Portada entrada Justiniano I

Justiniano I (527-565) el emperador que asumió el ideal de la Renovatio Imperii, puede dar nombre con toda justicia al siglo VI. Conquistador de vándalos y ostrogodos, durante su extenso reinado buena parte del litoral mediterráneo volvió a someterse a la autoridad imperial. Es el suyo un tiempo repleto de grandes conquistas en los primeros años de su gobernación. A partir de la década de 540 se suceden las crisis: demográfica, militar, económica, religiosa. En los últimos años el cansancio de un largo reinado augura con la desaparición física del emperador una nueva época. Ese balance de luces y sombras no resta el menor interés a la figura de Justiniano I que ahora abordamos en Desde las Blaquernas. Espero que sea de tu interés…

 

Justiniano I (527-565)

 

Retrato Justiniano I

 
“El emperador César Flavio Justiniano, Alamánico, Gótico, Franco, Germánico, Ántico, Alánico, Vandálico, Africano, Pío, Feliz, Renombrado Conquistador y Triunfador, Siempre Augusto”
Prefacio al Digesto, año 533

Tras gobernar el Imperio a la sombra de su tío Justino I, a la muerte de este el 1 de agosto de 527, Justiniano pasó a detentar el poder en solitario que ya compartía oficialmente con su tío desde abril de ese mismo año. La transición fue fácil para un hombre que manejaba con mano férrea el gobierno del Imperio y que tenía la convicción de cumplir una misión divina:

“Gobernando bajo la autoridad de Dios  nuestro Imperio, que nos ha sido entregado por su Celestial Majestad, soportamos el peso del Estado y levantamos nuestras mentes en contemplación de la ayuda de la Deidad Omnipotente, y nuestra confianza no la depositamos ni en nuestras armas, ni en nuestros soldados, ni en nuestros generales, ni en nuestra propia habilidad, sino que todas nuestras esperanzas las ponemos tan sólo en la Providencia de la Trinidad Suprema”Justiniano, Constitutio Deo Auctore

Nacido en 482 en la localidad de Taurisio, en la provincia de Dardania, Pedro Sabacio, hijo de Sabacio, pudo acceder a una educación refinada gracias a la posición de su tío Justino en la corte. En algún momento de su juventud Justino decidió adoptar a su sobrino, que cambió su nombre por el de Justiniano. Antes de la sorprendente ascensión de este al trono, el futuro emperador se había labrado una posición en la corte. En el momento de la muerte de Anastasio, en la noche del 8 al 9 de julio de 518, Justiniano, que tenía entonces treinta y seis años, ocupaba un puesto entre los candidatos, un cuerpo de guardias de la corte. A partir del momento en que Justino ascendió al trono su ilustrado sobrino se convirtió en su consejero principal y auténtica mente pensante en la sombra hasta el punto de que se ha llegado a considerar el periodo 518-527 como un reinado compartido, antes incluso de que Justino elevase a su sobrino a la condición de co-emperador en abril de 527, meses antes de su muerte. El 1 de agosto de ese año Justiniano I se convierte en emperador único y comienza un reinado que pasará a la historia por la magnitud de los logros y también de los fracasos.

El reinado de Justiniano I se benefició extraordinariamente de la existencia de un historiador, Procopio de Cesarea, cuyas obras nos han legado un relato detallado de su reino sólo comparable en su riqueza al de los césares del Principado.

Plano región Hagia Sofía

Vista aérea de la región de Hagia Sofía y el Palacio Sagrado
 

Justiniano I y las guerras

 

Durante el largo reinado de Justiniano I el artífice principal de las victorias imperiales fue su laureado general Belisario. El antiguo guardia personal de Justiniano, elevado al generalato en plena juventud, se distinguió brillantemente en el Este frente a los persas venciendo en la batalla de Daras (530), la victoria más importante del Imperio en más de un siglo. Tras su fundamental participación en la represión de la sedición Niká a principios de 532 Belisario fue el general al que el emperador concedió plenos poderes para llevar a efecto sus ambiciosas campañas en el Oeste. El resultado fue la aniquilación del reino vándalo en 533-534 y la guerra de conquista contra los ostrogodos de Italia, conducida por el general en una primera fase (535-540) que acabó con la entrada en Rávena del ejército imperial y el envío del rey Vitigis a Constantinopla como prisionero. De todo ello puedes leer un amplio relato en la entrada dedicada a la biografía de Belisario en Desde las Blaquernas. Por ese motivo en esta biografía dedicada al emperador nos centraremos en los acontecimientos no relatados en esa entrada.

 

Guerra en África durante el reinado de Justiniano I

 

Tras el abandono de África por parte de Belisario en 534 con los cautivos y el botín del reino vándalo, los jefes de las tribus moras decidieron que era el momento adecuado para una insurrección. La retirada de buena parte de las valiosas tropas personales de Belisario convenció a los jefes moros de que las probabilidades de éxito eran mucho mayores. Al frente del África se encontraba ahora Salomón, en su doble cargo de Prefecto del Pretorio y Magister Militum. A pesar de ser un hábil comandante y administrador, Salomón se vio pronto envuelto en una complicada guerra de desgaste.

La primera señal del cambio de los tiempos fue la aniquilación, durante la primavera de ese año 534, en Bizacena de una unidad de caballería al mando de Rufino y Aigán. Salomón probó la vía diplomática para zanjar el conflicto, pero la irreductibilidad de los caudillos moros condujo inevitablemente a la guerra. Entre los motivos que pueden explicar la belicosidad de las tribus se aducen el crecimiento demográfico y la reducción de los recursos naturales en sus zonas de asentamiento.

Salomón reunió a todo su ejército y partió de Cartago al encuentro del enemigo. El contacto se produjo en Mames:

“Y una vez que llegó a un lugar llamado Mames, donde estaban acampados los cuatro jefes moros de los que hemos hecho mención un poco más arriba [Cutcinas, Esdilasas, Yurputes y Medinisas], se hizo construir una empalizada. Ese sector está ocupado por unas elevadas montañas y, al pie de ellas, hay un terreno llano alrededor, donde los bárbaros se preparaban para el combate y ponían el ejército en orden de batalla de la manera que enseguida voy a describir. Formando un círculo con los camellos, justo como conté en el libro anterior que hizo Cabaón, formaron un frente con una profundidad de doce animales, y a las mujeres junto con los niños las colocaron dentro del círculo, pues era costumbre entre los moros introducir en el dispositivo de batalla a una pocas mujeres junto con sus hijos, con la función de construirles las empalizadas y las chozas, cuidar de los caballos con manos expertas y ocuparse de los camellos y de la comida”Procopio de Cesarea, Guerra Vándala, IV, xi, 15-18

En la batalla que tuvo lugar el uso de camellos provocó gran desorden en las filas imperiales. En el momento crítico la reacción de Salomón evitó el desastre:

“Pero posteriormente, Salomón, observando lo que estaba sucediendo, saltó de su caballo el primero y animó  a todos los demás a obrar de la misma manera. Y una vez que hubieron desmontado, ordenaba a los otros que se estuvieran quietos y que mantuviesen sus escudos delante de ellos y que, recibiendo los disparos enviados por los enemigos, permaneciesen en su puesto; sin embargo él, conduciendo personalmente a no menos de quinientos soldados, se abatió sobre la otra parte del círculo. A estos hombres les dio la orden de que desenvainasen sus espadas y matasen a los camellos que allí se encontraran. Entonces cuantos moros estaban alineados en esa zona, se lanzaron a la fuga y los hombres que acompañaban a Salomón mataron a unos doscientos camellos e inmediatamente el círculo, una vez que los camellos cayeron muertos, se hizo accesible para los romanos. Y estos avanzaban a la carrera hasta el centro del círculo donde permanecían sentadas las mujeres de los moros, en tanto que los bárbaros se retiraban completamente fuera de sí de terror en dirección a la montaña, que se encontraba a muy poca distancia y, mientras escapaban ellos con un completo desorden los romanos los perseguían y les daban muerte. Y se dice que murieron en este encuentro diez mil moros, en tanto que la totalidad de las mujeres junto con sus hijos pasaron a la condición de esclavos”Procopio de Cesarea, Guerra Vándala, IV, xi, 50-55

La victoria de Mames no resultó decisiva. Los moros continuaron desencadenando ataques en la Bizacena, devastando y saqueando la región. En los primeros meses de 535 Salomón volvió a movilizar el ejército africano para defender la provincia. Los moros se refugiaron en las laderas del monte Burgaón. Un asalto combinado en el que las tropas del conde de los excubitores Teodoro el capadocio tuvieron un papel principal, provocó el pánico entre los moros y la derrota decisiva de su ejército. De creer a Procopio los muertos en el campo superarían los 50.000 aunque deben tomarse sus cifras con mucha precaución.

La resistencia mora se traslada ahora en el macizo del Aurés en Numidia, encabezada por el jefe Yaudas. Salomón partió de nuevo a la guerra, esta vez auxiliado por los caudillos moros Ortayas y Masonas. Durante los meses de invierno el ejército imperial asedió al enemigo en el monte del Escudo mientras Salomón se retiraba a Cartago para preparar una nueva campaña en la primavera de 535. Es en este contexto cuando se produce el amotinamiento del ejército. La infiltración de elementos vándalos, el descontento entre los soldados por la política antiarriana, los retrasos en las pagas y el agotamiento por las continuas campañas condujeron a una revuelta en Pascua de 535.

Tras un fallido intento de asesinato contra Salomón, los insurgentes se reunieron en la llanura de Bula Regia y allí aclamaron como jefe a Estotzas, un antiguo guardia del general Martino. A los 8.000 soldados congregados allí se unieron un millar de vándalos y numerosos esclavos. De inmediato se inició el asedio de Cartago.

La gravedad de la situación exigió el retorno de Belisario, que en aquel entonces había comenzado la invasión de Sicilia. El general llegó acompañado de unos pocos hombres a Cartago y organizó la defensa de la ciudad. Después de reunir a todos los soldados leales disponibles, apenas 2.000, salió para enfrentarse a los sublevados. El choque tuvo lugar en Membresa y supuso una clara victoria para los imperiales. El peligro inmediato para Cartago desapareció y Estotzas huyó a Numidia para continuar la resistencia.

Con Belisario de vuelta en Sicilia faltaba el impulso inagotable de su presencia. En un golpe audaz Estotzas eliminó físicamente a los comandantes imperiales al mando en Numidia y consiguió la adhesión de sus soldados. La gravedad de la situación provocó que Justiniano enviase a África a su primo Germano con amplios poderes. Acompañado por Símaco como prefecto del pretorio de África y Dómnico al mando de la infantería, Germano se aplicó a una política de reconciliación para atraer a la mayoría moderada del ejército africano.

La prudencia del gobierno de Germano favoreció la reintegración de muchos integrantes de la rebelión. Cuando consideró en condiciones de partir en campaña Germano llevó su ejército contra Estotzas. En la primavera de 537 los dos ejércitos se encontraron en Scala Veterae:

“Y tras encontrarse con sus adversarios en un lugar que los romanos llaman Escaleras Viejas, hizo sus preparativos para la batalla de la siguiente forma: tras colocar los carros en línea y de frente, alineó a los soldados de infantería a lo largo de ellos bajo el mando de Dómnico, con idea de que al tener protegida la retaguardia, combatiesen ellos con mejor ánimo. Él [Germano] en persona tenía en el ala izquierda de la infantería a los mejores caballeros  y también a aquellos hombres que habían venido con él desde Bizancio, mientras que a todos los demás caballeros los situó en el ala derecha, no dispuestos en formación homogénea, sino divididos en tres batallones aproximadamente. Al mando de uno de ellos estaba Ildiger, al frente del segundo Teodoro de Capadocia, mientras que el que quedaba, que era el más importante, estuvo a las órdenes de Juan, el hermano de Papo [Juan Troglita], juntamente con otros tres comandantes más. De esta forma, pues, quedaron alineados los romanos”Procopio de Cesarea, Guerra Vándala, IV, xvii, 3-6

En un primer momento el ataque de Estotzas se impuso sobre las tropas mandadas por Juan Troglita, el futuro magister militum Africae, pero el contraataque de Germano decidió la victoria para los imperiales. Estotzas consiguió huir de nuevo, esta vez a los confines de Mauritania, a la espera de una nueva oportunidad. A finales de 537 la rebelión estaba dominada. Tras acabar con otro intento de revuelta, esta vez a cargo de un oficial llamado Maximino, Germano regresó a Constantinopla en el verano de 539 dejando África de nuevo en las manos de Salomón.

