Retrato Juan Signes Codoñer

Juan Signes Codoñer, catedrático de la Universidad de Valladolid, es uno de los bizantinistas más destacados de España y Europa. Es también el actual presidente de la SEB (Sociedad Española de Bizantinística). En su obra destacan los estudios filológicos, las traducciones de varias obras fundamentales de la literatura bizantina y su participación, como autor o colaborador, en muchos proyectos en relación con la Historia y Cultura bizantinas. Por la relevancia de su trabajo y su prestigio dentro y fuera de España consideramos que es del mayor interés su presencia en esta sección de entrevistas en Desde las Blaquernas. Espero que tú opines lo mismo después de leerla…

Juan Signes Codoñer

Foto Juan Signes Codoñer

Juan, ¿podrías resumir brevemente tu carrera académica para los lectores en Desde las Blaquernas?

Intentaré resumir… Estudié Filología Clásica en Salamanca, donde me licencié en 1987, con la que creo ha sido la mayor promoción de clásicas de toda la historia de la especialidad, pues fuimos 120 alumnos los que terminamos la carrera aquel año. Gracias a que había estudiado alemán en los años previos pude obtener una beca del Deutscher akademischer Austauschdienst para estudiar Bizantinística en Berlín Occidental durante dos años. Allí fui al pequeño seminario de Bizantinística de la Freie Universität, en el límite sur del campus de Dahlem, en Unter den Eichen, regentado entonces por Paul Speck. Fueron dos años duros, pero interesantes, que concluyeron en agosto de 1989: cuando me fui nadie podía pensar lo que iba a ocurrir con el muro apenas dos meses después. Entonces estaba yo en Salamanca de nuevo, esperando que me concedieran una nueva beca, esta vez del Ministerio de Educación y Ciencia, para realizar mi tesis doctoral en la Complutense, con Antonio Bravo García, la única persona que yo conocía en España que pudiera dirigir un trabajo sobre historiografía bizantina con la competencia adecuada. Se me concedió la beca y pasé cuatro años (1990-1993)  muy intensos trabajando con Bravo, un repositorio de saber abrumador que me abrió nuevos horizontes y se convirtió en maestro y amigo hasta el día de hoy. Luego vino el vacío, 1994, un año en el que todas mis esperanzas de obtener un contrato o un puesto de trabajo en la Universidad fracasaron, en gran medida porque las inercias de los filólogos clásicos no veían con buenos ojos un currículo de bizantinista. Entonces empecé a trabajar con oradores y con Homero, dispuesto a cubrir ese hueco en mi formación. Tras una estancia posdoctoral como becario en Viena en 1995, ese mismo año obtuve la plaza de ayudante en la Complutense. Como no quería pasar de nuevo por la experiencia que en 1994 y verme de nuevo en la misma tesitura al acabar mi contrato como ayudante (no se me garantizaba entonces que se me contratara como asociado), empecé a opositar: CSIC, Cáceres, Salamanca… y finalmente Valladolid, donde saqué finalmente la plaza de profesor titular en una oposición convocada en septiembre de 1996. Desde entonces he desarrollado mi carrera vinculado a esta Universidad, que me ha servido de plataforma institucional para trabajar en multitud de campos y donde he hecho, creo, algunos buenos amigos, tanto dentro como fuera del departamento de Filología Clásica. Entre ellos destacaré sobre todo a uno (que me perdonen los demás), Francisco Javier Andrés Santos, mi primer alumno de sintaxis en el curso 1996-1997, hoy catedrático de derecho romano de la Universidad de Valladolid. Él estudiaba clásicas para mejorar su latín después de haber cursado derecho (somos de la misma edad) y yo le inoculé el veneno bizantino. Desde entonces hemos compartido varios proyectos de investigación. Saqué la cátedra en la última habilitación de la era Aznar, en una concurrida oposición nacional celebrada en Madrid.

¿Por qué Bizancio? ¿Ha sido fascinación por el tema o la oportunidad ofrecida por un campo para el que no había demasiada competencia en España?

