgo desfavorable de aquellos a los que había decidido denigrar en su Cronografía. He aquí una jugosa anécdota sobre el emperador Nicéforo. No se puede demostrar si es ficción o verdad, pero las múltiples referencias a la avaricia de Nicéforo nos llevan a pensar que puede haber una base histórica en estos relatos…

“El siguiente incidente es digno de mención como un ejemplo divertido. Había en el Foro un cerero que vivía en la abundancia gracias al esfuerzo de su trabajo. El devorador universal le hizo llamar y le dijo: “Pon tu mano sobre mi cabeza y jura decirme cuánto dinero tienes”. El hombre al principio se resistió, pretextando ser indigno [de tal atención], pero fue obligado por él para hacerlo y confesó que tenía cien libras. El emperador ordenó de inmediato que le trajese esa cantidad y dijo: “¿qué necesidad tienes de preocuparte tanto?. Sé mi invitado a comer, llévate diez libras y vete a tu casa contento con lo que tienes”.

 

La política religiosa de Nicéforo I

 

La actitud de Nicéforo ante las imágenes

 

En el momento de la ascensión al trono de Nicéforo la cuestión de las imágenes había agitado la vida del Imperio desde casi un siglo. ¿Cuál era su posición al respecto? Teófanes, siempre dispuesto a acusarlo de cualquier maldad, no califica abiertamente al emperador de iconoclasta. Nicéforo no alteró el estado de cosas establecido en 787 y sin embargo es retratado positivamente en un testimonio iconoclasta como la Vida de San Jorge de Amastris. El emperador pareció adoptar una actitud tolerante ante ambas posturas, incluso en el caso de los heréticos paulicianos y athinganos [intocables, judaizantes asentados en Frigia y Licaonia a los que, según el testimonio de Teófanes, el emperador alentó a realizar sortilegios para detener una revuelta en 810] y sólo intervino cuando lo consideró necesario para preservar la paz de la Iglesia. El emperador tenía motivos para mostrar su favor a los paulicianos, pues estos se habían puesto de su lado durante la rebelión de 803 de Bardanes Turco.

El examen de la actuación de Nicéforo lo presenta como un hombre pragmático que no consideraba que los problemas religiosos fuesen la prioridad para el Imperio, como sí lo eran las cuestiones fiscales, la política exterior y la estabilidad del ejército.

 

Nicéforo y los rectores de la Iglesia

 

Durante el reinado de Nicéforo I dos hombres ocuparon el patriarcado en Constantinopla. Tarasio, patriarca desde 784 tras haber sido reclamado desde la cancillería imperial donde trabajaba, ocupó el puesto hasta su muerte en 806 y fue reemplazado por otro laico llamado Nicéforo al igual que el emperador.

Cuando Nicéforo ocupó el trono en octubre de 802 Tarasio llevaba en la sede patriarcal dieciocho años y gozaba de una elevada reputación por su implicación en la restauración de las imágenes y las reformas que había impulsado para reformar el clero. Durante el tiempo en que ambos se mantuvieron en sus puestos el único suceso que puso a prueba la relación de fuerzas fue la sublevación de Bardanes en 803. Aunque el patriarca se mantuvo fiel al emperador algunos de sus obispos, hombres influyentes como Eutimio de Sardes, Teofilacto de Nicomedia y Eudocio de Amorio apoyaron públicamente a Bardanes. Al término de la rebelión todos ellos fueron condenados al exilio y sólo tiempo después pudieron reincorporarse a sus sedes. Es probable que el emperador perdiese confianza en ellos cuando llegó el momento de escoger un nuevo patriarca.

Retrato de Teodoro de EstudioEl 25 de febrero de 806 Tarasio falleció. El emperador mostró un gran dolor en su funeral como lo muestra el relato de Ignacio el Diácono en su Vida de Tarasio. Según se nos cuenta Nicéforo se abrazó al féretro y lo cubrió con su propio manto púrpura llamando al fallecido “pastor, padre, buen consejo del gobierno, el guía insomne del Estado para su bien, el sagrado maestro, el invencible apoyo en las expediciones”. Tras su desaparición se abría la delicada cuestión de encontrar el adecuado sustituto y un contrapeso a la influencia de los partidos religiosos.

Las fuerzas eclesiásticas se encontraban divididas desde el siglo anterior en dos partidos, la de los políticos (moderados), liderados por el propio Tarasio desde su nombramiento como patriarca en 784 y los zelotas (radicales), acaudillados por los monjes Sabas y Platón de Sacudio y la destacada figura de Teodoro de Estudio.

Ambas facciones se habían enfrentado en el concilio de Nicea de 787 por la cuestión de los lapsos, (aquellos que durante la primera fase de la Iconoclasia habían renegado de las imágenes) y los simoníacos (los que habían pagado para ser ordenados como clérigos u obispos y aquellos obispos que habían recibido dinero por ordenar clérigos). Los radicales exigían que perdiesen todos sus derechos frente a la posición más moderada del patriarca y la emperatriz Irene que proponían su reinstauración tras un período de penitencia. Tras mucho debate y enfrentamiento al fin se llegó a un acuerdo por el que un pequeño numero de obispos perdieron sus sedes y con ello se alcanzó una paz transitoria.

 

La controversia moiqueana

 

El siguiente motivo de enfrentamiento fue provocado por la cuestión del segundo matrimonio de Constantino VI. Tras la ruptura del compromiso con Rotruda en 787 el joven Constantino fue obligado por su madre a casarse con María de Amnia, la nieta del terrateniente de Paflagonia, Filareto el Misericordioso. De la unión nació una niña que se convertiría con el paso de los años en la mujer del emperador Miguel II.

El matrimonio entre Constantino y María sólo duró siete años. En 795 el emperador se divorció de su esposa y en agosto se unió en matrimonio con Teodota, dama de compañía de Irene. La relación de la recién casada con la emperatriz y el hecho de que fuese prima de Teodoro de Estudio apuntan a una posible instrumentación de la joven para perjudicar a Constantino.

El segundo matrimonio del emperador provocó de inmediato la llamada controversia moiqueana (de μοιχεία, adulterio), que enfrentó a los dos partidos religiosos y se extendió en sus consecuencias hasta el final del reinado de Nicéforo. En un primer momento Platón de Sacudio y su sobrino Teodoro acusaron abiertamente al emperador de adulterio, se enfrentaron al patriarca Tarasio por permitir la entrada en el monasterio de María y renunciaron a la comunión con el patriarca. Los intentos conciliadores del emperador no sirvieron para apaciguar los ánimos de los radicales hasta el punto de ignorar su presencia en Sacudio cuando se acercó con el pretexto de tomar las aguas curativas de una fuente cercana. Ante ese desprecio el emperador reaccionó ordenando el azotamiento de Teodoro y su exilio con algunos de sus compañeros a Tesalónica.

Tras la deposición de Constantino los radicales se vieron favorecidos de inmediato por Irene. Teodoro fue reclamado a Constantinopla y recibido como un héroe. Poco después Teodoro abandonó Sacudio y se instaló en el viejo monasterio de Estudio.

La calma siguió en los años venideros hasta que la muerte de Tarasio y la elección de un nuevo patriarca volvió a encender la guerra entre facciones. De los testimonios conservados se puede concluir que el emperador Nicéforo no respetó las normas consuetudinarias que prescriben los pasos para la elección del nuevo patriarca. En lugar de reunir una asamblea con los obispos metropolitanos y la elección entre una terna de aspirantes, Nicéforo optó por escribir directamente a los senadores, monjes y clérigos de prestigio para pedirles un solo candidato. Varios nombres fueron presentados sin unanimidad sobre ninguno. Entonces el emperador Nicéforo hizo pública su decisión de nombrar patriarca a su tocayo Nicéforo, un laico, lo que que era abiertamente desaprobado por Platón y Teodoro.

El nuevo patriarca era un hombre del servicio civil, como lo había sido su predecesor Tarasio, y había ejercido el cargo de asecretis antes de su retiro para convertirse en monje. En el momento de su elección regía un hospicio en la capital. El escogido fue ordenado diácono y en el transcurso de cuatro días recorrió todos los pasos de la jerarquía eclesiástica hasta ser entronizado como patriarca el domingo de Pascua de 806. Los arzobispos Nicolás de Cesarea y Tomás de Tesalónica junto con el metropolita León de Heraclea oficiaron la consagración en presencia de los emperadores y notoria ausencia de los estuditas.

Platón y Teodoro se opusieron públicamente al nombramiento de un laico y el emperador ordenó su arresto durante veinticuatro días hasta que todo el proceso de investidura estuvo terminado. La guerra había sido declarada de nuevo.

El nuevo patriarca era una hechura del emperador y se plegó dócilmente a sus exigencias en varias situaciones. La primera tuvo lugar con motivo de la carta sinodica que tradicionalmente cada nuevo patriarca enviaba al papa en Roma para informar de su elección. El documento contenía también una confesión de fe y un esbozo de la política eclesiástica del nuevo mandato. El emperador se negó rotundamente al envío de la carta al papa León III y sólo viajó al Oeste tras la muerte de Nicéforo en 811. El contenido de la carta, que se ha conservado, revela la intención del emperador de castigar al papa por su participación en los hechos de Navidad de 800, acusándole de crear un cisma en la Cristiandad al separar al papado del cuerpo de la Iglesia por su ilegal unción de Carlomagno.

