Prisioneros de Jorge Maniaces recibidos por Romano III

 

En la anterior entrada conocimos los orígenes de la carrera de Jorge Maniaces y sus primeros éxitos. En ésta vamos a analizar el episodio que afianzó definitivamente su carrera y le situó por encima de sus pares como uno de los oficiales más brillantes del imperio…

 

VICTORIA DE MANIACES EN EDESA

 

El flamante oficial estrenó su cargo trasladando su residencia a Samosata, lugar desde donde comenzó a controlar el gobierno de su circunscripción. Entre sus tareas principales estaba supervisar los movimientos de los señores armenios sujetos al imperio  y vigilar y hacer frente a los gobernadores de las ciudades árabes limítrofes. Muy pronto concibió el audaz deseo de apoderarse de la vecina ciudad de Edesa, tanto tiempo atrás perdida para el Imperio, al considerar que la inestable situación política de la zona podía permitir un audaz golpe de mano con posibilidades de éxito.

En aquellos momentos dos emires se disputaban el poder en la ciudad en un clima de tensión.

  • Ibn Sibl, servidor del poderoso Abu Nasr ibn Marwan emir de Diyarbakir/Amida.
  • Ibn Utayr, un jefe beduino cabeza de la familia de los Numairidas. Éste último, como verdadero beduino, no visitaba con frecuencia la ciudad y se hacía representar por un tal Ahmed a quien en un momento dado hizo matar, lo que provocó gran resentimiento en la ciudad.

Edesa estaba rodeada de una poderosa muralla y los dos emires se disputaban su control. Ibn Sibl poseía dos de las tres fortalezas que se erguían en el recinto así como dos tercios de la ciudad, mientras que Utayr controlaba la tercera fortaleza y el otro tercio de Edesa, pero este reparto de poder no había traído estabilidad y la tensión era constante por los continuados intentos de ambos de suprimir a su rival. Un día Ibn Sibl atrajo a su rival a las afueras bajo el pretexto de un festín. Su propósito real era asesinarlo pero Ibn Utayr no se dejó engañar y ordenó a sus hombres que lo atacasen en el lugar de la entrevista.Plano de la ciudad de Edesa

Una vez desembarazado de su rival Utayr intentó apoderarse por la fuerza de la fortaleza principal de Sibl. Ésta estaba al mando de Sulaiman Ibn al-Kurgi, un turco que debía su mando a la violenta pasión que la esposa de Ibn Sibl había concebido por él. Desprovista del apoyo de su marido la mujer no dudó en entregarle el mando de las posesiones de su esposo. Sulaiman entonces se atrincheró en los niveles superiores de la fortaleza para resistir los ataques de los hombres de Ibn Utayr. Pronto la situación se volvió insostenible. En su desesperación Ibn al-Kurgi envió mensajes a Ibn Marwan de Mayyafarikin/Martirópolis y Diyarbakir para hacerle entrega de la fortaleza de Edesa. El marwanida se apresuró a despachar una tropa de 1000 jinetes al mando de Bar al-Rais para hacerse cargo de la situación.

Ibn Utayr se sintió furioso por esta inoportuna intervención e intentó asesinar al recién llegado durante unas conversaciones de paz. Pero al igual que en su momento ocurriera con Ibn Sibl también esta vez la víctima se convirtió en verdugo y Bar al Rais, advertido de los propósitos de su rival, le hizo matar en un banquete fuera de los muros de Edesa y se convirtió en el nuevo amo de toda la ciudad. La viuda de Utayr tomó el mando de la resistencia y bajo una bandera negra se dedicó a recabar apoyPuerta de Harrán en Edesaos por toda la región intentando sublevarla contra los kurdos que, por este asesinato, se habían adueñado de una ciudad árabe. Una multitud acudió en su ayuda y se dirigió a Edesa para restablecer la antigua situación. Ibn Marwan, advertido por su subordinado, intentó oponerse pero fue batido y tuvo que retirarse. La situación se volvió entonces crítica para Bar al-Rais que fue reemplazado nuevamente por Sulaiman Ibn al-Kurgi. Este cambio no mejoró las cosas y los ataques incesantes contra las torres del recinto llevaron a Sulaiman a tomar una decisión desesperada y a hacer entrar en escena a un nuevo protagonista.

