Constantino V (740-775) portada

 

Constantino V (740-775) es uno de los emperadores más odiados y a la vez admirados de la larga historia del Imperio Bizantino. Vencedor en muchas campañas de búlgaros y árabes es más recordado, sin embargo, por su oposición frontal al culto de las imágenes. Eso le granjeó el odio eterno de sus rivales y el humillante mote de Coprónimo con el que fue conocido. Bien es sabido que la historia la escriben los vencedores, pero hoy aquí en Desde las Blaquernas intentaremos conocer algo más sobre su figura. Espero que este relato sea de tu interés...

 

Constantino V, el emperador desconocido

 

La historia del reinado de Constantino V (740-775) nos es conocida particularmente por los relatos de Teófanes y el patriarca Nicéforo, los cronistas que cubrieron el reinado y que también fueron claves para el de otra figura compleja como la de Justiniano II. Puedes leer las entradas sobre la biografía de este emperador en este enlace.

Los enemigos de Constantino V se tomaron su venganza  mucho después de muerto. Durante el reinado de Miguel III (842-867) su tumba fue profanada, su cuerpo quemado y las cenizas arrojadas al campo. La execración de su memoria está vinculada a un odio feroz contra la Iconoclasia de la que él, junto a su padre León III (717-741), fue uno de los mayores defensores. La parcialidad de los documentos históricos conservados explica el celo con el que se ha transmitido de modo sistemático un enfoque negativo de todo lo que hizo o emprendió en su reinado. Los cronistas gustaron de resaltar la anécdota ocurrida durante su bautizo, el 25 de octubre de 718 en el Augusteón del Palacio Imperial. Que el recién nacido se ensuciase en las aguas bautismales fue tomado entonces como un presagio de la vileza de sus acciones futuras. Posteriormente fue llamado Coprónimo, caballinus o copros (estiércol) por su pasión desmedida por los caballos y las pretendidas bajas pasiones que lo dominaban.

En su afán por apilar sobre él hechos vergonzosos los historiadores le adjudicaron hechos de vida reprobable, costumbres desordenadas, amores contra natura (como hacer morir a su supuesto amante Estrategio aunque por Teófanes podemos saber que fue ejecutado por alta traición en 765 con otros dieciocho dignatarios), la pasión por los juegos del circo y un carácter corrompido dado a raptos de cólera y violencia,  todos ellos padecimientos físicos delatores de la corrupción de su alma.

Estas acusaciones son cargos sin demostrar. El pecado mayor de Constantino: el ataque contra las imágenes y la ortodoxia que motivan todos los demás. Cuando el patriarca Anastasio quiso sublevar al pueblo a favor de Artavasdo en 741 dice el emperador me ha dicho que el hijo que ha tenido María, el llamado Cristo, no es hijo de Dios sino de un hombre ordinario. Eso fue suficiente para que el pueblo maldijese a Constantino y se pronunciase a favor de su candidato.Retrato de Constantino V (740-775)

A pesar del odio de los ortodoxos (todavía presente) el recuerdo de su reinado entre el pueblo de Constantinopla en su tiempo fue de glorias y grandeza. El ejército en particular guardaba veneración por su memoria. Dieciséis años después de su muerte  los soldados se opusieron a la celebración de un concilio a favor de las imágenes y gritaron por toda la ciudad no queremos que se cambien los decretos de nuestro difunto emperador. Los textos del Concilio de Nicea (787) muestran que, si bien los sucesores de Constantino renegaron de su política religiosa, se cuidaron mucho de mancillar el prestigio de sus glorias militares. Una rara muestra de la percepción contemporánea de la obra de los emperadores iconoclastas se puede descubrir entonces.Iconoclasta borrando iconos

Durante el concilio de 754 los obispos se habían dirigido a los emperadores Constantino y León como luminarias de la ortodoxia, vencedores de la idolatría y el error. El concilio de 787 reprobó esos términos como blasfemia. Al utilizarlos, argumentaron, los Padres de 754 habían atribuido a los emperadores elogios que sólo pertenecían a Dios. En vez de eso, continuaban, deberían haber alabado sus empresas militares, el sometimiento de los pueblos bárbaros y el valor de los emperadores. Los Padres iconófilos recuerdan que los hechos de los emperadores están representados en numerosos cuadros que están expuestos en las murallas a la vista de todos y que traen a la memoria su recuerdo. Deberían haber hablado de las sabias medidas que habían tomado para el bienestar de sus súbditos, los trofeos que habían conquistado, las sabias medidas legales y las mejoras en las ciudades. Esos eran los verdaderos títulos de gloria de los emperadores difuntos y los que le hacían merecedores del recuerdo de sus súbditos.

Otro testimonio indirecto es el tercer discurso del obispo Nicéforo, escrito hacia 815 para refutar a los apologistas del emperador, que todavía existían en gran número cuarenta años después de la muerte de Constantino. Al escribirlo nos proporciona involuntariamente un testimonio de la gloria del difunto. Expone Nicéforo que los partidarios del emperador glorifican la duración de su reinado y su exitoso transcurso a pesar de haber cometido violencias contra la Iglesia y Cristo. Decían estar en la mayor de las prosperidades, celebraban sus victorias sobre los bárbaros y muchos otros éxitos. En su empeño por disminuir alguno de sus mayores éxitos, como la batalla de Anquialo, muestra bien a las claras que esa batalla seguía siendo una de las jornadas más gloriosas para el Imperio en la memoria colectiva.

Es seguro que si hubiese en la carrera de Constantino algún grave tropiezo no habría dejado de mencionarlo. En vez de eso lo único que hace es atribuir sus éxitos a la compra o al engaño. Abundando más en el tema, Nicéforo proclama que los gobernantes no deben ser juzgados por sus triunfos terrenos y glorias humanas, sino por sus méritos ante el Señor. ¿Por qué habría que glorificar su largo y exitoso reinado? Para apoyar la solidez de su argumentación el patriarca compara la figura de Constantino V con la de Nabucodonosor, Alejandro y César Augusto.Constantino V, su hijo León IV y su padre León III

Así pues el reinado de Constantino V, pese a la terrible controversia de las imágenes, parece marcado por un gran éxito político y militar. Los textos nos muestran a un autócrata brillante, ardiente y apasionado que no soportaba la oposición. Acosado por las enfermedades y atormentado por escrúpulos religiosos, odiado por unos y venerado por otros, visto por todos con temor y respeto supersticioso.

Un testimonio más: en junio de 813 el ejército imperial acababa de ser derrotado decisivamente por Krum el búlgaro. Los restos del ejército se había refugiado tras las murallas y la población temblaba ante la hora que se acercaba. Krum estaba acampado ante los muros, los suburbios ardían, la población estaba aterrorizada. Esa generación se había criado con el recuerdo de las brillantes victorias de Anquialo y Lithosoria, ahora maldecían la torpeza de sus gobernantes y recordaban los tiempos mejores del emperador vencedor y profeta. Teófanes lo cuenta del siguiente modo:

En la Ciudad, mientras el pueblo y el patriarca celebraban un oficio en la iglesia de los Santos Apóstoles, algunos impíos miembros de la sucia herejía del odiado por Dios Constantino se acercaron a la puerta del mausoleo imperial [nadie prestaba atención porque había una gran multitud] y la abrieron repentinamente con algún tipo de ruido como si fuese un milagro. Entonces corrieron y se arrojaron a los pies de la tumba del mentiroso [Constantino], llamándole a él y no a Dios, gritando, ¡levántate y ayuda al Estado que perece! Ellos difundieron el rumor de que Constantino se había levantado en su caballo y salía para combatir a los búlgaros –¡él, que está en el infierno con los demonios!  El prefecto de la Ciudad arrestó a esos hombres y al principio ellos mintieron, fingiendo que las puertas del mausoleo se habían abierto por voluntad de Dios. Pero cuando se les llevó ante el tribunal del prefecto y no pudieron aportar testigos admitieron la treta sin necesidad de tortura. El prefecto los castigó y condenó a ser exhibidos en público y gritar en alto la razón de su castigo. Así el Diablo, inventor del mal, aleccionó a los soldados para echar la culpa, no a sus propios pecados, sino a la fe ortodoxa que nos ha sido transmitida por nuestros padres y a la regla monástica, escuela de filosofía divina. La mayoría de los que dijeron tales blasfemias eran cristianos sólo de nombre, pero en verdad paulicianos que, incapaces de manifestar su odiosa doctrina, sedujeron a los ignorantes con ese engaño, mostrando al judaizante Constantino como un profeta y un vencedor y abrazando la impiedad para subvertir la encarnación de nuestro Señor Jesucristo.Teófanes, Cronografía, AM 6305 A.D. 812/813, 501

 

Los orígenes de Constantino V

 

Constantino nació en 718 cuando su padre León ya era emperador. Con el recién nacido se siguió la costumbre de asociarlo al trono lo antes posible para regularizar la transmisión del poder frente a posibles usurpaciones. El niño fue bautizado el 25 de octubre de ese mismo año y coronado emperador en el Tribunal de los Diecinueve Lechos (Acúbita) el día de Pascua, 25 de marzo de 720.

En el momento de la muerte de su padre, el 18 de junio de 740, Constantino ya llevaba asociado al poder más de veinte años y acababa de tener protagonismo en la brillante victoria de Acroino que rescató el Imperio por segunda vez de la amenaza árabe. Después de los años turbulentos tras la muerte de Justiniano II Rinotmeto  y sus sucesores, el Imperio gozaba de una relativa estabilidad que auguraba prosperidad para la dinastía siria. Sin embargo el problema del culto a las imágenes que León III había tratado con moderación provocó una grave crisis que habría de encender un odio duradero contra la dinastía. Las consecuencias se hicieron patentes de inmediato tras la llegada al poder del joven emperador en forma de una guerra civil.

Cuando León se sublevó contra el emperador Teodosio III su principal aliado había sido el estratego de los Armeníacos Artavasdo, al que había prometido si triunfaba la mano de su hija Ana. Tras la victoria León había mantenido su promesa y convertido a Artavasdo en curopalata y gobernador del thema de Opsicio, cuyos titulares detentaban el título de conde.El usurpador Artavasdo y su hijo Nicéforo

Tras la muerte de su suegro, Artavasdo se decidió a probar suerte otra vez por la vía de la rebelión, esta vez en su propio provecho. Auxiliado por un ejército numeroso se presentó como campeón de la ortodoxia en favor de aquellos que se sentían encolerizados por los propósitos iconoclastas del difunto emperador. A pesar de todo Constantino no encontró oposición destacable en la capital durante el primer año de su reinado y en Roma el papa Gregorio III (731-741) tampoco prestó su apoyo al rebelde, al que trató como traidor.