Otro asunto en el que la voluntad del emperador se impuso a la del patriarca fue la rehabilitación de José, higúmeno de Cathara, como clérigo después de su excomunión en 797 por haber oficiado el matrimonio de Constantino VI con Teodota. La participación de José como mediador durante la revuelta de Bardanes Turco en 803 no fue olvidada por el emperador, que recompensó así sus servicios. De ese modo en ese mismo año 806 un sínodo de quince obispos decidió la rehabilitación de José de Cathara. El nuevo patriarca no aprobaba la decisión, pero se plegó a la voluntad del emperador. Tras la muerte de este en 811 Nicéforo se apresuró a condenarlo de nuevo.

 

El enfrentamiento con los radicales

 

En un Estado como Bizancio en el que la religión ocupaba un lugar tan importante la influencia de ciertos grupos religiosos, como el monacato, era un factor de peso. En esta coyuntura histórica en el el cambio entre el siglo VIII y el IX los monjes habían alcanzado una posición de especial influencia política y religiosa como interlocutores del gobierno imperial y en esa condición mantuvieron una fuerte tensión con el emperador. A finales de 797 o principios de 798 Teodoro de Sacudio había abandonado su monasterio en Bitinia para instalarse en Estudio, dentro de los muros de la capital. La amenaza árabe fue el pretexto para el cambio, pero debemos ver más propiamente una intención de influir de modo más decisivo en el juego político que se desarrollaba en Constantinopla.

La emperatriz Irene alentó esa iniciativa. Pocos meses antes acababa de ordenar la ceguera de su hijo y necesitaba desesperadamente aliados. Teodoro brindó gustosamente ese apoyo como líder de la facción rigorista. La emperatriz se había puesto públicamente de su lado al tomar como primera medida tras la inhabilitación de su hijo la excomunión de José de Cathara, el ecónomo de Hagia Sofía que había celebrado el segundo matrimonio de su hijo. Cuando llegó el momento de escoger un candidato para suceder a Tarasio el monasterio de Estudio y su higúmeno Teodoro se habían convertido en interlocutores que nadie podía ignorar.

El emperador consultó con las personalidades más relevantes del momento sobre su opinión. También Teodoro fue preguntado al respecto y en su carta de respuesta, que se ha conservado, abogó por la elección de una figura adecuada y digna. Es muy probable que él mismo se considerase el más cualificado para el puesto, por lo que no puede sorprender la reacción negativa con un punto de celos con que se recibió en Estudio la noticia de la elección del laico Nicéforo para la sede patriarcal.

Su rechazo abierto encontró una postura firme en el emperador. Nicéforo consideró la posibilidad de dispersar la comunidad estudita y enviar a sus líderes Teodoro y Platón al exilio, pero al fin se contentó con detenerlos durante veinticuatro días hasta que todo el proceso de ordenación de Nicéforo hubiese acabado.

Ante los hechos consumados la respuesta del partido estudita fue aceptar, al menos en principio, al nuevo patriarca aun manteniendo sus reservas. Los dos Nicéforos, por su parte, quisieron dar muestras de voluntad conciliatoria al nombrar a José, hermano de Teodoro, arzobispo de Tesalónica. Sin embargo las diferencias se pusieron de nuevo en evidencia cuando resurgió el nombre de José de Cathara. La pretensión del emperador de rehabilitarlo, lo que se llevó a cabo a través de un sínodo en 806, se encontró al principio con una tibia respuesta de los estuditas. No fue hasta 808 cuando estalló el conflicto abierto por la rehabilitación entre Teodoro y los dos Nicéforos. Para entonces Teodoro y los suyos habían descubierto su impotencia para modelar la voluntad del emperador. Como nos cuenta el propio Teodoro en una de sus cartas, cuando el logoteta del dromo preguntó a José de Tesalónica sobre su negativa a celebrar la liturgia de Navidad con el emperador y el patriarca:

“¿Por qué no te has comunicado con nosotros y con el Patriarca después de que pasasen las fiestas? ¡Explícate con libertad!” José replicó, “no tengo nada contra nuestro devoto Emperador ni contra el Patriara, sólo contra el administrador que casó al adúltero y que por eso fue depuesto por los sagrados cánones”. A eso replicó el logoteta: “Nuestros píos emperadores no te necesitan ni en Tesalónica ni en ninguna parte”.Teodoro de Estudio, Epístolas, I, 31, col. 1009B

Los intentos de los obispos de Crisópolis y Nicea por mediar fueron inútiles. José de Tesalónica, su hermano Teodoro y Platón fueron desalojados de Estudio y custodiados en el monasterio de San Sergio. Allí mismo, en enero de 809, se convocó un sínodo en el que los detenidos fueron acusados de no aceptar la οικονομια [conciliación] de los santos y se afirmó que el difunto patriarca Tarasio había permitido celebrar la boda de Constantino y Teodota a José de Cathara. El sínodo aprobó confirmar la rehabilitación de José de Cathara, anatematizar a cualquiera que no admitiese la economia de los santos, degradar al arzobispo de Tesalónica al rango de clérigo y enviar a los jefes del partido estudita al exilio.

El emperador Nicéforo intentó por última vez la conciliación. Se dirigió en persona a toda la congregación estudita y les prometió clemencia a condición de reestablecer la comunión con el patriarca. En un momento dado Nicéforo pidió que todos los que quisiesen reconciliarse con el patriarca se colocasen a su derecha y los que no a su izquierda. Todos los monjes sin dudarlo se colocaron a la izquierda del emperador.

No había lugar para un compromiso. En consecuencia los estuditas fueron dispersados a distintos lugares de la capital y a lugares tan lejanos como Querson o las islas Lipari en la costa de Sicilia. El exilio de los estuditas se prolongó durante dos años y medio antes de que el nuevo emperador Miguel I los reclamase de vuelta en la capital.

 

La política exterior de Nicéforo I

 

La elección del papa León III en 795 marcó una inclinación muy acusada de la política pontificia en favor de la alianza franca tras unos años de paz relativa con Constantinopla. La coronación como emperador del rey franco en la Navidad de 800 supuso la ruptura definitiva del esquema jerárquico heredado del viejo Imperio Romano. La reacción de Constantinopla no empezó a tomar forma hasta que Nicéforo accedió al poder. Aunque no se contempló la posibilidad de una ruptura formal, la muerte del patriarca Tarasio permitió al emperador mostrar de modo público y notorio su descontento por la política llevada por el papa de Roma. La prohibición del envío de la carta sinodica fue una censura manifiesta del papel de León III en esas maniobras políticas.

En el tiempo de la deposición de Irene se encontraban en la capital dos enviados de Carlomagno para tratar con la emperatriz un matrimonio que uniría a los dos imperios. No se conocen muchos más detalles sobre esa iniciativa que fue descartada de inmediato tras la eliminación de Irene como figura política.

El nuevo  emperador mostró su intención de tratar con su interlocutor occidental al enviar una delegación con Miguel, obispo de Synada, el higúmeno Pedro y el candidato Calisto acompañando a los embajadores francos de vuelta a casa. Las fuentes nos hablan de un tratado de paz firmado en Salz en el que ambas partes hicieron concesiones en aras del mantenimiento de la paz. En los años siguientes ambos gobernantes se vieron ocupados con otros frentes; Nicéforo en conflicto con Harún al-Rashid (786-809) y Carlomagno en tratos con sajones y ávaros y no sería hasta el año 810 cuando se reanudarían las negociaciones.

Las área de interés de ambos Imperios fueron respetadas hasta la primera mitad de 806. En ese tiempo se produjo la intervención del gobierno franco en Venecia y la costa de Dalmacia, regiones bajo la soberanía bizantina, a raíz de la muerte del patriarca de Grado a manos del dogo Juan Galbaio, favorable a Bizancio. Carlomagno supo aprovechar las tensiones internas en Venecia para favorecer un golpe que depuso a Galbaio y colocó en su lugar a los hermanos Obelerio y Beato. Estos, acompañados por el duque y el arzobispo de Zara, se apresuraron a viajar a la corte franca para poner Venecia y Dalmacia bajo su protección. En febrero de 806, en el momento del reparto del Imperio entre sus hijos, Carlomagno asignó a Pipino Venecia, Istria y Dalmacia como parte de su reino de Italia.

La respuesta de Bizancio a ese desafío era inevitable. El emperador Nicéforo envió al Adriático una flota al mando del patricio Nicetas. Su llegada causó una gran impresión. La pequeña flota franca estacionada en Comacchio no intervino y Nicetas fondeó sus barcos en las lagunas sin resistencia.

El patricio procedió a restaurar la situación sin forzar una ruptura total. Obelerio fue confirmado como dogo y honrado con el título de espatario. Su hermano Beato sin embargo fue conducido a Constantinopla como rehén en compañía del obispo de Olivolo. El patriarca de Grado Fortunato, más prudente, huyó a tierras francas. Nicetas firmó una tregua con Pipino que se mantuvo hasta agosto de 808 con el regreso de Beato de Constantinopla adornado con el título de hypatos.

