Portada Damián Dalaseno

 

Damián Dalaseno

Duque de Antioquía (995-998)

 

Damián Dalaseno fue nombrado por el emperador Basilio II duque de Antioquía en 995 y la gobernó hasta su muerte en julio de 998 en el transcurso de la batalla de Apamea. En esta entrada de Desde las Blaquernas nos acercamos a una figura casi desconocida para el aficionado a la historia bizantina. El primer miembro de la ilustre familia de los Dalasenos citado en las fuentes gobernó esa importantísima posesión del Imperio con eficacia y éxito notables. En el artículo que te dispones a leer examinaremos lo que se conoce de la carrera de Damián, un relato de su gobierno en Siria del Norte además de un estudio sobre los orígenes de la familia Dalaseno y un repaso a sus miembros más ilustres.

Esta entrada es una preparación a otra de próxima publicación sobre la segunda dominación bizantina en Antioquía (969-1084). Además los hechos que se relatan tienen una estrecha vinculación con la trilogía de novelas de Jorge Maniaces. Aunque el marco temporal en que se desarrolla la trama de la novela es posterior (unos veintiocho años) algunos de sus personajes han tenido parte en esos sucesos. En particular Gudelio, el padre de Jorge, cuya vida merece por sí sola una novela y que será abordada en el momento en que remate la Trilogía. Espero que disfrutes con este artículo…

 

Los orígenes de Damián Dalaseno

 

La familia Dalaseno aparece repentinamente en la historia cuando Damián es nombrado duque de Antioquía por el emperador durante su campaña de 995 en Siria. Hasta entonces sólo se pueden hacer conjeturas sobre su origen y posición en la sociedad bizantina.

Es evidente que Damián no podía ser un advenedizo, porque el puesto de duque de Antioquía, el segundo en importancia en la jerarquía militar del Imperio tras el Doméstico de las Escuelas, sólo era adjudicado a hombres de alta posición y absoluta confianza. Distintos autores sitúan su casa familiar en la villa de Dalassa, de posible ubicación en la región de Melitene, pero esa hipótesis y la raza armenia de la familia están muy lejos de ser aceptadas de modo general. En opinión de J.C. Cheynet el repertorio de nombres habituales entre los Dalasenos en nada apunta a un origen armenio. Por el contrario se puede considerar el uso repetido del nombre Adriano, muy poco habitual entre la aristocracia bizantina. Una hipótesis podría señalar un antepasado ilustre en la figura del patricio Adriano, cuya hija Helena fue entregada en matrimonio a Constantino Lecapeno, hijo del emperador Romano I (919-944). Este Adriano era originario del thema de los Armeníacos, un distrito en el que posteriormente se constata la presencia de los Dalasenos:

Constantino, el último hijo del emperador [Romano Lecapeno], se casó con una joven llamada Helena que provenía de una familia de los Armeníacos; era hija del patricio Adriano. Poco después murió, y Constantino se unió a otra esposa llamada Teófano, que pertenecía a la familia de MamasJuan Escilitzes, Emperadores de Constantinopla, 229, 30

Podríamos pensar, pues, en Adriano como el primero miembro conocido de los Dalasenos, una familia que, teniendo en cuenta la elevada posición de Adriano, debía llevar al menos dos generaciones ocupando un puesto relevante en el seno de la aristocracia bizantina.

Los Dalasenos mantuvieron una larga relación con el ducado de Antioquía, ya que varios de sus miembros ocuparon el puesto de duque durante el siglo XI. Durante este tiempo el corazón patrimonial de la familia estuvo localizado en el thema de los Armeníacos. Tras la invasión de Asia menor por los turcos los Dalasenos perdieron sus propiedades y se ignora en dónde pudieron rehacer su patrimonio. A lo largo del siglo XI, como veremos en la conclusión del artículo, la familia contó entre sus miembros con militares de alto rango y uno de ellos, Constantino, estuvo a punto de ser emperador. Y por encima de todos descuella la figura de Ana Dalasena, nieta de Damián, esposa de Juan Comneno y madre del emperador Alejo I (1081-1118), cuya figura glosó admirativamente su hija Ana Comnena en su obra Alexiada.

 

La carrera de Damián Dalaseno

 

No conocemos nada sobre las actividades y el cursus honorum de Damián antes de su nombramiento como duque de Antioquía, aunque debieron ser suficientemente notables como para ser escogido para un puesto tan relevante. A partir de indicios podemos apuntar que Damián ya no era un hombre joven cuando el emperador le nombró duque. Para perfilar su carrera debemos tener en cuentas las siguientes consideraciones:

  • La preferencia de Basilio II por el nombramiento de oficiales maduros para los puestos de mayor responsabilidad. Sin duda el ducado de Antioquía era uno de los más importante en el Imperio.
  • La reconstrucción del árbol genealógico de la familia permite deducir una fecha de nacimiento aproximada para Damián. Nicéforo Brienio, el marido de Ana Comnena, nos dice en su Materia de Historia que Ana Dalasena descendía por parte de madre de Adriano y Teofilacto Dalaseno. Ambos eran hijos de Damián. Se acepta que la fecha de nacimiento de Ana Dalasena se sitúa alrededor de 1028/1030, ya que su hijo Manuel tenía más de veinte años cuando murió en 1071. Su propia madre debió nacer entonces alrededor de 1010 y su padre Adrián no más tarde que 990. Teniendo en cuenta que este era uno de los hijos menores de Damián se puede estimar para nuestro personaje una fecha de nacimiento alrededor de 940, lo que le situaría en la cincuentena durante su mandato en el ducado de Antioquía y el período de 965-970 para el nacimiento de Constantino y Teofilacto.

Damián Dalaseno fue nombrado duque de Antioquía por el emperador Basilio II durante el transcurso de la expedición que este realizó a Siria para restablecer la situación en la frontera tras la derrota del duque Miguel Burtzes. Su nombramiento sobrepasaba el de la mera circunscripción territorial de Antioquía y se extendía a todo el Oriente, como nos informa Yahya de Antioquía. Vamos a considerar la situación en Siria del Norte a mediados de la década de 990.

 

La guerra por Siria del Norte en la década de 990

 

Durante los primeros años de la década el gobierno del califa al-Aziz (975-996)se mostró muy activo en Siria, enviando año tras año ejércitos contra Alepo. En 992 el gobernador de Damasco Mangu Takin penetró en territorio bizantino hasta llegar a los muros de Antioquía y saqueó y pilló en todo el ducado hasta Pagrai (Baghras) antes de regresar a Damasco. Al año siguiente en otoño la región de Antioquía volvió a sufrir otro ataque.