El antiguo doméstico de Belisario pretendía en su nuevo mandato llevar a cabo su proyecto de sumisión de las tribus moras que el motín de 535 le había impedido realizar. Para ello emprendió un vasto programa de fortificación de las villas necesitadas y cuando se encontró en condiciones partió con su ejército hacia el Aurés. Tras dos encuentros favorables a los imperiales los moros se replegaron a la fortaleza de Zerbulé, en el interior del macizo. Después de tomarla al asalto y apoderarse de un rico botín Salomón prosiguió la conquista de Mauritania.

Es a partir de 543 cuando la situación en África empeora, particularmente por el impacto de la peste. Al agravamiento de la percepción de la crisis contribuye también el clima de conflicto religioso de las provincias occidentales del Imperio con Constantinopla por la cuestión de los Tres Capítulos. Ese problema se arrastrará durante largos años con graves consecuencias para la paz en el Imperio unido a la renovación de la guerra contra las tribus moras de Tripolitania y Bizacena en ese mismo año 543, ahora bajo el mando de Antalas.

En 544 Salomón es derrotado y muerto en Cillium. Esta derrota despierta a viejos  enemigos. Estotzas regresa de su exilio y toda la provincia africana se ve asolada por una oleada de pillajes que sólo dejan a salvo a aquellas poblaciones con un recinto amurallado. La desafortunada elección de Sergio, el sobrino de Salomón, para suceder a su tío empeora la situación. A finales de 545 una nueva batalla tiene lugar cerca de Thasia. Es una victoria para los rebeldes aunque Estotzas muere a consecuencia de las heridas. Antalas recibe el apoyo en Numidia de Cutcinas y Yaudas y extienda la ofensiva sobre África ante un ejército imperial desmoralizado.

Escarmentado por el error Justiniano escogió a Areobindo, el marido de su sobrina Preyecta, como colega de Sergio en el mando. Ese reparto del poder tuvo resultados desastrosos para los intereses del Imperio. El duque de Numidia Gontaris entra en contacto con los jefes moros. En marzo de 546 se apodera de Cartago y asesina a Areobindo. En rebeldía abierta contra el Imperio, Gontaris pretende casarse con Preyecta y obtener del emperador la legalización de su situación. La resistencia contra Gontaris está encabezada por Marcencio, duque de Numidia, Antalas, que se considera engañado por las promesas fallidas de su antiguo aliado y el partido armenio, dirigido por Artabanes. Este consigue engañar a Gontaris y lo asesina en el transcurso de un banquete, seguido de una sangrienta represión contra los partidarios del tirano. El partido del emperador vuelve a tomar el control de Cartago.

Dos años de guerra civil arrasaron África. El ominoso testimonio con el que Procopio termina su Guerra Vándala es concluyente:

“De esta forma, a los que sobrevivieron de entre los libios, que eran pocos y extremadamente pobres, les ocurrió que, por fin y a duras penas, pudieron disfrutar de una cierta paz”Procopio de Cesarea, Guerra Vándala, IV, xxviii, 52

A finales de 546 Juan Troglita llega desde Constantinopla como nuevo magister militum Africae. Era un militar con una hoja de servicios intachable. Participante en la expedición de 533, Juan había desempeñado el puesto de duque de Mesopotamia y combatido en la segunda guerra persa a las órdenes de Belisario. El final de la guerra en Persia permite a Justiniano enviar tropas de refuerzo a África donde la necesidad es acuciante.

Troglita se pone en movimiento de inmediato. Acuerda una alianza con los moros númidas y empieza las operaciones para liberar las ciudades de la costa. A comienzos de 547 tiene lugar una encarnizada batalla. La victoria de los romanos es total. Antalas se rinde y Juan Troglita entra triunfalmente en Cartago.

La épica guerra africana…

El poeta Coripo nos ha legado en su Juánide un relato de las hazañas de su héroe y la victoria final sobre los moros. En su obra abundan las descripciones de rutilantes guerreros y batallas con tintes homéricos decididas por el valor individual de los héroes. En este fragmento el ejército romano se prepara para la batalla:
“Se formaron los escuadrones. Gencio dirige la formación en el ala derecha, rodeando las enseñas de manípulos escogidos. Él mismo como capitán, triunfante, con su fulgurante casco, cabalga y mientras galopa entre los escuadrones, distinguiéndose por sus penachos y resplandeciente con el brillo del oro exhorta al combate y ordena las filas, lleno de arrojo, con digna maestría. Junto a él Putzíntulo, valeroso, pone en movimiento las armas de los jóvenes, llevando tras los estandartes sus apiñadas cohortes. Este mismo, de espíritu luchador, impresionante con su casco empenachado y su resplandeciente coraza, iba altivo en su caballo, muy apuesto, con una larga lanza. […] Próximo a este, Géisirit, consciente de su propio valor, hacía avanzar a las tropas y estandartes con intención de destruir los campamentos enemigos antes de la señal. Protegido por brillantes armas, va empuñando venablos de enorme peso. Está resplandeciente con todo el cuerpo armado de hierro y la coraza entrelazada con mallas de oro”Coripo, Juánide, IV, 473-495

Desde Bizacena la guerra se traslada a Tripolitania. Los pueblos levatas, garamantes, nasamones e ifuracos invaden la región y después avanzan hacia el oeste. El ejército imperial avanza desordenadamente para oponerse a los invasores y es derrotado por completo cerca de Marta. Juan Troglita tiene que refugiarse con los restos de sus tropas en Laribo mientras toda la Bizacena hasta Cartago es asolada por los vencedores.

En esos momentos de crisis de primera magnitud Troglita comienza la negociación con los jefes númidas Yaudas, Cutcinas e Isfidayas. La causa tiene su explicación en el desequilibrio de poder intertribal causado por la victoria de la coalición mora y la desconfianza de los numidios hacia unos vecinos excesivamente exitosos.

Reforzado con numerosos contingentes moros Juan Troglita avanza hasta la llanura de Ársuris en la primavera de 548, entre la Proconsular y Bizacena. Después de una serie de marchas y contramarchas el ejército morisco se ve arrinconado en el lugar llamado los Campos de Catón. La batalla que tiene lugar a continuación es una victoria completa para Troglita y el fin de la coalición morisca. Hasta el final del reinado de Justiniano África conocerá la paz al precio de un enorme empobrecimiento de sus estructuras económicas y sociales.

 

La conclusión de la guerra gótica

 

La partida de Belisario marcó el ápice de una década desastrosa para la suerte de las armas imperiales en Italia. Desunido, sin medios económicos y desmoralizado, el ejército romano fue perdiendo una tras otra sus posesiones en la península ante la agresiva táctica del rey Totila. En la primavera de 549 una flota ostrogoda al mando de Indulfo, un antiguo bucelario de Belisario, alcanzó Dalmacia y se apoderó de un gran cargamento de trigo en Salona.

No fue el único éxito para Totila ese mismo año. El 16 de enero Roma fue capturada nuevamente gracias a la traición de parte de la guarnición descontenta por los atrasos en sus sueldos. Por esas mismas fechas Roma volvió a caer en manos de los ostrogodos. Aprovechando su nueva situación de fuerza, el rey ostrogodo hizo una oferta formal de paz a Justiniano: renuncia a Dalmacia y Sicilia, un tributo anual y el envío de tropas cuando el emperador lo solicitase. La respuesta de Justiniano fue significativa: se negó a recibir a los embajadores.

Sin posibilidad de un final negociado Totila se decidió a provocar una escalada en la guerra atacando Sicilia en mayo de 550. A pesar de su fracaso ante Messina el rey ostrogodo recorrió toda la isla saqueando y pillando. Este hecho decidió al emperador a realizar un esfuerzo decidido ante la posibilidad real de perder toda Italia. Germano fue nombrado general con plenos poderes y de inmediato comenzaron los preparativos para una poderosa expedición con Venecia y la llanura del Po como primer objetivo.

La firme intención del emperador de aniquilar al reino ostrogodo no se vio alterada por la invasión de los Balcanes en 551 por los gépidas, esclavenos y hunos cutriguros. Un ejército imperial al mando de los hijos de Germano, Justino y Justiniano, se limita a seguir sus pasos sin atreverse a una confrontación. La paz será comprada de nuevo a muy alto precio y tendrá poca duración.

La expedición imperial se organiza en Dalmacia. Por el prestigio de Germano y el abundante oro a su disposición, los voluntarios acuden de todas partes, incluido un contingente de 1000 lombardos enviados por su rey. La muerte inesperada de Germano en otoño de 550 plantea la cuestión de la figura que debería reemplazarle. Justiniano descarta a Juan el Sanguinario como relevo y en su lugar ordena al viejo eunuco Narsés que se ponga al frente de las tropas. Es abril de 551.

Imperio de Justiniano I conquistas

Las conquistas de Justiniano I, obra de Guilhem de Encausse

 

Totila había aprovechado la indecisión de su rival para incrementar las incursiones de su flota. Corfú y el Epiro son saqueadas en la primera mitad de 551. Ancona es sitiada y el paso del Adriático bloqueado por las naves ostrogodas. Sin embargo durante el verano los barcos de Juan el Sanguinario y Valeriano efectúan una salida y derrotan decisivamente a la flota enemiga frente a Senogalia. Totila no se resigna y envía más barcos a Córcega y Cerdeña. La guerra es total y a ultranza.

Narsés se asegura antes de aceptar el mando del ejército de contar con los medios necesarios para conseguir su objetivo. Con un ejército multinacional de unos 30.000 hombres  en el que están presentes contingentes lombardos, hérulos, persas y búlgaros entre otros, Narsés viaja con oro suficiente para recuperar la lealtad de los desertores.

En abril de 552 Narsés llega a Salona. Ante el bloqueo de la vía terrestre por los francos, el ejército imperial sigue la costa atravesando los ríos con pontones flotantes. El 6 de junio de 552 llegan a Rávena. El 15 de ese mismo mes Narsés toma el camino de Roma por la Via Flaminia. Totila y su general Teyas se presentan en el camino, dispuestos a cerrarle el paso junto a la localidad de Taginas.

A pesar de su superioridad numérica el ejército imperial se dispone a la defensiva. Narsés hace desmontar a buena parte de su caballería y la coloca en el centro, con miles de arqueros en las alas. El resto de la caballería se aposta detrás de una colina. El ejército ostrogodo cae en la trampa. Su valeroso y alocado ataque por el centro se ve castigado por la eficacia mortífera de los arqueros de los flancos. La intervención de la caballería decide el final de la batalla. Totila resulta herido de gravedad y muere pocas horas más tarde. Tras esa gran victoria Narsés se deshace de sus incómodos aliados lombardos tras los excesos cometidos durante la campaña y avanza sin oposición hacia Roma que es tomada sin oposición.

