Alusianos se refugia en el campamento de Pedro Delián

 

REBELIÓN EN ITALIA 

En la entrada anterior descubrimos el fracaso de la campaña siciliana y la pérdida de favor de Jorge Maniaces por las intrigas de sus colaboradores. Al tiempo que se oscurece la fortuna de nuestro protagonista también lo hace la de los intereses bizantinos en Italia a manos de la colaboración entre los ambiciosos normandos y los descontentos ciudadanos de los territorios italianos del imperio. En esta entrada conoceremos los cambios dramáticos que se operan en la vida del general y la difícil disyuntiva en la que los manejos políticos de otros le sitúan. Continuad leyendo para saber más…

 

De acuerdo con las órdenes recibidas el resto del ejército repasó el estrecho y fue conducido de nuevo a Calabria y Apulia para enfrentarse a la nueva amenaza que ponía en grave peligro la seguridad de los themata italianos, la invasión de los normandos de Campania. Una gran masa de refugiados cristianos acompañó a las tropas en su regreso a Calabria, temerosos de la venganza árabe.

Los orígenes del enfrentamiento, aunque obedecen a causas más profundas que tienen que ver con la complicada estructura política de la región, se desencadenaron a raíz de la campaña siciliana. Durante las operaciones militares se puso de manifiesto la falta de entendimiento entre los auxiliares normandos y los oficiales imperiales. Los normandos, representados por sus jefes Guillermo Brazo de Hierro y Drogón, se quejaron airadamente ante Maniaces al considerar que la parte del botín que se les había concedido no premiaba suficientemente sus méritos en los ataques a Messina y Siracusa.

Junto a ellos se alineó Arduino,  que esperaba guardar para sí un hermoso caballo que había ganado en Troina después de haber matado a su jinete. Pero Maniaces, sin que conozcamos el motivo, le ordenó que devolviese el animal. Arduino se negó por tres veces a cumplir la orden y desoyó todos los avisos que se le transmitieron hasta que, agotada su paciencia, Maniaces decidió aplicar un castigo ejemplar por desobediencia que sirviese de lección al resto de sus subordinados. En consecuencia ordenó que se despojase al lombardo de sus vestimentas y se le azotase con varas desnudo en medio del campamento.

Después de ese humillante castigo Arduino disimuló lo mejor que pudo su resentimiento y a partir de entonces sólo tuvo en su pensamiento el proyecto de regresar al continente. Por su parte los normandos, indignados por el maltrato de que se había hecho objeto a su camarada y por la mezquindad del botín que les había tocado en suerte, tachaban de avariciosos a los bizantinos y atribuían a mala fe su comportamiento, con lo que también desearon regresar al otro lado del estrecho. Arduino logro sobornar al secretario de Maniaces para que expidiese un permiso de retorno para sí mismo y para los normandos, con lo que pudieron llegar a la costa italiana sin contratiempos. Los normandos, a partir de entonces enemigos irreconciliables de Bizancio, regresaron a Aversa y Salerno.Los tesalonicenses derrotan a los rebeldes búlgaros en 1041

Parece ser que por la misma época Harald Hardrada también se enemistó con Maniaces y como consecuencia los escandinavos abandonaron la campaña italiana. No conocemos las fechas concretas, aunque es bastante probable que la partida de unos y otros fuese bastante cercana en el tiempo. En cualquier caso en octubre de 1041 Hardrada y los suyos se encontraban ya en Tesalónica luchando contra el insurgente búlgaro Pedro Delián y había recibido del emperador el título de manglabita. Seguramente el perdón imperial por el abandono del puesto de combate fue facilitado por la caída en desgracia de Maniaces que había sucedido entre tanto.Alusianos ciega a Pedro Delián

 También había mucha agitación entre las poblaciones italianas. El descontento contra las autoridades bizantinas, la ausencia de las tropas empeñadas en la campaña siciliana y las levas forzosas produjeron sublevaciones ya desde mediados de 1038, poco después de la entrada del ejército en Sicilia. Toda Apulia estaba muy agitada y en Bari se produjeron revueltas en ese año con el resultado de la muerte de varios oficiales y ciudadanos griegos. Estas movilizaciones ciudadanas tuvieron su origen en las levas de milicias locales, conocidos en la documentación de la época como contaratoi o conterati, con destino a la campaña siciliana y posiblemente a un alza de los impuestos para costear las operaciones.

Con la misión de arreglar los asuntos italianos llegó a Bari el catepán Nicéforo Dociano en febrero de 1039. El nuevo gobernador traía órdenes expresas de acabar con los tumultos y lo consiguió por algún tiempo, aunque a los pocos meses la reanudación de las levas forzosas produjo nuevas revueltas populares y con ellas el derramamiento de sangre de varios funcionarios imperiales. El momento culminante llegó durante la gira de Dociano por la zona norte del thema con la misión de reclutar más tropas ligeras para la guerra. Los contaratoi se negaron a ser alistados y se sublevaron contra los oficiales bizantinos matando a algunos. El primero de ellos el propio catepán Nicéforo, muerto en Ascoli en enero de 1040. El 5 de mayo le llegó el turno al krites (juez) Miguel Coirosfactes, asesinado por contaratoi amotinados en el kastron de Móttola y en el mismo día otro oficial, Romano, fue muerto en Matera.