El emperador Basilio II contemplaba con preocupación la agresiva política fatimí que había roto de facto la tregua establecida en 987. En mayo o junio de 384/994 Mangu Takin estaba de vuelta en Antioquía y saqueó la región antes de retirarse por la costa vía Gabala. La causa de la retirada según el historiador al-Maqrizi fue el excesivo calor y las moscas en Antioquía. A comienzos de julio-agosto Mangu Takin llegó ante los muros de Alepo y sometió la ciudad a un severo asedio. Fueron enviados refuerzos al ducado al mando del magistros León Meliseno a tiempo de recibir la desesperada llamada de auxilio de Said al-Dawlah el hamdanida y su chambelán Lu’lu. Miguel Burtzes y León Meliseno respondieron a la llamada congregando las tropas del ducado y marchando hacia el Este. Un contingente de Alepo se le unió al mando de Rabah al-Hamdani.

 Los ejército enfrentados ocuparon ambas orillas de un vado en el Orontes al norte de Apamea que los historiadores llaman al-Arwag. Una violenta batalla tuvo lugar allí mismo el 15 de septiembre de 994. Mangu Takin hizo cruzar a sus tropas para atacar a los bizantinos mientras una parte de sus tropas ayudaba a sus aliados Banu Kilab a ahuyentar a las milicias de Alepo. La batalla del vado, como fue conocida, resultó un desastre para las tropas imperiales. Los bizantinos tuvieron que retirarse precipitadamente después de dejar más de cinco mil muertos en el campo de batalla. Como resultado Azazion (A’zaz) cayó en manos fatimíes al igual que el resto de la región. Tras la victoria Mangu Takin regresó al sitio de Alepo que se mantuvo hasta abril-mayo de 995. El turco al servicio del califato había hecho construir una verdadera ciudad alrededor de su presa y sus restos eran visibles en 1262 cuando el historiador ibn al-Adim escribía su Historia de Alepo.

Enfrentado a una situación desesperada  el emir Said al-Dawlah y Lu’lu recurrieron a su última esperanza. Uno de sus hombres de confianza, Malkuna al- Suryani, viajó hasta las lejanas tierras de Bulgaria para transmitir su mensaje al emperador Basilio II. La caída de Alepo en manos egipcias, le expuso, supondría la de Antioquía y una grave amenaza para todo el Imperio. Sólo la intervención personal del emperador podría remediar ese desastre.

Basilio II no titubeó. De manera inmediata ordenó a su ejército que diese la vuelta y emprendió una marcha frenética que le condujo  a través de Anatolia hasta las puertas de Alepo en tan solo diecisiete días. Este hecho adquirió fama legendaria en su tiempo y reforzó el aura de invencibilidad del emperador. Tal proeza se consiguió a un alto precio: de los cuarenta mil hombres que componían el ejército al comienzo de la travesía sólo diecisiete mil llegaron a Antioquía en abril de 995.

La repentina aparición del emperador en Siria provocó el pánico entre los fatimíes. Mangu Takin había enviado a su caballería a los ricos pastos alrededor de Apamea. La captura de un mensajero al emir de Alep descubrió la inminente llegada de Basilio. Al ser avisado Mangu Takin renunció a la idea de enfrentarse al ejército imperial. Sus consejeros le animaron a que se hiciese fuerte en la meseta alrededor de Qinnasrin y que esperase allí el regreso de sus caballos pero el gobernador turco decidió esa misma noche destruir el campamento y levantar el asedio de Alepo. El 5 de mayo tomó el camino de vuelta a Damasco.

La ciudad de Alepo en el siglo XI

Dos días después el emperador recibió ante los muros de Alepo a Said al-Dawlah y Lu’lu. Desoyendo a aquellos de sus consejeros que le incitaban a apoderarse de la ciudad en este momento de desvalimiento, Basilio se puso en marcha hacia el sur el 9 de mayo. La plaza fuerte de Shayzar capituló tras un día de asedio. Tras ella fueron tomadas Homs y Raffaniyya con abundante botín. El ejército imperial se detuvo ante las murallas de Trípoli, el bastión de la defensa fatimí en Siria con su poderoso puerto fortificado. Durante cuarenta días las tropas bizantinas intentaron en vano el asalto ante la obstinada defensa de la ciudad. Cuando el gobernador Ibn Nazzal salió para parlamentar con el emperador sus propios correligionarios le cerraron las puertas y pusieron al cadi Abu’l Husayn ben Haydara al mando.

Tras reconocer su fracaso el emperador regresó al norte y se apoderó del puerto en ruinas de Antarados/Tortosa, lo hizo reconstruir y dejó en él una guarnición armenia antes de regresar a Antioquía, reforzar sus defensas y abandonar Siria en otoño. Miguel Burtzes fue cesado en su puesto y colocado bajo arresto domiciliario por sus fracasos. En este momento aparece en las crónicas Damián Dalaseno como el hombre escogido por el emperador para gobernar el ducado de Antioquía.

 

Damián Dalaseno, duque de Antioquía

 

El nuevo duque se mostró muy activo desde el comienzo de su mandato. Las instrucciones del emperador prescribían una atención especial a la región de Trípoli para impedir futuras incursiones fatimíes en el ducado. A finales de ese mismo año 995 Damián Dalaseno saqueó los alrededores de Trípoli y tomó muchos cautivos. Tres meses después dirigió otra expedición contra Arqah con igual fortuna. Durante ese mismo año 996 el duque Damián volvió a pillar la campiña alrededor de Trípoli, saqueó Rafaniyah y capturó la fortaleza de al-Lakamah, cerca de Arqah.

El año estuvo marcado por el pavoroso incendio en el arsenal del Cairo el 15 de mayo que destruyó casi por completo una flota de navíos de guerra que se disponían a pasar a Siria. La población y la marinería acusaron a los comerciantes amalfitanos de su implicación y asaltaron sus alojamientos asesinando a un centenar de ellos antes de que el visir Isa ben Nasturus fuese capaz de restaurar el orden. Los planes para reconstruir la flota se pusieron en marcha de inmediato recogiendo madera de cualquier lugar disponible, incluso las vigas de la Ceca y del hospital en el bajo del Mercado de los Pichones, como nos informa Yahya.

En el verano de ese mismo año 996 una expedición fatimí por mar y tierra atacó Antarados, recientemente fortificada por Basilio II y cuya actividad naval contra Trípoli parece haber incomodado grandemente a los fatimíes. Un escuadrón de 24 naves provisto de máquinas se presentó ante el puerto mientras Mangu Takin acudía desde Damasco con sus tropas. El intento acabó en fracaso cuando una tormenta dispersó la flota y parte de los navíos acabaron en manos de los bizantinos. La llegada de una fuerza de socorro desde Antioquía al mando de Dalaseno provocó la retirada de Mangu Takin y su vuelta a Damasco.