Los godos supervivientes se reunieron en Verona. Allí Teyas fue coronado como su rey, pero sus medios son muy escasos ya. El último enfrentamiento de la campaña se produce en el sur. Narsés intenta tomar Cumas, donde Totila ha depositado buena parte del tesoro real. Teyas se dirige a marchas forzadas para impedir la pérdida de unos recursos vitales. La batalla en el Monte Lactario, el 30 de  octubre, termina con una derrota total de los ostrogodos y la muerte de su rey Teyas. Un millar de godos al mando de Indulfo, el antigo bucelario de Belisario, se encastillan en Pavía. Durante tres años mantienen una guerra de guerrillas hasta que asediados en Conza son obligados a rendirse en 555. El año anterior Cumas capitula y Aligerno entrega a Narsés las regalia ostrogodas. El reino ostrogodo ha dejado de existir.

Para que la victoria fuese completa Narsés había tenido que enfrentarse también al problema planteado por los alamanes y francos. El rey merovingio Teodibaldo no había aceptado la petición de Teyas de intervención en el conflicto pero permitió que sus subordinados Butilino y Leotaris condujesen unos 75.000 hombres contra Italia en junio de 553. Sin encontrar resistencia los invasores atravesaron el centro y sur de la península hasta Reggio. El grupo de Leotaris perdió buena parte de su botín a la vuelta gracias a la intervención de Artabanes. Una vez en la región de Venecia buena parte de los supervivientes sucumbieron a la peste. Por su parte el grupo de Butilino, mucho más numeroso, sufrió graves bajas por la disentería pero conservó la fuerza suficiente para intentar un golpe contra Roma. En el otoño de 554 Narsés reunió unos 18.000 soldados para hacer frente a esa amenaza.

El choque tendrá lugar en Casilino. Los francos luchan a pie, en una masa compacta de combatientes. Frente a ellos Narsés dispone a la infantería en el centro y la caballería en los flancos. El empuje inicial da la ventaja a los francos en el centro, pero la intervención de los arqueros montados disparando a distancia permite la aniquilación de su enemigo. El propio Butilino es uno de los muertos en la jornada.

Tras las victorias sobre francos y alamanes y la derrota de Teyas sólo quedan focos aislados de resistencia en Italia. Narsés asedia y toma Conza en la primavera de 555. Juan el Sanguinario recobra la Liguria y los últimos enclaves ostrogodos, Verona y Brescia son conquistadas en 563. Después de casi treinta años de guerra Italia entera obedece otra vez al emperador pero el precio, al igual que ocurrió en África, es demoledor.

En esos mismos años una pequeña fuerza expedicionaria desembarca en España para apoyar al rebelde Atanagildo contra el rey Agila. Con este episodio comienza un período de setenta y cinco años de presencia bizantina en la península. Puedes leer el relato completo en la entrada sobre la España bizantina.

 

La conclusión de la guerra persa de Justiniano I

 

Tras el regreso de Belisario a Italia, Justiniano ordenó a sus generales una ofensiva vigorosa durante el año 543 para retomar la iniciativa perdida. Un poderoso ejército de 30.000 soldados inició una maniobra de tenaza en tres frentes. Al norte, hacia Teodosiópolis, Valeriano y Narsés Kamsarakan. Alrededor de Citharizon en el alto Éufrates las tropas al mando de Martín, asistido por Pedro y el hérulo Filemut. El tercer cuerpo de tropas en Martirópolis a las órdenes de Justo, sobrino del emperador, entre otros comandantes. Un ejército poderoso cuya debilidad era un mando compartido entre demasiados oficiales.

Sin una acción coordinada los distintos cuerpos avanzaron desorganizadamente. Ante ellos el general Nábedes se replegó sobre la fortaleza de Anglon. Los comandantes bizantinos comenzaron el asedio sin guardar las precauciones debidas y tras ser derrotados en el interior de la ciudad se replegaron apresuradamente a territorio imperial.

Al año siguiente Cosroes volvió a la ofensiva con un ataque sobre Edesa. La ciudad, defendida por el magister militum per Armeniam Valeriano, resistió obstinadamente y consiguió librarse con el pago de un tributo de 500 libras de oro. En esta campaña y la de 545 el militar bizantino más destacado es el duque de Mesopotamia, Juan Troglita, el futuro vencedor de África. Obliga a los persas a levantar el sitio de Teodosiópolis y consigue bajo los muros de Daras una importante victoria sobre el ejército del experimentado general Merméroes.

En la primavera de 545 Justiniano envía a dos embajadores a Ctesifonte para iniciar negociaciones. Ambas partes tienen interés en llegar a un acuerdo. Cosroes desea los beneficios que le han sido negados desde la expedición de 540 y Justiniano necesita paz en Oriente para hacer frente a la ofensiva de Totila en Italia. El acuerdo para una tregua se firma esa misma primavera. Por sus cláusulas se aplica también a los aliados lájmidas y gasánidas, a diferencia de la Paz Eterna de 532, pero Lázica, donde se sigue combatiendo, queda fuera de la negociación. El gobierno imperial entrega 2.000 libras de oro a cambio de la paz. En los próximos años sólo se verá turbada por las incesantes guerras internas entre las tribus árabes. El emperador tiene ahora manos libres para dirigir sus recursos hacia el Oeste.

Sasánidas en Arabia

Sasánidas en Arabia, ilustración de Angus Mcbride

 

En Lázica, sin embargo, no ha sido posible un acuerdo entre los imperios. Empeñado en sustraerla a la influencia persa, Justiniano envía en 548 un ejército de 8.000 soldados al mando del nuevo magister militum per Armeniam Dagisteo. El ejército imperial, reforzado por un contingente de aliados tzanos inicia el asedio de la plaza fuerte de Petra. La llegada de Merméroes con tropas de refuerzo fuerza el final del asedio. Un nuevo ataque de Dagisteo y el rey Gubaces consigue destruir el ejército de ocupación persa sin por ello obtener la rendición de Petra.

En el año 549 los persas vuelven a la ofensiva. A pesar de la oposición de Dagisteo consiguen reaprovisionar a sus soldados en Petra. El fracaso de Dagisteo le cuesta su puesto. Su sorprendente sustituto, el viejo godo Besas, depuesto de su mando en Italia por su comportamiento poco honorable, reprimir una rebelión de los abasgos en 550 y en marzo o abril de 551 toma por fin Petra después de un sangriento asalto.

En primavera de ese año Merméroes invade Lázica con un poderoso ejército reforzado por contingentes dailamitas procedentes del sur del Caspio y elefantes. Las tropas romanas al mando de Martín se hacen fuerte en la orilla del río Fasis, apoyada en la fuerte posición defensiva de Arqueópolis. En los años siguientes el Imperio conserva esa cabeza de puente mientras el resto de Lázica vuelve a caer bajo dominación persa.

En 555 Merméroes consigue vencer en un enfrentamiento a un ejército bizantino dividido por los desacuerdos entre sus comandantes. El emperador finalmente cesa a Besas y pone al frente a Martín y Rústico. Sus diferencias con el rey Gubaces, que los critica duramente, provocan en septiembre u octubre de 555 el asesinato del rey por Rústico. El enfrentamiento causado por el regicidio y la alienación de los lazos impide aprovechar la muerte ese mismo año del hábil general Merméroes.

Tras una investigación Justiniano I mantiene en el cargo a Martín y elige como nuevo rey a Tzates, hermano menor de Gubaces. En 556, mientras estos acontecimientos paralizan a los imperiales, el sucesor de Merméroes, Nacoragan, entra en Lázica con 6.000 soldados. Su intento de capturar la posición romana en el Fasis termina en una derrota completa que es aprovechada por Justino para capturar la fortaleza de Rodópolis en el verano de ese año. Nacoragan se retiró a Iberia sin intentar nuevas operaciones. El rey Cosroes, descontento por la actuación de su subordinado, lo hizo despellejar vivo.

En el año 557 finalmente Rústico, que había sido mantenido en prisión, es ejecutado por su responsabilidad en el asesinato de Gubaces. Martín, por su destacada hoja de servicios, es cesado sin más castigo. En su lugar toma el mando Justino que es nombrado simultáneamente en junio de 557 magister militum per Armeniam. En los años siguientes los intereses estratégicos de Cosroes se vuelven hacia el norte y favorecen la paz. La destrucción del reino de los hunos heftalitas (entre 558 y 561) dejó paso a un peligro todavía mayor al dar lugar a la formación de un imperio turco.

La paz entre los dos imperios se firmó en Daras en diciembre de 561, por medio del maestro de los oficios Pedro e Izadh-Gusnasp por los persas. Por ese acuerdo los persas renunciaban a Lázica a cambio de un tributo anual de 30.000 monedas de oro. Las partes acuerdan la prohibición de construir nuevas fortalezas en la frontera y se establecía como lugares de intercambio comercial las aduanas de Calínico sobre el Éufrates, Nísibis y Dvin en Armenia.

El tratado de 561

Se ha conservado en los fragmentos de la obra de Menandro Protector los detalles del tratado firmado por Bizancio y Persia en 561. Este testimonio es un precioso ejemplo de la historia diplomática de la época…

“Cuando esas y otras cuestiones fueron discutidas, el tratado de cincuenta años fue escrito en griego y persa, y la copia en griego fue trasladada al persa y la persa al griego. Por los romanos los documentos fueron validados por Pedro el magister officiorum, Eusebio y otros, por los persas  por Zij Yesdegushnaf, el Surenas y otros. Cuando los acuerdos quedaron escritos en ambas lenguas fueron colocados uno al lado del otro para asegurarse de que el contenido se correspondía.

Ahora detallaré las cláusulas del tratado:

1.- A través del paso en el lugar llamado Tzon [Derbend] y a través de las Puertas Caspias los persas no permitirá a los hunos o alanos u otros bárbaros a acceder al Imperio Romano, ni los romanos en esta región o cualquier otra de la frontera persa enviarán un ejército contra los persas.

2.- Los aliados sarracenos de ambos estados serán afectados por estos acuerdos y los de los persas no atacarán a los romanos, ni los de los romanos a los persas.

3.- Los mercaderes romanos y persas de cualquier mercancía desarrollarán sus negocios de acuerdo con la práctica establecida a través de las aduanas especificadas.

4.- Los embajadores y aquellos que usen el correo público para entregar mensajes, tanto los que viajen por territorio romano como por el persa, serán honrados de acuerdo a su condición y rango y recibirán las debidas atenciones. Serán enviados de vuelta sin demora y podrán cambiar las mercancías que lleven con ellos sin impedimentos ni impuestos.

5.- Se acuerda que los sarracenos y otros mercaderes bárbaros de los dos estados no viajarán por rutas extrañas, sino que lo harán por Nísibe y Daras y no cruzarán al extranjero sin permiso oficial. Pero si se atreven a hacer algo contrario al acuerdo (es decir, si se dedican al contrabando) serán perseguidos por los oficiales de ambos estados y entregados para su castigo junto con las mercancías que transporten sean persas o romanas. […]

8.- De ahora en adelante los persas no se quejarán a los romanos sobre la fortificación de Daras. Pero en el futuro ninguno de los dos estados fortificará o protegerá con un muro ningún lugar en la frontera para que no surja ocasión para la disputa por tal acto y se rompa el tratado. […]

10.- No se acantonará en Daras una tropa considerable más allá de lo adecuado para proteger la ciudad, y el general del Este no tendrá su cuartel allí para que eso no lleve a incursiones contra los persas. Si eso ocurriese el comandante estacionado en Daras será el responsable. […]

13.- El tratado es por cincuenta años, y los términos de la paz estarán en vigor por cincuenta años, siendo contado el año de acuerdo al modo antiguo y acabando con el día trescientos sesenta y cinco. […]

Cuando las cuestiones quedaron así acordadas, aquellos a los que correspondía tomaron los textos de los dos documentos y refinaron sus contenidos usando expresiones similares. Se hicieron facsímiles de ambos. Los originales fueron enrollados y asegurados con sellos de cera y la otra sustancia [arcilla] usada por los persas , y fueron marcados con los anillos de los enviados y de los doce intérpretes, seis romanos y seis persas. Entonces ambas partes intercambiaron los documentos del tratado, el Zij entregando uno en persa a Pedro y Pedro uno en griego al Zij. Entonces al Zij se le entregó una traducción persa sin sellar del original griego para guardarlo como consulta y a Pedro igualmente se le entregó una traducción griega del persa”.