Es probable que en ese tiempo Artavasdo consolidase sus apoyos fuera y dentro de la capital. En esta el principal era Teófanes Monutes, patricio y representante del emperador en su ausencia. Su nombramiento indica que Constantino se sentía confiado suficientemente como para abandonar la capital. El 27 de junio de 741 el emperador abandonó Constantinopla y se dirigió al Opsicio para organizar una expedición contra los árabes. El ejército acampó en la llanura de Craso. Artavasdo, que se encontraba entonces en Dorileo con sus propias tropas, se decidió a actuar. El gobernador reunió a los suyos, los arengó y marchó subitamente contra las tropas de Constantino, las dispersó y se hizo nombrar emperador por los suyos. En este encuentro murió el patricio Beser, al que los cronistas atribuyen un papel decisivo en los orígenes de la herejía iconoclasta.

Constantino tuvo que huir del ataque de su cuñado y buscó refugio en Amorio, en el thema de los Anatólicos. Al mando en este distrito se encontraba un oficial devoto, Longino. A sus tropas se unieron las de Sisinio, estratego de los Tracesios y el thema naval de los Cibirreotas. Con sus fuerzas reunidas Constantino tomó la ofensiva contra el usurpador.

Durante este tiempo había estallado la revuelta en la capital. Artavasdo se había apresurado a avisar a Teófanes por medio del silenciario Anastasio. Monutes, de acuerdo con el patriarca Anastasio, reunió al pueblo en Hagia Sofía para anunciar la muerte de Constantino y la proclamación de Artavasdo por las tropas. Para apoyar a su aliado Anastasio juró sobre la Vera Cruz que Constantino había hecho la profesión de fe arriana. Al oirlo la multitud comenzó a clamar contra Constantino y proclamó a Artavasdo emperador ortodoxo y defensor de los dogmas divinos.

Había que ganar una guerra todavía. Teófanes Monutes se apresuró a pedir ayuda a su hijo Nicéforo, estratego del thema de Tracia. Este se trasladó a la capital con sus tropas. Monutes entonces persiguió a los partidarios del depuesto emperador en Constantinopla y a los funcionarios fieles para preparar la entrada de Artavasdo con el ejército del Opsicio. Casi de inmediato Constantino llegó a la capital y se estableció en la orilla opuesta, ante la villa de Crisópolis. Al ver la capital ocupada el emperador se retiró a Amorio para pasar el invierno.

Las partes enfrentadas muestran un patrón repetido a lo largo del conflicto iconoclasta:

  • Artavasdo contaba con el apoyo de las tropas del Opsicio y los soldados de Tracia y Europa, donde se reclutaban los partidarios más apasionados de la ortodoxia. Ya en tiempos de León III había estallado en Grecia una rebelión del turmarca de la Hélade Agaliano y Esteban con Cosmas como su candidato. También la emperatriz Irene, la futura restauradora de la ortodoxia, era de origen ateniense.
  • Frente a ellos los themata de Asia Menor, los más ricos y poblados, habían sido desde el principio la cuna de la Iconoclasia. En Frigia, Capadocia y Licaonia se mantenían las sectas cristianas de los marcionitas, maniqueos y paulicianos. Hasta el fin Asia Menor fue el principal soporte de los emperadores iconoclastas. Cuando decenios después la emperatriz Irene quiso convocar un concilio para restablecer el culto de las imágenes tuvo primero que alejar de Constantinopla a las tropas asiáticas enviándolas a sus hogares con un subterfugio. En su lugar hizo traer soldados de Europa favorables a las imágenes.

Artavasdo reinó en Constantinopla durante un año con plenos poderes. Su primera decisión fue restablecer el culto de las imágenes. Hizo coronar a su hijo Nicéforo por el patriarca Anastasio y envió a Nicetas, su segundo hijo, como estratego del thema de los Armeníacos con la misión de atacar por la espalda a Constantino.

En el mes de mayo de 742 Artavasdo cruzó el Bósforo y se dirigió al sudeste a través de Bitinia hasta el Opsicio, donde tuvo que utilizar la fuerza para someter su antiguo mandato, que se había pasado al bando de Constantino. Es probable que sólo el ejército fuese fiel a Artavasdo mientras que la población, de simpatía iconoclasta, se inclinase por Constantino. Artavasdo pasó a continuación al thema de los Tracesios contando con el apoyo de su hijo Nicetas para rodear a Constantino.

Asedio de Constantinopla

El plan fracasó por la agilidad de su oponente y el retraso de Nicetas en unirse a su padre. Tras conocer la noticia del paso de Artavasdo, Constantino se apresuró a abandonar Amorio y pasó por Frigia y Lidia para cortarle el paso. En Sardes se produjo un encuentro favorable a Constantino. Artavasdo tuvo que huir precipitadamente perdiendo su material y buena parte de las tropas. El fugitivo pudo alcanzar Cízico y de allí se acogió de nuevo a la seguridad de las murallas de la capital. Constantino dejó entonces en el Opsicio a Sisinio y se trasladó con el resto de sus tropas al encuentro de Nicetas, que llegaba desde Armenia. La batalla tuvo lugar en agosto de 742 en Modrina, en lo que pronto sería el thema de los Bucelarios. Un combate sangriento tuvo lugar en el que pereció el patricio armenio Tiridates, primo de Artavasdo. Fue una victoria total para Constantino.

Comenzó entonces un período de amargo enfrentamiento civil en el que según los cronistas:

[…] Hubo mucha mortandad en ambos bandos ya que los armenios y los armeníacos luchaban contra los anatólicos y los tracesios, partidarios de Constantino. El Demonio, instigador del mal, provocó en esos días tal furia y matanza entre los cristianos que los hijos mataban a sus padres sin piedad y los hermanos a hermanos a sus propios hermanos y  despiadadamente quemaban las casas y propiedades de los otros.Teófanes, Cronografía, AM 6234, AD 741/742, 418

En septiembre Constantino llegó a Calcedonia y de allí cruzó a Tracia para comenzar el asedio a la capital. Sisinio por su parte atacó también los muros. Hizo desfilar a sus tropas desde la puerta Dorada a la de Jarisio y se asentó frente al barrio de San Mamas.

La ciudad comenzó a pasar hambre. Artavasdo no había previsto la posibilidad de un asedio y la necesidad se hizo sentir de inmediato. El emperador sitiado intentó el aprovisionamiento por la vía del mar. El secretario Anastasio y el doméstico Artavasdo zarparon con una flota y consiguieron embarcar una carga de trigo. A su retorno Constantino lanzó contra ellos la flota de los Cibirreotas. El convoy fue capturado y el trigo repartido entre las tropas. Los dos jefes fueron cegados como castigo. Artavasdo consiguió alejar a los Cibirreotas usando fuego griego pero a continuación el desastroso resultado de una salida arruinó ese primer éxito. En ella pereció su principal aliado, Teófanes Monutes.Rey Salomón como emperador bizantino, salterio Teodoro

El hambre y la mortandad comenzaron a azotar Constantinopla, los cronistas se hacen eco de ello citando que un modio de cebada se pagaba a doce nomismata, un modio de legumbres por diecinueve, uno de mijo o altramuces por ocho, cinco medidas de aceite por un nomisma y una medida de vino por un semissis. Ante la gravedad de la situación Artavasdo tuvo que permitir la salida de la población no combatiente. Una riada de refugiados salió por las puertas y fueron recibidos benignamente por el emperador que les hizo distribuir víveres.

En un desesperado intento por auxiliar a su padre, Nicetas había reunido a las tropas que le quedaban después de Modrina y se presentó en Crisópolis. Sin abandonar el sitio, Constantino pasó el estrecho y fue a su encuentro, pero Nicetas se retiró hasta Nicomedia donde fue apresado. Junto a él se encontraba el curator Marcelino, antiguo obispo de Gangra, que fue ejecutado de inmediato. Por su parte Nicetas fue conducido cargado de cadenas ante los muros y se le paseó a la vista de los asediados.

A pesar de su desesperada situación Artavasdo se negó a capitular. Hizo falta un asalto para concluir la guerra. El 2 de noviembre un ataque sobre el muro de tierra abrió el paso a las tropas de Constantino. Artavasdo tuvo tiempo de escapar. Se embarcó en una nave en compañía del patricio Baktangios y desembarcó en Bitinia. De allí pasó a Nicea donde reunió algunos soldados y se encerró en la ciudadela de Puzanos. Pronto se presentó un destacamento de las tropas imperiales y Artavasdo fue conducido prisionero a Constantinopla, donde le esperaban ya sus dos hijos. El patricio Baktangios fue decapitado en el Cinegión y su cabeza expuesta durante tres días en el Milion.

En cuanto a Artavasdo  y sus hijos Constantino los castigó con la pena de ceguera y los hizo conducir encadenados hasta el Hipódromo para celebrar su triunfo. El patriarca Anastasio fue llevado también al Hipódromo montado en un asno del revés, siguiendo la costumbre en Bizancio. Contentándose con ese castigo el emperador mantuvo a Anastasio en el patriarcado y desde entonces este se cuidó de mantener la buena relación con el emperador. Constantino mostró su benevolencia en la victoria y  se limitó a reemplazar a buen número de funcionarios por hombres devotos a su causa y no tomó medidas punitivas contra la capital que a partir de entonces siempre le demostró fidelidad y devoción.

 

La política exterior de Constantino V

 

La llegada al trono de León III coincidió en el tiempo con otro momento del mayor peligro para el Imperio. En 717 el general Maslama comenzó el asedio de Constantinopla por tierra y mar. Después de un año de combates las tropas árabes tuvieron que retirarse diezmadas. De camino a Siria sufrieron nuevas pérdidas hasta el punto de que sólo diez naves regresaron a su puerto de partida. En los años siguientes el Imperio gozó de una relativa calma, ayudado por las buenas relaciones con el reino búlgaro, que había prestado ayuda para combatir a la amenaza omeya. Es muy probable que el matrimonio de Constantino en 732 con la hija del jagan de Jazaria, que fue bautizada con el nombre de Irene, obedezca a un tratado diplomático.León III con Constantino V

La llegada al poder del califa Hisham (724-743) supuso el reinicio de las agresiones en la frontera. En 725 la gran ciudad capadocia de Cesarea fue tomada y la propia Nicea, tan cercana a la capital, sufrió ataques. Una vez más las acciones de los jázaros en Armenia y Media proporcionaron a las poblaciones de Asia Menor un periodo de respiro. En 737 el general Abdallah al-Battal (el Sayyid Battal de la épica arábiga) atacó en profundidad las provincias occidentales. En la primavera de 739 los árabes organizaron un nuevo ataque con una triple dirección. El primer ejército, al mando de Sulayman ibn Hisham, asedió Tyana. El segundo, al mando de Ghamr ben Yazid, saqueó las regiones cercanas a Frigia, el tercer ejército a las órdenes de al-Battal y Malik ben Shu’aib, emir de Melitene, se concentró en la región de Acroino. Los dos primeros ejércitos regresaron a su base después de obtener un botín considerable pero el tercero fue atacado por León y Constantino. En una sangrienta batalla al-Battal resultó muerto y los restos de sus tropas tuvieron que replegarse para asegurar su salvación. La victoria de Acroino detuvo por un tiempo las empresas de los árabes en la región y fue un glorioso final para el reinado de León III y un prometedor presagio para el de Constantino.