Las reflexiones sobre la importancia de la especialidad a la que uno se dedica son hoy muy frecuentes (el famoso para qué sirve con que le asetean a uno antes de empezar cualquier carrera), pero en aquel entonces, sin internet, cuando uno se licenciaba seguía a veces impulsos muy ingenuos. Yo desde pequeño había sentido fascinación por las genealogías de las familias imperiales romanas y un día, consultando la vieja enciclopedia Salvat de mis padres, descubrí que había más emperadores (y más familias) con posterioridad al año 476. Seguí tirando del hilo y llegué a 1453… Luego leí el Ostrogorsky y con ese escaso bagaje aterricé en Berlín, donde me llevé un buen susto al comprobar que no había cursos generales introductorios como en España: tuve que leer por mi cuenta libros y más libros para poder entender realmente qué era ese Bizancio por el que yo estaba becado. Fue entonces cuando comprendí lo que estaba haciendo, ya no había marcha atrás, pero además, por qué no, me gustó. Había también en mí, desde siempre, una especie de rechazo visceral a la idealización del pasado griego y me sentía a gusto en el “decadente” Bizancio, que, aunque despreciado por muchos helenistas españoles, había paradójicamente preservado el pasado antiguo de Grecia.

¿Cuál es el perfil de un bizantinista? O dicho de otro modo, ¿cuál sería el conjunto de saberes que debería reunir para afrontar con competencia su tarea?

Eso depende de los países y de los intereses. En España, donde no hay desgraciadamente estudios bizantinos, solemos entender las especialidades como algo cerrado, con un currículo perfectamente definido, como si la autoridad política estuviera pensando en un temario de oposiciones. Sobra decir que eso lastra la evolución de las humanidades en España en general y el de muchas especialidades en particular. Pero en buena parte de Europa, donde los estudios se organizan en función de los intereses concretos de las Universidades, una especialidad relativamente nueva como la Bizantinística adquiere perfiles muy variados de acuerdo con los intereses académicos concretos con que se funda. Hay a veces predominio de los estudios de historia del arte, otras veces el enfoque es más histórico (con presencia de numísmatas o sigilógrafos, o de investigadores de archivos del periodo tardobizantino), otras más filológico o literario. Hay incluso catedráticos de Bizantinística que proceden del mundo semítico. Otros que miran a Bizancio desde el mundo griego moderno… Podría decirse que la especialidad es tan flexible como el propio imperio bizantino ante los peligros que la acechan… Pero, en cualquier caso, creo que el conocimiento del griego clásico y, en buena parte, de su tradición literaria, es central para el conocimiento del mundo bizantino en su totalidad, no en una sola parcela.

¿Cómo organiza su jornada de trabajo Juan Signes?

Casi contestaría: pasemos a otra cosa. No es nada apasionante. Están las clases, la burocracia, los problemas administrativos, los trabajos de fin de grado, máster o tesis doctorales que hay que supervisar… Luego en los ratos libres, los compromisos pendientes, con plazos cada vez más perentorios y agobiantes. Obviamente a uno le gusta lo que hace, pero a veces la acumulación de tareas le asfixia y piensa uno en épocas anteriores, quizás con menos medios, pero menos vertiginosas. No obstante, quedan las personas a las que uno puede ayudar, que es al final lo que a uno le va a quedar cuando se retire. Esa es la mayor satisfacción y la que lo justifica todo. En cualquier caso lo más duro de mi jornada es la tabla de gimnasia que hago todas las mañanas antes de desayunar, 25 minutos.

Una pregunta delicada… ¿por qué el estudio de Bizancio no ha arraigado en la universidad española?