Su llegada reafirmó la voluntad de independencia de Obelerio. Después de recibir a Beato reafirmó su posición asociando al poder a un tercer hermano, Valentino. La reacción de Nicéforo fue enviar una nueva flota en otoño de ese mismo año al mando de Pablo, estratego del thema de Cefalonia. Al estratego le faltaba el tacto de su predecesor y se enfrentó al triunvirato. En ese estado de cosas en la primavera de 809 Pablo zarpó de Venecia y atacó a la flota franca en Comacchio. Después de encontrar resistencia la flota bizantina partió hacia su base en Cefalonia. Pipino por su parte, incapaz de entender las intrigas venecianas, atacó las islas y las sometió a sitio durante meses antes de que la flota de Pablo apareciese de nuevo, no para proteger a los inconstantes venecianos, sino para evitar el saqueo de las costas dálmatas. Al fin Pipino aceptó retirarse no sin antes cobrarse un pesado tributo sobre los gobernantes venecianos. El ataque franco provocó en Venecia una auténtica catarsis que puso los cimientos de un estado independiente al unir a las facciones enfrentadas bajo el liderazgo de un nuevo jefe, Angelo Badoer, y la concentración de la actividad en las islas de Rialto como nuevo centro de poder.

La situación en 810 parecía propicia para un acuerdo entre ambos estados. En julio de ese año una embajada bizantina encabezada por el espatario Arsafio llegó a Italia para negociar. Con él estaban los embajadores de la misión de 803. Tras conocer la noticia de la muerte de Pipino ese mismo mes, continuaron viaje hasta Aquisgrán, donde fueron recibidos en octubre por Carlomagno. Este prometió renunciar a Venecia, Istria, Liburnia y las ciudades dálmatas a cambio de ser reconocido como emperador por Constantinopla. Cuando los documentos fueron debidamente firmados y una carta preparada para ser entregada a Nicéforo con la delegación bizantina viajó el dogo Obelerio, entregado para ser castigado por traición a su señor legal.

Arsafio permaneció en la corte franca hasta enero de 811. En el camino de vuelta la delegación bizantina fue acompañada por legados francos enviados al Este para confirmar el tratado de paz. En primavera se detuvieron en Venecia. Allí Arsafio, con el consentimiento del pueblo veneciano, declaró oficialmente depuestos a Obelerio y Beato y confirmó el nombramiento como nuevo dogo de Agnello Partecipazio.

Cuando la embajada llegó a Constantinopla muchas cosa habían cambiado. Nicéforo, que podría haberse opuesto a reconocer como igual a Carlomagno, había muerto y su sucesor, Miguel I Rangabé no mostró oposición a ratificar el contenido del tratado. La administración imperial encontró un elegante giro diplomático para salvar la situación. A cambio de la devolución de los territorios ocupados Carlomagno sería reconocido como emperador. No emperador de los romanos, sino emperador como concepto abstracto, una dignidad concedida  de modo único y personal por el auténtico emperador de los romanos residente en Constantinopla.

Los embajadores volvieron otra vez a Aquisgrán para ratificar sus cláusulas. Esta vez Arsafio viajaba ascendido a la condición de protoespatario, acompañado de un colega de igual rango llamado Teognosto y de Miguel de Synada, que viajaba por tercera vez al Oeste. Carlomagno recibió a la delegación bizantina en su corte y el tratado fue firmado finalmente. Tras rubricarlo los embajadores bizantinos saludaron como emperador a Carlomagno y este, en virtud de los acuerdos finales, aceptó que Venecia y la costa dálmata permaneciesen bajo influencia bizantina como recompensa por el reconocimiento de su título imperial.

 

La política de Nicéforo I ante los árabes

 

Las fuentes para las relaciones arabo-bizantinas durante el reinado de Constantino VI e Irene y también para el de Nicéforo I son escasas y fundamentalmente de origen árabe. Se documentan incursiones anuales cada verano conducidas por distintos jefes. A comienzos de 782 un poderoso ejército árabe dividido en tres cuerpos atravesó la frontera. Uno de ellos avanzó directamente hacia Constantinopla al mando del joven Harún al-Rashid, hijo del califa al-Mahdi y por entonces sólo el segundo en la línea de sucesión. Harún devastó los suburbios asiáticos de la capital y a su regreso por el valle del río Sangario se vio interceptado por una fuerza bizantina. Harún solicitó parlamentar pero con la colaboración del estratego de los Bucelarios Taztatés que decidió cambiar de bando, fue capaz de apresar a Estauracio, Pedro el magistros y Antonio el doméstico de las Escuelas. Para liberar a sus colaboradores Irene se vio obligada a aceptar una tregua trianual bajo términos muy gravosos que incluyeron el pago de un cuantioso tributo.

Durante el reinado de Harun las incursiones en territorio bizantino se incrementaron. El nuevo Califa, que gustaba de cultivar su imagen de Defensor de la Fe, tomó parte personalmente en alguna de las expediciones y reorganizó la estructura administrativa de la frontera al crear una provincia inmediatamente detrás del borde entre ambos estados llamada al-Awasim, cuyos recursos fueron dedicados a la lucha contra Bizancio.

Una nueva expedición de importancia tiene lugar en primavera o a comienzos del verano de 797 contra Capadocia y Galacia. Los intentos de la emperatriz Irene por alejar a los invasores fueron un fracaso. Al año siguiente diversas fuerzas musulmanas invadieron de modo independiente territorio imperial. Una de ellas asaltó el aplekton [punto de concentración del ejército] de Malagina en Bitinia y se apoderó de los caballos de Estauracio, el poderoso favorito de Irene. Otro destacamento se enfrentó a las fuerzas del Opsicio y los Optimates al mando del conde Pablo y las derrotaron decisivamente. En 799 una expedición árabe llegó hasta la ciudad de Éfeso.

 

Mapa de la frontera asiática en tiempos de Nicéforo I

Mapa de la frontera asiática en tiempos de Nicéforo I

 

Enfrentada a una amenaza múltiple a la que no era capaz de responder, Irene buscó un acuerdo con los árabes que permitió durante los años 799-802 gozar de una paz relativa en el Este al Imperio a cambio de un oneroso tributo. Esta situación no habría de durar mucho tiempo.

A lo largo del año 803 las crónicas bizantinas y árabes informan de un estado de creciente hostilidad en la frontera. De esta época se fecha un legendario intercambio de cartas de dudosa autenticidad entre Nicéforo y Harún al-Rashid, en el que el primero anuncia una actitud más belicosa frente al califato:

De Nicéforo, Rey de los griegos, a Harún, Rey de los árabes. Irene se ha deshecho de la torre y se contenta con el peón. Te ha pagado dinero, el doble del que deberías haberle pagado a ella. Fue debilidad mujeril. Ahora devuelve lo que has cogido o la espada decidirá.Jalal al-Din al-Suyuti, Historia de los Califas, 296

La respuesta de Harún fue la siguiente:

En el nombre de Dios todo misericordioso. De Harún, jefe de los Fieles a Nicéforo, el perro de los griegos. He leído tu carta, hijo de madre descreída. La respuesta no la oirás con tus oidos, la verás con tus propios ojos.

Este intercambio, verdadero o no, ilustra sin embargo sobre dos rasgos de la personalidad de Nicéforo I: su fuerte carácter y su gran preocupación por el dinero.

La reacción de Harún al-Rashid fue iniciar las hostilidades en territorio bizantino. Una fuerza al mando de su hijo al-Qasim asedió el aplekton de Coron, al norte de Tyana. La respuesta bizantina fue débil y descoordinada, debido en buena parte al estado de confusión provocado por la rebelión el 19 de julio de 803 de Bardanes Turcos. Las fuerzas reunidas de cinco themata al mando del rebelde que deberían haberse opuesto a la invasión fueron dirigidas sin embargo contra Constantinopla en un esfuerzo por desalojar de la capital al nuevo emperador. Enfrentado al dilema Nicéforo tuvo que emplear todos sus recursos para combatir la amenaza dirigida contra su propia posición. Después de aceptar una tregua al-Qasim se retiró al otro lado de la frontera.

Al año siguiente un ejército árabe penetró por el estratégico paso de Lulon en las Puertas Cilicias y avanzó hasta Frigia. El propio Nicéforo les salió al encuentro. En agosto tuvo lugar una batalla en la localidad frigia de Crasos en la que el ejército imperial fue claramente derrotado.

En 805 Harún al-Rashid tuvo que desplazarse a Persia para atender cuestiones de orden interno y su ausencia fue aprovechada por Nicéforo. El ejército imperial restauró varias fortalezas, entre las que se encontraban Ancyra, Thebasa y Andrassos. Incluso un pequeño destacamento atravesó las montañas y desembocó en Siria, aunque no consiguió nada salvo la toma temporal de Lulon.

