Victoria de Maniaces en Teluj

 

En esta serie que retoma un trabajo presentado en su tiempo en el desaparecido foro de imperiobizantino.com podrás conocer la biografía histórica de Jorge Maniaces a partir de la documentación de la época. Leer estas entradas puede ser un excelente complemento para la narración literaria de mi trilogía. Debido a que la primera mención de Jorge en las crónicas se remonta a 1030, cuando ya estaba al mando de un pequeño distrito fronterizo en Siria del Norte, los acontecimientos relatados en Los años de Hierro no se verán reflejados aquí. Sólo en la parte final de la segunda novela, en estos momentos en proceso de escritura, se producirá la sincronización de ficción y hechos documentados en las fuentes. Si quieres ir descubriendo con mis novelas la historia de Jorge abstente de leer esta serie, pero si puedes renunciar al factor sorpresa encontrarás muy instructiva una lectura paralela.

Feliz lectura…

LOS ORÍGENES DE JORGE MANIACES

 

Los orígenes y procedencia de Jorge Maniaces (ca. 1000-1043) siguen siendo controvertidos. Es posible que tuviese una ascendencia oriental, quizá turca en opinión de algunos historiadores como Brehier. Ciertamente su apariencia impresionaba y le apartaba del común aspecto del bizantino medio. Miguel Pselo nos ha dejado este elocuente recuerdo personal en su Vida de los emperadores de Bizancio:

Yo he conocido a este hombre y lo he admirado, pues la naturaleza le había provisto de cuantas cualidades son propias de un general. Por su estatura alcanzaba los diez pies y los que lo miraban era como si alzasen la vista hacia una colina o la cumbre de una montaña. Su figura no era ni delicada ni agradable, sino que se asemejaba en cierto modo a un vendaval. Tenía una voz de trueno y sus manos eran capaces de sacudir murallas y pulverizar puertas de bronce. Su ímpetu era como el de un león y su ceño infundía miedo. Todos los demás rasgos de este hombre reflejaban en definitiva de modo congruete su carácter, pero su fama superaba su aspecto, pues no había bárbaro que no le temiera, unos por haberlo visto y admirado, otros por haber oído relatos sobre él que los llenaban de temorPselo, Vida, VII, 77

Pselo nos dice también que su carrera se inició desde abajo, ascendiendo poco a poco todos los rangos en la escala militar desde el puesto de esceuóforo (portaestandarte) hasta el de estratego, por lo que podemos suponer que era un oficial en activo en los últimos años del reinado de Basilio II, aunque no sabemos si participó en las grandes campañas búlgaras y georgianas o por el contrario desempeñó puestos de guarnición en Asia.

Enfrentados a la necesidad los Mirdasidas se decidieron por la guerra. Nasr condujo la caballería beduina al encuentro de la expedición y comenzó de inmediato a hostigar su marcha. La poca pericia en la conducción de las operaciones llevó al ejército bizantino a marchar por una región carente de agua en lo más tórrido del verano. El ejército estableció un campamento atrincherado en la localidad de Tubbal, un lugar sin agua en las cercanías de Azazion. Las partidas enviadas para encontrar agua se vieron sometidas de inmediato a los ataques de las tropas beduinas. La vanguardia del ejército imperial, a las órdenes del comandante de los excubitores León Coirosfactes, fue estrepitosamente derrotada. Como consecuencia el campamento imperial quedó rodeado por el enemigo. Un intento de mejorar la situación a cargo de la caballería de Constantino Dalaseno no tuvo mejor suerte y finalmente todo el ejército imperial emprendió una vergonzosa y desorganizada huida que estuvo a punto de provocar la caída del emperador en manos de los jinetes árabes.

Esos comienzos modestos no implican necesariamente un nacimiento humilde, por cuanto los cronistas no dejarían de haberlo citado en sus obras. Conocemos el nombre de su padre, Gudelio Maniaces, y esa precisión sería insólita en caso de tratarse de un simple campesino o un soldado raso. Sabemos también que durante el reinado de Constantino VIII (1025-1028) un Gudelio fue condenado por participar en una conspiración. Durante el mandato de Miguel IV (1034-1041) el mismo u otro Gudelio participó en aquella en la que se vio implicado Constantino Dalaseno y tuvo como castigo la confiscación de sus bienes. Se nos dice que este Gudelio era un rico y notable personaje del Asia Menor. Cheynet nos informa de que el nombre Gudelio es un patronímico varias veces registrado en Asia Menor y que se menciona a la familia Maniaces en las narraciones históricas en diversos momentos. Un Constantino Maniaces, de raza armenia, era drongario del Arithmos , uno de los tagmata (regimientos) de la guardia imperial durante el reinado de Miguel III (842-867).

No es seguro afirmar,  sin embargo, la relación entre ese linaje y el general, aunque de ser así podríamos pensar en éste como perteneciente a una familia de la pequeña aristocracia microasiática. De hecho encontramos Teofilacto Maniaces, otro miembro de la familia, entre los altos oficiales que se opusieron a la revuelta de Isaac Comneno en 1057. Todo hace pensar en una familia que se mueve en segundo o tercer plano, dependiente de clanes más poderosos pero con la que se cuenta en el momento de pasar a la acción.