No es solo nuestro caso. Piensa simplemente que los estudios de Filología Románica, que deberían ser objeto prioritario de una política de Estado, son hoy algo testimonial (por no decir residual) en España. Y eso que las lenguas romances son las que explican nuestra identidad como nación, nuestra relación con España y con América. Tenemos 600.000 rumanos en España, pero nadie se interesa por sacar de ello partido académico. En ese contexto, nadie se puede extrañar que en España se ignore a Bizancio, que es la clave para entender la historia de los Balcanes, Turquía o Rusia (por no hablar del cuerno de África). Que Bizancio sea esencial desde el punto de vista geopolítico, no importa a nuestros políticos y autoridades académicas, que buscan el rédito a corto plazo y cuadrar las cuentas de una corta legislatura. Únicamente en Cataluña, por la tradicional vinculación mediterránea de la Corona de Aragón con el Mediterráneo, se ha desarrollado un cierto interés por Bizancio. Pero el resultado viene a ser el mismo: no hay cátedras de Bizancio en Cataluña y el interés por Bizancio ha venido a ser útil solo como creador de mitos nacionales útiles a la clase política. Justamente el tipo de enfoque que deberíamos combatir los especialistas (y hay de hecho algunos que lo han intentado).

Otra vuelta al tema… Para destacar en la bizantinística, ¿hay que salir fuera de España?

No me gusta mucho eso de “destacar”, mejor diría “formarse”, me horrorizan los planteamientos competitivos, aunque nuestra Universidad se rige por ellos. Es evidente que completar la formación en el extranjero siempre es bueno, para cualquier especialidad. Pero en España, donde no hay estudios bizantinos, es una necesidad absoluta. Los bizantinistas españoles nos agrupamos en la Sociedad Española de Bizantinística pero no hemos sido capaces hasta la fecha de organizar más que ocasionalmente cursos de especialización (en el CSIC), que no conducen a la obtención de títulos oficiales. Los medievalistas españoles, en general, no tienen excesivo interés por Bizancio. Y no hablo de los helenistas…

Has traducido a diversos autores. Tengo debilidad por esa modesta edición de Cecaumeno, pero también has traducido a Pselo y Procopio para Gredos y esa importante obra conjunta sobre la Continuación de Teófanes. ¿Cuáles son tus proyectos futuros en este campo?

Me gusta mucho traducir, pero mis últimas traducciones son ya antiguas, salvo mi participación en la traducción inglesa de la Continuación de Teófanes, una obra que edité con Michael Featherstone. Me gustaría traducir algún texto hagiográfico de calidad, pero me falta tiempo: otros proyectos me consumen el escaso tiempo libre que me queda para estas cosas.

Por si no lo has contestado en la pregunta anterior. ¿Habrá Libro VI traducido de la Continuación de Teófanes?

Sí, aunque no sé si yo participaré en él como quisiera. Mi amigo Michael Featherstone está ya trabajando en ello.

¿Qué obras bizantinas te gustaría ver traducidas a una lengua occidental que no lo hayan sido hasta ahora?

Bueno, en primer lugar la historia autobiográfica del emperador Juan Cantacuceno, cuya versión latina impresionó a la corte de Luis XIII y originó en gran medida el entusiasmo por Bizancio en Francia. Pero eso es un proyecto mayor. Yo creo que hay que empezar por obras menores para despertar la curiosidad, como la selección de poemas satíricos bizantinos que mis amigas Begoña Ortega y Teresa Amado han hecho para Cátedra, o la traducción del Saco de Tesalónica de Juan Cameniata que ha hecho Juan Merino, compañero de estudios en Salamanca. Son obras cortas, frescas, que despiertan el interés.

Buena parte de tu obra se ha centrado en el Renacimiento Macedonio y el siglo X en general. ¿Qué obras historiográficas todavía existentes podrían enriquecer con su publicación nuestro conocimiento de ese período?

Creo que he contestado ya antes con la referencia a Cantacuceno. Pero, insisto, quizás lo más interesante es traducir obras de menor extensión, más ligeras, incluso poemas históricos como el de la captura de Creta de Teodosio Diácono. Pero claro, con el desolador panorama editorial español y con nuestros índices de lectura, hay que asegurarse primero que eso pueda ser publicado.

Has emprendido la traducción de los libros de la Continuación de Teófanes al alimón con J.M. Featherstone, ¿cuál es tu valoración de la experiencia?