Durante el reinado del nuevo emperador se procederá a consolidar los logros alcanzados, favorecido por la crisis política que azotó el califato. Las discordias internas entre Walid II (743-744), Yazid III (744) y Marwan II (744-750) provocarán entre 743 y 750 una época de gran agitación y, al fin, la revolución que provocará la caída de la dinastía omeya y su sustitución por la abasida.

Sin duda Constantino V tenía intención de consolidar sus posiciones y acabar con las incursiones árabes en Asia Menor. Como hemos visto anteriormente, el 27 de junio de 741 el emperador acababa de convocar a los estrategos de la región en la llanura de Craso para una campaña cuando fue sorprendido por la rebelión de Artavasdo. Las disensiones internas en el califato impidieron a este aprovechar las oportunidades suscitadas por la guerra civil. La rebelión de Marwan contra Yazid en 743 eliminó a uno de los rivales más temidos para los bizantinos, el general Sulayman ibn Hisham. Tras su llegada al poder el nuevo califa estuvo demasiado atareado en sofocar las rebeliones internas para preocuparse por la política exterior.

No era el caso de Constantino. Con las manos libres tras el sometimiento de Artavasdo se preparó para intervenir. En 745 invadió Siria del Norte y la región del Éufrates. Tomó entonces Germanicea, la patria de su familia y más al sur Teluj y las regiones vecinas. Siguiendo el ejemplo de Justiniano II el emperador ordenó el traslado de esas poblaciones a Tracia para reponer los estragos causados por las incursiones de los búlgaros. En el año 746 el escenario de la guerra se trasladó al mar. Una flota árabe zarpó de Alejandría con destino a Chipre. Los barcos de los Cibirreotas partieron a su encuentro y la sorprendieron cuando estaba encerrada en el puerto de Ceramea. Los barcos bizantinos bloquearon la entrada e incendiaron las naves enemigas. Sólo tres barcos consiguieron escapar. La flota de los Cibirreotas regresó triunfalmente a Constantinopla con un considerable botín.

En los años siguientes los ejércitos omeyas se ven derrotados una y otra vez por los insurgentes abasidas. Esa situación de total caos interno anima a Constantino V a retomar la ofensiva en Asia Menor. En 751 es el turno de la conquista de Teodosiópolis (Erzerum) y Melitene. Esta importante ciudad fue bloqueada por el emperador después de haber expulsado de las cercanías a la caballería árabe. Tras la negación de la población a parlamentar el emperador comenzó el asedio con máquinas hasta conseguir su capitulación. Los habitantes armenios y sirios fueron trasladados también a Tracia para sustituir a los fallecidos por la peste en esas regiones, la población árabe fue dispersada y Melitene destruida y sus murallas arrasadas. Tras Melitene llegó el turno para Claudiópolis. El ejército imperial avanzó hasta Arsamosata y saqueó la región. No se establecieron guarniciones en tierras que estaban demasiado lejos para poder ser auxiliadas con eficacia, pero la destrucción de sus defensas aseguró que dejasen de ser efectivas para la reanudación de los ataques sobre la frontera bizantina.

La llegada al poder del califa al-Mansur (754-775) supuso el comienzo de la reacción abasida. En 756 envió a sus generales Salih y al-Abbas a reconstruir Melitene y Teodosiópolis, al tiempo que Mopsuestia de Cilicia era reocupada y reconstruida por los árabes. En 757 Claudiópolis fue reparada y el gobernador Abd al-Wahhab invadió Capadocia hasta el paso de Adata. El propio Constantino salió a su encuentro y el prestigio militar del emperador fue suficiente para hacer retroceder al ejército invasor hasta el río Pyramos en Cilicia.

Batalla entre bizantinos y árabes

Es probable que durante tres años al menos se estableciese una tregua para el rescate de prisioneros. Encontramos el registro de la siguiente invasión en 759, cuando los árabes penetraron de nuevo en Asia Menor y vencieron sobre el río Melas a Pablo, estratego de los Armeníacos, obteniendo un gran botín y un número de ilustres prisioneros. Sin embargo este éxito y las campañas sucesivas de verano que comenzaron a sucederse no supusieron una amenaza estructural para el imperio, que se bastaba con los esfuerzos defensivos de los themata fronterizos para rechazarlas o al menos absorber las pérdidas sin cambios sustanciales en la situación.

A partir de 763 parte de la Armenia controlada por los abasidas comenzó a ser objeto de ataques por parte de los jázaros, probablemente en connivencia con Constantino V. Durante más de diez años se produjo un estado de tregua que permitió incluso el rescate de todos los prisioneros tomados en esos años. Tregua útil que permitió al emperador prestar toda su atención a lo que sucedía en Bulgaria. Entre 768 y 770 Abd al-Wahhab atacó repetidamente las posesiones bizantinas en Siria del Norte. Teófanes narra los acontecimientos:

En ese año Banakas [Abd al-Wahhab, sobrino de al-Mansur] invadió territorio romano y, después de atravesar Isauria, puso sitio a la fortaleza de Sicé. Cuando el emperador supo esto escribió a Miguel [Meliseno, primer miembro conocido de esta ilustre familia], Manes, estratego de los Bucelarios y Bardas, estratego de los Armeníacos. Esos hombres llegaron y ocuparon la salida de los árabes, que era un paso de montaña muy abrupto. Mientras tanto la flota de los Cibirreotas  al mando de su estratego el espatario Petronas echó el ancla en el puerto bajo el fuerte. Al ver esto y perdiendo toda esperanza, Banakas animó a sus hombres. Se dirigió contra los themata de caballería y los derrotó. Mató a muchos y después de saquear la región regresó a su hogar con mucho botín.Teófanes, Cronografía, AM 6263, AD 770/71, 445

Al año siguiente el intento árabe de tomar Mopsuestia fracasó y desde entonces la paz reinó en la frontera oriental mientras las tropas bizantinas se concentraban en la guerra búlgara. Durante los años que siguieron a la muerte de Constantino su hijo y sucesor León IV consiguió mantener la iniciativa asediando otra vez Germanicea y protegiendo con éxito Dorileo y Amorio. Tras la llegada de Irene la situación empeoró con la toma por los árabes de Crisópolis, Nacolea y Camacon. En 784 los bizantinos perdieron Thebasa y en 798 sufrieron saqueos en Capadocia y Galacia. Nuevas derrotas llegaron en Frigia en 804 y un tratado humillante con Harun al-Rashid en 806. La situación no mejorará hasta mediados de siglo, ya con otra dinastía en el poder.

 

La cuestión búlgara

 

Si los peores enemigos de León III habían sido los árabes, serán los búlgaros los de su hijo Constantino V, aquellos a los que dedicó sus esfuerzos más encarnizados. Si el califa tenía enormes recursos humanos y materiales también tenía muchos frentes a los que atender. Por contra el más pequeño reino búlgaro tenía como objetivo principal convertirse en dueños del litoral griego, expulsar a los griegos al mar y tomar la codiciada capital. En la época del reinado de Constantino V la fusión entre la población búlgara y las tribus eslavas no había sido completada todavía. Una masa de refugiados de estas últimas atravesaron la frontera bizantina en 762 pidiendo auxilio al emperador. Las relaciones diplomáticas entre ambos estados habían conocido una cierta estabilidad en los últimos decenios, hasta el punto de que los búlgaros actuaron como aliados durante el gran asedio de 717-718.

Durante largos años una paz estable se mantuvo entre ambos estados a cambio de la entrega por parte del Imperio de una suma anual como subsidio. La paz duró mientras fluyó el oro. En 755, coincidiendo con el traslado a Tracia de un buen número de sirios y armenios procedentes de Teodosiópolis y Melitene, el emperador hizo construir en la frontera un número de fortificaciones en los que instaló a los nuevos pobladores. Los embajadores búlgaros acudieron a Constantino V para reclamar el pago de compensaciones por las edificaciones levantadas en las fronteras. El emperador los trató con desprecio y se negó a pagar. La respuesta de los búlgaros fue invadir otra vez territorio imperial y saquear su territorio hasta los Muros Largos, a muy poca distancia de la capital.

De lo sucedido después tenemos versiones contradictorias.:

  • Teófanes nos habla de una grave derrota del emperador en 759 tras una fallida incursión en Bulgaria en la que habrían muerto León, patricio y estratego de los Tracesios y León, logoteta del dromo [equivalente a ministro de asuntos exteriores], ambos altos oficiales del Imperio.
  • Sin embargo Nicéforo relata que en 755 Constantino se enfrentó a los búlgaros que saqueaban Tracia, los derrotó por completo y les infligió graves pérdidas. A continuación reunió un gran ejército por mar y tierra y pasó a Bulgaria. Embarcándose en el Ponto entró por la boca del Danubio saqueando y sometiendo a esclavitud a su población hasta derrotar decisivamente a los búlgaros en Marcellae. Los búlgaros tuvieron que enviar embajadores al emperador para pedir la paz y entregar rehenes.

La coherencia interna del texto y su comparación con los datos para los años precedentes favorecen la versión de Nicéforo, mejor informado para los asuntos búlgaros. El hecho de que a continuación Bulgaria quedase sumida en dos guerras civiles consecutivas parece tener más relación con un grave fracaso exterior que con la versión ofrecida por Teófanes.

En 761-762 se produjo una revolución en la corte búlgara. Los boyardos masacraron a los representantes de la dinastía legítima y se entregaron a un joven  arrogante y lleno de audacia juvenil llamado Telesios (Teletzes). El nuevo jan alistó a todos los hombres válidos e invadió Tracia provocando un éxodo de eslavos a territorio imperial. En palabras de Nicéforo más de 208.000 hombres franquearon el Danubio y fueron recibidos por el emperador. Como preparación para la previsible respuesta de Constantino, Teletzes reunió todas sus fuerzas y fortificó la frontera.

Avisado de sus disposiciones el emperador adoptó una nueva estrategia. Envió por mar una fuerza considerable de caballería a bordo de transportes que podían llevar doce caballos cada uno. La flota penetró en las bocas del Danubio y esperó allí al ejército de tierra. El emperador partió de la capital el 17 de junio de 762 con sus tropas y siguió el litoral hasta llegar a Anquialo. En sus cercanías se libró una batalla decisiva el 30 de junio. Teletzes se presentó ante el emperador con todo su ejército y ofreció batalla. La batalla fue cruenta con miles de muertos en ambos bandos. Al cabo de todo un día de combates Teletzes tuvo que retirarse totalmente derrotado.

La victoria de Anquialo fue el mayor éxito del reinado de Constantino V, el hecho que le ganó fama duradera del salvador del Imperio. La noticia provocó una oleada de entusiasmo en la capital. Para celebrar la victoria se celebraron juegos y festejos y los prisioneros fueron ejecutados hasta el último ante la Puerta Dorada.