 

LOS PRIMEROS ÉXITOS

 

La primera aparición en las crónicas de Jorge Maniaces se remonta a 1030, relacionada con la fallida expedición del emperador Romano III Argiro (1028-1034) a Siria que terminó en la lamentable derrota de Azazion (A’zaz). En el verano de aquel año el emperador emprendió una expedición para someter el territorio de Alepo, vecino del ducado de Antioquía. La empresa fue mal desde el principio por falta de una dirección adecuada de las operaciones y la mediocre calidad de las tropas.

En aquel tiempo el control del territorio de Alepo y de buena parte de Siria del norte estaba en manos de la tribu beduina de los Banu Kilab. Uno de sus jefes, Salih ibn Mirdas, (podeis leer una entrada sobre Salih aquí) se había convertido en amo de Alepo en 1025 tras arrebatársela a los fatimíes. A su muerte en 1028 sus hijos Nasr y Thimal se repartieron el mando en un equilibrio inestable que no dejó de ser observado atentamente desde el norte.

La llegada del ejército imperial fue recibida con inmenso temor en Siria. Los Mirdasidas intentaron negociar con Romano III prometiendo renovar el pago del tributo debido por Alepo y su juramento de lealtad al imperio a cambio de la retirada de las tropas. Pero Romano estaba decidido a mostrar que estaba a la altura de su ilustre predecesor Basilio II. Tras una breve pausa en Antioquía tomó el camino del este en dirección a Alepo, apenas a dos jornadas de camino.
Romano III Argiro en el campamento de AzazionEnfrentados a la necesidad los Mirdasidas se decidieron por la guerra. Nasr condujo la caballería beduina al encuentro de la expedición y comenzó de inmediato a hostigar su marcha. La poca pericia en la conducción de las operaciones llevó al ejército bizantino a marchar por una región carente de agua en lo más tórrido del verano. El ejército estableció un campamento atrincherado en la localidad de Tubbal, un lugar sin agua en las cercanías de Azazion. Las partidas enviadas para encontrar agua se vieron sometidas de inmediato a los ataques de las tropas beduinas. La vanguardia del ejército imperial, a las órdenes del comandante de los excubitores León Coirosfactes, fue estrepitosamente derrotada. Como consecuencia el campamento imperial quedó rodeado por el enemigo. Un intento de mejorar la situación a cargo de la caballería de Constantino Dalaseno no tuvo mejor suerte y finalmente todo el ejército imperial emprendió una vergonzosa y desorganizada huida que estuvo a punto de provocar la caída del emperador en manos de los jinetes árabes.

La derrota de Azazion, que presenta una trágica similitud con la de Manzikert en 1071 aunque con mucha menor repercusión a largo plazo que aquella, provocó una grave crisis en la frontera siria y amenazó seriamente la estabilidad del ducado de Antioquía. Animados por el éxito numerosas partidas comenzaron a atravesar la frontera sin oposición y llevaron sus algaradas hasta los pies del Tauro.

Por aquel entonces Maniaces era estratego del pequeño distrito fronterizo de Teluj, en el antiguo territorio de la Comagene, a un centenar de kilómetros al norte de Alepo. Ante los muros de la fortaleza se detuvo una tarde de septiembre una tropa de algareros que regresaban acarreando el botín producto de sus saqueos en tierras romanas. Eran ochocientos jinetes en total. Maniaces, que debía ser muy  joven todavía, sólo contaba con las reducidas fuerzas de su guarnición para hacer frente a la situación. Los recién llegados le anunciaron con insolencia el reciente desastre del ejército romano y la muerte del emperador. En consecuencia, le dijeron, debería rendir de inmediato la fortaleza so pena de ser pasado a cuchillo junto a toda la guarnición si no capitulaba antes del alba del día siguiente.

El estratego recibió con serenidad estas exigencias y aparentó ceder a su intimación prometiendo a los saquedores entregar la plaza al día siguiente tal y como se le exigía. Para reafirmar su buena disposición les envió como presente una abundante provisión de víveres, agua y vino animándolos a reponer fuerzas con la plena garantía de que al alba abriría las puertas de la fortaleza y les entregaría la ciudad con todos sus habitantes y los bienes que en ella hubiese. Los árabes aceptaron complacidos y esa noche se dedicaron a disfrutar de la comida y el vino de sus futuros cautivos hasta el punto de relajar la guardia y descuidar la vigilancia. Maniaces aprovechó esa ganancia de tiempo para aprestar a sus hombres y se decidió por atacar en la oscuridad. Durante la noche efectuó una salida por sorpresa y asaltó el campamento de los sitiadores matándolos hasta el último. Al inspeccionar el lugar se encontraron 280 camellos cargados

Victoria árabe en Azazion

con despojos del campamento imperial. El estratego se apresuró a  cortar las orejas y narices de los algareros muertos y cargado con este macabro presente se apresuró a salir al paso del emperador, que todavía estaba en ruta hacia Constantinopla. Lo encontró en Capadocia, donde Romano Argiro se reponía gozando de la hospitalidad de los Focas. Para recompensar al joven oficial por un éxito que aliviaba un tanto la amargura de la derrota el emperador ascendió a Maniaces al rango de protoespatario y ordenó su nombramiento como catepán de la Baja Media, el territorio del valle del Alto Éufrates. En su nuevo destino el activo oficial encontró pronto nuevos y ambiciosos objetivos en los que fijar su atención.

En la próxima entrada abordaremos el episodio de la toma de Edesa, un hecho que provocó una enorme conmoción en su tiempo y que ganó para Jorge Maniaces una fama imperecedera a ambos lados de la frontera. Puedes acceder a ella desde este enlace.

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Hasta la próxima

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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

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