Con esta operación el gobierno fatimí había mostrado su intención de implicarse seriamente en la reconquista de Siria. El propio califa al-Aziz se puso al mando de sus tropas para dirigir la campaña pero cayó enfermo durante el viaje en el mes de agosto y falleció el 24 de ramadán de 386/14 de octubre de 996. Tras su muerte su hijo Abu Ali al-Mansur, llamado al-Hakim bi Amr Allah (996-1021), de once años de edad, se convirtió en el nuevo califa.

La llegada al poder de al-Hakim dio paso a una feroz lucha por el poder entre las facciones. Una de ellas, liderada por el eunuco Bargawan, nombrado tutor de su hijo por al-Aziz, se apoyaba en elementos turcos y daylamitas. La otra representaba al partido bereber que había conquistado Egipto y tenía a ibn Ammar al frente. Las repercusiones de esta disputa se hicieron sentir también en Siria. Mangu Takin consideró la posibilidad de invadir Egipto y buscó el apoyo del emperador. La respuesta de Basilio fue categórica. Según Yahya:

Después de esto [la condena a muerte de Isa ben Nasturus por ibn Ammar] los magrebíes se apoderaron del gobierno del Estado y los asunto de los orientales [turcos] dejaron de prosperar. Después reemplazó a muchos notables que habían ocupado puestos elevados y los sustituyó por magrebíes. Mangu Takin, atemorizado, escribió al emperador Basilio humillándose ante él y prometiéndole sumisión con la súplica de que le ayudase y le socorriese con sus tropas. Pero [el emperador] consideró imposible prestarle ayuda contra su soberano, ni apoyarle en la revuelta contra él.Yahya de Antioquía, Historia, 180

En consecuencia Mangu Takin tomó partido por Bargawan. La reacción de ibn Ammar fue enviar en abril de 997 un ejército a Siria al mando de Abu Tamim Salman ben Gafar ibn al-Falah para desposeer al gobernador. En la batalla que tuvo lugar cerca de Ascalón, Mangu Takin fue derrotado decisivamente y hecho prisionero poco después. La pugna por el poder en el Cairo desencadenó una batalla abierta el 16 y 17 de agosto en la que el bando magrebí fue decisivamente derrotado y Bargawan volvió a recuperar el poder. El hombre fuerte del gobierno escribió a los damascenos alentándoles a rebelarse contra su gobernador Salman ben Gafar, que fue expulsado en diciembre de la ciudad y sustituido por Gaysh ibn al-Samsama.

Las tensiones políticas del gobierno egipcio alentaron las resistencias locales y un aumento de la actividad de los bizantinos. En enero de 998 el nuevo gobernador tuvo que acudir a Tiro para sofocar una revuelta contra los magrebíes. Un marino, de nombre al-Allaqa, se convirtió en dueño de la ciudad con el apoyo de los más humildes y de grupos de jóvenes. Los motivos de la rebelión son oscuros, probablemente relacionados con el alza del precio del trigo y la consciencia de la marginalización de la región respecto a los intereses del gobierno egipcio. Después de hacer matar a todos los soldados fatimíes presentes en la ciudad, al-Allaqa pidió ayuda a los rum.

La respuesta de ibn al-Samsama fue convocar a todas sus fuerzas por mar y tierra y emprender el asedio de Tiro en junio. Una pequeña escuadra bizantina hizo su aparición ante el puerto mientras por tierra un contingente de tropas atacaba Apamea, que atravesaba por una difícil situación tras el incendio que había destruido sus reservas. Lu’lu había llegado de Alepo para buscar su oportunidad, pero las milicias alepitanas se retiraron precipitadamente ante el anuncio de la llegada de las tropas del duque Dalaseno. El emir de Apamea, al-Malaithi, hizo una llamada desesperada de socorro al gobierno de Damasco.

La atención de ibn al-Samsama estaba por el momento centrada en Tiro. Una batalla naval tuvo lugar ante el puerto durante la cual uno de los grandes navíos bizantinos embarrancó. Los ciento cincuenta soldados que transportaba fueron pasados a cuchillo por los egipcios. Tras la retirada de la flota bizantina la desesperación se extendió entre los asediados. Una parte de los defensores dejaron entrar a las tropas fatimíes el 13 de junio de 998. Allaqa y los suyos intentaron defenderse en las torres del puerto pero al fin fueron expulsados y capturados. Tiro fue saqueada y los responsables de la rebelión conducidos al Cairo para su ejecución.

En la hora de la victoria Bargawan urgió a ibn al-Samsama a poner orden rápidamente en Siria para enfrentarse a la amenaza bizantina contra Apamea. Por esas mismas fechas el jefe de la tribu beduina de los Tayyi, al-Mufarrig ben Dagfal ibn al-Garrah, había comenzado a realizar incursiones en Palestina y ponía los ojos sobre la villa de Ramlah. Gays partió en persecución del intrigante jefe beduino adentrándose en el sur de la actual Jordania. Sorprendido en una posición desfavorable, el gobernador tuvo que pedir el aman. La condición que impuso ibn al-Garrah para dejarlo marchar fue que a su vez Gaysh le concediese el aman y dejase de perseguirle. Tras llegar a un acuerdo ibn al-Samsama pudo regresar a Palestina para enfrentarse al ataque bizantino sobre Apamea.

A comienzos de julio Gaysh llegó ante los muros de Damasco, donde fue bien recibido por los notables y las turbulentas milicias del ahdat. Después de tranquilizar a la población sobre sus intenciones partió de inmediato hacia Apamea. Durante el camino se le unió Abu’l Hasan Abd al-Wahid ibn Haydara, jefe de los contingentes de Trípoli. El ejército fatimí tenía diez mil soldados y mil auxiliares reclutados entre la tribu beduina de los Banu Kilab. Al llegar a Apamea encontraron las tropas del ducado de Antioquía apostadas ante la ciudad y a sus ciudadanos reducidos a la última miseria por falta de víveres.

Los ejércitos encontrados se apostaron a un lado y a otro del Orontes. Cuando estuvieron preparados avanzaron hasta las praderas de Marj Afiq, un lugar limitado al oeste por el río y el lago de Apamea y al otro por una colina con un estrecho desfiladero [al-Dabiq] que conducía al norte. La batalla que tuvo lugar el martes 21 de ragab de 388/19 de julio de 998 fue registrada en las crónicas árabes y nos proporciona un precioso testimonio contemporáneo sobre la actuación de las fuerzas bizantinas en Siria.

Durante la primera parte de la batalla las tropas bizantinas atacaron el centro de la formación fatimí que se retiró arrastrando con ella al ala derecha mandada por el gobernador de Trípoli. El ala izquierda, al mando del propio Gaysh y Wahid al-Hilali, gobernador de Ramlah, fue derrotada por los imperiales que les causaron más de dos mil muertos. Sólo un grupo de unos quinientos ghulam mantuvo su posición, al mando de Bishara al-Isjidi. En medio de la confusión los beduinos se dedicaron a pillar los bagajes de sus propios aliados, como era su costumbre.