En 806 Harún se vio otra vez con las manos libres para arreglar la situación en el Oeste. Para ese fin reunió un poderoso ejército reclutado en Libia, Siria y Palestina para obtener una victoria decisiva. El 11 de junio atravesó la frontera por las Puertas Cilicias y se dirigió a Tyana, en la calzada que lleva de Heraclea a Cesarea de Capadocia. Desde allí el califa emprendió el asedio de Heraclea-Kybistra. Después de establecer el sitio, el califa envió a sus subordinados a tomar Thebassa, Malacopia, Sideropalos y Andrassos. Heraclea fue tomada entre el 20 de agosto y el 17 de septiembre, desmantelando así el sistema defensivo bizantino en la región. Desde allí tropas árabes avanzaron hasta Ancyra y la destruyeron. El emperador Nicéforo se vio obligado a pedir la paz y a tal fin envió a Miguel de Synada; Pedro, el higúmeno de Syleon y Gregorio, ecónomo de Amastris. Harún estaba en condiciones de dictar su voluntad y así lo hizo:

Después de largas negociaciones concluyeron un tratado por el que se pagaría a los árabes un tributo de 30.000 nomismata cada año y un impuesto por cabeza de tres nomismata por el emperador y otros tres por su hijo. Al imponer esas condiciones Aarón [Harún al-Rashid] se mostró muy complacido y satisfecho, más que si hubiese recibido diez mil talentos  porque había humillado al Imperio Romano.Teófanes, ibidem, AM 6298 AD805/806, 482

La expresa intención de Harún de humillar al emperador bizantino se acomoda bien al sesgo de las relaciones diplomáticas en estos años. En 807 se sucedieron varios encuentros en la frontera con resultados dispares. Los bizantinos consiguieron capturar el paso de las Puertas Cilicias pero fracasaron al intentar lo mismo en el de Adata, más al Este.

A pesar de las oportunidades surgidas con la muerte de Harún al-Rashid en 809 la atención de Nicéforo se vio desviada cada vez más hacia la guerra con los búlgaros. El único incidente de importancia en el resto del reinado fue la derrota de León, el estratego de los Armeníacos y futuro emperador, en Eucaita en febrero de 811. En esa ocasión los árabes consiguieron capturar la paga de las tropas, más de mil trescientas libras de oro. Los años de lucha por la sucesión tras la muerte de al-Rashid no pudieron ser aprovechados por Bizancio a causa de sus propios problemas internos y externos. Tras la muerte de Nicéforo en el desastre del 26 de julio de 811 el nuevo emperador, Miguel I Rangabé, se vio obligado a ordenar la transferencia de tropas de Asia Menor hacia Europa para hacer frente a esa amenaza de primer orden para la supervivencia del Imperio. Las hostilidades entre Bizancio y el califato abasida no se reanudaron hasta 830, dando tiempo a la recuperación de ambos estados.

 

Nicéforo I contra Bulgaria

 

El enfrentamiento de Bizancio con el Estado búlgaro, el mismo que habría de costar la vida al emperador Nicéforo, paradójicamente es casi inexistente en las fuentes durante buena parte del período. No se registran incidentes durante el reinado en solitario de Irene (797-802) como tampoco información sobre la organización interna del estado búlgaro en esos años. Las relaciones pacíficas, o al menos la falta de incidentes, continuaron hasta el año 807.

La situación política en los Balcanes estaba determinada por el reparto territorial de fuerzas. Los grandes centros urbanos (Adrianópolis, Tesalónica, Dirraquio, Corinto y Patrás) estaban en manos de los bizantinos, pero buena parte del territorio, incluidas las fértiles llanuras de baja Macedonia, Tesalia y Beocia, estaban ocupadas por pequeñas comunidades eslavas basadas en un modelo de familia extendida que en tiempos de guerra podía unirse en estructuras militares de mayor tamaño. La naturaleza de la sociedad eslava, caracterizada por la ausencia de una organización centralizada hacía difícil una actividad diplomática efectiva y, en consecuencia, la posibilidad de controlar hasta cierto punto a sus dirigentes por parte de Bizancio.Retrato idealizado de Krum, obra de Iantonov

La enérgica política del nuevo jan de los búlgaros, Krum reportó beneficios inmediatos al Estado. La expansión al Oeste, el aprovechamiento del fin del estado ávaro, el control de territorios más allá de los Cárpatos y, sobre todo, el control sobre las poblaciones eslavas establecidas en los Balcanes tuvieron por fuerza que inquietar  al gobierno imperial. Si bien los historiadores modernos han culpado a Nicéforo por provocar la guerra debemos tener en cuenta que el dominio sobre las Esclavinias era considerado de importancia crucial para la administración imperial. Diversos indicios apuntados en las fuentes nos muestran que el gobierno bizantino tuvo que intervenir para evitar la alineación masiva de las poblaciones eslavas en la región a favor del estado búlgaro.

Es tentador pensar que la disminución de la hostilidad en la frontera oriental con los árabes que se registra a partir de 807 está ligada al comienzo de las operaciones en Occidente contra los búlgaros. Esa primera intentona tuvo corta duración. Cuando el ejército imperial había alcanzado Adrianópolis el descubrimiento de una conspiración contra el emperador provocó el fin prematuro de la campaña y el regreso a la capital.

La respuesta llegó desde el lado búlgaro al año siguiente. El jan Krum atacó por sorpresa utilizando el valle del Estrimón contra las fuerzas que había desplazado poco tiempo atrás el emperador para reforzar la zona. En un encuentro armado en otoño de 808 el estratego al mando fue derrotado y muerto y los búlgaros capturaron la paga de las tropas, un total de 1100 libras de oro.

Los efectivos humanos del primer estado búlgaro no eran elevados (con una fuerza de caballería de élite estimada por los expertos como no superior a 10.000 jinetes, a pesar de las elevadas cifras proporcionadas por los cronistas bizantinos para la campaña de 811). Krum deseaba reclutar tropas entre los eslavos y ese dinero le permitió tener los medios para alistar nuevos contingentes y construir máquinas de asedio y los servicios de técnicos especializados (como un tal Eutimio o Eumacio, cristiano de origen árabe pasado al bando búlgaro y experto en la guerra de sitio que colaboró decisivamente en la captura de Mesembria en el año 812).

Animado por el reciente éxito Krum escogió un nuevo objetivo entre las fortalezas que guardaban la frontera en el sur y suroeste. Allí Develtos, Adrianópolis, Filipópolis y Sárdica constituían una formidable barrera para un ejército poco acostumbrado a la guerra de asedio. En la primavera de 809, antes de Pascua, el ejército búlgaro volvió a atravesar la frontera y se presentó ante Sárdica, el baluarte del sistema defensivo bizantino más alejado en el norte.

 

Krum reúne a sus tropas

Krum reúne a sus tropas

 

Los detalles del asedio nos son desconocidos. Después de un sitio de corta duración se sabe que Krum consiguió tomar la ciudad por engaño. Una atroz carnicería tuvo lugar a continuación en la que un total de seis mil soldados bizantinos fueron muertos así como un número indeterminado de civiles. Los muros fueron arrasados y la ciudad quemada para eliminarla de una vez por todas como puesto defensivo.

 

Batalla entre bizantinos y bulgaros

Batalla entre bizantinos y búlgaros

 

La noticia del asedio de Sárdica provocó la reacción inmediata del emperador. El martes 3 de abril Nicéforo abandonó Constantinopla al mando de su ejército dispuesto a combatir a los búlgaros. Probablemente sabedor de la suerte de Sárdica y de la inutilidad de su presencia allí, el emperador escogió una ruta hacia el norte en dirección a Pliska, la capital de Krum. La ciudad estaba casi indefensa y en cinco días el ejército imperial tomó posesión de ella. Nicéforo celebró la Pascua en el palacio de madera del jan. El ejército imperial tomó después el camino de Sárdica, donde esperaban los búlgaros de Krum. Probablemente superado en número por los bizantinos, Krum evitó una confrontación. La victoria táctica del emperador se vio empañada por la negativa de los soldados a reconstruir Sárdica, como hemos relatado anteriormente. Por fin el ejército tuvo que retirarse sin cumplir su misión y con el firme deseo del emperador de castigar a los cabecillas de la revuelta.

 

La campaña de 811

 

Tras el revés experimentado en Sárdica no se registran enfrentamientos en el período entre mayo de 809 y mayo de 81, fuese por una tregua (como lo insinúa una inscripción greco-búlgara de la época, que achaca al emperador romper los juramentos que había hecho) o por otras circunstancias.

En el invierno de 809-810 Nicéforo I organizó el traslado de población de otros themata a las Esclavinias con el fin de reforzar su defensa ante eslavos y búlgaros por igual mientras preparaba con cuidado una gran expedición para aplastar definitivamente al estado búlgaro. Los expertos calculan unos efectivos de 15.000 a 20.000 hombres, unas cifras muy considerables para las condiciones del Imperio. El esfuerzo logístico para aprovisionar a un contingente como ese ha sido estimado por Haldon en unas 300 toneladas para una campaña de dos o tres semanas como máximo, con promedios de avance diario de doce a catorce millas.