Entre octubre y  noviembre de 1031 Ibn al Kurgi envió una carta al estratego de la fortaleza bizantina más cercana, Samosata. En el mensaje el atribulado comandante ofrecía entregar la soberanía de la plaza al subordinado del emperador a cambio de la concesión de una dignidad palatina y de un gobierno provincial. El ambicioso Maniaces, que deseaba ardientemente encontrar ocasión para distinguirse, se alegró en extremo por el ofrecimiento. Se comprometió con Sulaiman mediante solemne juramento a obtener del emperador lo que aquel demandaba y garantizarle tierras con la promesa de asegurar la transmisión de éstas y las dignidades aparejadas a su descendencia. Ante Maniaces se abría la posibilidad de una empresa gloriosa, la de recuperar para el imperio y la cristiandad una ciudad bendecida por sus iconos milagrosos y que le había sido arrebatada hacía ya cuatro siglos y no dudó.

Maniaces llegó a las inmediaciones de la ciudad en medio de una noche tormentosa, con la compañía de 400 hombres escogidos. Se encontró en secreto con Ibn al-Kurgi y éste le entregó las llaves de tres de las torres más poderosas del recinto amurallado. Edesa contaba por aquel entonces con más de ciento cuarenta en la muralla. Prosternándose ante él Suleiman prestó homenaje y se retiró luego a toda prisa a Samosata acompañado de su mujer e hijos. En recompensa por sus buenos oficios y animado por la promesa de dinero y títulos al-Kurgi partió hacia Constantinopla llevando con él unos papiros escritos en siríaco que contenían dos cartas intercambiadas entre el rey Abgar y Jesucristo. El emperador, el patriarca Alejo Estudita y todos los dignatarios imperiales salieron a las puertas de la ciudad para recibir un venerado presente que suponía un excelente acompañamiento para el mandylion que Juan Curcuas había traído también de Edesa en 944. Según se cuenta el emperador Romano recibió los presentes con una fervorosa demostración de fe y los depositó junto a las otras reliquias que se custodiaban en el palacio imperial, donde pronto se ocupó de hacerlas traducir al griego. Por sus servicios Sulaiman fue nombrado patricio anthypatos y recibió tierras y una abundante recompensa en oro.

Jorge Maniaces conquista EdesaPor su parte Maniaces procedió de inmediato a tomar posesión de las torres y aprestarlas para su defensa a la espera de refuerzos. El objetivo era tomar la posición como punto de partida para una vigorosa ofensiva que llevase a la posesión del resto de la ciudad. Para ello no descuidó nada en sus preparativos, instaló en los terraplenes y caminos de ronda un gran número de máquinas de guerra con las que empezó de inmediato a bombardear la ciudad. Ante esta inaudita situación la población árabe espantada comenzó a huir precipitadamente.  Pero pronto las cosas cambiaron a peor. Tan pronto como el estandarte imperial se alzó en las torres de la ciudadela una muchedumbre enardecida, superado el impacto inicial, se armó apresuradamente para ir a su encuentro. Se sucedieron choques violentos en las calles y obligaron a los imperiales a retroceder y refugiarse en las torres. Ante la imposibilidad de llegar a las manos con ellos los frustrados musulmanes arremetieron contra los cristianos que vivían en la ciudad y mataron a muchos. Los supervivientes se retiraron a la iglesia catedral de Santa Sofía y allí se fortificaron para proteger sus vidas y sus riquezas.

Cuando Ibn Marwan tuvo noticia de los extraordinarios acontecimientos que habían tenido lugar en Edesa y cómo ésta había sido sustraída a su soberanía reunió a todas sus tropas y se presentó de nuevo ante los muros de la ciudad. Esta vez la entrada no ofreció dificultades al contar con el apoyo de la población y se dirigió de inmediato a asediar la iglesia de Santa Sofía y las torres defendidas por los soldados bizantinos.