Batalla entre bizantinos y bulgaros

La respuesta de los búlgaros fue deshacerse del vencido Teletzes y poner en su lugar a Sabinos, yerno del difunto rey Kormesios (muerto en septiembre de 756). El nuevo rey de los búlgaros pidió la paz al emperador pero el descontento de sus boyardos decidió a Sabinos a huir de su propio país y buscar asilo en Mesembria, desde donde se trasladó a Constantinopla. En su lugar Baianos/Paganos [Kampaganos, probablemente un título más que un nombre] tomó su puesto. Constantino V, decidido a utilizar a Sabinos como un instrumento en su favor, y conociendo su pertenencia a la antigua familia real, envió soldados a Bulgaria para recoger a su familia y hacerla llegar a Constantinopla como una baza para el futuro, según práctica acostumbrada en el manual político bizantino.

EL nuevo rey búlgaro tuvo que reconocer que en su situación era inevitable hacer las paces con el Imperio. Ante la amenaza de una nueva campaña de Constantino él mismo se dirigió a la capital para pedir la paz. Paganos apareció en la corte, rodeado por sus boyardos para ser recibido por el emperador, que tenía a Sabinos a su lado. El emperador se dirigió a los vencidos con dureza reprochándoles su comportamiento y su odio por el rey legítimo. Por fin consintió en hacer la paz a cambio de la imposición de Umar, un lugarteniente de Sabinos, que prefirió continuar disfrutando de la seguridad de Constantinopla.

Era una situación que no podía dudar. Los búlgaros se deshicieron de Umar y pusieron en su lugar a Toctos, hermano de Baianos. Constantino se decidió entonces a tomar las armas de nuevo para acabar con ese estado de permanente rebeldía. En 764 su ejército invadió de nuevo Bulgaria. Sus enemigos no se atrevieron a enfrentarse a las tropas imperiales y huyeron a los bosques. El emperador saqueó y pilló buena parte del país, capturó a Toctos y Baianos a los que mandó ejecutar y tomó prisioneros a muchos de entre los principales de la nobleza. Al mismo tiempo otra tropas acudieron a Tracia para librarla de los ataques de bandas eslavas. Los cabecillas fueron derrotados, conducidos a Constantinopla y ejecutados para regocijo de la población.

El 21 de enero de 765, en fechas inopinadas, el ejército imperial se reunió de nuevo para invadir Bulgaria por mar y tierra. Una poderosa flota de 2600 navíos de transporte trasladó a la totalidad del ejército de tierra de los themata con dirección a Anquialo. Los búlgaros, aterrorizados, se disponían a pedir la paz cuando una tormenta sorprendió a la flota a las afueras de Anquialo y la destruyó casi por completo. El 17 de junio el emperador Constantino V entró de nuevo en la ciudad sin el lustre de otras ocasiones. A pesar de este revés se estableció una tregua entre ambos estados durante siete años, tiempo que dedicó el emperador a los asuntos internos. Cuando en 772 comenzaron de nuevo las hostilidades estaban presentes en la capital embajadores búlgaros, lo que muestra que hasta entonces había existido relaciones pacíficas entre ambos.

Las informaciones sobre Bulgaria en los últimos años del reinado de Constantino son confusas. Se sabe que en octubre de 772 el emperador conoció por informes de espías que Telerig, el nuevo rey búlgaro, había enviado un ejército de 12.000 soldados para someter unas colonias eslavas en la región de Berzetia. Para engañar a los embajadores búlgaros que se encontraban en la corte el emperador hizo creer que la expedición estaba dirigida contra los árabes. Después de una marcha forzada el ejército imperial sorprendió a las tropas búlgaras en Lithosoria y las derrotó por completo. Constantino hizo su entrada triunfal en la ciudad cargado con los despojos y cautivos.

Al año siguiente, en mayo el emperador invadió de nuevo Bulgaria, otra vez por mar y tierra. En lugar de acompañar a su ejército Constantino se embarcó en el quelandion rojo [el navío que transportaba al emperador] y volvió a utilizar la habitual ruta de las bocas del Danubio. La flota tenía más de 2000 embarcaciones y los búlgaros se consideraron incapaces de enfrentarse a semejante despliegue. Tras pedir la paz se confirmó un tratado y el emperador dejó tropas escogidas de entre todos los themata en las fortificaciones de la frontera antes de retirarse.

Constantino V había guerreado en Bulgaria durante todo su reino intentado asegurar una paz permanente y a pesar de todos sus éxitos no fue capaz de asegurarla. Poco se conoce de los últimos tres años del reinado, pero lo que es cierto es que la muerte de Constantino V se produjo al término de otra campaña. En la primavera de 775 Constantino volvió a reunir a sus tropas y pasó a Bulgaria por novena vez. Durante la campaña el emperador cayó enfermo  y sufrió fiebres muy altas que lo consumieron. Se le condujo a Arcadiópolis en litera a hombros de sus guardias y desde allí hasta Selimbria para ser embarcado rumbo a su residencia en Nicomedia. Mientras el barco fondeaba a la altura de Estrongylon, el 14 de septiembre de 775 Constantino V falleció en medio de grandes sufrimientos. Su cuerpo fue conducido a Constantinopla y enterrado en los Santos Apóstoles.

La causa de la muerte del emperador ha sido atribuída al carbunco y al ántrax. Un estudio de Francisco Aguado señala a una bacteriemia y sepsis causadas por la betatalasemia. Se trata de una enfermedad genética manifestada en su familia que podría ser la causa más probable de la muerte de su padre León (atribuída a la hidropesía, en realidad una insuficiencia cardíaca congestiva propia de una betatalasemia en grado intermedio) y de su hijo León IV el Jázaro (que podría padecer anemia de Cooper, caracterizada por la facies hemolítica o mongoloide, lo que podría haber justificado el sobrenombre del soberano).

Durante toda su vida Constantino V fue un guerrero incansable en su lucha contra Bulgaria. Aunque no se conservan los tratados firmados es probable que durante sus campañas se produjesen la recuperación de territorios que habían sido en tiempos del Imperio. Cuando Krum entabló negociaciones con Miguel I Rangabé (811-813) en 811 quiso hacerlo sobre la base del tratado acordado por Teodosio III y Tervel, que fijaba la frontera en el lugar llamado de los Melcones a lo que se opuso el emperador. Cabe pensar que desde 715 el límite de los territorios imperiales se había modificado en su favor y eso sólo puede ser atribuido a las campañas de Constantino.

El prestigio y las ganancias que el emperador había sabido labrar fueron aprovechadas por sus sucesores, librándoles durante años de problemas en esa parte de las fronteras. Sólo en 791, tras una rebelión de tropas en Armenia, el emperador Constantino VI (780-797) fue atacado por el rey búlgaro Kardam. A partir de ese momento los reveses comenzaron a sucederse. En 792 nueva derrota y muerte del famoso Miguel Lacanodraco, el fiel aliado de Constantino V. En 811 tiene lugar la desastrosa derrota en la que muere el emperador Nicéforo I (802-811) con buena parte de su ejército. Ese mismo año Krum el búlgaro saquea Macedonia y Tracia. En junio de 813 Miguel Rangabé y León el Armenio, el futuro León V (813-820), huyen en Adrianópolis y los búlgaros llegan hasta los muros de Constantinopla. En medio de tanto desastre el pueblo de la capital recordó al gran conquistador y la profecía que aseguraba su salida de la tumba para expulsar a los bárbaros.

 

Constantino V y la política occidental

 

Durante el reinado de Constantino V el Imperio asistió a la pérdida del exarcado de Rávena y la formación de los estados papales. El conflicto de las imágenes agravó las diferencias entre el papado y el gobierno imperial, como puedes leer en las entradas de Desde las Blaquernas sobre el papa Martín I y Justiniano II  por las exenciones e impuestos sobre el patrimonio papal y condujo irremisiblemente a la separación de intereses y finalmente de las lealtades. La reforma fiscal de 724-25 y las primeros medidas contra las imágenes promulgados en 726 supusieron la primera causa fundada para una ruptura formal y durante el papado de Gregorio II (715-731). El papa respondió a las medidas contrarias a los intereses de la sede pontificia con la retención de los impuestos debidos a Constantinopla. Los intentos de suprimir físicamente al pontífice se encontraron con la oposición abierta del exercitus romanus, colocado claramente al lado del papa. Tras el fracaso del exarca Paulo en 725 en imponer las órdenes del emperador y su retirada a Rávena la autoridad de este en Roma sólo se mantuvo en la medida en que convino a la política pontificia.

El 17 de enero de 730 León III convocó un Silention [consejo] de los más altos dignatarios laicos y religiosos en el Tribunal de los Diecinueve Lechos para presentar un edicto que convertía a la Iconoclasia en doctrina oficial del Imperio. La reacción en occidente no se hizo esperar: Gregorio III se opuso frontalmente al derecho del emperador a inmiscuirse en cuestiones doctrinales. La respuesta de León fue suprimir los derechos jurisdiccionales y patrimoniales de la Iglesia romana y acelerar una reforma administrativa de las provincias meridionales que reducía la influencia del papa sobre los obispados del sur de Italia. Con eso las diferencias se convirtieron en definitivas.

Al comienzo del reinado de Constantino V era todavía papa Gregorio III (lo sería hasta diciembre de 741), Eutiquio era exarca en Rávena y el patricio Esteban duque de Roma. Tras los conflictos de la década pasada las relaciones pasaban por un momento de calma. En esos años era la ofensiva del reino lombardo la que causaba las mayores preocupaciones a Constantinopla. Rávena ya había caído en sus manos en 732 y 735 y sólo había sido reconquistada gracias a la intervención del papa y la ayuda de la flota veneciana. En 741 el rey Liudprando tomó las fortalezas de Ameria, Horta (Orte), Polimartio (Bomarzo) y Blera cerrando así la única vía terrestre que comunicaba Roma con Rávena. La dificultad de las comunicaciones entre ambas y la necesidad de cada unidad administrativa de valerse por sus propios medios ante la ausencia de un ejército regular imperial favoreció la desvinculación con Constantinopla y la transformación del papa en señor terrenal. En esos años es el pontífice quien hace reparar las fortificaciones y las ciudades, tiene bajo su mando la milicia y posee inmensos patrimonios. En sus relaciones con otros estados el pontífice actúa ya como un jefe de estado.