Las tropas de los distritos orientales fueron trasladadas a Occidente (el estratego Romano al mando de los Anatólicos es mencionado expresamente en la campaña de 811) para unirse a los contingentes del thema de Tracia y posiblemente al de Macedonia. Las filas del ejército fueron reforzadas por los reclutas proporcionados por las medidas administrativas y fiscales del emperador que Teófanes critica acerbamente:

En mayo, mientras se disponía para partir de la Ciudad Imperial ordenó al patricio Nicetas, logoteta del Genikon, que ordenase un impuesto sobre iglesias y monasterios y cobrase los ocho años de atrasos de las casas de los dignatarios. Ante esto hubo muchas quejas. Uno de sus fieles sirvientes, me refiero al patricio Teodosio Salibaras, se quejó ante él diciéndole: “Todo el mundo se queja de nosotros, oh Señor, y en este tiempo de tentación se alegrarían de nuestra caída”. Peró él replicó, “si Dios ha endurecido mi corazón como el del Faraón, ¿qué beneficio podría alcanzar a mis súbditos? Teodosio, no esperes de Nicéforo algo distinto de lo que has visto”. El Señor es mi testigo de que yo, el autor, oí esas palabras de la boca de Teodosio.Teófanes, ibidem, AM 6303, AD 810/811, 489-490

También sabemos que en esta campaña se estrenó el tagma de los Hicanatos, reclutado entre los jóvenes hijos de altos oficiales como una guardia para el hijo del emperador Estauracio. Nicetas, el nieto de Nicéforo, aunque sólo tenía diez años entonces, fue alistado en el cuerpo y nombrado por su abuelo doméstico. Su padre, el futuro emperador Miguel Rangabé también participó en la expedición.

Somos afortunados por contar con una fuente contemporánea que narra en detalle los acontecimientos de esta aciaga expedición. El fragmento denominado Crónica del año 811, o más propiamente según el título original, Del emperador Nicéforo y de cómo dejó sus huesos en Bulgaria, nos proporciona preciosas informaciones no disponibles en ninguna otra fuente que emplearemos aquí.

 

Llanura de Pliska

Llanura de Pliska

 

En mayo de 811 el ejército imperial abandonó Constantinopla con plenas esperanzas de una total victoria sobre los búlgaros. Cuando las tropas bizantinas llegaron a Marcelas los enviados de Krum les salieron al paso para pedir la paz. El emperador estaba sediento de venganza y rechazó cualquier acercamiento.

A finales de junio o principios de julio Nicéforo salió de Marcelas para tomar una ruta que sortease las trampas que Krum había tendido por el camino. Avanzando dividido en al menos dos columnas, una de ellas cruzó directamente por los intricados pasos montañosos (κλεισουραι “desfiladeros”) del Hemos, probablemente a través de los pasos de Varbitsa, Ris y Djoula. Otra parte del ejército siguió la ruta costera al este de las montañas. Enfrentado a este asalto múltiple Krum se replegó a las montañas con lo mejor de sus tropas, dejando sólo un cuerpo de 12.000 soldados con la misión de defender Pliska y el acceso al interior de Bulgaria.

 

Palacio imperial en Pliska

Ruinas del palacio de Krum en Pliska

 

El emperador no mostró misericordia. El ejército imperial era muy superior en fuerza y los soldados búlgaros que defendían Pliska fueron aniquilados hasta el último hombre. Después de acabar con el resto de la resistencia (la Crónica señala el más que improbable hecho de otros cincuenta mil búlgaros derrotados en un encuentro posterior) la situación de Krum era desesperada. Las elevadas pérdidas de soldados le llevaron, según la Crónica de 811, a reclutar incluso a mujeres para la lucha:

Entonces el miserable [Nicéforo] se enorgulleció en su corazón como si todo eso hubiese sido gracias a sus méritos, y por eso dijo a los que le acompañaban, “¡mirad, lo que la justicia puede conseguir!”. Entró en la residencia de Krum, se apoderó de sus tesoros y al encontrar un rico botín distribuyó entre sus soldados según el rango, monedas de cobre y vestidos y otros objetos de valor. Abrió las bodegas y repartió el vino entre los suyos para que bebiesen hasta la saciedad. Paseando por los callejones de la residencia, deambulando entre las terrazas y habitaciones se mostraba exultante y decía: “Ya lo veis, Dios me ha entregado todo esto, quiero construir aquí una ciudad con mi  nombre para que sea recordado por las generaciones futuras.Crónica del año 811, 15-24

El emperador envió despachos a Constantinopla informando de su triunfo atribuyéndolo al buen juicio de su hijo Estauracio. El ejército permaneció en Pliska un número de días indeterminado, durante los cuales Krum volvió a intentar una retirada pacífica del emperador que fue de nuevo rechazada. Las fuentes son unánimes en reprochar el orgullo del emperador y la falta de disciplina en el ejército:

Después [de quemar el palacio de Krum] sin preocuparse de retirarse a toda prisa, se puso en marcha a través de Bulgaria queriendo llegar a Sárdica, convencido de que había destruido todo el poder búlgaro. Al cabo de quince días olvidó por completo sus responsabilidades. Su espíritu no era el mismo y, como un hombre que no es dueño de sí mismo, su cabeza no regía sino que estaba sumida en la confusión mental más completa y paralizado por la presunción; [Nicéforo] no salía de su tienda ni dirigía a nadie una palabra o una orden. Cuando algunos comenzaron a chillar contra él y le enviaron a su hijo para pedirle que los sacase de allí no les prestó ninguna atención y por el contrario injurió a su hijo y le quiso golpear. En cuanto a los soldados, aprovechando la ocasión saquearon a su placer incendiando los campos donde todavía no se había recogido la cosecha, cortaban los tendones a los bueyes y les arrancaban tiras de los flancos para hacerse cinturones mientras las bestias gemían lastimeramente e intentaban escapar; degollaban corderos y cerdos y cometían todo tipo de acciones impropias. Entonces algunos, viendo la falta de orden y la incoherencia de Nicéforo y que nadie se atrevía a dirigirse a él, comenzaron poco a poco a desertar y escapar con cualquier excusa.Crónica del año 811, 28-40

Es probable que el emperador considerase que la fuerza principal búlgara había sido destruida y que la conquista total de Bulgaria estaba en la mano. Es muy probable también que las repetidas ofertas de paz de Krum y su aparente desesperación ante la ruina de su capital sólo formasen parte de un plan para ganar tiempo y retrasar la salida del emperador de Pliska a la espera de una oportunidad. Por el momento Krum se mantuvo oculto en las montañas observando los movimientos de los bizantinos mientras reclamaba tropas a sus aliados ávaros y eslavos. Su táctica incluía la detención del ejército imperial en una de las múltiples barricadas levantadas en los desfiladeros y destruirlo allí con un asalto repentino sobre su campamento.

 

Nicéforo I ataca Bulgaria en 811

Niceforo I ataca Bulgaria en el año 811

 

Entre el 23 y el 26 de julio el emperador decidió abandonar Pliska después de ordenar que fuese arrasada por las llamas. El ejército avanzó destruyendo todo a su paso con la esperanza de incitar a Krum a una batalla campal. La falta de reacción del enemigo y la presencia de un ejército franco en la frontera noroeste del janato búlgaro pueden haber incitado a creer a Nicéforo, a fin de cuentas un general inexperto, que su victoria era completa. Es probable también que los más cercanos en su entorno, entre ellos su propio hijo Estauracio, le instasen a acabar la campaña lo antes posible y conducir el ejército fuera de las montañas. Con su fuerte carácter el emperador habría querido completar sus planes a pesar de la oposición de sus próximos.

El itinerario que siguió el ejército imperial es desconocido. La hipótesis de que Sárdica fuese su destino para completar lo que no pudo ser reconstruido en 809 no es factible, porque las fuentes señalan que poco después de su salida el ejército se vio atrapado en un paso estrecho y no se encuentran lugares con esas características en la ruta Pliska-Sárdica.Plano derrota Nicéfor el 26 de julio de 811

Si, como parece probable, Nicéforo pretendía regresar a Constantinopla, su deseo se vio brutalmente denegado cuando las tropas búlgaras que habían conseguido sobrevivir rodearon al ejército imperial en un desfiladero en alguno de los valles entre Pliska y las laderas de la cara norte del Hemos. El lugar preciso es debatido por los especialistas que se inclinan por el paso de Verbitsa, el de Veregava o la llanura entre Karnobat y Sumen. Otra hipótesis enunciada por Nedev propone el paso de Veselinovsky en la carretera entre Kulnovo y Veselinovo, cuyas características se acomodan bien a la descripción del campo de batalla contenida en las fuentes principales. En la Crónica se indica que uno de los extremos del paso era tan estrecho que los búlgaros pudieron bloquearlo con empalizadas de madera y que discurría un río en el fondo del desfiladero, lo que se ajusta a un lugar al este de Esmiadovo donde el arroyo Brestova se une al río Camcija.

