Maniaces vence a los árabes en Sicilia

 

En esta entrada se narra la gran empresa de la conquista de Sicilia de 1038-1040 que quiso concluir el proyecto que la muerte impidió realizar a Basilio II. Jorge Maniaces es ya el militar más destacado del Imperio y como estratego autocrator, general con plenos poderes, invade la isla con un ejército en el que también se integran los normandos de los hermanos Guiscardo y un contingente de varegos al mando de Harald Hardrada, futuro rey de Noruega y aspirante al trono de Eduardo el Confesor. Las tensiones entre los distintos contingentes y la rivalidad entre los participantes desencadenó un final inesperado y prematuro a esta empresa que antecede en más de veinte años la conquista normanda. Sigue leyendo para conocer todos los detalles…

 

LA EXPEDICIÓN A SICILIA DE JORGE MANIACES

 

La muerte de Basilio II en diciembre de 1025 condenó al fracaso las operaciones que se habían comenzado a desarrollar con el ambicioso objetivo de la conquista de Sicilia. El emperador había enviado a Italia al eunuco Orestes con un ejército considerable compuesto en su mayor parte de mercenarios. Allí se había reunido con las milicias locales conducidas por el catepán de Italia Basilio Boioannes que aprovechó para fortificar Region (Reggio) como punto de apoyo de la operación. La invasión comenzó con el desembarco de las milicias de Bari y la toma de Messina supuso un éxito inicial que no tuvo continuación. Ante la falta de medios la ofensiva se estancó en los dos años siguientes sin registrar grandes avances.

En 1028 Orestes fue reclamado a Constantinopla y el excelente catepán Boioannes se vio relevado de su puesto. Las consecuencias de este segundo hecho se pusieron de manifiesto muy pronto durante el reinado de Romano III con la vuelta de las incursiones árabes en las costas italianas, principalmente en Apulia y el norte de Calabria. Los sucesores de Boioannes, Cristóforo Burgaris y Pothos Argiro murieron combatiendo contra los piratas en 1029 y 1031. El emperador, deseoso de reemprender las grandes empresas de Basilio II, fijó sus ojos también en la desvalida Italia y envió refuerzos con el protoespatario Miguel y posteriormente con el nuevo catepán Constantino Opo en 1034. Fueron éstos años de guerra naval en los que las naves del estratego de Nauplia Nicéforo Caranteno y la flota del chambelán Juan barrieron los mares y eliminaron la amenaza pirata.

Una vez dominado el mar el emperador pudo negociar en mejores condiciones con los árabes kalbíes de Sicilia y su emir al-Ahal. En agosto de 1035 el diplomático Jorge Probatas firmó la paz en nombre del basileo, que concedió al emir el título y los honores de magistros. Un comportamiento tan amistoso por parte del emir sólo pudo estar justificado por la guerra civil que estalló por aquel entonces en Sicilia y la necesidad que aquél tenía del apoyo de Bizancio. Pero esta situación favorable duró poco. El emir de África envió a su hijo Abdallah en apoyo de los rebeldes sicilianos. Vencido al-Ahal tuvo que buscar el socorro del catepán. Éste reunió algunas tropas y pasó el estrecho para combatir contra el ejército africano en 1037.

Por aquel entonces en Constantinopla se había decidido dar un empuje decisivo a la cuestión siciliana. Consciente el emperador de la debilidad de las fuerzas locales preparó una flota para asestar un golpe decisivo. Esta armada transportaba a las mejores tropas del imperio entre las que destacaban las fuerzas armenias al mando de Catacalon CecaMapa de Italia del sur a principios del XIumeno y contingentes varegos conducidos por el luego célebre Harald Hardrada, (Araltes en las crónicas bizantinas). Al frente se colocó al hombre del momento, célebre por sus éxitos en Asia frente a los árabes, Jorge Maniaces. Su misión como estratego autocrator de las fuerzas del thema de Longobardia, como lo llama Escilitzes en su Crónica, consistía en apoyar al bando opuesto al emir africano.