Ante esa situación la actitud de Constantino durante la primera parte de su reinado fue considerar al papa como su lugarteniente en Roma, tal como lo era el exarca en Rávena. Por su parte los papas se consideraban a sí mismos como soberanos independientes aunque se esforzasen por mantener las relaciones de subordinación amparadas en la tradición. El papa Zacarías (741-752), griego de origen, elevado a la sede pontificia poco después de la llegada al poder de Constantino, envió al este una carta solemne de entronización (synodica) en la que se presentaba como un súbdito respetuoso. Ante la rebelión de Artavasdo, que ocurría en esos días, el papado asumió una firme posición de apoyo a Constantino a pesar de la profesión ortodoxa del aspirante. La opinión mantenida en el Liber Pontificalis, que refleja el punto de vista oficial, está clara en su alineación con el legitimismo:

Los apocrisiarios de la sede apostólica llegaron a la ciudad imperial y descubrieron dentro del palacio a un intruso, un rebelde llamado Artavasdo. Porque cuando el emperador había partido a luchar contra el pueblo de los agarenos este Artavasdo de inmediato sobornó a la gente en la ciudad imperial y se apoderó del trono. Después el príncipe Constantino reunió una multitud de los ejércitos del este, se dirigió a Constantinopla y la atacó valerosamente; rodeó la capital y la tomó y volvió a recuperar la sede de su reino. De inmediato le sacó los ojos a Artavasdo y a sus hijos y exilió a muchos de los rebeldes. Después de eso buscó al enviado de la sede apostólica que había llegado durante la rebelión y le perdonó. Ante la petición del pontífice le envió por escrito la donación de dos propiedades estatales llamadas Ninfa y Norma a beneficio del santo y bendito papa y la santa Iglesia romana para que las ocupasen y poseyesen a perpetuidad.Liber Pontificalis, Zacarías, 20

Durante los años siguientes la política pontificia se mostró muy activa en defender sus propios intereses y con frecuencia actuó de mediadora ante los reyes lombardos para favorecer a un exarca demasiado debilitado para defenderse por sus propios medios. A comienzos del verano de 751 el rey Astulfo (749-756) conquistó Rávena y puso fin al tiempo del exarcado. Tras la muerte del papa Zacarías al año siguiente su sucesor, Esteban II (752-757) se convirtió en el único representante del emperador en Italia. Constantino V, esperando de él la fidelidad que había mostrado Zacarías, le encargó de facto la dirección de los asuntos italianos. Por su parte el papa pidió el envío de un ejército que librase Roma y toda la provincia de Italia de la amenaza lombarda.

En medio de intensas negociaciones una delegación papal acudió a Constantinopla en el tiempo en que comenzaban las deliberaciones del concilio de Hieria (754), que supondría la legalización de la doctrina imperial sobre las imágenes. Entre tanto en Italia el papa decidió tratar directamente con el rey franco Pipino. El 6 de enero de 754 Esteban fue recibido en Ponthion por el monarca y comenzó un periodo de negociación que terminó con la consagración del príncipe franco y la de sus hijos Carlos y Carlomán. A cambio del título de princeps romanorum para Pipino el papa obtuvo la promesa de restituir a la sede pontificia el exarcado y todos los derechos y propiedades de la república para cuya justificación el papa mostró la famosa donatio constantiniana. Al conferir al monarca franco ese título se justificaba el derecho de este a intervenir en la política del ducado, no para interferir en los asuntos internos, sino para permitir al papa solicitar su intervención de modo más eficaz, como un defensor benévolo.

La actitud ambigua de Esteban al buscar la alianza franca sin romper abiertamente con el emperador salió a la luz en 756 cuando los enviados de Constantino, el silenciario Juan acompañado del secretario Jorge, pasaron a Occidente para entrevistarse con Pipino. Tras detenerse en Roma ambos continuaron viaje acompañados por un legado papal. En Marsella los embajadores bizantinos descubrieron la verdadera situación. Juan permaneció entonces en Marsella reteniendo consigo al legado mientras Jorge viajaba a Pavía para negociar con Pipino. La brutal franqueza de este dejó las cosas claras: no había lugar para Bizancio en la escena política italiana. Jorge regresó a Constantinopla e informó al emperador de la pérdida definitiva de Rávena y Roma.

Ese año 756 es la fecha que marca la ruptura definitiva entre Roma y el Imperio. Durante algunos años todavía la cancillería pontificia siguió fechando sus documentos por los años del reinado de los emperadores pero fue el fin de las relaciones oficiales entre la corte imperial  y la curia romana. A partir de ese momento los bizantinos son nombrados en los documentos pontificios como extranjeros y enemigos, los graeci.

La alianza del papado con la monarquía francesa supuso el desplazamiento definitivo de Bizancio como potencia en la región. Aunque los cronistas bizantinos no reflejan en sus obras este importante suceso el emperador no dejó en el olvido sus perdidas posesiones occidentales. En los años que siguieron Constantino V desplegó una incesante actividad para intentar recobrar lo que había perdido, comenzando por la confiscación de los dominios pontificios en Nápoles, Gaeta y Sicilia. A continuación intentó por todos los medios romper la alianza franco-papal, incluso con el proyecto de enlace entre su hijo León y Gisela, hija de Pipino. Tras la muerte de Esteban los agentes imperiales intentaron forzar la elección de su candidato Teofilacto pero fueron derrotados por Paulo I (757-767), hermano del anterior pontífice, que siguió apoyándose en la alianza franca.

El emperador intentó una medida de fuerza. En 758 la flota de dromones de Sicilia apoyó al rey lombardo Desiderio (756-774) en su enfrentamiento con el duque de Benevento Liudprando, aliado con el papa. A partir de 764 las operaciones militares bizantinas en el sur de Italia se estancaron, posiblemente debido a la caída en desgracia del estratego de Sicilia Antíoco, acusado al año siguiente de conspirar contra el emperador. El único fruto real de esa alianza fue el control de Otranto que se convirtió en la base de la reconquista del siglo IX.

La alianza entre bizantinos y lombardos continuó hasta la destrucción del reino lombardo en 774 y su incorporación al imperio carolingio. A la muerte de Constantino V en 775 Adelquis, el hijo de Desiderio, estaba preparado para desembarcar en Italia con tropas bizantinas pero la empresa finalmente no se realizó. La guerra del papado contra el patricio de Sicilia y el duque de Benevento continuó en los años siguientes. A partir de ese momento el ducado de Benevento bajo Ariquis II (758-787) recogió el testigo como abanderado de la independencia de la nación lombarda y maniobró incansablemente para escapar de la influencia de Carlomagno.

Una vez finalizado el vínculo territorial entre el papado y el Imperio el enfrentamiento continuó en otros asuntos. Tras la ruptura política el pontífice tomó una actitud muy combativa en la cuestión de las imágenes. Paulo I envió varias embajadas a Constantinopla urgiendo el restablecimiento del culto a las imágenes de la Virgen y los santos. Su sucesor Esteban IV (766-771) reunió en Letrán un sínodo para condenar con el anatema a los que se negaran a venerar las imágenes sagradas.

Es posible preguntarse por qué un gobernante tan activo como Constantino V no intentó de modo efectivo la recuperación de Rávena y Roma. Antes de 756 no dispuso de tropas en número suficiente en Italia para emprender una acción efectiva. Después de esa fecha confió en la diplomacia antes que en la espada. Incluso en el período 765-772 en el que la tranquilidad en otros frentes le hubiese permitido destinar recursos a Italia se limitó a enviar una flota a Sicilia que no consiguió ningún resultado. Como gobernante realista Constantino V puso toda su atención en los territorios sobre los que reposaba la verdadera fuerza del Imperio: Asia Menor, Tracia, Macedonia y dejó a un lado los asuntos de Occidente que eran cada vez más ajenos a los intereses del Imperio.

 

La administración del imperio

 

Se han conservado cuatro textos de la legislación imperial atribuibles a los emperadores iconoclastas. El más importante es la Ecloga, promulgado en nombre de los emperadores León y Constantino y fechado quizá en marzo de 741. Las fechas de los restantes, Nomos Stratiotikos, Código Rural (Nomos georgikos) y Código Náutico (Ley Rodia) son inciertas, especialmente en el caso de los dos últimos aunque por terminología parecen redactados en la primera mitad del siglo VIII.

  • El Código Rural se ocupa fundamentalmente de la condición de los campesinos libres, asociados en comunidades que admiten la propiedad colectiva del suelo pero reconocen el disfrute individual de una parte de las tierras comunes. El campesino trabaja sus tierras con ayuda de esclavos o empleados a sueldo o puede entregarla a un arrendatario a cambio de la mitad de la renta. Los impuestos son asumidos por la comunidad que asume la responsabilidad de su pago. Las tierras vacantes se reservan a los miembros de la comunidad, vetando así la entrada de los grandes propietarios. Este régimen no es aplicable a las tierras trabajadas desde antiguo, sino a las nuevas en las que se asientan poblaciones de nuevo cuño como las eslavas y en las que es necesario incentivar la explotación de tierras sin cultivar.
  • La Ley Rodia o Código Náutico establece igualmente disposiciones nuevas en materia de derecho marítimo y dispone la creación de compañías en las que las ganancias y pérdidas son repartidas entre varios armadores.
  • El código civil de la Ecloga por la estructura de sus contenidos más orientados a su uso en la vida diaria se convirtió en el prototipo de manual jurídico. Contiene disposiciones en materia de derecho familiar, matrimonio y sucesión. Sólo reconoce el matrimonio como única unión con valor legal, contrariamente a las leyes romanas que reconocían a los niños nacidos de uniones ilegítimas. El matrimonio como institución se considera con valor sagrado y se establecen sólo cuatro causas de divorcio. Como unión completa el hombre y la mujer tienen igualdad de derechos y comunidad de bienes. La madre tiene iguales derechos que el padre sobre los hijos cuyos bienes, en caso de muerte, revierten en sus padres en lugar de en los colaterales, lo que refuerza los lazos de familia. Si bien la Ecloga es más clemente que el Código de Justiniano en algunos delitos, castiga sin embargo con severidad a los perjuros y establece penas corporales contra los delitos contra la moral. En relación a los heréticos se deja a la Iglesia el cuidado para convertirlos con renuncia del Estado a participar, salvo en el caso de los montanistas y maniqueos, que son citados expresamente.

 

La organización de los themata

 

La evolución administrativa de los themata continuó bajo el reinado de Constantino V. La fuerza excesiva que habían llegado a acumular algunos de esos distritos, como el de los Anatólicos, aconsejó su desmembramiento en unidades de menor tamaño y poder. Ya León III había desgajado la parte occidental de los Anatólicos para crear el thema de los Tracesios. La insurrección de Artavasdo al comienzo del reinado demostró al emperador que el oficial al mando del Opsicio tenía demasiado poder en sus manos. En consecuencia separó de este distrito la parte oriental y formó el nuevo thema de los Bucelarios con Ancira como capital. El primer estratego conocido, Manes, es citado en 766 pero la creación de esa unidad se remonta, sin duda, a los tiempos inmediatamente posteriores al fin de la sublevación.

El emperador vigiló celosamente a sus subordinados y reprimió con severidad intentos de rebelión en Sicilia, Tracia y Opsicio. Promovió a los puestos principales a oficiales devotos a su persona: Bardas, estratego de los Armeníacos, Miguel Meliseno de los Anatólicos, Miguel Lacanodraco, estratego de los Tracesios, Manes de los Bucelarios, Pedro el protoespatario, al mando de la flota de los Cibirreotas. Muchos de esos hombres probaron ser gobernantes capaces y buenos soldados. Uno de ellos, Miguel Lacanodraco, fue tan prestigioso que los sucesores de Constantino no osaron destituirlo a pesar de haber sido un azote para los iconófilos.