Tras detenerse el ejército imperial improvisó un campamento en una posición muy desfavorable, expuesta a ataques desde las cumbres y los flancos. El suministro de agua estaba asegurado por un río pantanoso, probablemente el Tisza, que discurría por el fondo del valle. Por las descripciones contenidas en la Crónica parece que esa noche no se observaron escrupulosamente las directrices de castrametación y los distintos contingentes thematicos acamparon a cierta distancia unos de otros. Es también evidente que se descuidaron las patrullas de vigilancia y el rastreo de los alrededores en contra de los preceptos organizativos establecidos por la ciencia militar bizantina.

Los observadores enviados al final del desfiladero informaron de la presencia de una empalizada bloqueando el acceso desde el sur con un foso excavado en el lado que miraba a Tracia. Al conocer la noticia el emperador estimó que no era necesario tomar precauciones por considerarla una de las muchas obras defensivas erigidas por los búlgaros en la región para bloquear el acceso desde el sur, no impedir la salida. Es evidente que en el campamento imperial no se creía estar a punto de caer en una trampa o se hubiesen establecido el estado de alerta, por lo que debemos concluir que no se consideró la empalizada una amenaza.

Krum tenía ventaja y estaba dispuesto a aprovecharla. En la noche del viernes al sábado 26 de julio desencadenó un ataque por sorpresa dirigido a la parte del campamento donde se encontraba la tienda de Nicéforo. Nadie en el desfiladero esperaba algo así y el desorden y el caos que siguieron condenaron a todo el ejército a la destrucción en un clima de pánico total.

Según el autor de la Crónica no todas las tropas se vieron atacadas. Krum en la tarde anterior había tenido tiempo de identificar el sector donde se encontraba el emperador y aplicó la conocida táctica búlgara de atacar al jefe enemigo para desorganizar la defensa:

Antes de romper el alba los bárbaros cayeron sobre la tienda de Nicéforo y las de sus comandantes y los mataron miserablemente. Entre las víctimas estaba el patricio Aecio [el antiguo ministro de Irene], el patricio Pedro, el patricio Sisinio Trifilio, el patricio Teodosio Salibaras (que había causado tanta pena y ansiedad a la bendita Irene), el patricio prefecto [probablemente el eparca de Constantinopla], el patricio Romano, que era estratego de los Anatólicos y muchos protoespatarios y espatarios, los comandantes de los tagmata, incluyendo al doméstico de los excubitores y el drungario del Vela, el estratego de Tracia, muchos oficiales de los tagmata y un número infinito de soldados de tal forma que la flor de la cristiandad fue destruida.Teófanes, ibidem, AM 6303, AD 810/811, 491

El relato de la Crónica nos transmite verazmente el espantoso clima de confusión de esos momentos:

Había en aquel lugar un río muy pantanoso y difícil de cruzar. No encontrando un vado por donde pasar y perseguidos por los enemigos [los soldados fugitivos] se arrojaron al río. Entraron con sus caballos e incapaces de salir quedaron aplastados en el fondo, pisoteados por los que llegaban por detrás y empujándose unos a otros; y el río se llenó de hombres y caballos hasta el punto que los enemigos pasaron sobre sus cuerpos sin daño y persiguieron a los fugitivos que naturalmente pensaban estar fuera de peligro. Allí cayeron todos los patricios y el resto de los altos oficiales. En cuanto a los que se creían salvados de la muerte en el río, llegaron a una empalizada que los búlgaros habían fabricado, sólida y muy difícil de franquear. Al no poder abrir una brecha con sus caballos los abandonaron y escalaron con pies y manos para precipitarse al otro lado. Y como en el exterior se había cavado un foso profundo al arrojarse desde lo alto se rompieron los miembros. Algunos murieron allí mismo, otros se arrastraron un poco más pero al faltarles las fuerzas cayeron a tierra y murieron de hambre y sed. En otros lugares algunos prendieron fuego a la empalizada y cuando las cuerdas que sujetaban los maderos se consumieron la empalizada se derrumbó sobre el foso, entonces los fugitivos sintieron el suelo hundirse bajo sus pies y se vieron empujados al fondo del foso llameante ellos y sus caballos. Fue un final peor que el peligro del rio.Crónica del año 811, 52-72

En la confusa lucha de tienda a tienda Estauracio fue gravemente herido en la espalda pero pudo escapar a Adrianópolis junto a Esteban el doméstico de las Escuelas, el magistros Teoctisto y Miguel Rangabé el curopalata. La noticia de la muerte del emperador puso en fuga a todo el ejército imperial y precipitó la tragedia.

 

Krum persigue a Estauracio

El ejército de Krum persigue y hiere a Estauracio

 

El relato del desastre muestra que la mayor parte de las muertes se produjeron por el pánico desencadenado por el ataque búlgaro y no por la lucha en sí. La observación de las precauciones habituales en el campamento habría permitido sin duda resistir el ataque búlgaro en mejores condiciones. No conocemos las bajas experimentadas por el ejército imperial, pero sin duda su número fue abrumadoramente superior al de los vivos.

 

El Imperio tras la muerte de Nicéforo I

 

La jornada del 26 de julio de 811 fue un desastre sin paliativos para el ejército bizantino y para el Imperio. Desde la muerte de Valente en 378 no había muerto un emperador romano en el campo de batalla. Para celebrar su victoria Krum ordenó decapitar el cuerpo del emperador y exponer la cabeza de Nicéforo en una estaca. Es muy probable que la célebre historia del cráneo de Nicéforo adornado con plata y convertido en copa de libaciones por el jan búlgaro sea una invención.

 

Krum celebra su triunfo sobre Nicéforo i

Krum celebra su triunfo sobre Nicéforo I

 

Los restos del ejército romano alcanzaron Adrianópolis. Allí el malherido Estauracio fue proclamado emperador en el lecho del dolor por el patricio y doméstico de las escuelas Esteban y el cuestor Teoctisto. El joven se dirigió a las tropas para acusar a su padre de todos los males presentes. Con el paso de los días la salud de Estauracio empeoró y para el tiempo en que el ejército alcanzó la capital estaba claro para todos que el momento de su muerte estaba cerca. Estauracio no tenía hijos y su cuñado Miguel Rangabé, casado con su hermana Procopia, era el familiar y heredero más cercano. Estauracio maniobró desesperadamente para mantenerse en el poder y consideró por un tiempo cegar a Miguel para entregar el poder a Teófano, su esposa. La perspectiva de tener a una nueva Irene en el trono reforzó la candidatura de Miguel, venciendo así la resistencia del patriarca Nicéforo y del doméstico Esteban. Por fin, el 2 de octubre Miguel I Rangabé fue proclamado emperador por el Senado después de entregar un juramento por escrito ante el patriarca de que no restauraría la Iconoclasia. Enfrentado a lo inevitable Estauracio abdicó, tomó el hábito y se retiró a un monasterio donde falleció el 11 de enero de 812.

 

Proclamación de Miguel I Rangabé

Proclamación de Miguel I Rangabé

 

El nuevo emperador intentó desde el principio asegurar su posición desligándose de la política de su antecesor. Muy diferente a Nicéforo, distribuyó con largueza dinero a las instituciones religiosas y al ejército, ofreció cuantiosos donativos a las viudas de los muertos en Bulgaria y reclamó a León el Armenio, que había sido exiliado, como nuevo estratego de los Anatólicos. Fue el momento también en que Teodoro de Estudio y sus compañeros recuperaron la influencia que habían tenido bajo Irene.

Entre las medidas del nuevo emperador se cuenta el fin de la controversia moiqueana al enviar por fin al papa León III la carta sinódica largo tiempo retenida. El pontífice apoyó a los estuditas y José de Cathara se vio otra vez depuesto y excomulgado. Con Miguel en el poder, Teodoro de Estudio y el patriarca Nicéforo se convirtieron en dos de sus principales consejeros también para los asuntos de Estado.

Afortunadamente para el Imperio Krum no explotó de inmediato su inmenso éxito. Las grandes pérdidas sufridas en la campaña de 811 le obligaron sin duda a reorganizar sus fuerzas. Sólo en la primavera de 812 sus tropas atravesaron la frontera para poner sitio a Develtos, en la costa del Mar Negro. Su objetivo era eliminar la amenaza de ataques al corazón del janato búlgaro desde la más desprotegida región costera del Este.

 

Ciudades capturadas entre 808 y 814

El emperador Miguel se mostró lento en reaccionar. Cuando el 7 de junio partió para socorrer Develtos la ciudad ya estaba condenada. Sus habitantes, incluido su obispo, fueron trasladados al interior de Bulgaria.

El revés de Develtos fue seguido de una insurrección de las tropas del Opsicio y los Tracesios que sólo pudo ser apaciguada mediante el pago de generosas cantidades de dinero. La situación de desorden fue aprovechada por Krum para reanudar sus ataques en Macedonia y Tracia. Anquialo, Sozópolis, Berea, Nicea de Tracia, Probaton, Filipópolis, Filipos y Estrimón fueron abandonadas por sus habitantes por miedo al invasor.