Pues la verdad, ha sido un trabajo verdaderamente gratificante, donde ambos hemos sido honestos con nosotros mismos y con el otro, reconociendo abiertamente errores e ignorancias, que es el único método para poder trabajar en equipo, algo que realmente escasea en España. No tenemos esa cultura, la vergüenza y el orgullo son demasiado frecuentes.

Otra pregunta delicada. ¿Puede un estudiante de grado de Historia pensar en formarse como bizantinista en España?

No. No hay especialidad, como ya he dicho. Además, ese estudiante, en el mejor de los casos, sabrá solo un poco de griego del bachillerato. Únicamente en dobles titulaciones de filología e historia o en carreras mixtas, como se dan en algunas Universidades madrileñas, puede adquirir las bases formativas para luego cursar un máster en la especialidad en el extranjero. De todas formas, no hay que dramatizar, yo, como dije, me formé básicamente de forma autodidacta como bizantinista en Berlín, donde no había cursos generales de historia bizantina (como sí los hay en Viena, por ejemplo). Eso sí, una buena biblioteca es imprescindible.

Has escrito un libro sobre la figura del emperador Teófilo para Ashgate. Quisiera preguntarte cuál son las personalidades y aspectos de la Historia bizantina que particularmente atraen tu interés.

Bueno, sobre todo las relaciones de Bizancio con sus vecinos, fundamentalmente el mundo árabe y durante el periodo iconoclasta y macedonio. En cuanto a personalidades, y salvando al emperador Teófilo, obviamente me atraen más los escritores que los emperadores, básicamente porque sobre la personalidad de estos últimos estamos generalmente poco informados, o mejor, muy mediatizados por las fuentes, a menos que ellos mismos escriban, como en el caso de Juliano o el propio Cantacuceno. Hay sin embargo algunas excepciones, me intriga la personalidad de Justiniano, básicamente por el relato de Procopio y aunque no creo que vagara sin cabeza por los pasillos del palacio imperial, me pregunto realmente cuál pudo ser en el fondo su forma de ser. También siento una gran curiosidad por casi todos los emperadores de la dinastía macedonia, especialmente por León VI, cuyas Novelas me fascinan (y me torturan, pues trabajo desde hace tiempo con ellas para hacer un léxico).

Sabías que…

La traducción es una de las facetas más destacadas del currículo de Juan Signes. En su haber se pueden contar algunas versiones a lenguas occidentales de obras preciosas para el conocimiento de la Historia y Cultura bizantinas. En el año 2000 Alianza Editorial en su colección Clásicos de Grecia y Roma publicó Consejos de un aristócrata bizantino Cecaumeno. El famosísimo Strategikon, una obra que nos permite acercarnos a la mentalidad de un aristócrata de provincias del siglo XI. Construída en forma de consejos al emperador es un librito muy ameno que no te debes perder. Todavía es posible encontrarlo así que apresúrate a hacerte con un ejemplar. De ese mismo año es la traducción de Procopio de Cesarea para la Biblioteca Clásica de Gredos. El título escogido la Historia Secreta nada menos. La siguiente aventura de Juan Signes fue la traducción de la Vida de los emperadores de Bizancio (2005) de Miguel Pselo, una obra mayor de la literatura bizantina. La también llamada Cronografía es una hermosa construcción literaria que debe ser interpretada a la luz de las vivencias de ese singular político y escritor. Las biografías de los emperadores en ella plasmadas son una fuente fundamental de conocimiento de la historia bizantina del siglo XI. En 2014 Juan Signes publica un estudio fundamental sobre el emperador Teófilo (829-842) The Emperor Theophilos and the East, 829-842, Court and frontier in Byzantium during the last phase of iconoclasm, un título de la prestigiosa colección Birmingham byzantine and ottoman studies de Ashgate, imprescindible para acercarnos a la figura de Teófilo y al mundo bizantino del siglo IX en las postrimerías del Iconoclasmo. Esta importantísima obra se complementa con la publicación en 2015 de la traducción de los primeros cuatro libros de la Continuación de Teófanes en colaboración con Jeffrey Michael Featherstone dentro de la prestigiosísima Corpus Fontium Historiae Byzantinae Series Berolinensis. Las biografías de León el Armenio, Miguel de Amorio, Teófilo y Miguel III son traducidas por primera vez al inglés. Como Juan nos cuenta en la entrevista se espera que el libro VI sea publicado también (el libro V, la llamada Vita Basilii, ya ha sido traducida en 2011 por Ihor Sevcenko).