Damián Dalaseno observaba el desenlace de la batalla desde lo alto. Dejemos que ibn Qalanisi relate lo que ocurrió a continuación:

Los habitantes de Tiro, en este año 387/ 997-998 se alzaron en rebelión y habían puesto al mando a un marino de la flota llamado al-Allaqa y habían matado a los representantes del califa. Ocurrió que Mufarrig ibn al-Garrah se había situado ante Ramlah, había saqueado la región y sembrado el desorden en todo el país. A esto se añadió que el Duque, el gran jefe de los rum, había partido con un ejército numeroso contra Siria y asediaba la fortaleza de Apamea. Entonces Bargawan escogió como jefe a Gaysh ibn al-Samsama, le dio el mando y le hizo marchar con un millar de hombres y lo envió a la provincia de Damasco […]. Él [Gaysh ibn al-Samsama] no permaneció en Damasco más de tres días, distribuyó vestiduras honoríficas a los jefes del ahdat [milicias urbanas], les entregó caballos y presentes. Después acampó frente a Hims. Se le unió Abu’l Hassan Abd al-Wahid ben Haydara a la cabeza del ejército de Trípoli y de los voluntarios del pueblo de esta villa habitantes de Tiro. […]. Se apoderaron [los bizantinos] de sus bagajes, de sus animales y los Banu Kilab se hicieron con tanto botín como los griegos. Bishara el Isjidita resistió al mando de quinientos ghulam. Los musulmanes que vivían en Apamea contemplaron este desastre y se creyeron totalmente perdidos y suplicaron a Allah que tuviese piedad de ellos. El soberano de los griegos se mantenía cerca de su estandarte, tenía con él a dos de sus hijos y diez de sus ghulam, mientras contemplaba la victoria de su ejército y la toma del botín. Un kurdo, llamado Abu’l Hadjar Ahmad ben al-Dahhak as-Salil, montado en un excelente caballo, protegido con una cota de cuero, cubierto con un casco y teniendo en la mano derecha una pica corta y en la izquierda las riendas y otra pica, se dirigió hacia él. El Duque creyó que venía a rendirse y a pedir el aman y no intentó protegerse. Cuando estuvo cerca el kurdo atacó. El Duque estaba protegido por su armadura. [Damián Dalaseno] levantó la mano para defenderse del golpe. El kurdo le golpeó con la pica que tenía en la mano derecha y le alcanzó en una zona desprotegida por la coraza. El golpe llegó al cuerpo y penetró profundamente entre las costillas. El Duque cayó muerto a tierra. Los musulmanes gritaron: “¡El enemigo de Allah ha muerto!”. Los rum huyeron, los musulmanes volvieron al ataque y los hombres de la guarnición bajaron para ayudarles. Los musulmanes vencieron a los rum y los mataron o hicieron prisioneros. La batalla tuvo lugar en una gran pradera rodeada por la montaña llamada al-Mudiq a la que no se puede subir más que de uno en uno y en su ladera está el lago de Apamea y el río al-Maqlub. Los griegos no tenían dónde huir tras la derrota. Al final del día se habían cortado las cabezas de diez mil muertos […] Los dos hijos del Duque cayeron prisioneros en manos de los musulmanes. Gaysh ibn al-Samsama, comandante del ejército, los rescató por 6000 dinares y se los llevó consigo. Permaneció algunas semanas en Apamea. Envió a Egipto diez mil cabezas y dos mil prisioneros. [Después] avanzó hasta las puertas de Antioquía, saqueó la campiña, quemó las aldeas y regresó a Damasco.Ibn al-Qalanisi, Historia de Damasco, 50-52

La batalla que había comenzado tan afortunadamente, acabó en un desastre para el ejército bizantino. Los dos prisioneros en manos de ibn al-Samsama eran, sin duda, Constantino y Teofilacto. Según nos informa Yahya, los hijos del duque Damián permanecieron prisioneros en el Cairo durante diez años. El historiador Asolik de Tarón añade por su parte que en la batalla murieron un hermano y un hijo de Damián y menciona la presencia de un compatriota:

El magistros Dalasanos [Dalaseno] avanzó por orden del emperador griego para rechazar [a los árabes], se enfrentó con ellos en batalla, les venció y puso en fuga. Sin embargo al comenzar los griegos a saquear el campamento enemigo, los árabes volvieron sobre sus pasos y con sus flechas lanzadas con vigor, a golpes de espada y lanza, atacaron a los griegos. El magistros Dalasanos fue muerto con su hermano y su hio y el resto del ejército emprendió la huida. Muchos griegos fueron hechos prisioneros y llevados a cautividad, entre ellos Chorvanel, patricio, hijo del hermano de Tornik el monje.Asolik de Tarón, Historia Universal, XXXVII

Ambos textos no son contradictorios y es probable que Asolik estuviese bien informado debido a los numerosos soldados armenios que prestaban servicio en el ducado de Antioquía. Escilitzes nos dice que Damián detentaba el título de patricio en el momento de su muerte. Asolik, por su parte, lo llama magistros. Damián tenía al menos tres hijos de una esposa de nombre desconocido, Constantino, Teofilacto y Romano. Es posible que un cuarto falleciera en la batalla si se puede dar crédito al historiador armenio.

Una nota más puede añadir al respecto. Se conserva el sello de un Juan Dalaseno, protoespatario y estratego, datado en el reinado de Basilio II, preferentemente en torno al año 1000. Según Cheynet, podría tratarse del hermano o hijo del Damián muerto en Apamea.

Concluyamos la historia de la campaña en unas pocas líneas. Gaysh ibn al-Samsama se dirigió al norte para saquear el territorio de Antioquía. Tras un encuentro ante sus murallas el gobernador de Siria permaneció cuatro días allí antes de seguir hacia el norte. Su incursión llegó hasta las cercanías de Germanicia (Marash) quemando y saqueando tras lo cual regresó a Damasco, probablemente en el mes de octubre.

La situación del ducado de Antioquía era tan delicada como en 994 y nuevamente el emperador se decidió a ocuparse personalmente de resolverla. Otra vez Yahya es quien nos proporciona una información interesante. Según este historiador el objetivo principal de la campaña de Siria para el emperador era forzar una tregua multianual que le permitiese concentrar por entero su atención en la guerra búlgara. Debido precisamente a las necesidades de sus campañas en Bulgaria no le fue posible entrar en Siria antes del otoño de 999. Antes de atravesar la frontera el emperador envió dos embajadores a el Cairo para acordar un armisticio. Según Yahya uno de los legados fue retenido en la capital egipcia y el otro regresó con una respuesta presumiblemente negativa o con condiciones imposibles de asumir.