Sorprendentemente en septiembre Krum envió a su embajador Dragomir para proponer paz según los términos establecidos en 716 entre Kormesios y Teodosio III:

  • La frontera debería ser establecida en la villa de Meleones en Tracia.
  • Entrega de un cargamento de cueros teñidos y vestiduras por valor de treinta libras de oro.
  • Se aceptaría la reapertura del comercio pero los mercaderes deberían ser autorizados por ambos gobiernos.
  • Devolución de prisioneros y refugiados.
  • La oferta fue acompañada de un ultimatum: si el emperador no aceptaba los términos Krum atacaría Mesembria.

El Consejo Imperial se reunió para discutir la propuesta de Krum. Por unanimidad se consideró inaceptable devolver a los desertores búlgaros y en consecuencia el emperador rechazó la oferta de paz. A mediados de octubre Krum apareció ante la ciudad de Mesembria. En la confianza de que las murallas resistirían ante un ejército ignorante de la guerra de sitio, Miguel volvió a consultar con sus consejeros en lugar de enviar refuerzos en socorro de Mesembria. el Consejo celebrado el 1 de noviembre mostró el cambio de relación de fuerzas en el nuevo reinado al contar entre los asistentes con los obispos de Nicea y Cízico, Teodoro de Estudio y el patriarca Nicéforo. En el curso del debate Teodoro se opuso decididamente a un acuerdo de paz y esa opinión prevaleció finalmente. El 4 de noviembre llegó la noticia de la caída de Mesembria tras dos semanas de asedio. La pérdida de 36 sifones de bronce y abundantes cantidades de fuego griego almacenados en la ciudad fue particularmente sentida.

El emperador Miguel tenía que mostrar una reacción. A comienzos de la primavera de 813 ordenó el traslado a Tracia de los contingentes asiáticos aprovechando la guerra civil que enfrentaba a los dos hijos de al-Rashid. A la cabeza de los tagmata de la guardia el propio Miguel se puso al frente del ejército imperial en mayo. El descontento de las tropas asiáticas por ser trasladadas a Europa antes de la recogida de las cosechas y el temor a enfrentarse a Krum provocaron un estado de baja moral en la tropa. En ese clima depresivo el eclipse de sol del 4 de mayo fue interpretado como un mal augurio y el emperador sólo logró hacer seguir al ejército mediante el pago de donaciones a la tropa. El escaso respeto que el ejército tenía al emperador se perdió cuando la emperatriz Procopia, que acompañaba a su marido, se presentó ante las tropas para exhortarles a que velasen por la seguridad de Miguel, lo que provocó burlas e injurias de los soldados al emperador. Sin un plan claro de acción el ejército erró de un lugar a otro de Tracia sin emprender ninguna acción contra el enemigo, lo que fue considerado con asombro por los contemporáneos.

A principios de junio Krum atravesó la frontera con un ejército que no puede haber superado los seis mil o siete mil hombres. El grueso del contingente estaba formado por caballería ligera e infantería eslava mientras que el jan mandaba personalmente una fuerza escogida de caballería pesada. Poco después estableció su campamento en Versinicia, a unas treinta millas de distancia del ejército imperial.

Las tropas de Miguel estaban casi desprovistas de víveres y sufrían el calor del verano. A pesar de la necesidad de una decisión rápida los dos ejércitos permanecieron frente a frente durante dos semanas sin realizar ninguna acción decisiva salvo el hostigamiento de los jinetes búlgaros contra las partidas de forrajeo bizantinas.

La falta de decisión del emperador animó al monostratego de Tracia y Macedonia Juan Aplaces a tomar la iniciativa. Alrededor del 20 de junio envió un mensaje a Miguel para comunicarle que pensaba atacar y que esperaba que le siguiese el resto del ejército. Las tropas bizantinas eran muy superiores en número a las fuerzas de Krum, por lo que las probabilidades de victoria eran altas. Todos los consejeros del emperador parecieron estar de acuerdo y se decidió iniciar el ataque el día 22.

La formación bizantina estaba situada en una sola línea sobre terreno elevado. Aplaces tenía el mando de un ala, León el Armenio mandaba la otra con los Anatólicos y los Armeníacos mientras que el emperador se situó en el centro con los tagmata y el resto de los contingentes thematicos. Frente a ellos Krum dispuso la infantería eslava en el centro para recibir el primer ataque de sus enemigos con la caballería en los flancos y su guardia acorazada en segunda línea como reserva.

 

Los soldados instan a Miguel I a luchar contra Krum

Los soldados instan a Miguel I a luchar contra Krum

 

Al comienzo de la batalla Aplaces y sus tracios y macedonios bajaron la colina y derrotaron a los eslavos que les hacían frente. El resto del ejército tendría que haberles acompañado pero la moral era baja y el emperador titubeó en dar la señal de ataque general. Los valientes macedonios y tracios se vieron rodeados y contratacados por todas partes y el propio Aplaces cayó entre sus soldados.

 

Derrota de Miguel Rangabe en Versinicia 813 manasses_53

Derrota de Miguel I Rangabé en Versinicia

 

La derrota del ala europea y la indecisión del emperador provocó la desmoralización del resto del ejército, comenzando por los Anatólicos que fueron los primeros en abandonar el campo de batalla. León el Armenio hizo retroceder al resto de sus tropas para mantener su cohesión como fuerza de combate pero el resto del ejército se dio a la fuga abandonando armas y equipo. Los búlgaros, fatigados por el combate, se dieron por satisfechos con capturar el campamento imperial y apoderarse del touldon.

 

Deserción de León el Armenio

Retirada de León el Armenio en Versinicia

 

Pese a las sospechas levantadas por el comportamiento de Léon el Armenio durante el combate, el testimonio del Scriptor Incertus apunta a la cobardía de los Anatólicos como causa principal de la derrota. Los factores que pueden explicar el comportamiento de este contingente son el largo tiempo de servicio lejos de sus hogares, el alto porcentaje de reclutas en sus filas, inexpertos y no acostumbrados a los métodos de guerra búlgaros, las malas condiciones en Tracia y el deficiente liderazgo del emperador.  Sin embargo historiadores como Runciman o Bury consideran que León el Armenio, el estratego de los Anatólicos, si no formaba parte de una conspiración al menos permitió que el clima de frustración entre las tropas se transformase en abierto rechazo contra el emperador.

A la llegada a la capital el 24 de junio el emperador Miguel anunció en un consejo que deseaba renunciar al trono. Aunque su esposa y sus asesores le convencieron en un primer momento para que desechara esa idea, el anuncio del ataque de Krum sobre Adrianópolis y la proclamación por las tropas thematicas de León como emperador negaron a Miguel el apoyo de los tagmata y el Senado. El 11 de julio León fue proclamado emperador en la llanura del Tribunalion (también conocido como Kampos, el campamento establecido en San Juan de Hebdomon a las afueras de la ciudad).

 

Proclamación de León el Armenio

Proclamación como emperador de Leon el Armenio

 

Miguel Rangabé aceptó la tonsura y se retiró a la iglesia de la Virgen del Faro con su familia. Posteriormente se trasladó a la isla de Prote, donde murió en 844 con el nombre monástico de Atanasio. Sus tres hijos fueron castrados y enviados a un monasterio en la isla de los Príncipes y la emperatriz Procopia, la hija de  Nicéforo, fue enviada muy apropiadamente al monasterio de Santa Procopia en la capital.

 

Conclusión

 

El emperador Nicéforo I fue duramente criticado por muchos en su tiempo, el primero de ellos el cronista Teófanes, que nos ha legado el relato principal de su reinado. En razón de este prejuicio la imagen que se ha transmitido del emperador es parcial y subjetiva. Sus medidas fiscales fueron consideradas avaricia, su tolerancia religiosa de tintes heréticos, su política de traslado de población a las Esclavinias opresión y el alistamiento de los pobres en el ejército una de sus infames vejaciones. Otras acusaciones vertidas sobre él son la confiscación de propiedades a sus oponentes, la negación de la paga a los soldados y las críticas a su vida privada irreligiosa e inmoral    con acusaciones de romper compromisos matrimoniales en favor de Estauracio y  guardar para sí doncellas durante el concurso de novias.

Es probable que algunas de las acusaciones contuviesen parte de verdad pero deformada de manera deliberada. En testimonios contemporáneos se puede detectar, aquí y allá, la confesión de que Nicéforo era un gobernante capacitado pero el deseo de Teófanes de transmitir una imagen positiva de Miguel I Rangabé le indujo a denigrar el reinado de Nicéforo para hacer brillar a su favorito.

El análisis de todos los testimonios muestra que Nicéforo cumplía con muchas de las cualidades exigidas a un gobernante en Bizancio, como la piedad, la rectitud y la inteligencia. Al igual que un gobernante moderno su reinado pareció marcado por un comportamiento eminentemente pragmático. Como se relata en la Crónica de 811 “el emperador era agudo para captar la esencia de los problemas, especialmente los que tenían que ver con los asuntos de Estado” y Miguel el Sirio lo califica de “hombre vigoroso y capaz de gobernar”. Por su experiencia como Logoteta general conocía bien la maquinaria administrativa del gobierno y sus necesidades. Su enfoque de las reformas apuntó siempre a restablecer la autoridad de la administración imperial. Aunque no era soldado de profesión parece que no fue ajeno a las cuestiones militares y comprendió la importancia de participar en las campañas a la cabeza del ejército. Durante su reinado se enfrentó a varias sublevaciones y fue capaz de reducirlas sin derramamiento de sangre, lo que reafirma su habilidad como político.

