Familia imperial de Constantino IV y Justiniano II

 

En esta entrada que inicia la serie sobre los emperadores de Bizancio conoceremos la singular biografía de Justiniano II Rinotmeto (685-695/705-711). El último representante de la familia de Heraclio vivió una vida dramática marcada por los cambios de fortuna. Convertido en emperador a los dieciseis años, fue depuesto en una revuelta y mutilado. Exiliado en la lejana Crimea regresó para cobrarse su venganza diez años después. Esta biografía que hoy te presento en Desde las Blaquernas está compuesta por dos artículos. En el primero trataremos el período 669-695 y en el segundo los años del exilio y el segundo reinado. Y como complemento al relato histórico analizaremos una aproximación literaria a la vida de nuestro protagonista con la novela Justinian de H. Turtledove el singular escritor de historia alternativa que en este caso publica bajo el seudónimo de H.N. Turteltaub. Espero que te guste…

 

Justiniano II Rinotmeto, el hombre de la nariz cortada

 

Muchas entre las vidas de los emperadores de Bizancio merecen ser recordadas como singulares, pero pocas con el dramatismo y los violentos cambios de fortuna que conoció Justiniano II. Conocido por la posteridad por el apodo de rinotmeto, nariz cortada, fue el último representante de la dinastía nacida con Heraclio. Al igual que su padre Constantino IV Pogonato  (668-685), Justiniano subió al trono siendo apenas un adolescente. Después de diez años de un intenso reinado fue depuesto, mutilado y enviado al exilio durante diez años en la lejana Querson. La historia experimenta un dramático giro cuando el depuesto soberano consigue la ayuda del Kan de los jázaros, consigue escapar de su prisión y recibe la mano de la hija de su benefactor. A la cabeza de un ejército Justiniano regresa victorioso a tierras del Imperio y recobra el trono para gobernar en un segundo período tormentoso marcado por una política implacable hacia sus enemigos. El fracaso de una expedición a Crimea provoca una nueva sublevación militar que esta vez acabará con su vida y con la de su hijo y heredero Tiberio. Con la muerte de ambos se extingue la dinastía de los Heráclidas.

En una época de la historia bizantina tan desprovista de documentos como es el período de los siglos VII al IX los retazos conservados nos dejan ver un relato apasionante que merece la pena ser conocido, la biografía de un hombre apasionado, temperamental y en ocasiones cruel, pero también orgulloso, valiente y decidido a sobreponerse a cualquier adversidad. Son las luces y sombras de la vida del emperador Justiniano II Rinotmeto.

Moneda de Constante II y Constantino IV

Nomisma de Constantino IV

EL padre de Justiniano, Constantino, cuarto de su nombre, fue apodado por sus contemporáneos pogonato, el barbado, aunque en el momento de su accesión al trono apenas tenía dieciseis años. Su padre Constante II/Constantino III acababa de ser asesinado en la lejana Siracusa y como él heredó el deseo de emular los logros de sus antecesores. Cuando en 669 la emperatriz Anastasia dio a luz a su primer hijo el joven emperador renunció a la costumbre familiar de nombrar a sus primogénitos Constantino o Heraclio y lo llamó Justiniano. Esa elección pesó grandemente durante toda su vida en el futuro emperador que se mostró siempre orgulloso de su nombre e intentó por todos los medios honrarlo con sus actos.

Muchas cosas habían pasado en el mundo desde los tiempos del primer Justiniano. El principal cambio político en la región fue la irrupción de los árabes en la escena políticaMuralla marina de Constantinopla en 674 durante el reinado de Heraclio, el fundador de la dinastía y tatarabuelo de Justiniano. Debilitado tras una guerra atroz con Persia, Bizancio fue incapaz de reaccionar y perdió una tras otra Tierra Santa, Siria y Egipto mientras que Asia Menor, el corazón del Imperio, fue devastada en campañas anuales que llevaron a los ejércitos árabes hasta las puertas de Constantinopla. El propio Justiniano fue testigo del primer asedio de la ciudad en su niñez, y aunque Constantino IV fue capaz de anular ese primer intento la amenaza árabe se convirtió en una constante de la política exterior durante los siglos siguientes. Para agravar la situación los territorios imperiales en los Balcanes se vieron invadidos en esos mismos años por las tribus esclavinias a pesar de los esfuerzos de Constante II y sus sucesores por contener la amenaza. La escasez de la documentación conservada sólo deja ver retazos de una situación de la mayor gravedad para el Imperio.

En el resto de los territorios gobernados por Constantinopla la situación era igualmente desesperada. En Italia las tierras del Exarcado retrocedían ante la ofensiva del reino lombardo y la inestabilidad en las ciudades italianas. Todavía peor era la situación en África, tras la renovación de los ataques árabes sobre Cartago. A pesar de la concurrencia de intereses con las tribus berberiscas que retrasó el avance de los ejércitos árabes la dominación bizantina en África concluyó en 698, todavía en vida de Justiniano.

El primer problema con que nos encontramos a la hora de conocer su reinado es la naturaleza de las fuentes conservadas. Aunque fue el siglo VII una época poco favorable para el cultivo de las letras es conocida la existencia de historiadores, como Trajano el patricio, mencionado por el lexicógrafo Suidas como floreciente en tiempos de Justiniano Rinotmeto. Pero esta y cualquier otra obra contemporánea han desaparecido. Los primeros relatos conservados son las crónicas de Nicéforo el patriarca y Teófanes el confesor, ambas datadas en el cambio entre el siglo VIII y el IX. Ambos autores utilizaron fuentes anteriores y su interpretación del reinado de Justiniano II ha modelado decisivamente la imagen posterior del monarca como un tirano despiadado obsesionado por la venganza. Sea ajustado a la realidad o no no contamos con otros documentos alternativos.

Constantino IV y Justiniano II en San Demetrio

Retrato de la familia imperial de Constantino IV en San Demetrio de Tesalónica. Justiniano es el joven representado en el extremo izquierdo

Justiniano, hijo primogénito del emperador Constantino IV Pogonato y de la emperatriz Anastasia, nació en 669, probablemente en la capital. Ese nacimiento fue seguido por el de su hermano Heraclio pocos años después, el único hermano atestiguado. Muy próximos a ellos estuvieron siempre Heraclio y Tiberio, hermanos de Constantino IV, y pocos años mayores que sus sobrinos. Ambos gozaban del rango de coemperadores y fueron estrictamente observados por su hermano, muy celoso de su propia autoridad.

Haz click en la imagen inferior para ver una galería de retratos de Justiniano II durante su primer reinado

Tras conocer la muerte de su padre en Siracusa el 15 de septiembre de 668, víctima de una conspiración palaciega, el joven Constantino decidió devolver a Constantinopla la sede del Imperio. La excelente localización de la capital y sus sobresalientes defensas la convertían en prácticamente inconquistable y sin embargo fue en esos años cuando los árabes hicieron su primera tentativa para apoderarse de ella. Fue durante la infancia de Justiniano II cuando el Imperio se vio sometido a duras pruebas que comprometieron su propia existencia. En la primavera de 674 dio comienzo el primer asedio de Constantinopla por los ejércitos del califa Muawiya. Durante cuatro años cada primavera y verano se sucedieron varias batallas navales en las que los barcos bizantinos armados con el fuego griego inventado por el ingeniero sirio Calínico tuvieron un papel fundamental. Es muy probable que el niño Justiniano contemplase esos combates desde las murallas.