Otra de las medidas características de su reinado fue el traslado de poblaciones a partir de las campañas en Siria del Norte desde 745. Al actuar así seguía el ejemplo mantenido por Justiniano II en el siglo anterior. El destino fue Tracia, muy afectada por las destrucciones provocadas por los búlgaros. Las poblaciones asentadas allí ocuparon fortalezas y recibieron tierras y favorables condiciones para arraigar en sus nuevos hogares. Es significativo también que muchos de esos contingentes eran de origen sirio, monofisitas o paulicianos de confesión y enemigos de las imágenes, lo que convenía también a la política del emperador. Estas transferencias de población guardan relación con las peculiares condiciones de mediados de siglo, marcadas por el brote de peste bubónica de 747 que azotó todo el litoral mediterráneo de oeste a este. Después de castigar terriblemente las poblaciones de Sicilia y Calabria la enfermedad se ensañó en la capital durante la primavera y el verano de ese año como reconocen lúgubremente los cronistas de la época:

En ese mismo año [745/46] la pestilencia que había empezado en Sicilia y Calabria se extendió como un fuego durante la decimocuarta indicción hasta Monemvasia, Hélade y las islas adyacentes castigando así al impío Constantino e impidiéndole atacar con furia a la Iglesia y los santos iconos aunque siguiese firme en su error como el antiguo faraón. La enfermedad de la plaga bubónica se extendió a la ciudad imperial en la decimoquinta indicción. De repente aparecieron numerosas crucecitas de óleo en las vestiduras de los hombres y en los paños de los altares y en los cortinajes. El misterio de ese presagio inspiró gran preocupación y decaimiento en el pueblo. Después la ira de Dios comenzó a destruir, no sólo a los habitantes de la Ciudad, sino también a los de los alrededores […] En la primavera de la decimoquinta indicción la plaga se intensificó y durante el verano se propagó de tal modo que casas enteras quedaron vacías y no hubo quien enterrase a los muertos […]  Cuando todos los cementerios urbanos y de los suburbios estuvieron llenos así como las cisternas vacías y las zanjas, muchos viñedos fueron excavados e incluso las huertas dentro de las viejas murallas para encontrar sitio para los cuerpos. Sólo entonces hubo sitio para todos.Teófanes, Cronografía, AM 6238, A.D. 745/46, 423

Como resultado Constantinopla perdió buena parte de su población. El propio Constantino se trasladó a Nicomedia durante la epidemia. Para repoblar la capital el emperador hizo venir gentes de todos los rincones del imperio, particularmente sirios y armenios y de Grecia, lo que aceleró la entrada de las tribus eslavas en el Peloponeso e incluso en las islas, como lo atestigua las negociaciones y rescate realizados en 768 de los prisioneros romanos tomados en las islas de Imbros, Tenedos y Samotracia. El emperador compró su libertad a cambio de 2500 vestiduras de seda y les permitió establecerse en lugares más favorables. La abundancia de súbditos eslavos era tal que, con motivo de la invasión del rey búlgaro Teletzes una multitud pidió asilo en el Imperio. Constantino recibió favorablemente su petición y los estableció en el thema de Opsicio, aunque la cifra de 208.000 personas dada por Nicéforo parece fuera de lugar. La gran peste, el crudo invierno de 763 (del que Teófanes recuerda las imágenes de su infancia saltando con otros niños en los icebergs que ocupaban el estrecho), los terremotos y las inusuales lluvias de estrellas, todo fue achacado a la impiedad del emperador.

Se conservan algunas referencias a la administración de las finanzas y el cobro de impuestos. Los cronistas acusan al emperador de avaricia y opresión de los campesinos al cobrar las cargas sin hacer excepción. En palabras de Nicéforo:

Este enemigo de Cristo era amigo del oro, y reunió todo el que había en la tierra en su palacio. Como las poblaciones sometidas a impuestos eran obligadas por la fuerza a pagarlo, sucedió que los frutos de la tierra y los productos del campo se vendieron a precio muy bajo, de manera que por una moneda de oro se podían comprar 60 medidas de trigo y 80 medidas de cebada, y lo mismo ocurría con otros productos.Este exactor terrible e inexorable elevó todo lo que pudo los impuestos con tasas extraordinarias y oprimió de tal modo a los campesinos que por una moneda de oro se podía tener todo el fruto del trabajo de un hombre. Los campesinos que se resistían eran colgados de los árboles; yo mismo asistí a semejantes ejecuciones.

Las necesidades de oro para la tesorería, no sólo para financiar las actividades del ejército estaban bien fundamentadas. El verano de 766 se recordó por la terrible sequía que provocó un desabastecimiento casi total de la capital. El emperador tomó entonces la decisión de reconstruir el acueducto de Valente. Esta obra había subsistido hasta los tiempos de Heraclio pero había sido arruinado durante el sitio de los avaros. Constantino V hizo venir mil albañiles y doscientos yeseros de Asia y el Ponto, quinientos obreros expertos en cimentación de Grecia y las Islas, cinco mil obreros y doscientos fabricantes de ladrillos. Todo ese personal fue puesto a las órdenes de un patricio asistido por ingenieros y expertos. Con el impulso personal del emperador la obra pronto fue llevada a cabo y el abastecimiento de agua de la capital, asegurado. Se sabe también que Constantino hizo reparar diversas iglesias y construir otras, además de adornar los baños públicos, construir estatuas de oro y plata y un programa completo de pinturas ilustrando las victorias más importantes del reinado.

 

Hetimasia o trono venerable, de inspiración iconoclasta. Relieve en San Marcos de Venecia

 

Las escasas informaciones de los cronistas aportan alguna luz también sobre la familia imperial. En 732 Constantino había sido prometido a la hija del jagan de los jázaros, que fue bautizada como Irene. El 25 de enero de 749 nació su primer hijo, León, llamado el jázaro. El recién nacido, siguiendo la costumbre, fue asociado de inmediato y coronado por el patriarca en Pentecostés de 750. La emperatriz Irene murió poco después de dar a luz porque Nicéforo menciona entre el final de 751 y el comienzo de 752 la muerte de la segunda esposa de Constantino, llamada María.

A pesar de las severas reconvenciones sobre los segundos matrimonios y la prohibición de los terceros, Constantino V se volvió a unir con Eudocia, lo cual fue, como no podía ser menos, acremente criticado por los cronistas. Antes de ser coronada como emperatriz Eudocia le dio cuatro hijos, el mayor de los cuales, Cristóforo, había nacido antes de 754 mientras aún vivía la emperatriz María. El carácter ilegítimo de su unión probablemente retrasó el enlace. De Nicéforo, el segundo hijo, se desconoce la fecha de nacimiento y para Nicetas se especula con el 762 o 763. El quinto hijo de Constantino, Antemio, nació en 767 o 768. Un sexto, Eudócimo, nació posteriormente y fue nombrado nobilísimo por su hermano León en 776. Constantino tuvo además una hija, Anthusa, que ingresó en un monasterio y fue considerada tras su muerte como santa.Mosaico en San Juan de Damasco

El 1 de abril de 768 Eudocia fue coronada como emperatriz en el Tribunal de los Diecinueve Lechos. En Pascua Constantino nombró Césares a sus dos hijos Cristóforo y Nicéforo y les entregó el manto de púrpura y la diadema. El emperador nombró a su cuarto hijo Nicetas, nobilísimo. Tras la ceremonia todos se dirigieron en procesión a Hagia Sofia y durante el camino se repartieron a la multitud gran cantidad de moneda de oro recién acuñada. En septiembre de ese mismo año se celebraron las bodas de León con una joven ateniense llamada Irene. Al igual que la mayoría de los súbditos de la parte europea del Imperio Irene era partidaria de las imágenes. El emperador la obligó a jurar su renuncia a adorarlas, aunque la historia posterior mostraría lo inútil de esa medida.

El 1 de septiembre la joven desembarcó con gran pompa en Constantinopla donde fue recibida por toda la corte. El 3 se celebró la ceremonia de esponsales en la iglesia del Faro y el 17 de diciembre Irene fue coronada en el Augusteón; a continuación la pareja se dirigió al oratorio de San Esteban de Dafne para celebrar su matrimonio. El 14 de enero de 770 nació un hijo de la unión, que fue llamado Constantino como su abuelo. Con su nacimiento el futuro de la dinastía parecía asegurado.

 

Constantino V y la cuestión de las imágenes

 

En 726 el emperador León ordenó al espatario Jovino que subiese a retirar la imagen situada en la puerta de bronce de la Calcé. La reacción de la población fue matar al oficial y a algunos de sus hombres por la profanación. Este primer incidente marcó el comienzo de la célebre querella de las imágenes que con idas y venidas marcaría la historia del Imperio hasta 843.

La actitud contraria a las imágenes del emperador León III se plasmó en el Silention del 17 de enero de 730 en el que presentó el Edicto que convertía la Iconoclasia eLeón III (717-740), padre de Constantino Vn doctrina oficial del Imperio y la dinastía. El emperador ni siquiera había considerado pertinente el consentimiento de la Iglesia y del patriarca Germano, que se oponía públicamente a la posición del emperador. En esa reunión en el Tribunal de los Diecinueve Lechos a la que asistieron también los funcionarios laicos más representativos del Imperio León se limitó a convocar al patriarca y pedir su firma. La respuesta de Germano fue negarse a rubricar el documento. León entonces lo depuso de inmediato y nombró en su puesto al sincelo Anastasio. El 22 de enero el nuevo patriarca firmó el edicto y de inmediato comenzó la destrucción de las imágenes sagradas.

Constantino V compartía plenamente la posición de su padre. Desde su infancia había sido educado en el rechazo a las imágenes. Sus maestros habían sido los confidentes de su padre, el obispo Teodosio de Éfeso (hijo del antiguo emperador Tiberio Apsimar), Tomás de Claudiópolis, Sisinio Pastilas, obispo de Perge y Basilio Tricacabo. El joven emperador creía fervientemente en su misión como defensor de la fe verdadera y por ello fue acusado por sus enemigos como enemigo de Dios y la religión.