Menandro Protector, Historia contenida en los Excerpta de Legationibus 3, fragmento 6.1

 

La política interior de Justiniano I

 

La abundancia de información sobre el reinado de Justiniano I, sin igual para cualquier otro emperador del Imperio, en buena parte es debida a la rica obra histórica de Procopio de Cesarea. En los libros de las Historias de las Guerras, la Historia Secreta y Los Edificios, Procopio nos proporciona un retrato que debe ser tomado con precaución por sus muchas contradicciones y que ha causado no pocas especulaciones entre los historiadores.

Sobre el aspecto físico del emperador podemos comparar la descripción del historiador con el testimonio gráfico del famosísimo mosaico de San Vital de Rávena:

“Pero pienso que no está fuera de lugar describir la apariencia de este hombre. En cuanto a su complexión, no era ni demasiado alto ni demasiado bajito, sino de altura media, no desde luego enjuto, sino algo lleno de carnes, con una cara redonda y no sin cierta belleza, pues todavía conservaba sus colores incluso después de dos días de ayuno”Procopio de Cesarea, Historia Secreta, viii, 12-13

En cuanto a su carácter las informaciones de Procopio fluctúan. Por una parte lo presenta como un hombre de gustos sencillos, devoto del trabajo, dado a una vida ascética sin concesiones a la gula, al placer o al sueño:

“Esta era pues aproximadamente su apariencia. En cuanto a su carácter, no podría hacer una descripción exacta de él, pues era un hombre perverso y voluble, malvado y necio a la vez, según se dice, alguien que no dice la verdad a aquellos con los que habla, sino que siempre pretende confundir en todo  lo que hace o dice y que al mismo tiempo se entrega sin reserva a los que pretenden engañarle. […] Este emperador era taimado, embaucador, falsario, de cólera soterrada, un hombre doble, astuto, el más consumado artista a la hora de disimular su opinión, capaz de verter lágrimas no por placer o dolor alguno, sino fingidamente para la ocasión […] ¿Cómo podría alguien ser capaz de abarcar con la palabra todos los rasgos de Justiniano? Parecía que no tenía estos y otros muchos males aún mayores por su condición humana, sino que daba la sensación de que la naturaleza había quitado la maldad al resto de la humanidad para depositarla en el alma de este hombre”Procopio de Cesarea, Historia Secreta, viii, 22-24, 27

En su deconstrucción del carácter del emperador Procopio llega a acusarle de ser la encarnación de un demonio. Esa acusación, que en estos días nos podría parecer inverosímil, era tomada muy en serio en el siglo VI.

En su empeño por amoldar la política imperial a sus propósitos Justiniano I reforzó los medios de intervención del Estado y la terminología aplicada a la persona imperial. Justiniano es el primero en hacerse llamar nomos empsychos, ley viviente. También el primero en ser denominado FiloCristo, el amigo de Cristo. Sus títulos de Restitutor (Restaurador) y su empeño en ser llamado Señor (Dominus/Kyrios) terminan con la ficción que hacía del emperador el primero de los ciudadanos y lo sitúa por encima del género humano. El complejo ceremonial y la propaganda imperial reflejada en los ambiciosos programas de construcciones en la capital y las provincias están encaminados a reflejar la gloria inigualable de la figura imperial.

Retrato de la emperatriz Teodora

Al lado de Justiniano debemos considerar las figuras de sus colaboradores, entre los que la emperatriz Teodora destaca como la primera. Todos ellos, casi sin excepción, son hombres que desarrollaron su carrera bajo su reinado personal:

  • Teodora: Detestada por Procopio, que sin embargo no puede ocultar su capacidad y su enérgica disposición. La principal acusación hacia la emperatriz es la de utilizar el poder con fines exclusivamente personales. Por su influencia en el emperador Teodora obtiene la potestad de intervenir directamente en los asuntos de Estado, una facultad que usa para vengarse de sus enemigos, especialmente entre el sector senatorial. Es una actitud que Procopio achaca a los orígenes de la emperatriz y a su resentimiento social. Otra de las características de su participación en los asuntos de gobierno es su función de contrapeso de la acción de Justiniano, ejemplificada mayormente en su reconocida inclinación monofisita que complementaba la orientación ortodoxa de su esposo.
  • Germano: Primo del emperador y emparentado con la poderosa familia de los Anicios. Durante el reinado de Justino ya había ocupado puestos de mucha relevancia (magister militum per Thraciam de 518 a 527). Como general probó ser un hombre de éxito derrotando a los Antes en el Danubio y a los rebeldes africanos tras la retirada de Belisario. El emperador siempre le tuvo en mucha estima y Germano le respondió con fidelidad hasta el fin. Su pertenencia a la más alta capa social y su parentesco con el emperador le granjearon el odio de Teodora. Tuvo dos hijos, Justino y Justiniano y una hija, Justina.
  • Triboniano: Nacido hacia 500 en Panfilia, era un hombre de gran cultura que había realizado estudios en la prestigiosa escuela de Beirut. Comenzó su carrera en la burocracia de la capital ascendiendo hasta ser nombrado jefe de uno de los departamentos (scrinia). En 529 el emperador le nombró cuestor y le encomendó la tarea de la reforma legislativa. Durante la sedición Niká perdió su puesto, acusado de rapacidad, pero el emperador le nombró enseguida magister officiorum (533-534) antes de devolverle la cuestura en 535, puesto que mantuvo hasta su muerte en 544 o 545.
  • Juan de Capadocia: Nacido en Cesarea de Capadocia, comenzó su carrera como oficinista en el departamento del magister officiorum durante el reinado de Justino, tiempo durante el que tuvo ocasión de conocer a Justiniano, entonces magister utriusque militiae. Justiniano I le nombró numerarius (jefe del servicio de finanzas del magister officiorum). Ascendido pronto a vir illustris fue nombrado prefecto del pretorio de Oriente en 531. El rápido ascenso de Juan se debió a su gran habilidad para enfrentarse a los problemas financieros y a proporcionar a su señor los fondos que necesitaba para sus proyectos. Sus enemigos, Procopio el primero, le dedican duras críticas sobre su impiedad, su avaricia y su incultura. Supersticioso y tremendamente rico, mantenía una numerosa guardia personal para protegerle de sus enemigos. Frente a la elección del latín por Justiniano y Triboniano para la redacción del Corpus Iuris Civilis, Juan forzó que las Novellae dirigidas a las provincias orientales fuesen redactadas en griego. La emperatriz Teodora era su enemiga y consiguió su caída en 542 en una conspiración tramada con la ayuda de Antonina, la mujer de Belisario.
  • Hermógenes: Probablemente de origen huno, Hermógenes comenzó su carrera como secretario de Vitaliano de 513 a 518. Tras un periodo en la oscuridad Justiniano I le nombró magister officiorum entre 529 y 533 y nuevamente en 535. Falleció el 15 de abril de 535. Durante su carrera desempeñó importantes misiones diplomáticas ante los reyes Cabades y Cosroes, entre las cuales estuvo la de la firma de la Paz Eterna. Durante la guerra persa colaboró con Belisario en la batalla de Daras y fue encargado de mediar en los conflictos entre los comandantes y de informar al emperador de la situación en el frente del Este.
  • Basílides: No se conocen sus orígenes. Patricio en 528, fue nombrado prefecto del pretorio de Oriente en ese mismo año y miembro de la comisión encargada de la redacción del Código. Prefecto del pretorio de Iliria de 529 a 531, cuestor del Palacio Sagrado en 534-535 y magister officiorum de 536 a 539. Durante la sedición Niká fue el encargado de averiguar las condiciones exigidas por los insurrectos. No parece haberse inmiscuido en las intrigas de la corte.
  • Constantino, Estrategio y Floro: ejercieron los cargos de comes sacrarum largitionum (Constantino y Estrategio) y comes rei privatae (Floro). Eran hombres sin pasado político que debían todo al favor del emperador.
  • Belisario: para conocer la biografía del famosísimo general puedes acudir a la entrada sobre él escrita en Desde las Blaquernas.
  • Sitas: Otro general. Al igual que Belisario el comienzo de su carrera tuvo lugar en la guardia personal de Justiniano. Su ascensión fue favorecida por su matrimonio en 528 con Comito, hermana de la emperatriz Teodora. Un oficial brillante, fue nombrado magister utriusque militiae para Asia Menor entre 528 y 529 y el mismo cargo para el ejército central entre 530 y 538. Patricio en 535 y cónsul honorario en 536 realizó toda su carrera en el frente oriental. Derrotó a los tzanos en 529 obligándolos a la conversión al cristianismo. Vencedor en diversas ocasiones de los persas, fue muerto en una escaramuza en la frontera armenia en 538.
  • Salomón: Nacido hacia 480 cerca de Daras. Un accidente en la infancia lo convirtió en eunuco, lo que no fue obstáculo para realizar una brillante carrera militar. Secretario del duque de Mesopotamia durante la guerra persa en 505, se convirtió en su edad madura en doméstico (asistente) de Belisario en 527. Acompañó a este a la expedición contra los vándalos y tras la marcha de Belisario se convirtió en magister militum per Africam. Durante su mandato recibió también el nombramiento como prefecto del pretorio de África. El resto de su carrera se desarrolló en África. Combatió contra la insurrección del ejército en 535 y en varias etapas contra los moros. Fue nombrado cónsul honorario en 539-540 y patricio. Murió en Cillium combatiendo contra los moros.
  • Buces: Tracio, probablemente hijo de Vitaliano, duque de Fenicia Libanesa. Participó en la batalla de Daras a las órdenes de Belisario. Tras años de servicio en Oriente fue nombrado magister utriusque militiae para Oriente entre 540 y 542 y recibió el consulado honorario. Acusado por Teodora de no reconocer su derecho a intervenir en caso de la sucesión del emperador, fue enviado a prisión. Reemprendió su actividad como magister utriusque militiae en Lázica entre 544 y 556 tras lo cual se pierde su rastro.

La corte de Justiniano I

La corte de Justiniano I, mosaico de San Vital en Rávena

 

Las ambiciones de Justiniano I debían ser servidas por una administración experta en exprimir los recursos proporcionados por el imperio. La responsabilidad fundamental recaía en el prefecto del pretorio de Oriente, cargo que fue detentado desde 531 por Juan de Capadocia, que la ejerció durante diez años con el breve paréntesis tras el estallido de la revolución Niká. Las importantes reformas del periodo se deben a él y todas tuvieron una finalidad primordial: encontrar el dinero necesario para cubrir las necesidades de la política imperial.