Consejos de Cecaumeno Juan Signes Codoñer

Historia Secreta de Juan Signes Codoñer

Miguel Pselo Juan Signes Codoñer

Emperor Theophilos de Juan Signes Codoñer

Continuación de Teófanes de Juan Signes Codoñer

 Acabas de ser nombrado presidente de la SEB (Sociedad Española de Bizantinística) ¿cuáles son los objetivos durante tu mandato?

Somos una sociedad modesta, con casi 90 miembros, con una fuerte presencia de profesores de diversas especialidades que hemos convergido en Bizancio por distintos caminos. Desgraciadamente son pocos los estudiantes, el relevo generacional, ya que son pocas las oportunidades, como decía, de formarse como bizantinista en España. La presidente de la SEB desde su fundación en estos últimos ocho años, Inmaculada Pérez Martín, ha hecho una gran labor asentando la asociación en España, promoviendo una página web, publicando una revista online, captando socios. Es muy difícil mejorar ese legado, pero estamos obligados a superarnos a nosotros mismos. Mi prioridad sería conseguir ese marco institucional que nos falta, bien con un instituto de investigación universitaria que nos diera cobijo, bien con un máster oficial (los estudios de grado en Bizantinística no son realistas), bien al menos con un título propio estable. Pero para ello nos hace falta convencer a alguna institución. Y eso no es nada fácil. Además, la barrera de la lengua (el griego) es ya de entrada una grave limitación. Piénsese en que los compañeros de clásicas tampoco tienen muchos alumnos. Pero ese flanco institucional es nuestra gran batalla pendiente. Todo lo demás, “se nos dará por añadidura”. Piénsese que en un país como en Italia, hay 18 cátedras de Bizantinística…

Por otro lado, el hecho de que varios países latinoamericanos comiencen a desarrollar un interés por los estudios bizantinos debería atraer nuestro interés. A Chile y Brasil, que ya contaban con asociaciones de Bizantinística, se ha unido recientemente Argentina, que fue admitida como miembro de la Asociación Internacional de Bizantinística en el congreso celebrado en Belgrado este pasado agosto. México o Colombia cuentan también con un potencial inmenso para desarrollar estos estudios. La nueva era de la información hace que ahora sea más fácil acceder a ediciones o estudios que antes solo se localizaban físicamente en bibliotecas privilegiadas. La SEB no debe dejar pasar la oportunidad de servir de puente entre Europa y América en este sentido.

Una pregunta interesante… ¿cuál es el estado de los estudios bizantinos en España? ¿Es posible pensar en un refuerzo de su posición internacional?

Eso es lo que menos me preocupa. Ya tenemos proyección internacional, conseguida individualmente por muchos de los bizantinistas españoles a fuerza de esfuerzo y tesón. Lo que importa es que lo que nos reconocen ya fuera de España se nos reconozca también en nuestro propio país, que tiende a expulsar alegremente a los cerebros. El extranjero no debe ser la única opción para la formación de nuestros estudiantes.

Y por elevación quisiera preguntarte por la situación de la Bizantinística en el panorama internacional. ¿Cuáles son sus asignaturas pendientes?