Muy interesado en consolidar la obra de su padre, Constantino convocó en 754 un concilio en Hieria para definir las bases teológicas y dogmáticas de la reforma religiosa. El propio emperador participó como evangelista de la doctrina con la composición por su propia mano de trece sermones que hizo leer en las iglesias, según conocemos por el testimonio del contemporáneo Teocteristo. Nicéforo el patriarca dedicó dos Apologeticas y tres Antirrhetici para refutar las tesis del emperador contra el culto a la Virgen y los santos y la adoración de las reliquias:

Vale la pena conocer cuáles eran los propósitos de este enemigo de Cristo. Aplicó a los santos los razonamientos que hacía contra Cristo, diciendo que su sustancia era doble también […] Primeramente quiso suprimir el nombre de la Teotoco y expulsarlo del vocabulario cristiano. Luego suprimió y abolió todas las preces e invocaciones que se le dirigían; y negó que tuviese ante su hijo ningún tipo de mediación. Incluso castigó con penas severas a los que imploraban su intercesión y en cuanto a los otros santos, no sólo los despreciaba y deshonraba, sino que hizo quemar y destruir sus reliquias. Tales eran sus propósitos. Pero la muerte le impidió concluir todos los planes que había tramado contra los santos.Nicéforo, Antirrheticus III, 346

El análisis de los escritos de Nicéforo permite deducir tres conclusiones sobre la actuación del emperador en relación a la cuestión de las imágenes:

  • Que Constantino V tenía una postura personal sobre el dogma.
  • Que esa postura no coincidía con la de los obispos iconoclastas.
  • Que la divergencia tenía que ver con el culto a María y a los santos, que el emperador negaba.

Paradójicamente había diferencias apreciables entre la doctrina oficial del concilio y los  decretos posteriores de Constantino V. El concilio había mantenido el culto a los santos y la aceptación de su intercesión y si negaba el de las imágenes era bajo el razonamiento de que los santos formaban parte de la vida divina y una imagen grosera y material insultaba su magnificencia. El propósito del emperador al prohibir las oraciones dirigidas a los santos y perseguir lo que juzgaba idolatría era devolver a la religión cristiana un carácter más elevado y espiritual. La respuesta de sus opositores fue un odio cerval. Los obispos reunidos en el concilio de 787 en Nicea condenaron como anatema las conclusiones del concilio de Hieria evitando escrupulosamente mencionar la figura de Constantino, sin duda por razones de conveniencia política. Teófanes es muy explícito al declarar su posición ante las acciones del emperador:

La crueldad de esos hombres hacia las iglesias de Dios es tan evidente como infieles eran, pero el emperador de los cristianos, quizás por el juicio inefable de Dios, manifestó una furia mucho peor que la de los árabes contra los obispos ortodoxos, monjes y laicos. En todo momento rechazó como inútil, tanto por escrito como en oración, la intercesión de la santa Virgen Madre de Dios y la de todos los santos, gracias a lo cual todo tipo de gracias nos es dispensada. [Constantino] suprimió y destruyó las reliquias allí donde se dijese que servían para el bienestar de cuerpo y alma y eran veneradas por los fieles. Esos hombres fueron amenazados con la muerte por idolatría, así como con confiscación, destierro y tortura mientras que las reliquias gratas a Dios, como tesoro que eran para sus custodios, eran arrebatadas y hechas desaparecer.Teófanes, Cronografía, AM 6258, A.D. 765/66, 439

 

La historia del conflicto

 

Tras los desórdenes de 726 y la imposición de la voluntad del emperador León tras la reunión del Silention imperial la década de 730 transcurrió con relativa tranquilidad, en buena parte debido a la moderación de la política del emperador. Tras la llegada al poder de Constantino la rebelión de Artavasdo tras las de Agaliano y Esteban probablemente inspiraron prudencia para no imponer de inmediato medidas de alcance antes de que se diesen las circunstancias adecuadas. Aunque no es hasta el concilio de Hieria de 754 cuando se establece la impronta oficial a la política doctrinal auspiciada por el emperador la destrucción de imágenes había seguido produciéndose, como lo atestigua el decreto conciliar que condena la actitud de algunos obispos que con el pretexto de retirar las imágenes pintadas echaban mano a los vasos sagrados y a las vestiduras sacerdotales, las velas y los objetos de culto. No es preciso cometer en las iglesias ningún destrozo inútil. Antes de proceder a ninguna acción debe pedirse el permiso el patriarca o del pío emperador. Es preciso evitar que ningún funcionario o subalterno use ese pretexto para entrar en las santas iglesias y cometer violencia, como ha sucedido ya.

Destrucción de iconos, ilustración de la Crónica de Manasses

Constantino V se limitó a hacer cumplir los decretos de su padre sin aplicar un rigor excesivo. De hecho no se conocen mártires con fecha anterior a 760 aunque el veneno de la herejía se introducía por todas partes, en palabras de Teostericto. Los testimonios de la época hablan del gran número de partidarios y adherentes a las tesis iconoclastas, salvo en las provincias europeas donde el culto a las imágenes era fervientemente defendido. Las provincias asiáticas, las más ricas y poderosas, eran devotas de Constantino, como lo era el ejército, entregado a él por el prestigio de sus victorias. En la capital el pueblo apoyaba al emperador. Cuando los monjes rebeldes a la doctrina oficial eran conducidos a su ejecución los soldados y los ciudadanos los golpeaban e insultaban con tanta rabia como si fuesen búlgaros. Muchos de los que adquirieron esa condición lo fueron por ser asesinados por la muchedumbre más que por una ejecución regular.

Emperador iconoclasta, ilustración del Barberini Graecus 372

El clero regular también se mantuvo fiel al emperador. No se conoce un solo caso de un obispo de los trescientos treinta y ocho que acudieron al concilio de 754 que se negara a adherirse a sus decretos. Cuando en 786 Irene intentó convocar un nuevo concilio a favor de las imágenes se encontró con la oposición de buena parte de los obispos. Tras la revuelta de los soldados de la guardia que obligó a Irene a disolver la asamblea aquellos proclamaron jubilosos su victoria. Al año siguiente en Nicea no se contó más que ciento cincuenta obispos iconódulos y para llenar las filas hubo que recurrir a reclutar monjes e higúmenos partidarios. Pero ahora debemos volver a la cuestión conciliar.

En 752 los asuntos del Imperio estaban en paz. Constantino acababa de obtener una gran victoria en Melitene y Teodosiópolis. El emperador decidió que era el momento para zanjar la cuestión de la reforma mediante la convocatoria de un concilio. El 10 de febrero de 754 trescientos treinta y ocho obispos se reunieron en el palacio de Hieria, a orillas del Bósforo, al otro lado de la capital. El concilio estaba presidido por el obispo de Éfeso, Teodosio, que había sido una figura muy próxima a León III. Como segundo presidente Sisinio Pastilas, obispo de Perge. En esos momentos la sede patriarcal estaba vacante desde la muerte de Anastasio a finales de 752. Tampoco estaban presentes los patriarcas de Antioquía, Jerusalén y Alejandría ni los representantes del papa romano pero las sesiones de trabajo comenzaron sin pausa desde ese día hasta finales del mes de agosto.

El 8 de ese mes la asamblea se dirigió a la iglesia de Santa María de las Blaquernas y allí Constantino V proclamó al antiguo monje y obispo de Sicilia Constantino como nuevo patriarca. El 27 todos los obispos participantes junto con el patriarca y el emperador proclamaron en el foro la solemne declaración del dogma iconoclasta y los cánones contra las imágenes. Tras proclamar isapostolos, igual que los apóstoles, al emperador fue enunciada la voluntad conciliar:

En el nombre de la Santa Trinidad, esencial y suprasustancial, todos nosotros, unánimes y revestidos con la dignidad sacerdotal, decretamos que en las iglesias de los cristianos toda imagen material y toda pintura debe ser retirada como cosa odiosa y abominable. Que nadie se atreva a partir de ahora a cometer un acto tan impío y nefasto como la fabricación de una imagen. Quien en el futuro se atreva a hacer una o a adorarla o a colocarla en una iglesia o esconderla en un hogar particular, será depuesto si fuese obispo o sacerdote y anatematizado si fuese laico o monje. Será castigado por las leyes imperiales como rebelde a las órdenes de Dios y enemigo del dogma de los Padres.Mansi, SCAC, XIII, 327

A continuación se expusieron los cánones que prohibían el despojo de las iglesias sin permiso y otras decisiones. Se confirmaba el dogma ortodoxo de la encarnación y la divinidad de María y, aunque condenaba sus imágenes y las de los santos, se reconocía sin embargo su poder de intercesión. Los dos emperadores, Constantino y León, preguntaron ritualmente a los obispos si eran unánimes en la decisión a lo que estos respondieron:

Sí, somos unánimes y hemos deliberado libremente. ¡Largos años a los emperadores! ¡Recuerdo eterno para León [III] y Constantino! ¡Sois las luminarias de la ortodoxia! ¡Eterna memoria para Constantino y León [IV]! ¡Larga vida al Nuevo Constantino y a la piadosa Augusta!¡Habéis pisoteado la herejía! Anatema a Germano, impío y adorador de un leño. A Jorge [de Chipre] su cómplice que desnaturalizó las enseñanzas de los Padres. A Mansur [Juan Damasceno], de odioso nombre, sarraceno, idólatra, falsario, insultador de Cristo, traidor al Imperio, doctor de impiedad, falso intérprete de las Escrituras. ¡La Trinidad los ha depuesto!Vida de Esteban, 1120

La consecuencia más importante de los decretos de 754 fue la asunción por la autoridad del Estado de la persecución de los adoradores de imágenes. Constantino hizo que se dichos edictos se publicasen en todo el Imperio y con ello se estableció su obediencia obligatoria. Quien quiera que adorase a las imágenes se convertía ahora en hereje y rebelde a la autoridad soberana de la Iglesia y enemigo del Imperio.

Una vez establecido el dogma y expuesta la posición del emperador, Constantino dejó pasar unos años antes de aplicarla con rigor. La causa probablemente las guerras sostenidas contra los búlgaros y las insurrecciones en Tracia de los eslavos que comenzaron en esa época. Sólo a partir de 761 comienzan a aparecer en las fuentes la mención a mártires. Ese  año Teófanes nos informa que el emperador hizo morir a bastonazos al monje Pedro de Blaquernas el 16 de mayo. En junio otro mártir, Juan de Monagria, es cosido dentro de un saco y lanzado al mar.Santos, salterio Cludoff

El período de los años 762-764 estuvo marcado de nuevo por la guerra búlgara. A comienzo del año 765 comienza el período más violento de la represión, marcado por las ejecuciones y medidas drásticas contra los partidarios de las imágenes. Ese mismo año el emperador ordenó la ejecución del célebre monje Esteban de Auxencio. Para asegurar el cumplimiento de su voluntad Constantino impuso a todos sus súbditos el juramento de renuncia a las imágenes. El patriarca Constantino tuvo que dar ejemplo subiendo al ambón de Hagia Sofia para jurar que nunca se entregaría a la idolatría.

Para reforzar la política religiosa los principales edificios de Constantinopla se vieron despojados de sus imágenes al igual que en las residencias privadas. Para reemplazar la ornamentación de los edificios ahora desprovistos de su principal decoración el emperador propició un cambio de la imaginería sagrada por pinturas que representaban árboles, guirnaldas y pájaros de todas las especies. Y los textos sagrados contrarios a la doctrina oficial no fueron tampoco perdonados. El estratego Miguel Lacanodraco hizo quemar en su distrito todos los escritos de monjes y Padres que hiciesen apología de la doctrina iconólatra.