El origen de la conquista árabe de Sicilia a partir de 827 había tenido su causa en la disensión interna entre los oficiales bizantinos y en la decisión de uno de los bandos de acudir a ayudas externas. Rápidamente los árabes entendieron que era mejor un acuerdo entre ellos que permitir la entrada de las tropas imperiales en la isla y se prepararon en secreto para expulsar de la isla a los cristianos. Ante la falta de medios Constantino Opo tuvo que retirarse al continente, llevándose con él a 15.000 cristianos sicilianos rescatados del cautiverio. El emir al-Ahal murió asesinado en la ciudadela de Palermo y Abdallah estableció su autoridad sobre toda la isla.

Acompañado por el almirante Esteban, cuñado del emperador, cuya flota debía navegar a lo largo de la costa oriental de la lista y estar dispuesta a colaborar con las necesidades del ejército Maniaces penetró con su ejército en la isla. De inmediato se apresuró a unir sus tropas con los contingentes proporcionados por los territorios italianos.  El plan estratégico de la campaña permitía a Maniaces  plena independencia de movimiento sin depender en modo alguno del catepán. Entretanto acababa de llegar a Bari el patricio y duque Miguel Espondiles, antiguo gobernador de Antioquía, para unirse a la expedición. Quizá también entre sus obligaciones estuviese la de reemplazar a Opo, que desaparece de la narración histórica en estos momentos, aunque al año siguiente ya encontramos a  Nicéforo Dociano como catepán de pleno derecho.

En cualquier caso Espondiles fue el encargado de realizar las levas de las milicias de Apulia y Calabria, una acción que provocó un vivo resentimiento en las poblaciones italianas. A estas fuerzas reunidas a regañadientes se unió un cuerpo de entre 300 y 500 caballeros normandos de élite proporcionados por Guaimar de Salerno, al que el emperador Miguel había solicitado ayuda para combatir al enemigo común. Al frente de estos brillantes guerreros estaban Guillermo Brazo de Hierro y Drogón, hijos de Tancredo de Hauteville, que acababan de llegar de Normandía. Guaimar estuvo más que gustoso de poder desembarazarse de sus turbulentos huéspedes los cuales, ansiosos de botín y tierras, acudieron prestamente a unirse a Maniaces en Region en una aventura que prometía grandes beneficios.

Junto a ellos se alistó también elPlano de la invasión de Sicilia por Jorge Maniaces lombardo Arduino, un antiguo hombre de armas de la iglesia de San Ambrosio en Milán, que había acudido con un grupo de sus compatriotas a sumarse a la aventura italiana y que, por su conocimiento del griego, se convirtió rapidamente en interlocutor indispensable. La inestabilidad de su posición en su patria le habían llevado a probar fortuna en otras empresas. Ahora su astucia le permitió convertirse rápidamente en tácito portavoz de todos los auxiliares latinos y francos en el ejército. Esa preeminencia le animaría a jugar bazas más ambiciosas en un momento posterior de la historia.

Por fin, a mediados de 1038 y tras dos largos años de preparativos el ejército de Jorge Maniaces abandonó Region y atravesando el estrecho de Faro para desembarcar en Sicilia y avanzar sobre Messina. La recepción de la población indígena fue cálida. En aquella parte de Sicilia la mayoría de los habitantes seguían siendo cristianos y naturalmente predispuestos a apoyar la causa del emperador. En un testimonio contemporáneo como la Vida de Filareto el Joven, que en aquel entonces tenía 18 años, se proclama la voluntad de Dios de ver cumplida esta expedición para su mayor gloria y se lamenta de su fracaso final y la tragedia de haber prescindido de Maniaces, el único que, según el autor, podría haber cambiado la suerte del Imperio.

 

LA INVASIÓN

 

Ante los muros de la ciudad tuvo lugar un combate en el que los normandos se cubrieron de gloria y rechazaron una tumultuosa salida de los defensores. Luego atravesaron las puertas pisándoles los talones y ganaron la ciudad al primer combate. Este primer éxito, aunque importante, carecía de gran valor estratégico. En cambio la plaza de Rametta, al sudeste de Messina, dominaba la ruta que conducía por el litoral norte de Messina a Palermo, y hacia allí se dirigió de inmediato el ejército.