Calínico, ingeniero sirio inventor del fuego griego

Fuego griego en el asedio de 674-678

Sólo tras muchas derrotas Muawiya se resignó a una paz humillante en 678, bajo términos por los que aceptó enviar al emperador tres mil monedas de oro, cincuenta esclavos y cincuenta caballos cada año durante treinta. Este importantísimo éxito de política exterior se vio oscurecido por la aparición en los territorios europeos de los búlgaros y la gran derrota sufrida por el emperador en 680. Una derrota que obligó a aceptar la presencia definitiva de los recién llegados y a pagar un subsidio para limitar su presencia a los territorios ya perdidos.

En el ámbito doméstico la tensión latente entre el emperador y sus hermanos estalló por fin. Cuando el joven Justiniano tenía doce años su padre desposeyó repentinamente a sus hermanos de sus títulos imperiales. Esta decisión provocó una revuelta de las tropas en Anatolia. Sus jefes argumentaron que al igual que la Santísima Trinidad reinaba en los Cielos su reflejo en la tierra debía ser la perfecta armonía entre los tres hermanos. El emperador aceptó entrevistarse con los cabecillas de la revuelta después de lo cual los sentenció a muerte. A sus hermanos les reservó la rinocopia, la mutilación nasal para deslegitimarlos en sus aspiraciones de acuerdo con la tradicional concepción de que un candidato al trono debía estar libre de cualquier tara o defecto físico.

Aunque no hay constatación escrita de que Constantino asociase a su hijo al trono después de desembarazarse de sus hermanos se conserva un testimonio de los pasos sucesivos para situar a Justiniano como su sucesor. En la biografía correspondiente a Benedicto II (684-685) del Liber Pontificalis podemos leer la noticia del envío de una muestra de los cabellos de los hijos del emperador en el año 684 como señal de su adopción espiritual por el papa, presagio de la investidura terrenal:

Recibió dos órdenes del gran y clemente emperador Constantino al clero venerable, pueblo y venturoso ejército de Roma en las que el emperador concedió que aquel elegido para la sede apostólica fuese ordenado pontífice de inmediato y sin retraso. Al igual que el clero y el ejército recibió mechones del pelo del señor Justiniano y de Heraclio, los hijos del clemente emperador, y también una orden en la que les comunicaba el envío del cabelloLiber Pontificalis, Benedicto el Joven, 3

Esta mención de Heraclio es la última que se conserva de él, por lo que cabe suponer que debió fallecer poco tiempo después. Al año siguiente en julio de 685 el emperador Constantino falleció inesperadamente a los treinta y tres años víctima de la disentería. Su hijo Justiniano se convirtió entonces en único emperador. Tenía dieciséis años.

¿Cómo era ese joven recién convertido en el soberano del imperio más poderoso del mundo de la época?

Las monedas que se han conservado de sus primeros años muestran a un joven de rasgos afilados y cabellos rizados y rubios que seguramente había heredado de sus antepaJustiniano II Rinotmeto al inicio de su reinadosados. Al año de su llegada al trono se muestra ya con una tímida barba para marcar su paso a la vida adulta. En lo que respecta a los rasgos de su carácter las evidencias conservadas muestran a un joven de acusada voluntad, inteligencia y gran interés por los asuntos de gobierno a pesar de sus pocos años, característica que compartió con su padre y su abuelo. Aficionado a la construcción y la teología, por encima de todo ansiaba ganar gloria como guerrero para seguir el ejemplo del fundador de la dinastía.

La costumbre y la necesidad de Estado requerían que el emperador tuviese una emperatriz. Muy probablemente el primer enlace de Justiniano II tuvo lugar en los primeros momentos de su reinado. La elegida se llamaba Eudocia y lo poco que sabemos de ella es que dio a luz a una niña y que murió bastante joven y fue enterrada en los Santos Apóstoles. Las fechas no son conocidas pero con toda probabilidad ocurrió durante el primer período de gobierno. Menos se sabe todavía de su hija, ni siquiera su nombre. El único dato preservado es que su padre en un momento posterior consideró casarla con el kan de los Búlgaros pero no hay constancia de que tal enlace tuviese lugar alguna vez.

 

La política exterior de Justiniano II Rinotmeto

 

Desde el comienzo de su reinado Justiniano II se mostró muy activo en cuestiones de política exterior y sus actividades fueron consignadas atentamente por Nicéforo y Teófanes para mostrar el alcance de su ambición. En el año 685 las mayores preocupaciones para el Imperio eran hacer frente a la amenaza árabe y detener la ocupación de los Balcanes por los esclavinios. Tras la tregua acordada con el califato omeya la situación en Oriente parecía estabilizada aunque las condiciones habían cambiado desde que se firmase en 678. El viejo Muawiya, el compañero de Mahoma, había muerto cinco años antes y su sucesor Abd al-Malik tenía que enfrentarse a mucha resistencia contra su gobierno. En tales condiciones una política agresiva tendría las mayores posibilidades de tener éxito y sin duda los consejeros del emperador se inclinaron por tal opción. Nada deseaba más el ardiente Justiniano para pasar a la acción.

En los Balcanes, la situación era mucho menos prometedora. En 680 el emperador Constantino IV se había puesto en marchaKan Asparuj recibe la sumisión de los romanos para expulsar a las tribus esclavinias más allá del Danubio y erradicar la amenaza de una vez por todas en los territorios europeos del imperio. Tras cruzar el río los búlgaros renunciaron a luchar y tras cuatro días sin que nada sucediese repentinamente el emperador anunció su marcha para tomar las aguas y tratar así la gota que padecía. La retirada del emperador fue mal interpretada por el ejército y tomada como una señal ominosa. La disciplina se resintió y al extenderse la confusión entre las filas el ejército comenzó a deshacerse. Al conocer las noticias los búlgaros reunieron sus fuerzas y cayeron sobre un ejército romano en descomposición. La aplastante derrota imperial selló la permanencia de los esclavinios dentro del Imperio y obligó a Constantino a destinar a los recién llegados buena parte de los subsidios que habían recibido de los árabes tras 678. No es extraño, pues, que Justiniano quisiese remediar la situación y componer aquello en lo que su padre había fallado.

Mientras tanto en el Este Justiniano se decidió a actuar para aprovechar el delicado momento por el que pasaba la autoridad de Abd al-Malik, Para ello ordenó a Leoncio, estratego del thema de los Anatólicos que preparase la invasión. El general escogido era un militar que había servido con su padre. Leoncio pasó con sus tropas al interior de Armenia y ganó un botín considerable aunque no fue capaz de impedir que los árabes tomasen dos fortalezas fronterizas como venganza. Enfrentado a reveses simultáneos también en África y Siria Abd al-Malik pidió la paz en 688/89.

Las cláusulas del tratado se conservan en las fuentes bizantinas y árabes y representaron una clara ganancia para el Imperio:

  • Se incrementó el tributo  en mil piezas de oro, un caballo y un esclavo pagaderos cada viernes.
  • Con respecto a los territorios disputados en Chipre, Armenia e Iberia se decidió que fuesen organizados en un condominio en el que ambos estados compartiesen las rentas (tal acuerdo se mantuvo en Chipre al menos durante doscientos sesenta años).
  • Los mardaítas, una tribu de montañeros asentada en la frontera árabo-bizantina en la zona del Líbano, fueron reasentados dentro del Imperio. Esos montañeses habían sido útiles aliados de Justiniano y una gran preocupación para los árabes. Doce mil de ellos pasaron ahora la frontera para gran queja de los historiadores.