La contundencia de las medidas contra aquellos poco dispuestos a plegarse a la voluntad del emperador se pusieron pronto de manifiesto. El 25 de agosto de 765 diecinueve altos funcionarios fueron conducidos al Hipódromo bajo la acusación de alta traición y conspiración. Los convictos fueron paseados por la arena y maldecidos por la multitud. Al día siguiente los dos principales acusados, Constantino Podopaguro, patricio y logoteta del dromo y Estrategio, patricio y doméstico de los excubitores fueron decapitados en el Cinegión. Sus cómplices sufrieron la pena de ceguera y exilio. Entre ellos había nombres ilustres: Antíoco, antiguo logoteta del dromo y estratego de Sicilia; David, conde del Opsicio;, Teofilacto, estratego de Tracia; Cristóforo, espatario del patricio Himerio; Constantino, espatario y protostrator imperial; el candidato Teofilacto y varios espatarocandidatos. Por su torpeza al permitir que los padecimientos de los acusados moviesen a piedad a la multitud el eparca Procopio fue azotado y exiliado. Es remarcable que varios de esos altos oficiales hubiesen desempeñado puestos en distritos de simpatía iconófila (Tracia y Sicilia) mientras que otro ejercía el mando en el Opsicio, anteriormente rebelde con Artavasdo y con elevada población eslava en su interior. Esta política del emperador debe encuadrarse en el reemplazaIconoclastas crucifican a Jesúsmiento de altos funcionarios tibios por otros más comprometidos con su programa de reformas.

Pocos días más tarde llegó el turno para el patriarca Constantino. Entre los miembros de su familia el emperador descubrió testimonios que implicaban al patriarca en la conspiración de Podopaguro. Constantino fue enviado cargado de cadenas a Hieria y de allí al destierro en la isla de Príncipe en el Mármara. El 16 de noviembre un eunuco eslavo, Nicetas, clérigo en los Santos Apóstoles, fue escogido como el nuevo patriarca, cargo en el que se mantendría hasta su muerte en 780.

Las penas del antiguo patriarca no habían terminado. El 6 de octubre de 766 Constantino fue conducido de vuelta a la capital. Allí tuvo lugar la ceremonia de deposición tras lo cual fue conducido al Hipódromo montado al revés en un asno. Su sobrino Constantino, al que se le había cortado la nariz, guiaba el animal. Tras ser humillado durante toda la jornada el desventurado regresó a su prisión de donde sólo salió el 15 de agosto de 767 para ser decapitado en el Cinegión. Su cabeza fue expuesta durante tres días en el Milión y sus restos arrastrados por las calles antes de ser arrojados en la fosa de los condenados a muerte.

A partir de 765 los principales adversarios de Constantino V no se encontraron ya entre los oficiales de la corte, sino entre los monjes. Estos eran los partidarios más fervientes de la iconolatría, y su ascendencia sobre la población y la rivalidad con el clero regular crecía día a día. En los conventos se almacenaban propiedades y riquezas que escapaban al control del estado y los privilegios de su situación les ponían lejos del alcance de los funcionarios imperiales. Contra ellos se volvió ahora la atención del emperador.

Las primeras medidas datan del mismo año 765. Esteban el Joven fue el primero en caer y al poco comenzaron las primeras exhibiciones de monjes en el Hipódromo y con ello un enfrentamiento que fue considerado por los contemporáneos como una guerra a muerte:

Desde ese tiempo en adelante él [Constantino] se comportó con furia creciente contra las sagradas iglesias. Envió a sus hombres a expulsar de su roca al famoso estilita Pedro […] A otros los metió en sacos cargados de piedras y ordenó que los arrojasen al mar, y siguió cegando, amputando narices, azotando e inventando todo tipo de tormentos para los fieles. En la Ciudad perpetró esos crímenes él mismo y también mediante los que compartían sus opiniones, como Antonio el patricio y doméstico de las Escuelas [primera mención histórica de este cargo], Pedro el magistros y los hombres de los tagmata que habían sido aleccionados por él, mientras que en las provincias lo hacía a través de los antedichos estrategos.Teófanes, ibidem, AM 6259, A.D. 766/67, 442

El alcance de los castigos tuvo un eco en el concilio de 787, que recordaba los padecimientos sufridos en el período 765-770:

¿Cómo podríamos describir los males que se abatieron sobre la tierra entera? ¿Y los suplicios que recibieron esos hombres piadosos? Las tribulaciones, las angustias, la prisión, el látigo, las cadenas, los golpes, el exilio; se les perforaron los ojos, se les cortó la nariz y la lengua; se quemaron sus rostros y sus barbas; en fin, se cometieron crímenes.

Las Actas de los mártires guardan relatos atroces de los suplicios padecidos por algunos en esa época. A Pablo el Joven, muerto en 771, le cortan la nariz, le vierten pez hirviente en la cabeza y le horadan los ojos. Teostericto ve cortada su nariz y quemada la barba. Sus compañeros son recluidos en unos baños y aplastados con piedras. Pablo de Creta, perseguido por el prefecto Teófanes Lardotiro muere torturado, André de Crisis es destrozado por las varas, lapidado y su cuerpo arrastrado por las calles. Tal es al menos el relato de los cronistas iconófilos sobre la violencia desatada por su odiado enemigo aunque el análisis cuidadoso de las fuentes reduce mucho el alcance de la  persecución.

En su deseo por despojar a los monjes de su privilegiada posición social el emperador no dudó en tomar medidas para obligarlos a retornar al estado civil. En ese mismo año Constantino V hizo pasear en el Hipódromo a un número de monjes tomando de la mano a una mujer. Esa medida, que pretendía humillar y dañar su prestigio, alcanzó también al patriarca Constantino, que fue obligado a ceñirse la corona del matrimonio, romper sus votos, comer carne y escuchar los cánticos nupciales. Esa obligación de tomar mujer fue juzgada por sus rivales como la más monstruosa falta, más dolorosa cuanto las crónicas confiesan el elevado número de monjes que abandonaron sus hábitos y se acogieron a las generosas ofertas del emperador. El infatigable Miguel Lacanodraco se mostró especialmente efectivo en su distrito para convencer a muchos monjes:

Ganados por halagos o promesas, o por dignidades militares y todo tipo de tretas, renunciaron a su fe, abandonaron su hábito, se dejaron crecer el cabello y comenzaron a frecuentar mujeres.Nicéforo, Breviario, 71

El emperador llevó más allá su campaña mediante la confiscación de los conventos y bienes monásticos. Muchas de esas construcciones fueron reutilizadas como cuarteles y otros usos, lo que pareció  a los ortodoxos una profanación insoportable. Como recuerda otra vez un texto del concilio de Nicea de 787:

[Constantino] transformó las casas santas en cuadras y depósitos de estiércol. Los monasterios en casas vulgares y mundanas. Y lo que es más horrible, que esa impiedad y profanación subsiste en algunos conventos; en lugar de genuflexiones piadosas se pueden ver danzas vergonzosas; en vez de cánticos sagrados, canciones satánicas y obscenas.Mansi, ibidem, XIII, 330

Tras la muerte del emperador en 775 el apoyo y el prestigio que había sabido ganarse entre su pueblo permitieron que la reforma iconoclasta se mantuviese sin obstáculos durante el reinado de León IV el Jázaro. Todavía en 787 la población de la capital era tan poco favorable a las imágenes que la emperatriz Irene tuvo que renunciar a celebrar allí un concilio y trasladarlo a Nicea. Incluso a principios del siglo siguiente, tras la catastrófica derrota de 813 ante los búlgaros, la mayoría de la población siguió teniendo muy presente el recuerdo de Constantino V y sus victorias.

 

Conclusión

 

Debemos recordar al término de este artículo que la opinión de la posteridad sobre Constantino V está muy influenciada por la inclinación de los que escribieron sobre su reinado. Por propia confesión de los monjes cronistas y hagiógrafos que lo detestaban de corazón el emperador vivió rodeado de la gloria y el éxito; y su recuerdo pervivió durante dos generaciones como uno de los más exitosos en la historia del Imperio. La carrera militar de Constantino V fue brillante, jalonada por abundantes victorias que devolvieron el prestigio a los ejércitos romanos y restablecieron la paz en las fronteras. En lo referente a la reforma religiosa debe aceptarse que partió de un sincero intento por depurar la religión de lo que consideraba impurezas. En definitiva, como guerrero, gobernante y administrador Constantino V merece ser considerado como uno de los más destacados emperadores en la historia del Imperio.

 

 

Para saber más...

  • Aguado Blázquez, F. (2017) = Causa de muerte del emperador bizantino Constantino V Caballinos (718-775). Un estudio histórico-forense, Valencia.
  • Brown, T.S. (1984) = Gentlemen and officers. Imperial administration and aristocratic power in Byzantine Italy A.D. 554-800, Roma.
  • Brooks, E.W. (1923) = “The struggle with the saracens (717-867)“, Historia medieval Cambridge.
  • Brubaker, L, Haldon, J. (2015) = Byzantium in the Iconoclast Era, c. 680-850, Cambridge.
  • Ekonomou, A.J. (2007) =  Byzantine Rome and the greek popes, eastern influences on Rome and the Papacy from Gregory the Great to Zacharias, AD 590-752, Maryland.
  • Gregorovius, F. (2001) = History of the city of Rome in the middle ages. Vol. II 568-800 a.D., Nueva York.
  • Haldon, J.F. (1984) = Byzantine praetorians. An administrative, institutional and social survey of the Opsikion and tagmata, c. 580-900, Bonn.
  • Kountura-Galaki, E. (2004) = “Iconoclast Officials and the formation of surnames during the reign of Constantine V”, REB 62,  247-253.
  • Lombard, A. (1902) = Constantine V, Paris.
  • Liber PontificalisThe ancient biographies of the ninety roman bishops to AD 715, Liverpool, 2000.
  • Llewellyn, P. (1971) =  Rome in the dark ages, Londres.
  • Noble, T.F.X. (1991) = The republic of St. Peter. The birth of the papal state, 680-825, Filadelfia.
  • Runciman, S. (1930) = A history of the First Bulgarian Empire, Cambridge.
  • Schmidt, K.H. (2013) = Five pictures of Constantine V, Tromso.
  • The Chronicle of Teophanes Confessor, Byzantine and Near Eastern History AD 284-813, ed. C. Mango y R. Scott, 2006.
  • The lives of the Eight-Century Popes (Liber Pontificalis) (2007), ed. R. Davis,  Translated texts for historians, Liverpool
  • Zapata, R. (2006) = Italia bizantina. Historia de la segunda dominación bizantina en Italia (867-1071), Madrid.
  • Zuckerman, C. (1988) = “The Reign of Constantine V in the Miracles of St. Theodore the Recruit (BHG 1764)”, REB 46, 191-210.

 

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Roberto

 
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Constantino V (740-775): el enemigo de las imágenes
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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

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