La llegada del cuerpo expedicionario bizantino puso fin a las discordias internas de los musulmanes sicilianos que acordaron unir esfuerzos para hacer frente a la invasión. Cerca de Rametta salieron al paso de las tropas imperiales con una fuerza estimada en 50.000 hombres. La batalla que tuvo lugar de inmediato fue encarnizada y tras una dura pugna finalmente los bizantinos lograron imponerse. Este éxito abrió las puertas de Sicilia al ejército romano que pudo así proseguir su marcha bordeando la costa oeste.

A finales de 1038 habían sido conquistadas ya trece poblaciones pero estos éxitos no lograron ocultar la dificultad de la campaña por la naturaleza agreste de las tierras sicilianas. Sólo tras muchos padecimientos de los que apenas se conocen detalles salvo los proporcionados por las sagas nórdicas que cantan las proezas de Hardrada, pudo llegar el ejército ante los muros de Siracusa en el comienzo de 1040. De inmediato se puso sitio a la ciudad y los imperiales se vieron envueltos en continuas escaramuzas y choques en las frecuentes salidas intentadas por los defensores. En estos enfrentamientos destacó especialmente Guillermo Brazo de Hierro, que alcanzó fama por matar en combate singular a un caid que había sembrado el terror entre los sitiadores por su destreza en la lucha.Fortaleza de Maniaces en Siracusa

Las poderosas defensas de Siracusa provocaron que el sitio se prolongase dando tiempo al emir Abdallah para reunir fuerzas llegadas de toda Sicilia y de África y agruparlas en la región montañosa de la isla. A la cabeza de más de 60.000 soldados intentó un movimiento audaz atacando por retaguardia al ejército acampado ante Siracusa. AntVictoria de Jorge Maniaces en Troina 1040e esta maniobra Maniaces se vio obligado a levantar el sitio y retroceder con su ejército para hacer frente a la nueva amenaza. Avanzando por las laderas occidentales del Etna el ejército imperial hizo alto en la llanura de Troina, al noroeste del volcán, en una localidad donde tiempo después se construiría un castillo que llevaría el nombre del general bizantino.

En Troina esperaba Abdallah con todo su ejército atrincherado en un campamento fortificado. Los árabes habían tenido tiempo para preparar cuidadosamente su posición y sembraron la llanura circundante con abrojos metálicos para estorbar el ataque de la caballería imperial. Lamentablemente para sus intereses no tuvieron en cuenta la costumbre bizantina de herrar sus cabalgaduras, lo que convirtió en inútil esta estrategia.

Con el enemigo a la vista Maniaces dispuso sus tropas según la acostumbrada formación en tres cuerpos que deberían entrar sucesivamente en combate. Cuando se entabló el combate cuerpo a cuerpo la fortuna acompañó a los bizantinos al descargar una fuerte tormenta que levantó grandes nubes de polvo que cegaron a los árabes. Con sus filas desorganizadas el ejército de Abdallah fue incapaz de resistir el ímpetu incontenible de la primera carga de caballería pesada. Pronto la batalla se convirtió en una masacre en la que perecieron a millares los soldados musulmanes y en la que nuevamente los normandos encontraron ocasión para sobresalir por la fuerza de su brazo.

El derrotado emir huyó con muchas dificultades y sólo a duras penas consiguió llegar hasta la costa desde donde se dirigió a Palermo. Mal recibido por la población local se vio obligado a abandonar la isla y refugiarse en África. Su lugar fue ocupado por Hassan ad-Dawla, hermano del fallecido al-Ahal. Fue una gran victoria que tuvo un gran éxito en toda la isla y que ha dejado para el recuerdo en Troina el nombre de Fondaco dei Maniaci dado a la llanura en la que tuvo lugar.Fondaco de Maniaces

La batalla, que tuvo lugar en la primavera o verano de 1040, proporcionó a Maniaces el control de la zona oriental de la isla y abrió las puertas de Siracusa al ejército imperial que hizo en ella una entrada triunfal en medio del entusiasmo de la población cristiana local. El descubrimiento por esas fechas de los restos de la virgen y mártir Santa Lucía en la ciudad contribuyó a un clima de exaltación general que puso en boca de todos el nombre del artífice de tantos éxitos. En la memoria local ha sobrevivido este recuerdo con la denominación de castillo de Maniaces (Castel Maniace) que se le dio a la fortaleza de origen bizantino que todavía se erige en la península de Faro.