Yo siempre suelo comparar la política cultural española con la de Francia, un país que ha invertido mucho dinero en instituciones culturales por todo el mundo para fomentar los valores nacionales. Eso ha creado luego lazos estrechos entre los países y, a la postre, favorecido los intercambios económicos. La importancia que la cultura y la historia tienen para estrechar lazos entre las naciones es algo que no interesa a los políticos y escapa a muchos diplomáticos, que acuden a sus embajadas sin la necesaria preparación. La Bizantinística explica el presente desde un pasado no tan lejano. Muchas de las cosas que ocurren hoy en los Balcanes, Rusia u Oriente Próximo no se entienden sin Bizancio. Pensemos que el mismo concepto de cristianos árabes resulta hoy incomprensible a mucha gente y, sin embargo, los cristianos árabes preceden en siglos a la llegada del Islam. Hay que conseguir una mayor proyección de nuestros estudios en la sociedad, esforzarse en ello es una cuestión prioritaria para Europa, cuyo renacimiento se origina precisamente por la llegada de intelectuales bizantinos a Italia a lo largo del siglo XV. Confío que nuestro actual presidente, John Haldon (Universidad de Princeton) que acaba de asumir el cargo, dé un impulso a nuestros estudios en esta dirección.

Y en el plano personal, ¿tiene tiempo un hombre de letras como tú para cultivar alguna afición?

Tengo muchas aficiones, como el modelismo o la lectura, pero las practico poco desde que nació mi hija Micaela en el 2003. Desde entonces Arantxa, mi mujer, y yo dedicamos a ella buena parte de nuestro ocio. Ella nos acompaña con entusiasmo en nuestros viajes fuera de España y esperamos que eso dure todavía unos años. En otro plano de cosas, leer la prensa todos los días o exaltarme ante los telediarios es otro de mis deportes favoritos. O simplemente charlar, con mi familia o con los amigos. Algo muy simple, pero muy gratificante.

Para terminar, revélanos cuál sería el sueño en tu campo de especialización que quisieras ver realizado.

Mi gran sueño sería adaptar al cine algún guion bizantino, tengo muchos potenciales del periodo iconoclasta, pero un buen guion sobre la vida de Procopio creo que atraería a cualquier productor de Hollywood. Me falta solo un buen espónsor, que no es poca cosa, ja ja. Pero eso supongo que será irrealizable. Así que me conformaré con pequeños sueños, como intentar convencer a algunos compañeros de que el griego no es prescindible en una carrera de clásicas. Solo conseguir esto sería ya un gran logro…

 

Hasta aquí ha llegado la entrevista a Juan Signes Codoñer. Juan es una personalidad que se aparta un tanto del perfil de los escritores que han pasado hasta ahora por la sección de entrevistas en Desde las Blaquernas pero espero, como ha sido para mí, que encuentres apasionante este acercamiento a la figura de un estudioso de Bizancio. Si tienes interés por la relación con el mundo universitario o si tú mismo eres un estudiante, sin duda te habrá de interesar tanto como a mí. Quiero dar las gracias a Juan por su generosa colaboración y pedir para él que siga teniendo tiempo para deleitarnos con nuevas traducciones y muchas más investigaciones sobre nuestra pasión común. Muchas gracias, Juan.

Y a ti, gracias también por pasarte por aquí. Te espero pronto con nuevas entradas.

Un saludo cordial

Roberto 

La obra de Juan Signes Codoñer…

Resumir la obra de Juan Signes Codoñer sería largo. A continuación listamos algunos de sus libros

  • El periodo del segundo iconoclasmo en Theophanes Continuatus, 1995
  • Jorge Gemisto Pletón (ca. 1355/1360-1452), 1998.
  • Procopio, Historia Secreta, 2000.
  • Cecaumeno, Guía para aristócratas bizantinos, 2000.
  • Introducción general a Isócrates, 2002.
  • Escritura y literatura en la Grecia arcaica, 2004.
  • Miguel Pselo. Emperadores de Bizancio, traducción, notas e introducción, 2005.
  • La introducción al derecho (Eisagoge) del patriarca Focio, 2007.
  • Léxico jurídico bizantino de la Eisagoge y las Novelas de León VI, 2012-2013.
  • Theophanes Continuatus, I-IV, en colaboración con M.J. Featherstone, 2013.

Enlaces de interés

Sociedad Española de Bizantinística
Entrevista a Luis Zueco
Entrevista a León Arsenal
Entrevista a Carlos Aurensanz

 
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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

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