Esto decidió al emperador por la invasión. El 20 de septiembre estaba en Gisr al-Hadid [Siderogefiron para los bizantinos, también conocido como el Puente de Hierro, a tres horas de la ciudad] río arriba de Antioquía. Avanzando por el valle del Orontes ignoró Alepo y se dirigió directamente hasta Apamea. Allí el emperador contempló el campo de batalla del año anterior y ordenó que se diese sepultura a los huesos de los muertos. Tras ello se presentó ante la fortaleza de Shayzar y consiguió su rendición el 28 de octubre tras cortar el acueducto que suministraba agua a la ciudadela. Después de recibir allí mismo el homenaje de Said al-Dawlah de Alepo, siguió el curso del río y en noviembre tomó Homs de nuevo, la cuarta vez que la plaza era saqueada por las tropas bizantinas en cincuenta años, la sometió a saqueo y esclavizó a sus habitantes. En este momento los rusos que servían en el ejército imperial quemaron la iglesia de San Constantino atestada de refugiados. Desde allí el ejército avanzó hasta Baalbek. En medio de un tiempo calamitoso el ejército imperial siguió adelante como relata Yahya:

En cuanto al emperador volvió sobre sus pasos por la ruta de la costa, quemó Arqah y destruyó su castillo. Después el martes 23 de duljaya de 389/6 de diciembre de 999 se acercó a Trípoli y al tercer día tras su llegada sus tropas rodearon la ciudad; hizo excavar un foso alrededor de su campamento e hizo cortar el acueducto que suministraba agua a la fortaleza. Dos quelandia [naves de combate de gran tamaño] desembarcaron provisiones y forraje, de modo que las tropas quedaron abastecidas. Después envió un destacamento a Beirut y Jubayl y allí tomaron  numerosos cautivos. El emperador ordenó que se embarcase a los prisioneros en los quelandia y los envió a su país. Se entabló un combate entre los guerreros del emperador y las gentes de la fortaleza; se enfrentaron el martes, primer día del mes de muharram del año 390 [13 de diciembre de 999]; el emperador tuvo muchos muertos y heridos entre sus soldados. El sábado, quinto día del mes de muharram de ese mismo año [17 de diciembre] el emperador partió para Antioquía por el camino de Laodicea. La duración de la estancia del emperador en tierras del Islam a partir de su llegada a Gisr al-Hadid hasta su retirada de Trípoli fue de tres meses menos un día.Yahya de Antioquía, Historia, 183

Una vez en Antioquía el emperador nombró nuevo duque de Antioquía a un hombre de su entera confianza y un viejo aliado, el magistros Nicéforo Urano. Desde allí Basilio se dirigió a las cálidas tierras de Tarso y Mopsuestia en Cilicia para pasar el invierno con intención de regresar a Siria en primavera. La inesperada noticia de la muerte del curopalata David de Iberia y sus implicaciones políticas dirigieron los pasos del emperador hacia el Este. Antes de su marcha, sin embargo, Basilio arregló una tregua con al-Hakim en 1000 que proporcionó unos años de paz a las turbulentas relaciones entre ambos Estados.

 

Conclusión: la historia posterior de los Dalasenos

 

El revés que para la casa de los Dalasenos supuso la muerte de Damián paradójicamente no fue obstáculo para el despegue de la fortuna familiar. Es a partir de comienzos del siglo XI cuando sus miembros comienzan a aparecer regularmente en las crónicas detentando puestos de responsabilidad y los honores más elevados entre la aristocracia bizantina.

El primero y más importante fue Constantino, el hijo mayor de Damián. Tras ser liberado de la cautividad alrededor de 1008 su carrera hasta 1024 es desconocida, aunque no hay duda de que debió ejercer puestos de responsabilidad, ya que en ese año le encontramos como catepán de Antioquía, ocupando el cargo que antes tuvo su padre. Entre marzo y abril de 1024 restaura la fortaleza costera de Maraqiyya (Marakeon para los bizantinos). Poco después envía mil arqueros para apoyar a Salih ibn Mirdas en el sitio de la ciudadela de Alepo [Puedes leer este relato también en la biografía de Salih disponible en Desde las Blaquernas]. El emperador Basilio II, al tener  noticia de esta iniciativa, desautorizó a su subordinado. Los soldados tuvieron que regresar a Antioquía abandonando el sitio.

Han llegado hasta nuestros días un jarrón de plata encargado por Constantino y un poema celebrando la gloria de los Dalasenos que gobernaban entonces Antioquía. En los momentos finales del reinado de Constantino VIII (1025-1028) Dalaseno residía en sus propiedades en los Armeníacos cuando el emperador le hizo llamar a la capital para nombrarle su sucesor. Sin embargo el grupo de presión que favorecía la candidatura de Romano Argiro consiguió convencer al monarca y Dalaseno recibió una contraorden ordenándole el regreso a su casa.

Constantino Dalaseno participó en la desastrosa campaña de Azazion en 1030 contra los mirdasidas de Alepo. La carga que realizó con sus tropas para romper el asedio del campamento imperial fue un fracaso y  no pudo evitar la vergonzosa retirada del ejército. A la muerte de Romano Argiro, Constantino era uno de los oficiales más prestigiosos del Imperio, muy popular tanto en la capital como en Antioquía. Como tal se mostró decididamente opuesto a la elección de Miguel IV el Paflagonio (1034-1041), al que consideraba indigno del trono por su modesto origen. Esto  no fue olvidado por el poderoso hermano del emperador, el influyente Juan el Orfanotrofo, el verdadero amo de la situación en esos años en el Palacio.