Los rasgos principales de la política financiera de su tiempo fueron:

  • Realización de un amplio programa de construcción y reconstrucción edilicias tras las catástrofes naturales en los comienzos del reinado. Las ciudades reciben grandes sumas de dinero, se construyen iglesias, monasterios, fortificaciones. Como medida complementaria se otorgan remisiones de impuestos durante varios años a la provincias afectadas.
  • Racionalización de la estructura administrativa: supresión de la figura del Conde del Patrimonio Sagrado y reducción de la importancia de los comites sacrarum largitionum y rei privatae en beneficio del prefecto del pretorio. Se refuerza también la figura del sacelario, gestor de las mansiones divinae (bienes situados en una misma región pertenecientes a la res privatae gestionadas de modo unificado). El sacelario es un cargo no oficial y responde directamente ante el emperador. Justiniano I dispone así de una mayor porción de los recursos financieros sin tener que dar cuenta a un miembro de la alta nobleza.
  • Multiplicación de las ventas de dignidades a cambio de una renta vitalicia cuyos intereses se identifican con los salarios. En palacio los puestos de guardia en las Escuelas y los protectores domestici con una función ceremonial, son puestos en venta. El emperador crea nuevas dignidades y multiplica el número de cónsules honorario y patricios entre la categoría de los illustres. El exceso de miembros del Senado tras las reformas obliga a la creación de la nueva categoría de gloriosi. Según Procopio el deseo de recuperar su inversión por parte de los nuevos oficiales a costa de sus gobernados produjo un enorme aumento de las acciones ilegales e injustas sobre la población:
“A cuantos ocupaban magistraturas, si él se daba cuenta de que nadaban en la abundancia, los pescaba con cualquier pretexto para quitarles enseguida todo su dinero a la vez. Pero después promulgó una ley para que los que aspirasen a magistraturas jurasen que se comprometían a estar completamente limpios de cualquier desfalco y que ni darían ni tomarían nada debido a sus cargos. Lanzó todo tipo de maldiciones de las que se proferían en los tiempos más remotos contra el que transgrediera el decreto. Pero apenas se había aplicado la ley durante un año, cuando él mismo, sin tener para nada en cuenta ni lo escrito, ni las maldiciones, ni el deshonor que acarreaban, negociaba aún con más desvergüenza el precio de las magistraturas, y ello no en un rincón oscuro, sino en medio de la plaza pública [se refiere Procopio a la Novella 8 de 535 que prohibía los suffragia, pagos para obtener nombramientos]. Los que compraban las magistraturas, a pesar del juramento que les ligaba, robaban todo lo que podían e incluso más que antes”Procopio de Cesarea, Historia Secreta, xxi, 15-19
  • Reformas legislativas llevadas adelante por Juan de Capadocia contra los abusos de los funcionarios: prohibición de adquirir bienes en las provincias donde detentan cargos, prohibición de donaciones a los gobernadores, eliminación de las sportulae (cantidades abonadas por un demandante a los funcionarios judiciales).
  • Reducción de los gastos en el costosísimo servicio de correos, modificación de la requisición (coemptio), reducción de gastos en el ejército.
  • Aumento de la recaudación: elevando los derechos de aduana y creando puntos de peaje interiores, extensión del impuesto del aerikon (penalización por no respetar las distancias mínimas entre edificios) en todo el Imperio. Envío de logotetas o disscussores, comisarios encargados de la aplicación rigurosa de las medidas fiscales, con medidas de fuerza para obligar al pago de los impuestos.
  • A partir de los años cuarenta la administración imperial toma medidas para preservar los intereses de los contribuyentes. Por la Novella 130 del año 545 se protege a los particulares de los abusos cometidos por soldados de paso. En 544 se acuerda la remisión de los atrasos impositivos desde 522 aunque, paralelamente, por la epibolé los contribuyentes de una unidad rural son responsables colectivamente del pago de los impuestos de aquellos que han abandonado sus tierras.
  • La crisis demográfica y económica afecta a los precios y salarios. Desde 544 se modifica la equivalencia entre la moneda de oro y el follis de bronce (hasta 542 un nomisma = 288 piezas de bronce. De 542 a 550 un nomisma = 180 follis) para favorecer a las clases inferiores que reciben sus sueldos en follis. A partir de 550 se restablece la ratio de 1 nomisma/300 follis.
  • El comercio y la artesanía de la seda tienen un gran valor económico para el Imperio. Durante el siglo VI los persas detentan el monopolio de la compra de seda cruda. Para evitar el contrabando se establecen puntos de importación en Calínico, Nísibe y Artaxata. La elevación de los precios como consecuencia de las guerras con Persia hunden a los comerciantes y fabricantes privados que recurren a la venta clandestina. Para proteger al sector Pedro Barsimés, en su calidad de comes sacrarum largitionum, establece el monopolio estatal de la seda aunque esta medida no baja los precios, una libra de seda teñida vale una libra de oro (72 nomismata). La solución, importar gusanos de seda para fomentar su cultivo en las regiones donde se da la morera, es proporcionada hacia 552 por unos monjes nestorianos que la importan de Sogdiana (Turkestán). Las primeras cosechas se producen en la región de Tiro y Beirut.
 

Justiniano I y la política religiosa

 

La voluntad determinada de la imposición de un pensamiento y una fe religiosas distingue la actuación en política religiosa de Justiniano I. También el propósito de desarrollar una reglamentación precisa para todas las instituciones religiosas y culturales. Se utiliza la fuerza para proscribir a los heréticos, a los opuestos al credo calcedonio. Justiniano I se exhibe como alguien dotado de competencias teológicas y ejerce una presión en nada moderada sobre la Iglesia:

  • De las quinientas leyes del Código Justinianeo noventa conciernen a la Iglesia a las que hay que añadir las Novellae promulgadas tras la segunda edición del Código en 534.
  • El emperador muestra un fuerte deseo por reglamentar y controlar la vida interna de la Iglesia como un cuerpo social apartado, aunque encarga al obispo de la ciudad responsabilidades específicas en su administración (denunciar las infracciones a la ley, supervisar el trato a los prisioneros en las cárceles públicas, incluso juzgar en su tribunal al gobernador si los ciudadanos inician un proceso contra él) y sobre los conventos y monasterios.
  • Justiniano I establece como objetivo prioritario hacer del cristianismo la religión única y obligatoria para todos sus súbditos. Ordena a todos los no bautizados que se hagan conocer y se dirijan con sus familias a una iglesia para hacerse instruir. Estas disposiciones son complementadas con medidas fiscales (confiscaciones, prohibición del derecho a heredar). A los profesores paganos se les prohíbe el derecho a enseñar y a recibir pensiones del estado. Los paganos se convierten en muertos civiles. Los maniqueos son perseguidos desde 527, los paganos desde 529. La medida afecta a todas las clases sociales: el cuestor Tomás, el prefecto Asclepio y el patricio Focas son inculpados. En 531 o 532 se cierra la academia platónica de Atenas. En Palestina los samaritanos se rebelan y son sometidos tras una sangrienta campaña militar.
  • La actitud ante los monofisitas oscila entre la represión y el acercamiento, probablemente a instancias de Teodora. La pareja imperial difiere en sus objetivos: mientras Justiniano I busca un acuerdo conciliador entre calcedonios y monofisitas, Teodora apoya decididamente a los partidarios del líder monofisita Severo de Antioquía.

Fruto de su política inconsistente en la década de los cuarenta Justiniano I toma severísimas medidas contra los monofisitas egipcios. La represión encuentra una dura resistencia entre la población. En 552 el patriarca Apolinario, cuyo nombramiento ha forzado Justiniano, usa el ejército para acabar con los que se le oponen. El resultado es de millares de muertos y un odio inextinguible de los alejandrinos hacia Justiniano.

Engolfado en interminables disputas teológicas Justiniano I publica un tratado en 544-545 sobre la cuestión de los Tres Capítulos dirigido contra los teólogos Teodoro de Mopsuestia, Teodoreto de Ciro e Ibas de Edesa. La Iglesia de Occidente se opuso de inmediato. La resistencia del papa Vigilio a firmarlo provocó su arresto el 22 de diciembre de 545. La presión sobre el papa para que se uniese a la posición de Justiniano le obligó a firmar el Iudicatum del 11 de abril de 548 por el que condenaba los Tres Capítulos  y sin embargo proclamaba su adhesión  a las tesis de Calcedonia defendidas por los obispos.

Hagia Sofía

Hagia Sofía en tiempos de Justiniano I

 

La publicación del Iudicatum sublevó a la Iglesia occidental, especialmente a la africana. Un concilio presidido por Reparato de Cartago excomulgó al Papa y escribió una carta al emperador para defender los Tres Capítulos. Sometido a una situación insostenible Vigilio pidió la retirada del Iudicatum y aceptó la decisión de Justiniano I de convocar un Concilio Ecuménico para resolver la cuestión.

El emperador no tiene intención de respetar su compromiso de no forzar la cuestión hasta el Concilio y publica como edicto una profesión de fe por la que condena los Tres Capítulos confirmando, sin embargo, los canones de Calcedonia. La voluntad de Justiniano I de que sea el emperador quien decida sobre el dogma, relegando al Concilio a un papel secundario, provoca la oposición del papa Vigilio que en julio de 551 ordena la excomunión de todos los firmantes del edicto.

La ira del emperador provoca la huida a sagrado de Vigilio. Una delegación encabezada por Belisario convence al papa para retomar las negociaciones. Enfrentado a una situación insostenible Vigilio intenta escapar en la noche del 23 al 24 de diciembre de 551. Tras una ardua negociación el papa consiente en regresar a la capital. El emperador se ve obligado a resolver sus diferencias con el papa antes del Concilio ante la imposibilidad de llevarlo adelante sin él. El 28 de enero de 553, por fin, el papa consiente en convocar el Concilio para tratar la cuestión de los Tres Capítulos.

El Quinto Concilio Ecuménico se reunió en Constantinopla el 5 de mayo de 553 bajo la presidencia del patriarca Eutiquio ante la negativa final del papa a participar por la exclusión de la mayoría de los obispos italianos a instancias del emperador. Bajo la supervisión vigilante de Justiniano I los reunidos aceptan finalmente las proposiciones del emperador y condenan a los tres obispos.

La aparente victoria se muestra frágil. En Occidente la resistencia es inquebrantable a pesar de la persecución contra sus líderes. En Oriente el propósito del emperador de crear las condiciones para conseguir un acercamiento con los monofisitas fracasa. Son los años en los que Jacobo Baradeo crea los cimientos de la iglesia jacobita monofisita. El fracaso de Justiniano I en su propósito de conseguir la Unidad de Fe es absoluto.

 

Justiniano I  y la reforma del derecho

 

El 13 de febrero de 528, menos de un año después de acceder al trono, Justiniano I se enfrenta a la colosal tarea de la reforma del derecho, la obra más duradera y señalada de su reinado. Las dificultades eran enormes: gran cantidad de textos legislativos complejos, confusos y muchas veces contradictorios. Ese 13 de febrero el emperador nombró una comisión de diez miembros dirigida por el jurista Triboniano asistidos por un profesor de derecho de la universidad de Constantinopla, Teófilo, dos abogados y dos funcionarios. Su misión era publicar las constituciones imperiales emitidas desde el reinado de Adriano reunidas en los códigos gregoriano, hermogeniano y teodosiano, eliminando las contradicciones y el material inútil o derogado.

Imperio de Justiniano I división administrativa

División administrativa del Imperio, obra de Guilhem de Encausse

 

Una tarea inmensa que Triboniano y su equipo remató en catorce meses. El 7 de abril de 529 el Código de Justiniano fue publicado. El nuevo corpus pasó a los tribunales como la referencia legislativa de uso. Una segunda edición fue acometida de inmediato para tener en cuenta los textos más recientes. Esta, la única que se ha conservado, fue publicada el 16 de noviembre de 534 y entró en aplicación el 29 de diciembre.