En ese año Abimelek (Abd al-Malik) envió emisarios a Justiniano para ratificar la paz y fue acordada en estos términos: que el emperador trasladaría a la gente de los mardaítas desde el Líbano y prohibiría sus incursiones; que Abimelek entregaría a los romanos cada día mil piezas de oro, un caballo y un esclavo; y que compartirían en partes iguales las rentas de Chipre, Armenia e Iberia. El emperador envió al magistriano Pablo ante Abimelek para ratificar el acuerdo, y se redactó un documento por escrito ante testigos. Después de ser recompensado el magistriano regresó. El emperador dio órdenes de recibir a los mardaítas, doce mil de ellos y por eso perjudicó al estado romano, por que todas las ciudades a lo largo de la frontera que ahora habitan los árabes, desde Mopsuestia hasta Armenia Cuarta estaban entonces debilitadas a causa de los asaltos de los mardaítas. Desde que fueron sometidos la tierra romana ha sufrido terribles males a manos de los árabes hasta el día de hoyTeófanes, Cronografía, AM 6178, AD 685/686, 363

Justiniano dividió a los mardaítas en varios grupos, los asignó a distritos navales y asentó algunos en Nicópolis de Epiro y el Peloponeso y a otros en Cefalonia y Pamfilia en Asia Menor.  A pesar de las críticas a su política los mardaítas siguieron siendo un valioso elemento de defensa en la frontera durante siglos sucesivos. No todos los mardaítas abandonaron su tierra natal,  los historiadores árabes informan que muchos continuaron en sus refugios montañosos en el Líbano y siguieron siendo un grave problema de seguridad para el califato durante mucho tiempo.

Animado por este indudable éxito el joven emperador volvió su mirada a Occidente. Poco después de la firma del tratado con Abd al-Malik, en la primavera o verano de 688, Justiniano rehusó pagar el subsidio anual a los búlgaros y pasó la frontera al mando de la caballería para restablecer la autoridad imperial en la región de Tesalónica. De esa campaña no se conservan testimonios de ningún encuentro armado concreto pero sí del gran número de prisioneros eslavos conducidos por el emperador hasta Tesalónica.Entrada triunfal de Justiniano II Rinotmeto en Tesalónica

La ciudad había pasado largos decenios rodeada por olas sucesivas de invasores que habían convertido Tracia en tierra extraña para los súbditos del imperio. Con toda seguridad la población recibió con entusiasmo al joven de diecinueve años que ocupaba ahora el trono, al liberador de un cerco secular. En su memoria se pintó un fresco en el muro de la iglesia de San Demetrio, una imagen de un emperador barbado que entra en la ciudad montado en un caballo blanco. Los restos de esta obra han sido considerados por muchos especialistas en arte como una conmemoración de esa efemérides. Que la vinculación emocional de la ciudad con su salvador persistió en el tiempo lo muestra una inscripción del siglo XIV o XV en la que se pide la intercesión del santo Demetrio en nombre de Justiniano, su fiel sirviente y emperador de los romanos. Habida cuenta de que Justiniano I nunca estuvo implicado en una guerra en la región esa inscripción sólo puede hacer referencia al segundo de su nombre. Un último testimonio asocia el nombre del emperador a la ciudad. Se conserva en un mármol el texto de un edicto por el que el emperador Justiniano II da gracias al santo por sus recientes victorias y otorga a su iglesia el privilegio de una haliké. Hay controversia acerca del significado del término: un establecimiento de venta de sal gestionado por el estado cuyos beneficios revirtieran a la iglesia de San Demetrio o  una salina en las afueras de la ciudad liberada de tasas para el clero de la iglesia.

El texto es también revelador del tono de autoridad adoptado por el nuevo emperador:

El señor de todo el Universo, Flavio Justiniano, el coronado por Dios y emperador pacificador, el autócrata pacificador y benefactor, el emperador fiel a Jesucristo nuestro Señor. Estamos convencidos de que Dios que nos ha coronado es siempre el campeón benevolente de nuestra piedad y nos otorga victorias abundantes. Hemos venido a esta ciudad de Tesalónica para auxiliar a Dios que nos ha coronado. Hemos tenido la asistencia del santo mártir Demetrio en las guerras que hemos conducido contra sus enemigos que son los nuestros

Tras los recientes éxitos el emperador se sintió confiado en que la estabilidad de Tracia le permitiría dar el siguiente paso, el traslado de miles de esclavinios a Asia Menor. Los deportados eran en su mayor parte prisioneros de guerra y sus familias, aunque cuando se conocieron las intenciones del emperador de fundar una colonia militar esclavinia en Bitinia muchos voluntarios se ofrecieron para participar en la empresa atraídos por la promesa de tierras y los gajes del servicio en el ejército regular.

Como había demostrado anteriormente con los mardaítas, el emperador Justiniano era partidario de las migraciones de población como solución política a los problemas estratégicos del Imperio. En este caso se cree que al menos cien mil esclavinios fueron trasladados a Asia Menor y con ellos se alistó un ejército de treinta mil hombres al que se llamó el pueblo elegido (Teófanes ad.  AM 6184, AD 691/2, 366). Tal traslado de población alivió la presión sobre las comunidades nativas en Tracia y proporcionó en sus nuevos asentamientos de Asia Menor los contingentes humanos tan necesitados para reforzar la defensa de la frontera. La organización de la colonia en el thema de Opsicio (el nombre oficial de Bitinia en aquel tiempo) fue confiada al patricio Nébulos.

La defección de este cuerpo en la siguiente guerra con los árabes sirvió para una nueva invectiva de Teófanes contra el emperador al que acusó de provocar su exterminio y el de sus familias como venganza por la derrota, lo que parece falso a la vista de los testimonios de Nicéforo y de Miguel el Sirio y algunos hallazgos sigilográficos han apoyado esta última postura. Otro elemento más para la leyenda negra de Justiniano II.

La paz en el Este se rompió bruscamente en 692. Los árabes denunciaron que el emperador había roto el tratado y declararon una guerra que culminaría en la batalla de Sebastópolis. La pobreza de las fuentes nos impide conocer el detalle del proceso y los historiadores se contentan con acusar a Justiniano de orgullo al confiar en exceso en sus mercenarios esclavinios, actuar con locura irracional al querer reasentar a un número de chipriotas en una nueva colonia de Asia Menor y declararse ofendido por la reforma monetaria del califa Abd al-Malik.

Estas cuestiones pueden ser consideradas en más detalle:

  • El traslado de los chipriotas es un hecho comprobado y registrado en el canon 39 del Concilio QuiniSexto. En ese documento se justifica el movimiento de población a causa de los ataques bárbaros y para liberarlos de la esclavitud de los gentiles. En esa misma época se sabe que Juan, metropolita de Chipre, visitó Constantinopla para tratar la cuestión con el emperador. La zona escogida para recibir a los chipriotas fue Cízico en el Helesponto, que había sufrido mucho durante el asedio de Constantinopla en tiempos de su padre.
  • El emperador tomó mucho interés en la nueva colonia hasta el punto de otorgarle el nombre de Nueva Justinianópolis y durante el concilio QuiniSexto se preocupó de que se le otorgasen especiales privilegios eclesiásticos. Para los árabes, sin embargo, tal decisión fue una flagrante violación del tratado porque la retirada de los súbditos sujetos a impuestos disminuía la parte que el califa esperaba recaudar allí. La indignación de Abd al-Malik se vio reforzada por el hecho de que la oposición interna a su reinado había sido aniquilada. Más seguro que años antes, el califa no se sintió obligado a llegar a un acuerdo con el emperador. Los historiadores bizantinos que acusan a Justiniano II de provocar la guerra omiten el hecho cierto de que fueron las tropas árabes las  que tomaron la ofensiva al invadir la frontera bizantina.