En los asuntos exteriores se mostró consciente de las necesidades del Imperio aunque el fracaso en Bulgaria causase finalmente su muerte. Tras su desaparición el Imperio conoció un período de inestabilidad política que duraría hasta la supresión de la revuelta de Tomás el Eslavo en 823. También la cuestión de las imágenes se reavivó en esos años con la reimposición de la Iconoclasia en 815. Este problema no se zanjaría definitivamente hasta la muerte del emperador Teófilo (829-842) y la proclamación de la Ortodoxia en 843. Finalmente en el Este Bizancio se vio sometida a constantes ataques en el período  entre 824 y 863, año de la victoria de Petronas sobre el emir de Melitene en la batalla de Marj al-Usquf (la pradera del Obispo).

Sin embargo es importante considerar que al lado de estas cuestiones las reformas introducidas por Nicéforo en el terreno fiscal y económico permitieron un mayor control de la economía a largo plazo, aun al precio de ser incomprendidas por sus contemporáneos. Quizá uno de los indicadores de ese lento pero constante crecimiento fue la ampliación de la circulación de moneda de cobre y bronce en provincias durante los reinados de Miguel II (820-829) y Teófilo. Los ingresos acumulados en la capital por las reformas fiscales se redistribuyeron a provincias reanimando así su actividad económica, como lo muestran las cantidades citadas durante el reinado de Nicéforo (1100 libras de oro destinadas a la región de Estrimón y 1300 libras al thema de los Armeníacos).

Las reformas militares fueron también considerables. El cambio en el sistema de reclutamiento permitió incrementar el número de soldados alistados en un tiempo en que el Imperio los necesitaba desesperadamente y la transferencia de población y contingentes militares a Grecia permitió asegurar la helenización de la región frente a las comunidades eslavas.

En lo religioso Nicéforo I fue un hombre tolerante, más interesado en conseguir la unión entre las tendencias religiosas que en combatir a los disidentes. Se nos dice que ayunaba y oraba con frecuencia pero su piedad no mejoró la opinión del sector monástico que le acusó por el aumento de los impuestos y las confiscaciones aplicadas sobre sus propiedades. También se mostró contrario a la costumbre de dedicar ofrendas de plata y oro a las iglesias. En su lugar, expuso en alguna ocasión, era preferible dedicar esas riquezas para aumentar el bienestar del pueblo. Tal consciencia y su voluntad decidida de limitar la riqueza inmovilizada en los monasterios e iglesias es casi única en su tiempo.

Es significativo que Teodoro de Estudio, un hombre que conoció bien al emperador y que estuvo con frecuencia en el bando opuesto, reconociese en sus cartas que con este emperador los asuntos del Estado se habían ordenado. Aunque no todo fuesen aciertos en su gobierno todas sus acciones apuntaron a los siguientes objetivos:

  • Reforzar la administración fiscal y el control centralizado de la economía.
  • El aumento de la efectividad del ejército y la marina.
  • La solución al problema planteado por los eslavos.
  • La armonía entre el sector eclesiástico y monástico.

Podemos considerar la mayor debilidad de Nicéforo sus deficiencias como soldado. Sus campañas no consiguieron resultados notables ni obtuvo victorias en campo abierto. Los soldados desconfiaban de él y sus errores de apreciación provocaron el desastre de julio de 811 y el fin de su propio reinado.

En el balance final podemos decir que Nicéforo I fue capaz en su corto reinado de identificar los problemas que aquejaban al Imperio y comenzar a poner soluciones efectivas a los mismos, como hiciese también otro emperador procedente del servicio civil como Anastasio (491-518). Como gobernante dinámico y capaz tuvo la habilidad de concentrar todo el poder en sus manos e intentar una reforma coordinada de muchos aspectos de la administración imperial a pesar la gran impopularidad de sus medidas.

Hasta aquí llega este amplio relato del reinado de Nicéforo I. Espero que esta entrada haya sido de tu interés. No dudes en compartirla o escribir un comentario.

Un saludo muy cordial

Roberto

Para saber más...

  • Antoniadis-Bibicou, H. (1963) = Recherches sur les douanes à Byzance, Paris.
  • Brooks, E.W. (1923) = “The struggle with the saracens (717-867)“, Historia medieval Cambridge.
  • Brubaker, L. y Haldon, J. (2015) = Byzantium in the iconoclast era, c. 680-850. A History,  Cambridge.
  • Dujcev, I. (1965) = “La chronique byzantine de l’an 811”, en Travaux et Mémoires du Centre de recherche d’histoire et civilisation byzantines, pp. 205-254.
  • Haldon, J.F. (1979) = Recruitment and conscription in the Byzantine Army c. 550-950. A study of the origins of the stratiotika ktemata, Viena.
  • ————— (1984) = Byzantine praetorians. An administrative, institutional and social survey of the Opsikion and tagmata, c. 580-900, Bonn.
  • Kaegi, W.E. (1981) = Byzantine military unrest, 471-843: An interpretation, Amsterdam.
  • Marin, J. (1999) = “Notas acerca de la rebizantinización del Peloponeso en el siglo IX” en El mundo medieval. Legado y alteridad, ed. J. M. Cerda, Santiago de Chile.
  • Markopoulos, A. (1999) = “La Chronique de l’an 811 et le Scriptor incertus de Leone Armenio: problèmes des relations entre l’hagiographe et l’histoire”, REB 57, Paris, pp. 255-262.
  • Niavis, P. (1984) = The reign of the byzantine emperor Nicephorus I (802-811), Edimburgo.
  • Nicol, D.M. (2002) =  Byzantium and Venice. A study in diplomatic and cultural relations, Cambridge.
  • Runciman, S. (1930) = A History of the First Bulgarian Empire, Cambridge.
  • Sophoulis, P. (2012) = Byzantium and Bulgaria, 775-831, Leiden.
  • Stephenson, P. (2006) = “About the emperor Nikephoros and how he leaves his bones in Bulgaria: a context for the controversial Chronicle of 811”, Dumbarton Oaks Papers 60, pp. 87-109.
  • The Chronicle of Teophanes Confessor, Byzantine and Near Eastern History AD 284-813, ed. C. Mango y R. Scott, 2006.
  • Treadgold, W. (1982) = Byzantine state finances in the eight and ninth centuries, Nueva York.
  • —————– (1988) = The byzantine revival  780-842, Stanford.
  • La vie de S. Philarète, ed. y trad. de M.-H. Fourmy y M. Leroy, Byzantion 9 (1934), pp. 85-170.
  • Zapata, R. (2006) = Italia bizantina. Historia de la segunda dominación bizantina en Italia (867-1071), Madrid.

 

Enlaces de interés

Biografía del emperador Constantino V

 
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Nicéforo I (802-811) el emperador reformador
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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

  • Lopekan dice:

    “El que trae la Victoria” ¿verdad?

    • Roberto dice:

      Efectivamente, Enrique, el portador de la victoria. Un nombre relativamente frecuente en el repertorio prosopográfico bizantino. En el momento histórico en el que se sitúa esta entrada los apellidos distintivos comienzan a aparecer en las fuentes. Y con ellos los nombres preferidos por cada linaje, que se repiten una y otra vez con un salto de una generación por medio. Así es muy frecuente ver a abuelos y nietos compartiendo el mismo nombre, el del abuelo paterno para el primogénito, el del materno para el segundo y en caso de más hijos atención a otras alianzas familiares. Por poner algunos ejemplos Bardas, León o Nicéforo son habituales entre los Focas; Romano y Bardas entre los Escleros; Constantino, Miguel o Andrónico entre los Ducas; Teofilacto en la familia de los Lecapenos; Romano y Juan para los Curcuas; Adriano y Constantino para los Dalasenos (como vimos en la entrada dedicada a Damián); Manuel, Isaac o Juan entre los Comnenos; o nombres de frecuencia muy rara que permiten asignar de forma casi segura a un individuo a una familia determinada, tal es el caso de Ulpiano, documentado en el seno de la familia Marulés, etc, etc. Podría seguir dando ejemplos pero con esto queda clara la idea.
      Un saludo y gracias por participar

  • Juan dice:

    Es una crónica impresionante sobre este emperador y la caída de Irene siempre me ha intrigrado esa emperatriz.

    • Roberto dice:

      Gracias Juan. El reinado de Nicéforo fue breve pero intenso y la figura de Irene siempre ha despertado gran interés. Una mujer que se arroga el derecho a gobernar en un terreno vedado tradicionalmente a las de su sexo, una tragedia familiar, la lucha despiadada entre sus convicciones iconófilas y la sumisión a la Iconoclasia que debió mantener para contentar a su suegro, la pugna por mantenerse en el poder manejándose entre sus favoritos y controlando las acciones del ejército, etc. etc. etc., ¿cómo no habría de resultar interesante?

      Un saludo y gracias por participar. Espero que también encuentres de interés otros contenidos en Desde las Blaquernas🙂

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