Los rebeldes intentaron aprovechar la debilidad de las guarniciones bizantinas para ocupar las grandes ciudades del litoral y señalaron Bari como su objetivo principal. En el camino se les unió Argiro, hijo de aquel Meles que se había rebelado contra el Imperio en 1009/1010 y nuevamente en 1017. El hijo del rebelde había regresado en 1029 de Constantinopla donde se había educado y ocupaba ahora un lugar entre los prohombres de Bari. Unido a los insurrectos tomaron por la fuerza la capital del thema. Sin embargo pronto surgieron disputas entre ellos, las milicias se dispersaron y el 7 de mayo Argiro se reconcilió de nuevo con las autoridades bizantinas tras derrotar a los contaratoi y apresar a sus jefes. Era un éxito importante, pero en el resto de los territorios la situación empeoraba…

Para sustituir al fallecido catepán llegó en el otoño de 1040 su pariente el protoespatario Miguel Dociano. Éste intentó restablecer la situación en Bari mediante detenciones y ajusticiamientos, pero la situación general se había deteriorado a causa de las sublevaciones populares en Apulia. Los abusos de sus predecesores en el cargo y los problemas con los mercenarios normandos eran demasiado graves para ser ignorados. El lombardo Arduino, que hasta entonces se había mantenido en un discreto segundo plano, se decidió a un audaz movimiento para perjudicar los intereses de Bizancio. Su motivo principal era la venganza, por la humillación sufrida tiempo atrás a manos de Maniaces. Ganándose el favor del nuevo catepán con atenciones y demostraciones de celo, consiguió que éste lo nombrara candidatos y lo enviara a Apulia para asumir el mando en la ciudad fronteriza de Melfi, llave de la entrada a Apulia. Una vez al mando de la fortaleza Arduino empezó a desarrollar sus planes de venganza incitando a la población a sublevarse contra la tiranía de los griegos. La ocasión era favorable, pues buena parte de las tropas bizantinas se encontraban todavía en Sicilia y muchas ciudades en Apulia se habían alzado en armas.Fortaleza de Melfi

Esta situación en el continente fue la que provocó el regreso desde Sicilia de buena parte de las tropas allí destinadas, y para finales de 1040 Miguel Dociano entraba de nuevo en Bari. Decidido a castigar el comportamiento de la población local comenzó a actuar en Ascoli, lugar donde había perecido su predecesor en el cargo. Poco después le tocó el turno a la cercana población de Bitonto, donde se ensañó con los representantes de la nobleza del lugar. Desde allí se dirigió de nuevo a Bari para aguardar la llegada de los refuerzos de Constantinopla antes de emprender nuevas acciones.

Tras el paréntesis invernal Dociano salió en campaña a comienzos de la primavera de 1041 para enfrentarse a los invasores normandos que por entonces, con la ayuda de Arduino, acababan de ocupar Melfi, en el valle del Ofanto. Esta población fronteriza, en la que Arduino residía con el cargo de topotereta, se hizo eco de la llamada a la insurrección que había partido de Ascoli y que se expandió por el descontento de las poblaciones locales. Arduino urgió a ricos y humildes a tomar las armas para luchar contra la opresión militar y fiscal de los funcionarios bizantinos. En marzo de 1041, pretextando dirigirse a Roma en peregrinaje, estableció contacto con los Hauteville en Aversa  y les animó a emprender una nueva campaña en Apulia contra sus antiguos aliados tentándoles con la visión de un fabuloso botín y la esperanza de una resistencia escasa al estar el ejército imperial ocupado en Sicilia.

Los normandos, todavía pocos en número pero creciendo día a día, estuvieron más que dispuestos a intentar la empresa. Buscaron la alianza de algunos señores locales, tomaron el título de condes y procedieron a repartirse de antemano las tierras que pensaban conquistar, con la promesa de ceder a Arduino la mitad de todo lo que consiguiesen. De las tierras de Benevento partieron 300 caballeros de fortuna que fueron introducidos de noche en la ciudad de Melfi. Los recién llegados se encontraron con una gélida bienvenida por parte de la población local, que percibía el peligro de su presencia y a duras penas consiguió Arduino apaciguar los ánimos y evitar que intentasen expulsarlos de la ciudad. Al calmarse los ánimos los normandos fueron aceptados a regañadientes y éstos contaron al fin con una sólida base de operaciones desde la que intentar nuevas conquistas. Por el contrario, en las vecinas Venosa, Lavello y en la propia Ascoli los alarmados ciudadanos se apresuraron a pedir ayuda al catepán para expulsar a esos bárbaros invasores. Sin duda el recuerdo de la primera invasión normanda de Apulia en 1017 y de sus desmanes estaba muy vivo en la memoria colectiva.