La segunda causa para Teófanes fue la reforma monetaria de Abd al-Malik. Hasta su reinado el califato no había acuñado monedas de oro sino que había usado los nomismata bizantinos. En consecuencia el tributo pagado a Constantinopla lo era en su propia moneda. En algún momento del reinado de Abd al-Malik las cecas comenzaron a acuñar su propia moneda de oro con el retrato del califa en lugar de el del emperador. Según el testimonio de Teófanes el emperador reaccionó airadamente y no aceptó el pago en oro nuevo, lo que produjo una escalada en el conflicto diplomático que derivó en guerra abierta.Moneda del califa Abd al-Malik

Esta cuestión ha sido largamente debatida por los historiadores. En este punto se puede decir lo siguiente:

  • Que la reforma monetaria de Abd al-Malik se sitúa probablemente hacia 695 según fuentes árabes. Esta es una fecha posterior a los acontecimientos, aunque algunos prototipos pudiesen haber sido acuñados antes. En cualquier caso no podrían haber tenido relevancia en 692.
  • En relación a las diferencias entre ambos estados el cronista del siglo IX al-Baladhuri relata que la reforma monetaria de Abd al-Malik fue precedida por otra que afectaba al papiro. Bajo su administración el papiro que se exportaba a Bizancio empezó a marcarse con inscripciones religiosas. Desde la conquista de Egipto Bizancio había dependido de las importaciones para satisfacer sus necesidades de este producto. Según al-Baladhuri Justiniano II protestó airadamente y amenazó al califa con incluir una inscripción insultante para Mahoma en sus monedas si no se detenía la inclusión de textos religiosos en las piezas de exportación.
  • En una fecha muy próxima al estallido del conflicto comenzó la acuñación de monedas con la efigie de Cristo. Es muy probable que esta fue la causa de una airada protesta árabe y no viceversa. Como represalia, tras el conflicto el califa ordenó el abandono de la moneda bizantina reemplazándola con sus propias monedas.

Sea cual fuese la causa o causas reales, en 692 las tropas árabes invadieron territorio romano. Con ellas llevaban una copia del tratado de 688 en la punta de una lanza como denuncia del comportamiento del emperador. Los ejércitos se encontraron en Sebastópolis, localidad de Armenia Segunda al noroeste de Sebastia y la batalla que tuvo lugar allí fue un desastre para las armas romanas. Los mercenarios esclavinios del emperador fueron sobornados y desertaron en masa. Aunque de este fracaso no derivasen serias pérdidas territoriales las consecuencias de la batalla se hicieron sentir durante el resto del primer gobierno de Justiniano.

Batalla entre romanos y búlgaros

Una derrota provoca inestabilidad y anima a los más osados a probar fortuna. El primer rebelde fue el patricio de Armenia Sabacio (Sempad VI Bagratuni). Su revuelta permitió a los árabes ganar tierras en la parte sur de Armenia. Durante el resto del primer reinado  y el de sus sucesores las algareros árabes continuaron penetrando en territorio bizantino y agravaron con ello el problema de la defensa del Imperio.

Mientras tanto en Chipre al menos la situación terminó siendo más favorable a la causa bizantina. Aunque no se conoce la fecha exacta el condominio fue restablecido poco después y continuó asegurando el gobierno de la isla durante siglos. Por su parte los colonos chipriotas de Nueva Justinianópolis fueron devueltos a su hogar por el emperador Tiberio Apsimar alrededor de 699. Aunque la colonia fue abandonada es significativo que el metropolita de Chipre retuvo el título de arzobispo de Nueva Justiniana y todo Chipre y conservó para la posteridad el recuerdo del empeño del joven emperador.

La organización administrativa del Imperio siguió su evolución durante el reinado de Justiniano II. El texto de la Iussio del 17 de febrero de 687 nos permite conocer una lista de altos oficiales al mando de los grandes distritos militares. Según este documento fundamental, que nos ha sido transmitido en una deficiente traducción latina, los themas activos en ese tiempo eran el Opsicio (imperiale Obsequium), los Anatólicos (exercitus orientalis), Tracia (exercitus thracianus), Armeníacos (exercitus Armenianus) el exarcado de Rávena (exercitus Italiae), el thema naval de los Carabisianos (Carabisiani) y los Septensiani (seu de Sardinia atque de Africano exercitu en el texto original). A esta lista cabe añadir al estratego de Sicilia, primeramente mencionado en relación al conflicto entre Justiniano y Rávena (que abordaremos en la segunda entrada de la biografía). A partir de las evidencias sigilográficas y el estudio de los textos Oikonomidès ha propuesto una fecha anterior a 700 para la creación del puesto, probablemente posterior al conflicto con el papa Sergio en 692. En lo que respecta a los Septensiani la causa del traslado del mando de Cartago a Ceuta (Septem) y después a Cerdeña está en la amenaza árabe directamente dirigida contra el exarcado africano en estos años.

 

Actividades edilicias y producción numismática

 

Aunque las empresas militares del emperador se mostraron al fin desafortunadas tuvo más éxito en otras facetas. Como hombre sensible al arte emprendió un extenso programa de edificaciones del que apenas quedan recuerdos, a diferencia del emprendido por su predecesor Justiniano I. Sin embargo las fuentes son unánimes en recordarlo como un activo constructor.

Al comienzo de su reinado el emperador ordenó la construcción de añadidos al Palacio Imperial que revitalizaron la corte como centro de actividad artística. Los principales resultados fueron dos grandes salones de recepción conocidos como el Lausíaco y el Triclinio. El primero parece haber servido como conexión entre el salón del trono y la zona de Dafne. El Triclinio por su parte proporcionó una zona de paso al Hipódromo. En tiempos de Constantino VII (913-959), cuando se compiló el Libro de las Ceremonias, esas estructuras seguían existiendo y los moradores del Palacio acostumbraban a llamar Justiniano al Triclinio en recuerdo de su constructor (de caerim. i, 286).

Lausíaco y Justinianos en el Palacio Imperial

Ubicación hipotética de los salones Lausíaco y Justiniano en el Palacio Imperial a partir del plano de Vogt

Teófanes registra también la decisión del emperador de construir una fuente y unas filas de asientos en un área palaciega donde el emperador deseaba recibir a la facción de los Azules. Una pequeña capilla dedicada a la Madre de Dios erigida en la zona dificultaba las obras. El emperador, muy piadosamente, decidió que no podía destruir la capilla a menos que fuese desecrada. Su decisión provocó una enérgica protesta del patriarca Calínico al que Justiniano había pedido tal favor. Al fin el patriarca tuvo que plegarse y pronunció una improvisada oración ante la capilla mostrando claramente su reprobación de todo el asunto. Gloria a Dios, que lo sufre todo, ahora, por siempre y para siempre. ¡Amen!

Entre los planes de Justiniano para embellecer la capital se cuentan también las seis placas doradas con las que decoró el Milion, el monumento que registraba el punto desde el que se medían todas las distancias en el Imperio. Esas placas representaban los seis concilios ecuménicos y fueron consideradas unas de las joyas de la ciudad hasta su destrucción por orden de Constantino V en el siglo siguiente.