La obra legislativa del reinado se compone de las siguientes obras:

  • El Código: mucho más rico que su predecesor el código teodosiano al recoger las constituciones anteriores a Constantino, está dividido en doce libros sobre derecho eclesiástico, derecho penal, procedimientos, derecho privado y derecho administrativo y fiscal.
  • El Digesto o las Pandectas: la jurisprudencia, esto es, la producción de los juristas, no forma parte del Código. El 15 de diciembre de 530 se promulga la constitución Deo Auctore por la que el emperador encarga a Triboniano la redacción de la obra. Su cometido es reunir la documentación, revisarla con espíritu crítico y eliminar todo lo innecesario. Se organizó una comisión de dieciséis miembros divididos en tres subcomisiones, la primera dedicada al derecho civil, la segunda al derecho pretoriano y la tercera centrada en las preguntas y respuestas de los juristas Papiniano, Pablo y Escévola. Una tarea inmensa (tres millones de líneas) reducida hasta unas 150.000 líneas agrupadas en cincuenta tomos, basadas sobre todo en la producción de grandes juristas de los siglos II y III como Ulpiano y Pablo. Esta obra colosal fue promulgada el 16 de diciembre de 533, tras sólo tres años y medio de trabajos.
  • Las Instituciones y las Novellae: La primera fue redactada al tiempo del Digesto con la finalidad de servir como manual para los estudiantes de derecho. El trabajo fue realizado, bajo la dirección de Triboniano, por dos miembros de la comisión, Doroteo y Teófilo. Las Instituciones aparecieron el 21 de noviembre de 533 en un formato de cuatro libros que tratan sobre las personas, los bienes y sucesiones, las obligaciones, los delitos y acciones. Por su parte las Novellae es el conjunto de leyes redactadas por Justiniano I a lo largo de su reinado y como tal aumentada de modo continuo hasta los últimos años.

La reforma del derecho fue complementada con la de los estudios jurídicos. Justiniano I redujo a tres las escuelas de derecho, las de Roma, Constantinopla y Berito (Beyrut) y amplió de cuatro a cinco años la duración de los estudios. Durante el primer año los estudiantes (denominados iustiniani novi) se enfrentaban  a las Instituciones y a los cuatro primeros libros del Digesto. En los tres siguientes cursos se estudiaba el resto del Digesto. El quinto año estaba dedicado al Código.
Como nota sorprendentemente actual la legislación de Justiniano I regló la celebración de las fiestas de tercer curso (el paso del Ecuador) a mitad de carrera y prohibió terminantemente las novatadas que se infligía por costumbre a los estudiantes de primer año y a veces incluso a los profesores.

Algunas de las innovaciones del Código de Justiniano pueden resumirse en:

  • Cambia la noción del derecho: el emperador se convierte en la única fuente de ley  a partir del poder que le es entregado por la voluntad popular y la ley divina.
  • Se afirma una concepción embrionaria de los derechos del hombre al afirmar los redactores del Código la superioridad del derecho de gentes (aplicado a todos los hombres) por encima del derecho civil (que concierne sólo a los ciudadanos romanos). Esta inclinación se manifiesta a efecto judiciales en beneficio de los débiles en el sentido estructural (libertos, niños, mujeres) y coyuntural (deudores, criminales). Los procedimientos para la liberación de los esclavos se simplifican y se iguala el estatus de todos los ciudadanos. También la situación legal de los esclavos mejora, con la posibilidad de adquirir patrimonio y rescatar su libertad.
  • Aumento de las garantías de los menores en detrimento de la autoridad paterna: supresión de la noxae datio (derecho del padre a expulsar del domicilio familiar a un hijo por algún daño que est hubiese causado). Los hijos, incluso no emancipados, conservan sus bienes y el padre se ve limitado al derecho de usufructo. Del mismo modo los derechos de los maridos sobre sus mujeres son reducidos, probablemente por influencia de la emperatriz Teodora, pero también obedeciendo a una corriente de fondo. Las penas aplicadas a los divorcios ilegales castigan ahora por igual a hombres y mujeres. Las faltas a la moral sexual, que siguen siendo más severas para las mujeres, son rebajadas con la reforma legislativa de Justiniano I. Se permite a las actrices casarse con cualquier ciudadano, incluso con los de rango senatorial. Idéntica sensibilidad en cuestión de herencias y dotes.
  • Dulcificación de las penas aplicadas a los deudores a los que ahora se les conceden dos años y medio para saldar sus deudas. El interés máximo de los préstamos es limitado al 12% para los préstamos marítimos y entre el 4% y el 8% para el resto.
 

Justiniano I y el pueblo: la sedición Niká

 

La historia de los desórdenes populares de enero de 532 que estuvieron a punto de acabar con el reinado de Justiniano I y que son conocidos con el nombre de la sedición Niká han sido tratados ya en la biografía de Belisario. Por ello esta cuestión será tratada aquí más brevemente.

El corazón de la vida social de la ciudad está en el Hipódromo. Inaugurado el 11 de mayo de 330, por su ubicación central y su significación se convirtió muy pronto en un elemento esencial de la vida constantinopolitana. En él se reunía el demos, el pueblo agrupado en facciones para disfrutar de sus aficiones pero también para manifestarse sobre el gobierno, sobre el precio de los alimentos, para glorificar al gobernante que contempla los juegos desde la tribuna imperial (kathisma) pero también para mostrar su oposición en los asuntos humanos y divinos.

Justiniano I ante el palacio

Justiniano I durante la sedición Niká

 

Las facciones (Azules, Verdes, principalmente aunque también existían los Blancos y Rojos) eran no sólo clubes deportivos, sino que se arrogaban también la representación del demos, el pueblo de Constantinopla. Los ciudadanos de la capital no se definían por un privilegio jurídico sino por gozar de privilegios: la distribución gratuita de pan y en ocasione de aceite (annona) a los descendientes de los primeros pobladores de la capital después de la fundación de Constantino y a los propietarios de una casa. Las listas de demotai se registran para cada barrio y disponen de fichas que les daban derecho a esas distribuciones gratuitas. No todos los habitantes de la ciudad eran demotai. Sólo unas decenas de millares a comienzos del siglo VI tenían derecho a esas gratificaciones repartidos en las dos grandes facciones de los Azules y los Verdes.

Las distribuciones gratuitas no habían hecho mucho por apaciguar a las masas. Los desórdenes urbanos aumentaron desde la segunda mitad del siglo V y alcanzaron sus máximas cotas durante el reinado de Anastasio I. Procopio ha dejado testimonios elocuentes de la violencia de las facciones en la calle:

“Al principio [los miembros de las facciones] casi todos llevaban sus armas abiertamente de noche, mientras que de día ocultaban bajo el mando pequeñas dagas de doble filo que llevaban junto al muslo. Cuando oscurecía se reunían en bandas para despojar a los ciudadanos más pudientes tanto en plena plaza como en los callejones, quitando a sus víctimas sus ropas, cinturones, broches de oro y todo aquello que tuviesen en sus manos. A algunos de ellos, además de atracarles, decidieron matarles para que no denunciaran ante nadie lo que les había sucedido […] Puesto que el mal se extendía y el magistrado con autoridad sobre el pueblo no tomaba para nada en consideración a los delincuentes, la audacia de estos hombres no dejaba de crecer más y más cada día, pues cuando se concede plena licencia para cometer delitos, estos acostumbran a multiplicarse sin freno, dado que incluso aquellos crímenes que son castigados no suelen ser totalmente erradicados, ya que la mayoría de las gentes tienden fácilmente por su naturaleza a cometer delitos”Procopio de Cesarea, Historia Secreta, vii, 15-21

Marcadas posiciones ideológicas impregnaban las facciones. Los monofisitas eran fuertes entre los Verdes, mientras que los calcedonios dominaban la facción de los Azules. Los desórdenes urbanos de finales del siglo V y comienzos del VI delatan un descontento latente que se manifiesta en comportamientos asociales rayanos en el anarquismo e indumentarias estrafalarias a los ojos de la mayoría más conservadora. La respuesta del gobierno es la utilización de la represión violenta sobre ambas facciones para conseguir restablecer la paz social. Durante un tiempo se prohíben incluso los juegos en el Hipódromo. Cuando se levanta la restricción la efervescencia de las facciones se reaviva. Al comienzo de su reinado Justiniano no ha podido dominar a los Verdes, que siguen apoyando a la familia de Anastasio y mantienen una actitud hostil ante los calcedonios.

La corte de Teodora

La corte de Teodora, mosaico de San Vital en Rávena

 

En ese clima de exaltación y violencia latente estalla en enero de 532 la sedición conocida como Niká (¡Vence!, llamada así por la aclamación tradicional al emperador). Aunque se ha conservado el relato de los hechos por los testimonios de Procopio, Malalas, el Cronicón Pascual y Teófanes siguen existiendo puntos oscuros sobre  lo que realmente pasó.

Durante las carreras de enero incluidas en el calendario anual se desencadenó, de la semana del 12 al 19, un estallido de violencia que provocó la destrucción de edificios señalados en la ciudad y altercados sangrientos con un balance final de decenas de miles de muertos. La sedición Niká fue también una revolución política en la que el régimen de Justiniano I se vio en serio peligro hasta el punto de que, en un momento dado, el emperador consideró la posibilidad de abandonar la capital.

Foro de Constantino

Foro de Constantino, reconstrucción de Antoine Helbert

 

Las acusaciones en el Hipódromo por parte de los Verdes de la parcialidad del emperador en favor de los Azules (que se reproduce en el famoso diálogo reconstruido en la Crónica de Teófanes y que has podido leer en la entrada de Belisario) produjeron la ruptura del diálogo. El abandono del Hipódromo por los exaltados Verdes marcó el inicio de los desórdenes públicos. La torpeza de la represión gubernamental provocó la alianza entre Verdes y Azules y la generalización del clima de stasis, la crisis total. Esta es una secuencia resumida de los hechos:

  • Al final de la tarde del 13 de enero faccionarios de los dos colores comienzan el pillaje en la ciudad. Los incendios se propagan y destruyen importantes edificios.
  • El 14 de enero a primera hora de la mañana el ofrecimiento de nuevos juegos para apaciguar a las masas fracasa y la rebelión se extiende. Varias prisiones son asaltadas y los presos liberados, el palacio del prefecto de la ciudad es destruido.
  • De los desórdenes sociales a la implicación política. La masa exige la destitución de los ministros más impopulares: Juan de Capadocia, Triboniano, Rufino el cuestor y el prefecto Eudemón. El emperador cede a la intimación pero eso no apacigua a los sublevados.
  • El 15 de enero el emperador intenta por primera vez usar la fuerza para romper el asedio de los sublevados. Belisario realiza una salida pero tiene que retirarse ante la violenta reacción del pueblo. Aumenta el número de edificios incendiados.
  • Durante los días 16 y 17 los incendios y pillajes se extienden a toda la ciudad en un clima de gran agitación. Durante el 17 soldados llegados desde el campamento de Hebdomón en las afueras chocan contra los sublevados pero no consiguen llegar hasta el gran Palacio. Justiniano ordena a Hipacio y Pompeyo, sobrinos de Anastasio, que regresen a sus casas, error mayúsculo que provocaría un agravamiento de la crisis al proporcionar a los sublevados candidatos para su revolución.
  • El domingo 18 a primera hora Justiniano se presenta con los evangelios en la mano en el Hipódromo. Su intento es rechazado. Al regresar al Palacio el emperador autoriza a los senadores a abandonarlo para buscar su propia seguridad.
  • El pueblo arrastra a Hipacio como su candidato al foro de Constantino. De allí es llevado al Hipódromo donde es aclamado por el pueblo.
  • Justiniano se reúne con sus consejeros para analizar la situación. Ante las dudas de Justiniano y su deseo de abandonar la ciudad Teodora interviene para instarle a que actúe con energía. Decidido por fin a usar la fuerza, envía a Belisario y Mundo para desencadenar un ataque contra las masas congregadas en el Hipódromo. Tiene lugar una matanza indiscriminada, con cifras que varían entre los 30.000 y los 40.000 muertos. La sedición es ahogada en sangre. Hipacio es condenado a muerte y la capital, medio destruida, se somete al emperador.
 