El sitio de la iglesia fue de una terrible violencia. Pronto el viejo edificio se derrumbó ante los impacto de los proyectiles lanzados por una catapulta. Cuando los muros cedieron los árabes arrojaron fuego al interior e hicieron perecer así a muchos de los que allí estaban refugiados. Todas las riquezas y las provisiones que aquellos desgraciados atesoraban fueron presa de las llamas. Algunos supervivientes lograron abrirse paso espada en mano y se refugiaron con Maniaces. Éste, que de asediador había pasado a ser asediado, ofrecía una resistencia extraordinaria. En palabras de Mateo de Edesa, el único cronista que ha dejado constancia de estos sucesos:

Después de este episodio todos los musulmanes se alzaron y atacaron a Maniaces. Sin embargo el oficial romano, atrapado en la ciudadela con cuatrocientos hombres, desplegó un coraje admirable. Los más eminentes emires llegaron desde sus territorios a la ciudad de Edesa, desde Egipto hasta todo el país de los babilonios […] Todos esos emires se reunieron contra la ciudadela de Edesa y la atacaron durante el verano en multitud de asaltos.Mateo de Edesa, Crónica, Parte I, c. 58

Entre los sitiadores estaba Sibl, el poderoso emir de Harrán, pero la mano de Maniaces pudo alcanzarle incluso a distancia mediante un audaz golpe de mano. La Crónica de Mateo de Edesa ha conservado el recuerdo de uno episodio ilustrativo. Un enviado de Maniaces al que las fuentes llaman Rusar (posiblemente un armenio o un ruso) acudió ante el emir con el pretexto de trasmitir un mensaje de su comandante. Una vez llegado a su presencia le asestó un golpe mortal con su maza y a toda prisa volvió grupas y atravesó el foso del campamento. Milagrosamente el soldado consiguió salvarse al final a pesar de que su caballo fuese derribado durante la lucha. Este éxito no disminuyó la gravedad de la situación pues otros acudían a tomar el lugar del muerto. Los emires de Alepo, Damasco, Homs, Mosul, tropas fatimíes, beduinas y decenas de pequeños señores se contaron pronto entre aquellos que intentaban acabar con la resistencia de los bizantinos.

Atacado por todas partes Maniaces se batió desesperadamente a lo largo del abrasador verano de 1032. Los contingentes árabes y sus señores contendían entre ellos por el honor de apoderarse del estratego y acabar con la resistencia de sus tropas, pero los furiosos ataques se estrellaron una y otra vez contra la férrea resistencia de los imperiales. Durante los violentos enfrentamientos se quemaron las puertas de la ciudad y se derrumbó una parte de la muralla. Con la llegada del mal tiempo en otoño la situación se tornó tan difícil para los sitiadores como para los sitiados. En un momento de exasperación Ibn Marwan, ante la imposibilidad de tomar al asalto la posición resolvió retirarse después de prender fuego a la ciudad. Toda Edesa ardió mientras el ejército sitiador se retiraba cargado con los bienes y objetos de valor que había arrancado a las llamas. El sitio había durado un año entero.

Aunque la situación mejoró Maniaces tuvo que seguir defendiéndose de los habitantes de la ciudad, que seguían hostigándole noche y día. Finalmente los víveres comenzaron a faltar y no fue posible introducir nuevas provisiones en la fortaleza por lo que Maniaces tuvo que tomar una decisión arriesgada. Con toda la ciudad en pie de guerra, los  romanos, aparentemente intimidados, iniciaron conversaciones para un armisticio, lo que llevó a los edesanos a confiarse por la posición de fuerza de la que gozaban. Esa relajación fue aprovechada por el comandante romano para efectuar una salida por sorpresa. Venciendo la oposición que tenían enfrente atravesaron la ciudad en llamas y se aprovisionaron de nuevo en las casas de la ciudad que seguían en pie. Después de eso el control sobre la ciudadela se afirmó. Ésta había sido construida por Justiniano al noroeste de la ciudad y se elevaba sobre un promontorio que se alzaba a 90 metros sobre el estanque llamado de la fuente de Abraham.