La numismática es otro de los apartados en los que el impulso de Justiniano se mostró sobresaliente. Los expertos juzgan las monedas de su reinado de una calidad artística superior a la del resto de la dinastía. Además el emperador mostró originalidad en los diseños aprobados. Su padre acostumbraba a mostrarse con vestiduras militares en poses copiadas del modelo de Justiniano I. Su hijo se inclinó por las vestiduras civiles. En varias de las monedas de su primer período se muestra vestido con un divisition (túnica) y una clámide abrochada en el hombre derecho con una fíbula con tres joyas colgantes. En otras series el emperador abandonó la costumbre de mostrar sólo su cabeza y hombros y aparece de cuerpo entero vestido con el loros o manto ceremonial y blandiendo una gran cruz.Nomisma de Justiniano II Rinotmeto con la efigie de Cristo

Pero la innovación más llamativa del reino de Justiniano II Rinotmeto fue la introducción en las monedas de la efigie de Cristo, lo que tuvo larga repercusión tanto en Bizancio como en el Occidente cristiano. Esta decisión provocó que el retrato del emperador por primera vez pasase al reverso de la moneda. Es posible pensar en la concepción subyacente: Cristo y el emperador, dos caras de un todo, remarcando el papel del soberano como representante terrenal del Señor de los Cielos. Para reforzar esta noción sobre la cabeza de Cristo aparece la leyenda Rex Regnantium (Rey de los que reinan), mientras que sobre el retrato del emperador está inscrita la frase D. Justinianus servus christi (Señor Justiniano, esclavo de Cristo). Las monedas eran útiles transmisoras de la propaganda imperial y el mensaje que trasmiten sitúa al emperador como diputado de Cristo y defensor de la ortodoxia. Con su acendrada preocupación por promover la obra de la Iglesia Justiniano se mostró como un verdadero hijo de su tiempo.

 

Justiniano II Rinotmeto y la religión

 

Al igual que sus antecesores el joven Justiniano tuvo un vivísimo interés por los asuntos religiosos pero, a diferencia de algunos de ellos, escogió la vía de la ortodoxia, lo que le llevó a tomar medidas contra algunos de los grupos religiosos opositores más activos de su tiempo, los monotelitas y los paulicianos e incluso le decidiría a intentar arrestar al propio papa de Roma.

EL monotelismo había sido una invención del fundador de la dinastía. La intención de Heraclio no era difundir una herejía y su sugestión de que Jesucristo poseía sólo una voluntad divina y no humana fue un intento de acabar con la añeja herejía monofisita. Era propio del carácter bizantino implicarse en cuestiones teológicas hasta un grado que hoy parecería inconcebible a un profano y que sin embargo puede ser explicado por la presencia del hecho religioso como elemento integrante y definidor de la realidad cotidiana para el individuo.

El concepto de una sola voluntad provocó tales disputas que el emperador Constante prohibió por decreto cualquier discusión sobre el tema. Este intento demostró ser un fracaso. Aunque Constante parece haberse preocupado menos que otros soberanos por la controversia religiosa su carácter dominante no sufría la desobediencia a su voluntad. En consecuencia persiguió a  algunos de los portavoces del punto de vista ortodoxo entre los cuales el principal fue el papa Martín, muerto en el exilio de Querson en 655. A pesar de ello la continuación de las disputas hizo necesario la convocatoria del Sexto Concilio Ecuménico en 680 en el que la ortodoxia fue finalmente establecida y la creencia monotelita denunciada.

A comienzos del reinado de Justiniano II (probablemente 686 o 687) el emperador convocó un sínodo de obispos y otros dignatarios para confirmar lo tratado en el concilio celebrado por su padre y hacer pública su posición contra el monotelismo. Probablemente también otra razón era permitir al recién restaurado patriarca de Constantinopla Teodoro, antiguo monotelita, la posibilidad de reconocer públicamente su regreso a la ortodoxia. El 17 de febrero de 687 Justiniano envió una Iussio (orden) al papa para informarle del sínodo. Este documento es uno de los pocos testimonios directos de la acción gubernativa de Justiniano II que han sobrevivido y por ello ofrece un particular interés.

Palacio en mosaico de San Apolinar el Nuevo

El emperador se dirige al papa universal como muy sagrado y bendito padre y se declara como campeón de la ortodoxia en armonía con el papado. Desgraciadamente este documento sólo ha sobrevivido en una deficiente traducción latina y el contenido es objeto de interpretaciones. El emperador informa al papa de su desagrado al conocer la desaparición de los originales de las actas del Sexto Concilio que se guardaban en palacio y su manejo por individuos desconocidos. Tras ser devueltas Justiniano expresa su temor de que los monotelitas hayan tenido acceso a ellas para falsear los textos en su favor. Es por eso que para asegurar la correcta transmisión de las actas ha convocado a un sínodo a los oficiales de la corte y a miembros de la Iglesia para que fuesen leídas y firmadas por los dignatarios presentes, entre los que se encontraba un apocrisiario (legado papal). Las Actas fueron entregadas después a Justiniano que se comprometió a preservarlas para que no haya oportunidad para aquellos que no desean temer a Dios de corromperlas o cambiar algo en ellas en cualquier momento que les plazca.

La situación había cambiado entre tanto en Roma. El papa Juan V, a quien el emperador había dirigido su comunicación, había muerto en agosto de 686, medio año antes de que la iussio fuese redactada. Tal era la lentitud de las comunicaciones entre Roma y Constantinopla en esa época, lo que sin duda dificultaba una efectiva relación. Cuando la orden alcanzó Roma el nuevo papa era Conón. La recepción del documento fue positiva y la decisión de conservar las Actas del Sexto Concilio compatibles con las prerrogativas papales. Las buenas relaciones con el papado se afirmaron en ese mismo año cuando Justiniano II decretó la reducción de impuestos en el patrimonio papal de Brucio y Lucania y la devolución a ese mismo patrimonio de una cantidad de campesinos retenidos en el servicio de la milicia romana.

Mientras las relaciones con Roma parecían atravesar un período de paz el emperador manifestó su defensa de la ortodoxia en otro frente. En algún momento del primer período, alrededor de 690 o quizá antes, el emperador fue informado por el obispo de Colonia de las actividades de la secta dualista de los paulicianos de Armenia. En tiempos de Constantino IV se habían tomado ya medidas para detener la expansión de la herejía pero sus enseñanzas seguían extendiéndose y Justiniano ordenó una investigación. En la persecución que tuvo lugar muchos murieron en el fuego al negarse a abandonar su confesión, entre los que se encontraba su cabecilla, Simeón-Tito.

Por su actitud ante la cuestión monotelita y la herejía pauliciana Justiniano II Rinotmeto mostró su voluntad decidida de defeder la ortodoxia. Este empeño sería llevado más allá con la convocatoria del Concilio QuiniSexto que probaría ser uno de los episodios más problemáticos de su reinado.

 

El Concilio QuiniSexto

 

El propósito del emperador al convocar este concilio era convertirlo en una continuación del Quinto y el Sexto. El primero había sido convocado por Justiniano I en 553 y el segundo por su propio padre. Era pues evidente su intención de continuar la obra de sus ilustres predecesores. El objetivo del nuevo concilio era cubrir las lagunas dejadas por los anteriores. Ambos se habían limitado a cuestiones de doctrina y habían obviado los cánones disciplinarios. Así pues los asistentes reunidos en 691/692 en el Salón abovedado (Trullo) del Palacio Imperial no trataron problemas teológicos sino la promulgación de un conjunto de ciento dos cánones elaborados para elevar los criterios morales y las prácticas ortodoxas del clero y el pueblo laico. Las disposiciones tomadas tratan sobre una amplia variedad de abusos y proporcionan un vivaz cuadro de la historia social del Imperio.