Miguel Dociano salió de Bari con las tropas que tenía a su disposición, auxiliares rusos, contingentes del Opsicio y los Tracesios además de las milicias locales, sin esperar a que se le unieran el resto de sus fuerzas, todavía en camino desde la isla. Sicilia quedó desguarnecida con la excepción de Messina, que también sería abandonada poco después a pesar de los éxitos de Catacalon Cecaumeno.  El ejército imperial era superior en número al de los normandos, que contaban con poco más de 2000 o 3000 guerreros tras la llegada de lombardos de Benevento y de otros capitanes del norte pero la calidad de las tropas era muy deficiente. El choque tuvo lugar cerca de Venosa, el 17 de marzo de 1041 y los griegos llevaron la peor parte, teniendo que retirarse a la zona montuosa cercana para proteger su posición.Mapa de la rebelión en Italia 1041

Los normandos aprovecharon la ocasión para saquear la comarca de Venosa, Ascoli y Lavello convirtiendo Melfi en su base de operaciones y centro de recogida del botín. Ante una situación que empeoraba más la población local volvió a pedir socorro a Dociano. Éste se preparó para un nuevo encuentro tras recibir refuerzos y avanzó con un ejército que incluía soldados de los themata asiáticos, auxiliares de Pisidia y Licaonia, rusos y milicias locales de Calabria y Capitanata.

El 4 de mayo, en Montemaggiore (Cannas) se produjo el segundo enfrentamiento. Fue una lucha confusa y cruenta en la que de nuevo los imperiales llevaron la peor parte. Dociano fue derribado de su caballo pero consiguió huir, no así muchos de sus soldados que murieron ahogados en las aguas del río Ofanto, víctimas de una súbita crecida. Entre los muertos se contaban además los obispos de Troia y de Acerenza.

Este desastre debilitó gravemente al ejército imperial y obligó al catepán a volver a Bari y solicitar nuevos refuerzos, lo que supuso la retirada de Messina de los últimos contingentes allí emplazados y con ello la pérdida de todas las conquistas de los años anteriores. Cuando la noticia de estas derrotas llegó a Constantinopla el emperador ordenó la destitución de Dociano y su sustitución por el hijo de Boioannes, el antiguo catepán que venciera a Meles. El nuevo gobernador llegó con tropas rusas de refuerzo que se vinieron a sumar a las tropas sicilianas de Maniaces, soldados del thema de Macedonia, paulicianos y reclutas locales.

Por su parte los victoriosos normandos veían como sus fuerzas aumentaban día a día por el prestigio ganado tras las dos victorias del año y nuevos contingentes de los principados lombardos del norte de Italia acudieron a sumarse a sus filas. Con ellos estaba también Atenulfo, hijo del príncipe de Benevento Pandolfo II, al que reconocieron como su jefe en Melfi.

El nuevo catepán no esperó mucho a probar fortuna con las armas. El 3 de septiembre tuvo lugar la tercera batalla, esta vez en Montepeloso, tras el frustrado intento de los imperiales por sorprender a Melfi. Tras un enconado combate en el que los bizantinos estuvieron a punto de imponerse la batalla se decidió por la intervención en el último momento del conde normando Gautier. Boioannes fue hecho prisionero y conducido a Benevento desde donde fue liberado poco después tras el pago de un fuerte rescate.

Tras estas victorias la voluntad de los normandos de consolidar sus conquistas fue imparable. Aunque en un primer momento, antes de la batalla de Venosa habían prometido fidelidad al emperador con la condición de retener las tierras que poseían entonces, ahora era imposible contener su ambición. En el otoño de 1041 los normandos dominaban ya la zona de Melfi y la región oeste de Apulia hasta las cercanías de Matera. Bizancio no controlaba ya más que el litoral, salvo en Capitanata y la tierra de Otranto. Incluso las grandes ciudades costeras comenzaron entonces a tratar individualmente con los invasores arreglando acuerdos concretos con la esperanza de preservar sus territorios. Bari, Giovinazzo y Monopoli aceptaron pagar tributo, como en su momento habían hecho con los árabes. Por esa época llegó a la zona un funcionario bizantino, Sinodiano, para tratar con las ciudades que habían parlamentado con los normandos pero falto de recursos renunció a la acción y se encerró en Tarento. Como él otros oficiales se vieron obligados a guarecerse tras los muros de las ciudades que todavía mantenían fidelidad al imperio, dejando el territorio libre para las correrías de los invasores. En breve sólo quedaron en manos de Bizancio cuatro plazas en Italia: Bríndisi, Otranto, Tarento y Bari.

Ante esta situación de deterioro Constantinopla se vio obligada a llamar de nuevo al único hombre capaz de hacer frente a la situación. Llegaba de nuevo la hora de Jorge Maniaces.

En la siguiente entrada conoceremos los detalles de la segunda estancia de Maniaces en tierras italianas y el desencadenamiento de los hechos que le llevaron a tomar una decisión crucial…

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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

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