La política edilicia de Justiniano I

 

Las dimensiones colosales del ambicioso programa de construcción emprendido por Justiniano I no tienen igual entre los regidores del Imperio. El registro, conservado fielmente por Procopio de Cesarea en su De Aedificiis, y las obras que todavía se conservan, encabezadas por la sin par iglesia de la Santa Sabiduría, testimoniaron a los ojos de sus contemporáneos y ante la posteridad la importancia del legado de Justiniano I. Ciudades enteras destruidas por terremotos o riadas, fortalezas, iglesias, murallas fueron reconstruidas por Justiniano I que encontraba en esta política el mejor modo de proclamar la gloria de su reinado. Para tal efecto fueron destinados los enormes recursos del Imperio gracias a las políticas de ministros tan eficaces como Juan de Capadocia para exprimir los recursos financieros disponibles.

Estatua ecuestre de Justiniano I

Reconstrucción de la estatua ecuestre de Justiniano I

 

La gran obra edilicia del emperador fue posible gracias a la existencia de arquitectos e ingenieros como Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto que fueron capaces de encontrar soluciones técnicas a nuevos desafíos. Las innovaciones en materia de construcción, en la que el ladrillo tiene una importancia fundamental, y la generalización de su fabricación en instalaciones bajo control estatal permitieron recortar los plazos y reducir los costes. Estas técnicas al tiempo favorecieron la adopción de formas más audaces y creativas que crean espacios majestuosos. Las paredes de ladrillo se recubren de placas de mármol, estuco y mosaicos que multiplican el impacto estético del edificio al tiempo que refuerzan su programa iconográfico.

Hagia Sofía corte

Corte de Hagia Sofía, obra de Antoine Helbert

 

Los artífices de estas obras son hombres competentes dotados de una formación intelectual y práctica descollantes. Son los mecanopoioi, una mezcla entre nuestros arquitectos e ingenieros. Se trata de arquitectos con grandes conocimientos matemáticos, muy bien considerados en la jerarquía social pero escasos en número. Tras ellos están los architektones, los arquitectos propiamente dichos y por debajo los technitai, profesionales que encuentran su nicho en las obras menores o como subalternos de las otras dos clases.  Y alrededor de todos ellos un conglomerado de artesanos que viven de la construcción: pintores de frescos, constructores de mosaicos, escultores, albañiles, carpinteros agrupados en corporaciones supervisadas por el Estado.

Justiniano I dedica su principal atención a la reparación de los estragos causados en Constantinopla por la sedición Niká:

  • Los edificios de la plaza del Augusteón son los primeros en recibir la atención, especialmente la iglesia de la Santa Sabiduría. Se reconstruyen los propileos del Palacio, los baños de Zeuxipo, los pórticos que rodean la plaza y los de la Mesé hasta el foro de Constantino. La fachada del Senado también es reconstruida. Varios sectores del Gran Palacio son también reformados y se disponen grandes mosaicos representando las victorias de Belisario en África e Italia. Junto a estas construcciones Justiniano erige su gigantesca estatua en medio del Augusteón en sustitución de la de Teodosio.
  • Gran atención se dedica a la construcción de iglesias. Treinta y tres nuevas dedicadas a la Santa Sabiduría, a Santa Irene, a San Demetrio, a Santa Ana… a lo que se añaden santuarios consagrados a los Apóstoles y los mártires. Las labores caritativas y evergéticas se desarrollan en el nuevo hospital de Sansón que sustituye al destruido en enero de 532 y en otros dos construidos en las afueras de la capital. Junto a ellos se levantan casas para la atención de los que llegan a la capital para resolver asuntos administrativos y judiciales.
  • Otra parte de los esfuerzos constructivos se destina a la red de abastecimiento de agua para la capital, cuestión crítica durante los veranos. Para aumentar las reservas de agua Justiniano hace construir unas inmensas cisternas en las proximidades de Hagia Sofía en el emplazamiento del antiguo patio del Pórtico Imperial que abastecerán a la ciudad hasta la conquista turca.
  • El programa reconstructivo se extiende a otras regiones del Imperio. Antioquía, arrasada por el fuego y los terremotos, recibe grandes inversiones para su reconstrucción, como es el caso también de Apamea, muy castigada en 526 y 528. En regiones más apartadas también está presente la voluntad constructora. En los Balcanes Justiniano I reconstruye su patria chica y la de su tío Justino erigiendo Justiniana Prima y Justiniana Secunda. En los territorios africanos recién conquistados a los vándalos se multiplican las fortalezas para proteger el país de las incursiones de las tribus moras.
  • Las soluciones más innovadoras en materia constructiva tienen lugar en la capital con el uso de la cúpula no sólo en la gran iglesia de Hagia Sofía sino en construcciones previas o contemporáneas como San Polieucto (entre 524 y 527) por iniciativa de la noble Anicia Juliana, y las basílicas de Santa Irene y de los Santos Sergio y Baco.
  • La difusión de las novedades elaboradas en Constantinopla es desigual en el resto del Imperio. En Siria y Mesopotamia sigue predominando la forma basilical de las iglesias y la construcción tradicional de piedra. Una de las escasas excepciones es el conjunto palaciego de Qasr ibn Wardan, en la estepa siria, construido entre 561 y 564. El deslumbrante conjunto eclesial de Rávena tiene influencias diversas: San Apolinar en Classe (comenzada entre 532 y 536 y consagrada en 549 por el obispo Maximiano) de plan basilical no muestra influencias del Este. Sin embargo la de San Vital, iniciada en 531-532 y rematada alrededor de 547, presenta planta central y uso intensivo del ladrillo como sus contemporáneas orientales. Un rasgo más que la une al Imperio es su financiación por el banquero (argentarius) Jocundo de origen oriental que aporta 26.000 monedas de oro para su finalización.

La maravilla del mundo: Hagia Sofía
La gran obra del reinado de Justiniano I es la construcción de Hagia Sofía para sustituir a su antecesora destruida en 532. El resultado final una de las obras de arte más hermosas de la historia de la humanidad y un icono para todas las generaciones desde el momento de su inauguración. Los trabajos de reconstrucción bajo la dirección de Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto comenzaron ese mismo año 532 y avanzaron a gran velocidad. El 27 de diciembre de 537 la Iglesia fue oficialmente consagrada. Diez mil obreros organizados en cien equipos trabajaron sin descanso para ver la obra completada. El coste aproximado se estima en unos 361 millones de monedas de oro.
El emperador siguió las obras desde el primero hasta el último día y se inmiscuyó con entusiasmo en los inmensos problemas técnicos causados por la decisión de hacer reposar las partes altas sobre cuatro gigantescos pilares. A pesar de la peligrosa inclinación hacia el exterior de estos que atemorizaba a los arquitectos, Justiniano I ordenó que siguiese la obra adelante. Una obra de tal magnitud nunca antes soñada pudo salir adelante por la excepcional destreza técnica de sus constructores que debían enfrentarse al problema de combinar la cúpula con un plan basilical. El resultado fue deslumbrante: un rectángulo en el que se inscribe un espacio dividido en tres naves. Un nártex cubierto con bóvedas de arista da paso a un espacio interior que se eleva hasta los 54 metros de altura en el punto más alto de la nave central. Esta gran cúpula se apoya al este y oeste en dos semicúpulas y en un complejo sistema de contrafuertes que absorben las fuerzas generadas por la cúpula.
El interior de la Gran Iglesia es deslumbrante por la riqueza de los mosaicos y mármoles con que se adorna como expresa Procopio con entusiasmo:
“Por consiguiente, la iglesia se ha convertido en un espectáculo lleno de belleza, sobrenatural para los que la contemplan e increíble del todo para los que la conocen de oídas. Porque se alza sobremanera hacia las celestes alturas, y como si estuviera fondeada entre las demás edificaciones, se balancea y se sitúan por encima del resto de la ciudad […] Se podría decir que su interior no está iluminado por la luz solar de fuera, sino que en ella es connatural la iluminación; tan grande es la abundancia de luz que se esparce por este templo”Procopio de Cesarea, Los Edificios, I, i 27-28

Hagia Sofía de Antoine Helbert

Hagia Sofía, corte. Obra de Antoine Helbert
 

La crisis del decenio 540-550

 

Tras las grandes victorias del período 530-540 el decenio siguiente ofrece al Imperio y al propio Justiniano I un amargo receso. Desastres naturales, el terrible azote de la peste bubónica, derrotas en Italia y en el Este, un marcado descenso demográfico y el estancamiento de la economía son factores que sacuden con terrible fuerza al Imperio:

  • Fracaso militar: En 540 el rey Cosroes, receloso por los resonantes éxitos romanos en Occidente, atraviesa la frontera y tras un avance sin oposición en un frente desguarnecido, toma Antioquía. El saqueo subsiguiente debilita todavía más la ciudad, apenas restablecida de las consecuencias del terremoto de 526. En los años siguientes los persas pasan a la ofensiva en Mesopotamia, en Lázica, en Siria. Los territorios imperiales en la región y sus pobladores sufren terriblemente las consecuencias. En esos mismos años los hunos invaden el Ilírico y alcanzan el istmo de Corinto. En Italia Totila, un rey enérgico, toma la iniciativa y los romanos retroceden en toda la península. En África las derrotas se suceden ante las tribus moras hasta que la llegada del magister militum Juan Troglita permite restablecer la situación.
  • Los terremotos: En esta década se intensifica los movimientos de tierra con consecuencias catastróficas para la población. En septiembre de 543 Cízico es parcialmente destruida. En 544 maremotos en la costa de Tracia que da al Mar Negro. En 550 el río Cidno arrasa Tarso. Al año siguiente nuevos seísmos en el litoral de Asia Menor. En Beirut hay 30.000 muertos y la escuela de derecho tiene que ser transferida a Sidón. Pocos años después, en 557, Constantinopla sufre un devastador movimiento sísmico. La destrucción se expande por el Imperio.
“Dos años después de que Antioquía fuese capturada este azote de la peste estalló, en cierto modo similar a la peste descrita por Tucídides y en otro muy diferente. Se dice que comenzó en Etiopía. Pero recorrió, de un lado a otro, todas las partes de la tierra habitada, sin dejar a nadie, creo, indemne del mal. Algunas villas fueron tan afectadas que se vaciaron por completo de habitantes. En otros lugares la epidemia fue más leve y pasó. Estallaba a intervalos fijos, y una vez que había invadido, no se retiraba en todos los sitios del mismo modo. En algunos lugares arraigaba al comienzo del invierno, en otros durante la primavera, en algunos más durante la cosecha o bien avanzado el otoño […] Este azote se producía con frecuencia en las ciudades y en otros lugares en periodos cíclicos a los que se llama indicciones. Pero tenía lugar una destrucción casi total en el primero o segundo año del periodo de quince años del ciclo. Yo también mientras asistía a la escuela elemental fui afectado al comienzo de la plaga con lo que se llama los bubones. En los diversos ataques perdí muchos [hijos] que tuve y mi esposa y otros miembros de mi familia, así como muchos servidores y obreros agrícolas. Sea como sea, a la hora en que escribo esto, siendo el año cincuenta y ocho de mi edad, en menos de dos años, el azote ha atacado por cuarta vez Antioquía durante el cuarto ciclo desde el comienzo, y he perdido sin contar a mis primeros hijos, una hija y una nieta”Evagrio, Historia Eclesiástica, IV, 29-30
  • La gran peste de 541-544: La gran peste bubónica que asoló el Imperio en esa década fue inmortalizada por Procopio en su obra, siguiendo el modelo creado por Tucídides en su Historia de la guerra del Peloponeso. Desde el otoño de 541 se extiende a todo el litoral mediterráneo desde su aparición en Pelusio (Egipto), con un origen probable en el interior de África. La peste golpeó con especial virulencia en la capital, donde la masificación de la población ofrecía las condiciones adecuadas. La mortandad provocada en la capital fue estimada por Procopio en 5.000 e incluso 10.000 fallecidos al día. Tras un periodo de tres años la peste remitió para reaparecer posteriormente en brotes cada diez a quince años (558, 560, 561, 573-574, 592, 599). Las estimaciones calculan una mortandad en el Imperio cercana al 30% de la población:
  • Las hambrunas: Son conocidas particularmente en la región sirio-palestina gracias a las fuentes conservadas. Tras una primera manifestación en 501-504 coincidiendo con la guerra romano-persa, a partir de 534-536 se vuelven más numerosas, repitiendo el ciclo de diez-quince años de la peste bubónica: sequías, plagas de langosta, malas cosechas, lluvias, etc. se van sucediendo inexorablemente durante todo el siglo VI.