Este es un resumen de algunos de los aspectos más destacados que incluimos aquí por su interés sociológico:

  • Eliminación de prácticas paganas. En esa época pervivían algunos festivales de época precristiana como las Bota (en honor a Pan), las Brumalia (en honor a Baco) y la gran festividad del 1 de marzo que conmemoraba el nuevo año en la antigua Roma. Los padres del Concilio decretaron  que esas celebraciones debían terminar. Las danzas públicas en honor de los dioses paganos en las que los hombres se vestían como mujeres y las mujeres como hombres, el uso de máscaras o la costumbre de invocar a Baco durante la vendimia fueron consideradas como símbolo de paganismo y por tanto execrables. Quien quiera que transgrediera esas normas sería excomulgado si fuese laico o depuesto de su condición si clérigo. En el canon 65 se aplicaban las mismas penas a aquellos que practicasen la vieja costumbre pagana de encender una hoguera y saltar sobre ella para celebrar la luna nueva, con el agravante de las borracheras desordenadas que tenían lugar con frecuencia.
  • Otras prohibiciones incluían los juramentos paganos o el veto para los estudiantes de leyes de llevar vestimentas inadecuadas o asistir a espectáculos teatrales o atléticos (canon 71), adivinadores y horóscopos, venta de amuletos y otras prácticas supersticiosas (canon 61).
  • Prohibición de comer pan no levedado o recibir medicinas de los judíos, bañarse con ellos o tener tratos confidenciales (canon 11).
  • Prohibiciones en materia de adulterio, aborto, violación, prostitución y pornografía.
  • No usar y profanar viejas copias de la Biblia o de los Santos Padres. No cantar en la Iglesia de modo indecoroso. No comer en la Iglesia o vender comida. No introducir animales en una iglesia a menos que fuese una emergencia como buscar refugio de una tormenta.
  • El uso de pelucas y postizos, no sólo por mujeres sino por hombres y clérigos fue condenado también.
  • Cuestiones acerca de las leyes acerca del matrimonio y el celibato.
  • Insistencia en generalizar el cumplimiento de las leyes en todo el Imperio de una serie de prácticas litúrgicas y de adoración conforme a un mayor rigor moral. Prohibición al os clérigos de prestar dinero, tener tabernas y participar en carreras de caballos. Obligación de abandonar las bodas o los juegos antes de que comenzasen. Prohibición de jugar a los dados o participar como actores, bailarines o luchadores con animales en espectáculos teatrales.

Es dudoso que muchas de estas disposiciones fuesen observadas en una ciudad tan amante de los espectáculos. Es posible también que los intentos del emperador por ponerlas en práctica le enemistasen con la población de la capital.

Algunas de las disposiciones apuntaban en particular a las prácticas de la iglesia armenia, como la costumbre de comulgar con vino puro o consumir huevos y queso en sábado de cuaresma o cocinar carne para los clérigos dentro de la iglesia. Indudablemente esas medidas fueron mal acogidas en Armenia y los desórdenes que se produjeron poco después y las pérdidas territoriales ante los árabes tienen relación con su rechazo por parte de la población indígena.

También en las tierras bárbaras del Oeste los cánones del Concilio QuiniSexto encontraron una encendida oposición y un enfrentamiento del emperador con el papa Sergio que abordaremos en el siguiente apartado.

 

El conflicto con el papado

 

Tras la última sesión del Concilio las seis copias de los cánones fueron enviadas a Roma para su firma por el Papa Sergio I. Éste, sirio de nacimiento pero educado en Palermo, había sido elegido en 687 y gozaba de gran popularidad entre los romanos. Cuando Sergio leyó los Tomos no sólo se negó a firmarlos sino que prohibió cualquier lectura pública de los mismos. Entre las razones aducidas por los historiadores para explicar su decisión se cuentan al menos las siguientes:

  • El dudoso status de los legados papales asistentes al Concilio que, según el Liber Pontificalis, no sabían con claridad lo que se estaba firmando.
  • La abrumadora mayoría de eclesiásticos orientales en detrimento de los intereses de la Iglesia Occidental.
  • La oposición de algunos cánones a las prácticas romanas. En particular el 36, que establecía que el patriarca de Constantinopla debería gozar de los mismos derechos que el de Roma en materia eclesiástica y segundo sólo en la jerarquía de los obispos y precediendo a los patriarcados apostólicos de Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Hay que notar, sin embargo, que este canon había sido promulgado anteriormente en el Segundo y Cuarto Concilios.
  • El canon 13 que regulaba el matrimonio para las órdenes menores del clero estaba en contraposición absoluta con la práctica occidental. Según ésta si un hombre se ordenaba como diácono o presbítero debía tomar el voto de celibato y si estaba casado aceptar una separación permanente de su esposa, a diferencia de lo establecido en la práctica oriental.

Otras disposiciones de Occidente fueron rechazadas también: el ayuno en sábado de cuaresma, la prohibición de usar cruces en la decoración de suelos o la de representar a Cristo como Cordero de Dios, en contra de la práctica romana. Sergio I tenía especial preferencia por esta última y fue de hecho el introductor del canto del Agnus Dei en la celebración de la Misa

En consecuencia el Papa Sergio se negó rotundamente a firmar los Tomos y en las negociaciones que siguieron ninguna de las partes cedió un ápice. Finalmente el emperador envió a un representante, el magistriano Sergio, que arrestó  y condujo a Constantinopla a dos aliados del papa, Juan obispo de Porto y Bonifacio, consejero papal. Sin embargo Sergio se mantuvo inflexible en su posición.

La decisión del emperador ante la negativa del papa fue probar el camino de la fuerza. En ello seguía los precedentes de Justiniano I, que había conducido al papa Vigilio a Constantinopla, y su abuelo Constante, que había arrestado y exiliado al papa Martín I. En consecuencia ordenó a un alto oficial de la guardia imperial, el protoespatario Zacarías, dirigirse a Italia para traer consigo al papa.

El plan de Justiniano fracasó por el apoyo popular al papa. Vale la pena conocer lo sucedido a través del animado relato del biógrafo de Sergio:

Entonces él (Justiniano) envió a Zacarías, el feroz protoespatario, con orden de conducir al pontífice a la ciudad imperial. Pero la misericordia de Dios se le anticipó y San Pedro, el apostol y príncipe de los Apóstoles, le apoyó y preservó su Iglesia sin mutilación: los corazones de la milicia de Rávena se decidieron, al igual que los del ducado de la Pentápolis y de todas las regiones vecinas, a no permitir que el pontífice fuese conducido a la ciudad imperial. 8. Cuando una multitud de soldadesca llegó de todas partes Zacarías el espatario se aterrorizó y temiendo su muerte a manos de esa muchedumbre de soldados se apresuró a cerrar las puertas dela ciudad y a retener al pontífice. Pero por miedo se refugió en el dormitorio del Papa, y llorando suplicó al pontífice que tuviese piedad de él y no dejase que le mataran. El ejército de Rávena entró armado en la ciudad por la puerta de San Pedro y una multitud se agolpó ante el Laterano ardiendo en deseo de ver al pontífice porque habían oído el rumor de que había sido llevado a escondidas de noche y subido a un barco. Ya que tanto las puertas inferiores como las superiores del patriarcado estaban cerradas, [los soldados] amenazaron con echarlas abajo si no se abrían de inmediato; entonces totalmente aterrorizado y temiendo por su vida Zacarías el espatario se metió bajo la cama del pontífice, tal fue su desesperación. El bendito papa le confortó y le dijo que no tuviese miedo. El pontífice salió a la basílica que recibe el nombre del señor papa Teodoro; abrió las puertas y sentado en un sitial recibió con honor a los soldados y al pueblo que había llegado para verlo. Con palabras amables calmó los ánimos de todos aunque ellos, llevados por el entusiasmo y por el amor y reverencia por la iglesia de Dios y por el sagrado papa no dejaron de vigilar el Patriarcado hasta expulsar al espatario Zacarías con injurias e insultos. Y en ese mismo tiempo aquel que le había enviado fue privado de su reino como castigo del Señor. Así pues, por el favor de Cristo la Iglesia de Dios y su prelado se mantuvieron sin dañoLiber Pontificalis, Vida de Sergio, 86, 7-9

El desafortunado oficial abandonó la ciudad cubierto de humillación para enfrentarse a la ira de su emperador. Sin embargo antes de que tuviese lugar su llegada un acontecimiento sorprendente había tenido lugar en Constantinopla. La rebelión de Leoncio y el destronamiento y mutilación de Justiniano provocó un giro total en la historia de su reinado.