Las sospechas de que Dalaseno aspiraba al trono surgieron pronto. En un primer momento Miguel y Juan intentaron atraer a Dalaseno con numerosos presentes y garantías. Constantino fue nombrado anthypatos pero se vio obligado a residir permanentemente en la ciudad, al alcance de la mirada del emperador. Cuando estalló una nueva revuelta fiscal en Antioquía, Juan el Orfanotrofo sospechó que Dalaseno estaba implicado, dada su gran popularidad en Siria. El 11 de agosto de 1039 le hizo arrestar y lo confinó en la isla de Plati en el Mármara. Poco después Dalaseno fue trasladado a una torre en Constantinopla, donde compartió prisión con Constantino Ducas, el que luego sería emperador. Durante el breve reinado de Miguel V (1041-1042) Constantino Dalaseno fue liberado pero se vio obligado a convertirse en monje. Tras la revolución popular que provocó la caída de Miguel V en Pascua de 1042, la emperatriz Zoé consideró por un momento casarse con Dalaseno. Constantino fue llamado a palacio para una entrevista, pero en el curso de esta se mostró demasiado tajante y autoritario para el gusto de la caprichosa emperatriz:

Puesto que las opiniones de las gentes estaban divididas de este modo, la hermana mayor [Zoé] se adelantó a sus pensamientos y se atribuyó todo el poder. Luego se puso a considerar y juzgar quién era el más distinguido por su linaje o el más señalado por su condición, ya procediese de los escaños senatoriales, ya de las filas del ejército. Entre otras personas un hombre destacaba en aquel entonces por su belleza incomparable. Su lugar natal era Dalasa, una villa muy señalada, y su nombre Constantino. La naturaleza lo había preparado en cierto modo para asumir la carga del poder, pues cuando todavía no había cumplido diez años, el rumor público lo ensalzaba y le predecía un glorioso destino. Los sucesivos emperadores habían temido  por lo tanto a este hombre y todos le habían cerrado el acceso al Palacio imperial […]. Fue conducido a presencia de ésta [la emperatriz] después de haber sido convocado con un pretexto. Pero dado que Constantino se expresó de manera demasiado cortante y, en lo tocante al imperio, defendió ideas demasiado elevadas sin renunciar a ninguno de sus nobles propósitos, a todos les pareció un hombre difícil y de carácter rudo, por lo que suscitó recelos y frustró las expectativas creadas.Miguel Pselo, Vida de los emperadores de Bizancio, VI, 12

Los consejeros de ésta se inclinaron por el más apacible Constantino Monómaco. A partir de este momento el viejo Constantino Dalaseno desaparece de las crónicas históricas.

Contemporáneo en el tiempo a Constantino es la figura de su hermano Teofilacto. Al igual que Constantino, padeció prisión en Egipto hasta ser liberado en 1008. Lo encontramos a continuación en 1022 como protoespatario y drungario del Vela. En agosto de ese año fue encargado por Basilio II de combatir la rebelión de Nicéforo Focas y Nicéforo Jifias con el cargo de estratego de los Anatólicos. [Nota al margen: encontrarás un amplio relato novelado de esta rebelión en la segunda parte de la Trilogía de Jorge Maniaces, en la que también aparece como protagonista Teofilacto Dalaseno].

Se cree que Teofilacto desempeñó otros cargos militares con anterioridad, porque se conservan sellos que le titulan como estratego. En opinión de algunos autores Teofilacto Dalaseno fue catepán de Iberia antes de 1021 y en un momento posterior de su carrera gobernador del nuevo territorio imperial del Vaspuracán, probablemente a partir de 1027 como sustituto de Nicéforo Comneno. Ese cargo debió ser de breve duración porque antes de 1034 lo encontramos otra vez en el familiar territorio de Antioquía como duque. Durante el reinado de Miguel IV fue apartado de las funciones públicas, al igual que el resto de sus hermanos. En agosto de 1039 fue encarcelado. En algún momento posterior Teofilacto recibió la dignidad de magistros. Tuvo un hijo, Adriano, que fue el abuelo de Ana Dalasena.

Romano Dalaseno es el último de los hijos de Damián. Al igual que su hermano Teofilacto fue catepán de Iberia, probablemente en el período 1023-1026, según una inscripción en la puerta de la ciudad de Teodosiópolis (Karin). Romano es citado por última vez en las fuentes en agosto de 1039 al ser encarcelado por orden de Juan el Orfanotrofo.

Muchos otros Dalasenos aparecen en las fuentes aunque sólo nos detendremos brevemente en dos para acabar este artículo: Ana y Constantino.

La figura de Ana Dalasena merecería por sí misma un artículo propio pero aquí nos limitaremos a bosquejar un esbozo de su biografía. Hija de Alejo Caronte y de una Dalasena de nombre desconocido, Ana era bisnieta de Damián. La fecha de su nacimiento se sitúa alrededor de 1030. Hacia 1045-1050 contrae matrimonio con Juan Comneno, el hermano del futuro emperador Isaac I Comneno (1057-1059). La pareja tuvo ocho hijos: Manuel, Isaac, Alejo (el futuro emperador), Adriano, Nicéforo, María, Eudocia y Teodora, ninguno de los cuales adoptó el apellido Dalaseno.

La primera mención de Ana en las fuentes tiene lugar en 1059 con motivo de la abdicación de su cuñado Isaac y la propuesta de este para que le sucediese su hermano Juan. Este se negó, lo que provocó la ira de su esposa que le instaba a tomar el poder. Desde este momento Ana Dalasena concibió un profundo rencor contra la familia Ducas, en el poder desde entonces. Como matriarca preocupada por la prosperidad de los asuntos de la familia, Ana arregló alianzas ventajosas para sus hijos con miembros destacados de la aristocracia. Su hija María se casó con Miguel Taronita, Eudocia con Nicéforo Meliseno y Teodora con Constantino, el hijo de Romano Diógenes, que sería emperador entre 1068 y 1071. Deseosa de asegurar el futuro de sus hijos y decidida a desalojar del poder a la familia Ducas, tras la muerte de su marido en julio de 1067 Ana se apoyó decididamente en su yerno Romano. Cuando este llegó al trono como Romano IV, los dos hijos mayores de Ana se convirtieron en generales favoritos del emperador. El mayor, Manuel, murió de enfermedad a los veinte años, y Ana intentó en vano que su yerno permitiese a su hijo Alejo, entonces con catorce años, tomar el puesto de su hermano en la campaña de Manzikert.

Tras la deposición de Romano IV y la recuperación del poder por los Ducas Ana siguió en contacto con su yerno. Acusada de traición, fue juzgada y desterrada a la isla de los Príncipes en el Mármara a comienzos de 1072. Tras la muerte ese mismo año de Romano se permitió a Ana Dalasena volver a la capital, donde siguió vigilando celosamente los intereses de su familia. En 1077 consiguió concertar con el césar Juan Ducas, tío del emperador Miguel VII, el matrimonio de su hijo Alejo con su nieta Irene.

Durante el reinado de Nicéforo III Botaniates (1078-1081) Ana Dalasena reafirmó su intención de situar a sus hijos en la carrera por el poder. Cuando en 1081 Alejo e Isaac abandonaron Constantinopla para formar un ejército contra el emperador, Ana se refugió en Hagia Sofía y sólo la abandonó al recibir garantías de seguridad. Tras la victoria de Alejo y su proclamación como emperador, Ana intentó una vez más desembarazarse de su nuera Irene Ducas, pero Alejo, aconsejado por su primo Jorge Paleólogo y el patriarca Cosmas, se decidió prudentemente por no enajenarse la buena voluntad de la familia Ducas.