Fiel a su temperamento Maniaces no se relajó en el momento de la victoria. Antes de Troina había encargado al almirante EManiaces disputa con el almirante Estebansteban la tarea de vigilar cuidadosamente las costas de la isla para impedir la huida del emir en caso de derrota. Pero la ineptitud de Esteban le hizo incapaz de cumplir con su misión. Abdallah escapó y sobre el almirante cayó de inmediato la ira implacable de Maniaces. Haciendo acudir a su presencia al inepto oficial lo cubrió de injurias y le acusó ante el emperador de traición y cobardía. Tan grande fue su cólera que llegó a maltratarlo físicamente acusándole de cobarde, afeminado y proveedor de los placeres del emperador. Este acceso de cólera provocaría muy pronto funestas consecuencias para la carrera del general.

Tras la toma de Siracusa Maniaces comenzó de inmediato los trabajos de reparación y consolidación de las murallas para ponerla en el mejor estado posible de defensa. El siguiente paso, tras la victoria de Troina,  era la ocupación del interior de la isla, pero todos los planes tuvieron que suspenderse cuando mensajeros llegados de Maniaces es conducido como prisionero a ConstantinoplaConstantinopla ordenaron imperiosamente al general que abandonara el mando y regresara a la capital. El ofendido Esteban, enfurecido por el humillante tratamiento a que había sido sometido por Maniaces, había aprovechado su influyente posición en la corte para denunciar al general ante el todopoderoso Juan el Orfanotrofo, hermano del emperador, acusándole de traición y de aspirar a la púrpura. Juan no dudó en reclamar la vuelta de Maniaces ordenando que se le trajera encadenado junto con su camarada de armas Basilio Teodorocano. Con Maniaces languideciendo en prisión el mando en Sicilia recayó en el incapaz Esteban ayudado por el prepósito Basilio Pediadites y Miguel Dociano.

 

CRISIS EN ITALIA

 

Por desgracia los sucesores de Maniaces eran muy inferiores en talento y su desgraciada dirección provocó un rápido empeoramiento de la suerte de las armas bizantinas. Maniaces había desarrollado una meticulosa actividad de construcción de kastra en cada una de las plazas conquistadas con vistas a preparar puntos de apoyo sólido para futuras operaciones en la isla e impedir simultáneamente sublevaciones de las poblaciones musulmanas locales. Tras la marcha del general esas fortificaciones fueron abandonadas por negligencia e imprevisión y en pocos meses las plazas en las que habían sido edificadas fueron recuperadas una tras otra por sus antiguos dueños. En mayo de 1041 sólo quedaba Messina en manos del ejército imperial, y ésta gracias a la enérgica actuación del protoespatario Catacalon Cecaumeno, estratego del thema de los Armeníacos, que hace aquí su primera aparición en las crónicas.

Catacalon Cecaumeno vence a los árabes en MessinaEl 10 de mayo Cecaumeno obtuvo una brillante victoria sobre las fuerzas que asediaban la ciudad. Después de mantenerse oculto tras los muros por un espacio de tres días realizó una salida repentina con todas sus tropas, 300 jinetes y 500 infantes. El éxito fue total y los árabes, tomados por sorpresa, fueron aplastados y su jefe encontró la muerte a manos de Cecaumeno. Los supervivientes huyeron a toda prisa hacia Palermo dejando tras sí todas sus posesiones. Esta victoria concedió un respiro momentáneo para Messina.Desgraciadamente hacía meses ya que el resto de la isla había caído de nuevo en manos de los musulmanes. Muy pronto los generales al mando fueron reclamados a la península ante el estallido de la revuelta de los contaratoi y la declaración de guerra de los normandos. Ambos sucesos exigieron de las autoridades bizantinas en Italia toda su atención y dejaron los asuntos sicilianos abandonados a la espera de tiempos mejores.

 

Hasta aquí esta entrada. En la próxima se relatará la insurrección en los territorios bizantinos en Italia y la invasión de los normandos que, a partir de este momento, dejan de actuar como mercenarios a sueldo de otros para reclamar el dominio sobre sus conquistas. Paralelamente a estos hechos seguiremos contando la historia de nuestro protagonista. Se avecinan tiempos de crisis…

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Hasta la próxima

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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

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