 

La caída de Justiniano II Rinotmeto

 

Los cronistas del reinado de Justiniano son unánimes al señalar que las medidas de su gobierno que mayor odio provocaron fueron las tomadas por sus ministros. Centrado su interés en cuestiones militares y religiosas el emperador confió a sus subordinados los detalles de la administración financiera y por ello concitaron un odio feroz de la población. Particularmente impopulares fueron Esteban el persa, eunuco, sacelario (guardián del tesoro privado) y Teodoto, un antiguo monje convertido en logoteta general o del Genikon (tesorero imperial). Teófanes y Nicéforo se complacen en recordar alguno de las escandalosas conductas de ambos, como los azotes propinados por Esteban a la madre del emperador por alguna cuestión que no se ha preservado. Aunque ese incidente tuvo lugar en ausencia del emperador, Esteban no perdió su favor con posterioridad.

Ambos ministros eran expertos en encontrar medios para recaudar fondos entre la aristocracia bizantina en una clara política de reducción de su excesivo poder económico. En todos los relatos conservados se hace alusión a la persecución sufrida durante su reinado por los nobles y patricios. Fue finalmente uno de ellos, Leoncio, el que tomó la iniciativa para provocar la caída del emperador.

Aunque el objetivo de la política imperial fuese políticamente conveniente los medios usados provocaron una gran tensión social. El ministro Teodoto en particular recurrió a la tortura en muchas ocasiones y tras la deposición de Justiniano en 695 fueron liberados de las prisiones estatales gran número de reclusos que llevaban retenidos siete u ocho años.

Uno de esos prisioneros era Leoncio, el antiguo estratego de los Anatólicos. Había sido detenido en algún momento posterior a 692, probablemente como represalia por la derrota de Sebastópolis. Durante tres años Leoncio permaneció confinado en el Pretorio, la prisión imperial. Repentinamente en 695 el emperador ordenó su liberación y le nombró estratego del recientemente fundado thema de la Hélade, le proporcionó un contingente de tropas y tres navíos y le ordenó que partiese de inmediato.

Según las crónicas Leoncio aceptó de mala gana su nuevo mando por pensar que le condenaba a la muerte en un destino peligroso. Estaba a punto de partir cuando dos antiguos camaradas se presentaron para visitarle. Dejemos que lo cuente el propio Teófanes:

Ese mismo año Justiniano fue expulsado del trono del siguiente modo. Ordenó al patricio y estratego Esteban, conocido como Rusos, matar al pueblo de Constantinopla comenzando por el patriarca […] Esa noche, mientras [Leoncio] estaba en el puerto de Juliano cerca del barrio de Mauro preparándose para abandonar la ciudad se despidió de los amigos que llegaban para verle. Entre los que se presentaron estaban sus amigos íntimos Pablo, monje del monasterio de Calístrato que también era astrónomo y Gregorio el capadocio, que había sido clisurarca y más tarde monje e higúmeno del monasterio de Floro. Esos hombres lo visitaron con frecuencia en prisión y le aseguraron que se convertiría en emperador de los romanosTeófanes, AM 6187, AD 694/5, 369

La llegada de sus amigos desencadenó un golpe de estado de ejecución asombrosamente simple. Esa misma tarde con los monjes y las tropas confiadas a su mando se presentó en el Pretorio y se identificó como el emperador para que le franqueasen la entrada. Una vez dentro hizo detener al prefecto y liberó a los prisioneros. Todos, por supuesto, se unieron de inmediato a su causa.

La rebelión estalló de inmediato en toda la ciudad y el pueblo acudió en masa a Hagia Sofía. Pronto miles de ciudadanos se agolparon ante sus puertas. Ante ellos el patriarca proclamó emperador a Leoncio anunciando que era voluntad del mismo Dios mientras la multitud rugía pidiendo ¡que le desentierren los huesos! (expresión popular en Constantinopla para desear la ruina de alguien). En este momento contamos con una información aportada por la crónica de Jorge el monje, una obra de mediados del siglo IX que nos informa de que Leoncio el patricio  fue aclamado públicamente basileo de noche por el demo de los Azules.

La visión de los demos como facciones abiertamente rivales representantes de visiones políticas distinta y sirviendo como milicias en la capital debe ser interpretada en este episodio concreto. Los historiadores identifican a los Azules como miembros de la vieja aristocracia terrateniente heredera de las familias senatoriales de siglos atrás. Los Verdes por su parte se reclutaban entre los funcionarios de la corte y los hombres de negocios. De ser así no es extraño que la facción Azul fuese abierta enemiga del emperador.

No se sabe con seguridad las circunstancias de la captura del emperador. En esos momentos de confusión posiblemente la multitud armada forzó la entrada en el Palacio Sagrado, superó la defensa de la guardia y capturó al emperador. A la mañana siguiente la masa de seguidores de Leoncio se reunió en el Hipódromo y Justiniano fue llevado ante ellos junto con Teodoto y Esteban. Los ministros del emperador fueron atados por los pies, arrastrados por las calles hasta el Foro del Buey y quemados allí. Para el depuesto emperador, sin embargo, Leoncio se decidió por una medida más clemente en atención a la amistad que había tenido con su padre Constantino. El nuevo emperador decidió que se le perdonase la vida a cambio de sufrir la desfiguración de sus rasgos y con ello no poder aspirar nunca más al trono imperial. Sin más ceremonia Justiniano fue sometido al terrible ritual de la rinocopia y glosotomía, mutilación parcial de la nariz y la lengua en presencia de todos los congregados en el Hipódromo. Tenía veintiseis años.Leoncio, emperador de Bizancio (695-698)

Tras la mutilación Leoncio decretó que se condenase al caído al exilio perpetuo en Querson, el desolado puerto de la lejana tierra de Crimea, el fin del mundo para los bizantinos. Tras la partida del condenado, Leoncio al decir de los cronistas reinó con seguridad y hubo paz en todas partes. Es muy escasa la información sobre su reinado y sobre él mismo como hombre. Un detalle destacable proporcionado por la numismática es su inútil esfuerzo por cambiar su nombre por el de León. El suyo recordaba a un pretendiente al trono que había sido derrotado por el emperador Zenón dos siglos atrás mientras que dos Leones habían subido al trono ya. Leoncio utilizó el nuevo nombre en sus monedas y posiblemente en documentos oficiales pero los cronistas siguieron refiriéndose a él por su antiguo nombre.

Esta anécdota es representativa de la escasa importancia de Leoncio y su corto reinado. Pero mientras el nuevo emperador intentaba afianzar su reinado Justiniano el mutilado llegaba a las costas de Crimea para comenzar su vida de exiliado.

Hasta aquí la primera parte de la biografía de Justiniano II Rinotmeto. En la segunda podrás conocer la historia del exilio y su segundo y dramático reinado.