El primer período de gobierno de Alejo I Comneno marca la época más gloriosa para Ana Dalasena, el tiempo en que recibió de su hijo plenos poderes para gobernar mientras él combatía contra los enemigos exteriores. Alejo emitió un crisóbulo por el que confiaba la gestión de los asuntos internos del Imperio a su madre, a la que concedió el título de despina, con la única salvedad de que sus decisiones tendrían que ser consultadas con el logoteta de los sekreta.

La figura de Ana Dalasena fue largamente celebrada por su nieta Ana Comnena en su famosa Alexiada. Recordemos ahora un pasaje concreto:

Estos fueron los comienzos del reinado de Alejo. Nadie podría llamarlo, lógicamente, soberano ahora que había transferido de una vez el cargo de soberano a su madre. En fin, que otro alabe de acuerdo a las leyes del encomio la patria de aquella estupenda madre y su linaje, que entroncaba con el de los famosos Adriano Dalaseno y Caronte, y dirija su narración hacia la inmensidad de sus méritos […] Volviendo a ella, diré que era la mayor gloria tanto del sexo femenino, como del masculino; ella transformó, mejoró e impuso un orden digno de elogio en el gineceo de palacio, que estaba corrompido desde que el famoso Monómaco asumiera el mando del Imperio y que había sido el centro de insensatas pasiones hasta el reinado de mi padre. Pudo comprobarse entonces cómo el palacio gozaba de un orden encomiable […] El carácter que había en su interior se inclinaba por la reflexió y desarrollaba siempre proyectos nuevos cuyo objetivo no consistía en perjudicar al estado, como algunos murmuraban, sino preservarlo, conducir al imperio, entonces arruinado, a su plenitud y enderezar en la medida de sus fuerzas el rumbo de un estado que estaba reducido a la nada. Aunque estuviera excepcionalmente encargada de la administración de la cosa pública, no por ello desatendía el régimen de vida adecuado para el monacato y dedicaba la mayor parte de la noche a cumplir con los himnos sagrados, consumiendo el tiempo en continua oración y en vela; en torno al alba, en ocasiones al segundo canto del gallo, se ocupaba de los asuntos de estado, instruyendo con la ayuda de su secretario Gregorio Genesio, sobre la elección de cargos y resolviendo las solicitudes de los peticionarios.Ana Comnena, Alexiada, III, VIII, 1-4

La excesiva influencia en los asuntos de su madre obligó al emperador a limitar sus poderes. Ana tuvo la sabiduría de alejarse antes de que verse obligada a ello. Se retiró entonces al monasterio de Pantepoptes que había mandado construir en algún momento posterior a 1095, donde murió un 1 de noviembre poco después de 1100, un año antes que su propio hijo, el sebastocrator Isaac.

El último de los miembros de la familia del que nos ocuparemos es Constantino Dalaseno, una figura importante en la política del Imperio en el último cuarto del siglo XI. Era probablemente nieto de Constantino y por tanto bisnieto de Damián. Durante la primera parte del reinado de su pariente Alejo, Constantino fue uno de los generales más exitosos y activos del Imperio. Lo descubrimos al mando de Sínope, que había sido recuperada a los turcos gracias a la colaboración de un tránsfuga. En abril de 1091 Constantino Dalaseno participó en la batalla de Lebunion contra los pechenegos al mando del ala derecha del ejército bizantino. En esa ocasión la amenaza pechenega fue destruida de modo definitivo.

A partir de 1092 Constantino combatió al emir turco Tzacas, señor de Esmirna. En colaboración con Constantino Opo condujo un ejército bizantino a la isla de Quíos. Tras varios combates Tzacas entró en conversaciones con Dalaseno y le propuso una alianza matrimonial entre sus hijos. Constantino contemporizó a la espera de la llegada de la flota de Juan Ducas, cuñado del emperador. Temeroso de verse atacado por ambos, Tzacas se retiró a Esmirna, ocasión que aprovechó Constantino para reforzar sus tropas y tomar al asalto la capital.

El imperio bizantino en tiempos de Alejo I Comneno

Tras la victoria en Quíos, Dalaseno y Ducas continuaron su campaña pasando a Mitilene. En esta ocasión Constantino se destacó en el mar venciendo en un combate a la flota de Tzacas. En 1093 Constantino volvió a atacar a Tzacas, esta vez en Abydos que estaba siendo sometida a asedio por el turco. Ante la llegada de Dalaseno el emir turco levantó el sitio. Poco después Tzacas fue asesinado por el sultán Kilidj Arslán y las actividades de su rival Constantino Dalaseno dejan de ser reseñadas.

La familia Dalaseno mantuvo su presencia entre la aristocracia bizantina durante todo el siglo XII aunque sin figuras tan destacadas como las del siglo precedente. Podríamos citar a Juan Dalaseno, también conocido como Juan Rogerios. Descendiente de un normando al servicio del emperador Alejo I que había emparentado con una familia aristocrática, Juan pertenecía al estrato más elevado de la sociedad bizantina. Su matrimonio con María, la hija mayor de Juan II Comneno (1118-1143) le otorgó la dignidad de panhypersebastos. Tras la muerte de Nicéforo Brienio, hacia 1138, Juan se convirtió en César. A la muerte del emperador a consecuencia de un accidente de caza, Juan Dalaseno-Rogerios alimentó esperanzas de ser elegido él mismo como sucesor. La enérgica oposición de su esposa María provocó el fracaso de la tentativa y el confinamiento de Juan Dalaseno en una propiedad en el campo. El nuevo emperador Manuel I Comneno (1143-1180) no mostró rencor a su cuñado y permitió que Juan asumiese algunas responsabilidades administrativas. Juan Dalaseno-Rogerios falleció en algún momento anterior a 1166, año en el que su hijo Andrónico es nombrado como hijo del difunto césar en el sínodo celebrado el 6 de marzo de ese año.

Tras la toma de Constantinopla en 1204 por los cruzados se pierde el rastro de la familia que desaparece en la oscuridad.

Hasta aquí el relato de la biografía de Damián Dalaseno y su familia. Espero que haya sido de tu interés. No dudes en preguntar dudas o hacer algún comentario y si la compartes te estaré muy agradecido.

Hasta pronto, un cordial saludo

Roberto

Para saber más...