En esta década se produce también un relevo en los hombres de confianza del emperador. Tras la conspiración que provoca la caída de Juan de Capadocia en 542 llega el turno a Belisario. Cuando el emperador contrae la peste y se plantea la cuestión del nombramiento de un heredero los comandantes en el Este son tibios a la hora de respetar la posición de Teodora. Esta no olvida el agravio y su ira recae especialmente sobre Belisario y Buces. El primero se ve enviado de nuevo a Italia sin los medios para restablecer la situación mientras que el segundo sufre prisión durante años. Una nueva generación de colaboradores se sitúan cerca del emperador, hombres en su mayoría de origen urbano, que han estudiado leyes y deben su ascenso a su competencia. Areobindo es prefecto de la Ciudad. Pedro, magister officiorum, originario de Daras; los sirios Pedro Barsimés y Adeo, el africano Junilo,  cuestor y el egipcio Hefesto, prefecto del pretorio en 551; Marcelo el conde de los excubitores (539-565) y siempre Narsés, el praepositus sacri cubiculi.

La peste en el reinado de Justiniano I

La peste en el reinado de Justiniano I, obra de Guilhem de Encausse
 

Los últimos años de Justiniano I

 

El periodo final del reinado de Justiniano I está marcado por la soledad y el repliegue interior. También por los fracasos en cuestiones en las que el emperador batalló sin descanso durante todo su tiempo en el trono:

  • La cuestión de la conciliación entre monofisitas y calcedonios, un objetivo al que Justiniano I nunca quiso renunciar. Tras la muerte de Teodora en 548 el emperador mantiene una política contradictoria, persiguiendo con celo a los monofisitas al tiempo que asegura protección a sus líderes, como los antiguos patriarcas Antemio y Teodosio. En 549 Justiniano reúne a 400 monjes monofisitas y durante un año entero de interminables reuniones intenta avanzar en la conciliación sin resultado. En 557 lo intentará otra vez haciendo venir a la capital a Jacobo Baradeo, el líder monofisita, con el mismo resultado negativo. El emperador se enreda en una maraña de disputas teológicas que alejan más que nunca la posibilidad de una reconciliación entre los credos. En los años finales Justiniano I se deja seducir peligrosamente por la herejía del aftardocetismo (que defiende la incorruptibilidad del cuerpo de Cristo). En su deseo de imponerla el emperador depone al patriarca Eutiquio en enero de 565 y coloca en el trono patriarcal a Juan III Escolástico con la esperanza de que se pliegue a sus deseos. Calcedonios y monofisitas por igual se oponen terminantemente a la veleidad del emperador y sólo la muerte de este impide una ruptura total con todos los patriarcas ecuménicos.
  • A las tormentas teológicas se añaden los desastres naturales que azotan al Imperio. Peste, revueltas, terremotos que provocan una honda impresión entre los contemporáneos. El 13 de julio de 557 violentas tormentas causan numerosas víctimas en la capital. Ese mismo año en el otoño dos temblores de tierra sacuden la capital y provocan cuantiosos daños en las murallas. El emperador renuncia a llevar su corona durante cuarenta días como señal de duelo por el terremoto más violento del siglo. En febrero de 558 rebrota la peste. El 7 de mayo de ese año la cúpula de Hagia Sofía se derrumba. Será reconstruida con más altura.
  • La debilidad del monarca alienta las conspiraciones contra el trono. En 561 la cuestión de la sucesión agita la corte. El emperador tiene 79 años y no ha nombrado un heredero. Tras la muerte del brillante Germano en 550 son dos Justinos los que tienen más posibilidades. El primero, hijo de Germano, había demostrado cualidades como general en Lázica. El segundo, hijo de Vigilancia, la hermana del emperador, vivía en palacio y tenía inclinación por las cuestiones administrativas. No parece haber habido animosidad entre ambos pero la mujer del segundo Justino, Sofía, era ambiciosa y la cercanía de su esposo al emperador favorecía sus posibilidades.

El emperador no despeja la incógnita y con ello contribuye a enrarecer el ambiente de palacio. En septiembre de 560 corre el rumor de su muerte y el pánico se apodera de la capital hasta que el prefecto hace encender las luces de la ciudad para demostrar que el emperador está vivo. Es un clima de final de reinado y de convencimiento general que la muerte del emperador está próxima.

Los desastres se suceden interminablemente: diciembre de 560: incendio en el puerto Juliano que se extiende a diversos barrios de la ciudad. Peste en Cilicia y Antioquía, que sufre un nuevo terremoto. El 12 de octubre de 561 nuevo incendio en el barrio del puerto Cesario. Al mes siguiente estallan graves disturbios en el Hipódromo entre Verdes y Azules que son reprimidos con severidad. En marzo de 562 motín en los regimientos de las Escuelas y traslado de siete de los regimientos a Tracia. En octubre nueva insurrección popular en el barrio de Pitacia, cerca de Hagia Sofía.

Justiniano I anciano

Justiniano I en sus últimos años, mosaico de San Apolinar el Nuevo

 

La conjunción de todos estos acontecimientos, a pesar de éxitos exteriores (el fin de la resistencia ostrogoda en Italia, la firma de la paz con Persia en 562) fomentan un ambiente extremadamente enrarecido en Constantinopla. En este contexto tiene lugar la conspiración de Sergio, Marcelo y Ablabio. La trama es descubierta antes de atentar contra la vida del emperador y los culpables castigados. Los interrogatorios inculpan a personal de la casa de Belisario. El anciano general es convocado a palacio el 5 de diciembre de 562 y encontrado culpable. Sufre la confiscación de sus propiedades y es condenado a arresto domiciliario. La inverosimilitud de las acusaciones contra el siempre leal general llevan a su rehabilitación el 19 de julio de 563. Poco antes habían estallado nuevos enfrentamientos entre Verdes y Azules.

El último año de vida de Justiniano trajo nuevas calamidades. Los judios y samaritanos se rebelan en Cesarea de Palestina. La represión a cargo del magister militum Orientis Amancio fue muy sangrienta. En el mes de abril se produce un nuevo estallido de violencia entre Verdes y Azules. Ante los ataques contra funcionarios imperiales el emperador se ve obligado a enviar a los excubitores al barrio de Macenciolo contra los insurgentes. Los combates se extienden a toda la ciudad. El nuevo prefecto de la Ciudad, Juliano, usará durante los siguientes seis meses medidas de terror contra los miembros de las facciones hasta terminar por restablecer el orden en Constantinopla. El 11 de mayo, durante las fiestas del aniversario de la fundación de la capital Justiniano, que asiste a los juegos del Hipódromo en compañía de embajadores persas, es insultado por el pueblo que pide que aumente la distribución de pan.

A pesar de su edad avanzada el viejo emperador no abandonó hasta el final su empeño en gobernar el Imperio. Uno de sus últimos actos legislativos fue fijar la fecha del 25 de diciembre para la celebración de la Navidad cuando en Jerusalén y otras regiones se había celebrado hasta entonces el 6 de enero.

Justiniano I murió en su lecho durante la noche del 14 al 15 de noviembre de 565 sin haber dejado sucesor. Su sobrino, el curopalata Justino, fue investido por el Senado de inmediato. Pocos meses antes, en marzo, había fallecido su fiel servidor Belisario.

“Mientras tanto el cuerpo del emperador yacía sobre un elevado féretro de oro ante el llanto de una muchedumbre de sirvientes cuyos rostros regaba de lágrimas un justo pesar […] Cuando acudió allí el noble Justino con su sagrada esposa, poniendo sus amorosos brazos en torno al cuerpo sin vida, así habló sollozando: Luz de la ciudad y del Universo, padre Justiniano, ¿abandonas tu amada corte y dejas a tus allegados, a tus sirvientes y a tantos súbditos? […] ¿Con qué empuje vamos a vencer a tantos enemigos si tú, firmeza de Roma, estás muerto?”Coripo, Panegírico de Justino II, I, 226, 247-257

Los funerales del viejo emperador no despertaron hostilidad a pesar de las tensiones experimentadas recientemente en la capital. El cuerpo fue expuesto en un catafalco en el vestíbulo del Palacio con su diadema y la vestidura de púrpura sobre él. Los nuevos emperadores Justino y Sofía se acercaron para darle el último adiós. El féretro de mármol revestido de láminas de oro fue escoltado hasta la iglesia de los Santos Apóstoles siguiendo el ceremonial que él mismo había planeado. La leyenda dice que tras la toma de Constantinopla por los cruzados en 1204 los asaltantes abrieron el sarcófago y descubrieron el cuerpo intacto, lo que fue interpretado por muchos como un signo de santidad.

Hasta aquí ha llegado esta entrada sobre Justiniano I. Espero que haya sido de tu gusto.

Un saludo cordial

Roberto

Para saber más...

  • Browning, R (1987) = Justinian and Theodora, Londres.
  • Diehl, C. (1901) = Justinien et la civilisation byzantine au Vie siècle, París.
  • Evans, J.A.S.(1996) = The age of Justinian. The circunstances of Imperial Power, Londres.
  • Neville Ure, P. (1963) = Justiniano y su época, Madrid.
  • Tate, G. (2004) = Justinien. L’épopée de l’Empire d’Orient, París.

 

Enlaces de interés

Belisario, la gloria de los romanos
Justino I, emperador de Bizancio
La España bizantina

 
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Justiniano I, emperador de los romanos
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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

  • Gustavo dice:

    Hola Roberto,

    ¡Muchísimas gracias por esta nota!
    Vos sabés mi debilidad por la Antigüedad Tardía y fundamentalmente por los años de formación de lo que se dio en llamar “Imperio Bizantino”.
    Dí una lectura rápida al texto en la oficina, pero esta tarde, en mi casa, con ambiente adecuado (música suave de Haendel, unos mates amargos y mi sillón preferido) voy a sumergirme a piacere en él.
    Luego, si hay algo para comentar, lo haré.
    Saludos cordiales.

    • Roberto dice:

      Pues nada, Gustavo, que la lectura te sea placentera. Un acierto convertirla en un ritual de pequeños detalles que multiplican el disfrute…
      Y por supuesto sabes que los comentarios son siempre bienvenidos.

      Un saludo cordial

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