Espero que te haya gustado. Si deseas hacer un comentario puedes en la sección inferior.

Un saludo muy cordial.

 

Segunda parte de la biografía de Justiniano: Justiniano II, segundo reinado

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Justiniano II Rinotmeto emperador de Bizancio
4.8 (95.56%) 9 votes
Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

  • Jaime M dice:

    Hola Roberto,

    Me ha gustado mucho tu entrada sobre el segundo Justiniano, especialmente interesante me ha parecido la parte referente a la numismática, muy bien apoyada con las fotos que adjuntas.

    Es interesante ver como las grandes virtudes de este emperador (política exterior y religiosa) que tanto preocuparon y centraron las preocupaciones del imperio bizantino a lo largo de los siglos, hicieron que perdiera el foco de los verdaderos problemas del imperio, costándole el trono y la desfiguración.

    Me ha llamado la atención que buscando la palabra “rinocopia”, aunque es totalmente correcta, no aparece en el diccionario de la RAE, ni en la web ni en el físico, lo que no ha dejado de parecerme curioso, ¿a qué crees que puede ser debido?

    También felicitarte por la fotos que acompañan a la entrada, sin duda la hacen más amena y explicativa, además de tu manera de redactar que particularmente me gusta mucho por lo ameno y claro. A la espera de la segunda parte…

    Un abrazo.

    • Roberto dice:

      Hola Jaime, gracias como siempre por tus comentarios.
      Me alegra mucho que te haya gustado la entrada. Espero que la segunda te parezca interesante también. En ocasiones es complicado poder ofrecer un repertorio de imágenes atractivo para el tema que se salga de lo habitual (imágenes de Osprey, Angus McBride y ese tipo de recursos). En la medida de lo posible intento que sean imágenes menos vistas aunque no siempre es posible. En este caso el recurso a las monedas es algo casi obligado también porque nos ofrece un repertorio icónico demasiado interesante para dejarlo a un lado. Además no quería dejar de aprovechar algunas maravillosas láminas de Vicente Segrelles realizadas en los años setenta…
      El término rinocopia es poco frecuente, posiblemente entre nosotros encontraríamos más familiar la expresión rinotomía. En este caso proviene del griego cópsimo (corte). Sólo a título de curiosidad…
      Me alegra mucho que te gusten las imágenes escogidas y el estilo de redacción. Se intenta, se intenta:-)
      Muy pronto el final de la biografía y un análisis de la novela Justinian sobre la vida del emperador.
      Un abrazo también

  • Diego dice:

    Porque no mencionaste entre las cosas positivas de su primer reinado, la creación de los Themas y la figura de los stratiotas campesino-militares cuyo sistema del manejo de tierras como parte de llegar al status militar fue tan eficiente para mantener las fronteras del imperio, creo que es uno de los aspectos mas positivos de Justiniano II antes de su primer derrocamiento

    • Roberto dice:

      Hola Diego, muchas gracias por participar.
      Por supuesto la cuestión de los themas es fundamental para el siglo VII, sea cual sea el emperador afectado. En este caso el documento principal al que nos podemos referir es la Iussio de 687 en la que aparece una relación de oficiales, lo que se ha tomado como fecha post quem para algunos de los distritos militares. Quizá no lo ves señalado de manera específica porque me centré más en otras cuestiones, pero si recuerdas la incidencia en la entrada se hace sobre la política activa en las Esclavinias como forma de asegurar la frontera. No quise entrar en un estudio sobre la fecha de creación porque eso se apartaría del tema (y porque sigue siendo materia de sesudas discusiones para los expertos, a falta de documentos concluyentes). Digamos que es un proceso que, a partir del reinado de Constante II se va desarrollando lentamente. Y sobre la cuestión de la legislación de los campesinos-militares otro tanto, es un campo de batalla entre interpretaciones. Sólo eso, no porque no fuese importante. Quería limitar de alguna forma el contenido, pero por supuesto que son cuestiones más que interesantes.
      Muchas gracias por participar. Espero verte por aquí a menudo.
      Un saludo cordial

  • César dice:

    Hola Roberto.

    Me ha gustado mucho este trabajo, ya que en mi país es difícil acceder a fuentes que se enfoquen específicamente en Justiniano II. Generalmente es mencionado de pasada en las pocas obras del Imperio romano de Oriente que se encuentran en México. Por estos motivos, tu trabajo es muy enriquecedor.

    Uno de los aspectos que más me agradan de tu trabajo, es el empleo de fragmentos de fuentes primarias, pues así remites al lector a los autores bizantinos. También me parece acertado el uso de las monedas y de los mosaicos como fuentes de información.

    Ojalá decidas hacer trabajos similares con los otros miembros de la dinastía Heraclida, sobre todo me gustaría uno sobre Heraclio.

    Sin más que decir, te mando un afectuoso saludo.

    • Roberto dice:

      Hola César,
      Muchas gracias por tus amables palabras. En verdad hay muchos emperadores para los que es difícil encontrar información detallada. Ese es uno de los objetivos de estas entradas en Desde las Blaquernas y me alegro de que te parezcan útiles.
      Coincido contigo en que debe darse prioridad a las fuentes primarias. Es primordial para mí incluirlas en cada entrada porque no hay mejor testimonio que dar voz a los protagonistas, sin intermediarios. Por eso siempre que es posible y oportuno prefiero un autor a una paráfrasis. Y me agrada también que te guste el tipo de imágenes escogidas. No es fácil ilustrar este tipo de artículos para los que el repertorio de imágenes es limitado, pero en la medida de lo posible se intenta darle un toque de singularidad:-)
      Sobre tus deseos para próximas publicaciones espero dar respuesta a tu satisfacción en no demasiado tiempo.
      Un cordial saludo y espero seguir viéndote por aquí y comentando…

  • Ignacio dice:

    Hola Roberto,

    quiero felicitarte por este gran laborioso y exitoso artículo que nos has brindado. Me ha parecido muy interesante el empleo de la numismática como fuente primaria de apoyo para los hechos acaecidos. Sin duda, una herramienta primordial que encierra contenidos exquisitos para los historiadores.

    Desde mi punto de vista, Justiniano II Rinotmeto es un emperador que pocas veces es mencionado en los libros de historia bizantina, y si se menciona, se habla muy poco de él y achacándolo de déspota y de llevar una política de terror… En cambio, tu artículo me ha servido para acrecentar mi conocimiento acerca de este gran monarca, que hasta entonces desconocía en buena medida.

    Sigue así publicando nuevas entradas.

    Un cordial saludo.

    • Roberto dice:

      Ignacio, muchas gracias por tu amable comentario. De vez en cuando se agradecen estas intervenciones que nos recuerdan que no estamos solos aquí:-) Me alegro de que esta entrada en Desde las Blaquernas te haya hecho conocer la figura de Justiniano II bajo otra perspectiva. Sin lugar a dudas a este emperador se le pueden achacar muchos errores, pero no estaba exento de virtudes como gobernante.

      Los contenidos en Desde las Blaquernas no se acaban en esta entrada. Hay mucho más para explorar. Sería un placer contar contigo como lector y comentarista en el futuro.

      Un saludo muy cordial

  • Blas Malo dice:

    22.06.2017 Genial articulo, Roberto, que confirma mi inspiración. Me parece un personaje extraordinario. Un cordial saludo

    • Roberto dice:

      Gracias Blas, me alegro de que te haya parecido interesante. Si, como parece, está en preparación una novela sobre el segundo Justiniano estaremos muy interesados en el resultado. Un saludo muy cordial

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