  • Ana Comnena, La Alexíada, ed. Emilio Díaz Rolando, Ed. Universidad de Sevilla, 1989.
  • Bianquis, T. (1986) = Damas et la Syrie sous la domination fatimide, (359-468/969-1076), tomo I, Damasco.
  • Blanquis, T. (1992) = “Les frontières de la Syrie au XIe siècle”,  Castrum 4, Frontière et peuplement dans le monde méditerranéen au Moyen Âge,pp. 135-150, Roma-Madrid.
  • Canard, M. (1951) = Histoire de la dynastie des Hamdanides de Jazîra et de Syrie. Argel.
  • Canard, M. (1961) = “Les sources arabes de l’histoire byzantine aux confins des Xe et XIe siècles”, Revue des études byzantines, tome 19,  pp. 284-314.
  • Cheynet, J.C. (1986) = “Les Dalassenoi. Études prosopographiques”, Byzantina Sorbonensia 5, reimpreso en La societé byzantine. L’apport des sceaux, t. II, 2008, Paris.
  • Farag, W.A. (1979) = Byzantium and its muslim neighbours during the reign of Basil II (976-1025), Birmingham.
  • Farag, W.A. (1990) = “The Aleppo question: a byzantine-fatimid conflict of interests in Northern Syria in the later tenth century A.D.”, BMGS 14, 44-60.
  • Forsyth, J.H. (1977) = The byzantine-arab Chronicle of Yahya b. Said al-Antaki (938-1034), Michigan.
  • Gregoire, H. (1935) = “Le rénom precoce de Constantin Dalassene”, Byzantion, 10, Bruselas.
  • Guilland, R. (1971) = “Patrices du règne de Basile II”, Jahrbuch der österreichischen Byzantinistik 20, pp. 83-100, Viena.
  • Histoire de Yahya ibn-Said d’Antioche, continuateur de Sa’id ibn-Bitriq, Ed. I. Kratchkovsky y A. Vasiliev, fascículo II, Patrologia Orientalis, Paris 1936.
  • Jean Skylitzes, Empereurs de Constantinople, ed. B. Flusin et J.C. Cheynet, Lethielleux, 2003, París.
  • Laurent, V. (1962) = “La chronologie des gouverneurs d’Antioche sous la seconde domination byzantine”, Mélanges de l’Université Saint Joseph, XXXVIII, fasc. 10, pp. 221-254, Beirut.
  • Mercati, S.G.(1970) = “Epigrammi sul cratere argenteo di Costantino Dalasseno en Un codice della grande Lavra del monte Athos”, Rendiconti della Pont. Acc. Rom. di archeologia, t. 3, 1925, 313-316, también en Collectanea byzantina, II, pp. 458-461, Bari.
  • Schlumberger, G. (1900) = L’Épopée Byzantine a la fin du dixième siècle, Tomo II, Basile II le tueur des bulgares, París.

 

Enlaces de interés

Biografía de Salih ibn Mirdas, señor de Alepo (I)
Biografía de Salih ibn Mirdas, señor de Alepo (II)
Jorge Maniaces, el hombre que pudo reinar

Ilustraciones:

La imagen destacada usa como fondo una maravillosa muestra del trabajo de Rocío Espín Piñar
Mapas autoría de Guilhem de Encausse
El asedio de Tiro por Basilio II de Johnny Shumate
La carga de los guardias imperiales y la marcha de Basilio II a Iberia de Giuseppe Rava
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Damián Dalaseno duque de Antioquía
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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

  • Guilhem dice:

    ¡Como va creciendo este sitio, estimado Roberto! ¡Y qué magnífica información! Muchas gracias e interminables saludos,
    Guilhem.

    • Roberto dice:

      Poco a poco va creciendo, Guilhem:-) Espero verte por aquí a menudo. Y si quieres publicar como invitado sobre la época de los Comnenos que tanto aprecias, serás más que bienvenido. Como has podido comprobar no me resistí a utilizar algunos de tus estupendos mapas en la entrada. Ya sabes lo que aprecio tu trabajo…
      Un gran abrazo y muchas gracias

  • Eduardo Pinzon dice:

    Un cordial saludo,

    Excelente bibliografia y narrativa amena, indispensable para los futuros bizantinistas hispanofonos. Me gustaria acceder a la trilogia que esta preparando.
    Mil gracias,

    • Roberto dice:

      Gracias Eduardo,
      Me alegro de que te haya gustado la entrada sobre la historia de Damián Dalaseno. Personalmente encuentro fascinante el estudio sobre las grandes y medianas familias bizantinas en la época macedónica: Focas, Curcuas, Argiros, Ducas, Lecapenos, Diógenes, Melisenos, Crateros, Maleinos, Burtzes, etc. etc. etc. Podría extenderme mucho más pero posiblemente este tipo de estudios resultaría demasiado específico para la audiencia. De todas maneras es probable que alguna de las próximas entradas tenga que ver algo con este tema, dejémoslo ahí por el momento:-)
      Gracias también por tus buenos deseos para que Desde las Blaquernas sea un punto de referencia para los estudiosos y simples curiosos. Ese es mi objetivo: despertar la curiosidad con pequeños apuntes que inciten a explorar a cada uno según sus preferencias.

      Y finalmente gracias también por tu interés por la trilogía de Jorge Maniaces. Es un proyecto de gran dimensión, aunque sólo sea por su extensión. Piensa que Los años de hierro tiene unas 1.400 páginas y la segunda novela, todavía no terminada, va por el mismo camino. Ya sé que son magnitudes inhabituales pero así me propuse hacerlo: un relato detallado. Esperemos que encuentre un hueco en el mercado.

      Un saludo y gracias. Espero seguir encontrándote por aquí

  • Eduardo Pinzon dice:

    Muchas gracias por tu respuesta,
    Es un ejercicio de escritura impresionante! la mejor de las suertes.
    La historia de esas familias es esclarecedora. Durante mis estudios de maestria hice una monografia sobre Symeon Seth, me parece que decir algo nuevo es dificil pues hay que pasar por la prosopografia especializada y la sigilografia (campo que es mejor dejar a mi profesor J.-C. Cheynet).
    Ahora me ecuentro preparando un doctorado sobre Antioquia durante los siglos XI y XII, acabo de encontrar tu entrega sobre la Grande del Oronte… asi que yo me deleito con este blog!

    • Roberto dice:

      Pues qué quieres que te diga Eduardo…
      El profesor Cheynet es uno de mis favoritos, prácticamente me interesa todo lo que escribe, especialmente en el campo de prosopografía y sigilografía (ya es casualidad). Precisamente le escribí hace tres o cuatro días para pedirle un artículo sobre el generalato bizantino durante las guerras de Basilio II. Ya que él ha escrito sobre Antioquía también durante la segunda dominación bizantina creo que estás en las mejores manos. Como puedes suponer el tema de Antioquía me gusta, así que espero que me tengas al corriente de tu investigación. Tengo pendiente de pedir a la gran ilustradora Rocío Espín la recreación de Antioquía en el año 1000 pero como tantas otras cosas va quedando en la lista de espera. Si no es indiscreción ya me contarás sobre cómo llegaste a ese doctorado en tan egregia compañía.

      Un saludo muy grande y aquí estamos para lo que necesites

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