Finalmente en la primavera de 1032 tropas de refuerzo venidas desde Samosata penetraron en la ciudad y liberaron de su asedio a Maniaces, que con los nuevos contingentes a su disposición pudo por fin ocupar toda la ciudad y eliminar los últimos reductos de resistencia. Una vez dueño de la plaza el estratego ordenó que se reconstruyeran las puertas destruidas y se recompusiese el muro exterior para prevenir futuros asaltos. Pronto se estableció en Edesa una guarnición pertrechada con armas y víveres suficientes que fue capaz de resistir en años sucesivos los intentos de los musulmanes por recuperar la ciudad.Frontera oriental bizantina en la década de 1030

El último acto del drama a modo de pequeña compensación para los árabes lo constituyó el ataque de represalia sobre Samosata. Frustrados por sus fracasos ante los muros de Edesa, se dirigieron hacia esa ciudad, que por aquel entonces estaba desprovista de soldados. Sin oposición pudieron saquearla y matar o hacer prisioneros a muchos de sus habitantes. A la vuelta un buen número de sus cautivos perecieron durante el paso por el Éufrates. No sabemos con certeza si por entonces Jorge Maniaces estaba todavía al mando en Edesa o por el contrario se había retirado ya a Samosata, tras dejar a algún oficial competente al mando, aunque podemos pensar que es posible que el estratego no quisiera abandonar su preciada presa sin antes haber asegurado la posición.

Maniaces había triunfado finalmente en la arriesgada empresa y devuelto al Imperio una ciudad largo tiempo perdida. Esta preciosa conquista daba a Bizancio el control de la orilla izquierda del Éufrates y suponía también una fuente de importantes ingresos para el Estado al ser Edesa centro de una muy activa red de caravanas. Pronto Maniaces trasladó la sede de su gobierno desde Samosata a la nueva conquista y el emperador, que experimentó una gran alegría al conocer la noticia, la dotó de una poderosa guarnición y reconstruyó las murallas. Estratégicamente además suponía una cuña en los territorios musulmanes fronterizos y Bizancio pronto se lo hizo sentir al tomarla como base para saquear los territorios de Harrán y de Saruj, el país al sur de Edesa, además de forzar a pagar tributo y recibir la sumisión de las tribus de los árabes numairidas y la forzada aceptación de la situación por parte de Anushtakin al-Dizbiri (el Tusber de las crónicas bizantinas), el gobernador fatimí de Siria del norte.

Los musulmanes finalmente tuvieron que aceptar la derrota y la presencia permanente en la plaza de los soldados romanos. Además los edesanos se comprometieron a pagar un tributo anual de cincuenta libras de oro. El prestigio del oficial creció extraordinariamente hasta ser conocido como el terror de los árabes y el recuerdo de sus hechos sobrevivió largamente en la memoria colectiva. Todavía en el siglo XII la ciudadela de Edesa seguía siendo recordada con el nombre de fortaleza de Maniaces.

Barasbatzes defiende Edesa de los árabesLa carrera de Jorge Maniaces siguió adelante. En 1035 fue sustituido por León Lependreno por orden del emperador Miguel IV. Su nuevo destino fue el Vaspuracán, la región de la Alta Media recientemente anexionada que estaba empezando a sufrir los primeros asaltos de los turcos. Por aquel entonces su ascenso en el orden de dignidades le había llevado al codiciado título de patricio, posiblemente una recompensa por su hazaña de 1032. Éste debió ser el tiempo en que contrajo matrimonio y adquirió grandes propiedades en Asia Menor. Poco permaneció en este destino, pues poco después se le encomendó la dirección de la empresa imperial en Italia, donde se pretendía continuar el proyecto que Basilio II había dejado inconcluso con su muerte y someter finalmente la isla de Sicilia.

El prestigio de Jorge Maniaces le sitúa desde este momento entre los primeros generales del Imperio. En la próxima entrada abordaremos la misión que le llevó hasta Occidente para recuperar la isla de Sicilia para el Imperio tras más de un siglo en manos de los musulmanes…

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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

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