Imagen dedicada Antioquía bizantina

 

Antioquía del Orontes, la metrópolis de Siria, es la protagonista de esta entrada en Desde las Blaquernas. Tras su pérdida a manos de los árabes en el siglo VII, los emperadores bizantinos nunca se resignaron a recuperarla. El 28 de octubre de 969 ese sueño se hizo realidad. En esta entrada, que complementa la dedicada a Damián Dalaseno, podrás conocer algo más sobre la historia política de Antioquía durante el periodo de dominación bizantina (969-1084), su estructura urbana y social, la organización administrativa y la vida cultural. Espero que disfrutes con este relato…

 

Antioquía bizantina (969-1084)

 

La conquista de Antioquía en octubre de 969 culminó la ofensiva bizantina contra los árabes hamdanidas durante la década de los años 60 y causó una enorme conmoción en el mundo musulmán. Con la conquista el Imperio ganaba los recursos de Cilicia y la región de Antioquía y en el plano religioso el Imperio recuperaba uno de los cinco patriarcados que volvía ahora a someterse al control de Constantinopla después de tres siglos de dominio árabe.

La relevancia otorgada a la conquista fue reflejada por su conversión en ducado y la consideración del oficial al mando como segundo puesto de importancia en la jerarquía militar del Imperio, sólo por debajo del doméstico de las Escuelas.

La ciudad de Antioquía era una de las fortalezas más poderosas del Este. El ducado comprendía además una serie de pequeños themata que lo protegían a modo de cinturón defensivo: Podando, Tarso, Hierápolis, Adana, Anazarbo, Mopsuestia, Germanicea, Teluj, Mauron Oros, Palatzá, Artaj, Laodicea, Gabala, Balanea, Borzé, y muchas otras fortalezas defendidas por taxiarcas [comandantes de un millar de soldados de infantería]. Un autor árabe estimaba en 4000 hombres la composición de la guarnición de la ciudad, mayoritariamente compuesta de armenios desde el inicio y otras nacionalidades como francos e iberos durante el siglo XI. También se encontraban presentes en la ciudad destacamentos de la guardia imperial como las Escuelas o los Hicanatos como parte de las fuerzas permanentes de guarnición.

El duque de Antioquía ocupa en los Taktika [tratados de organización para banquetes que ofrecen un listado de la jerarquía militar y civil] una posición privilegiada y la lista de sus integrantes es una de las mejores conocidas y más completa en los siglos X y XI en razón de su frecuente aparición en las crónicas históricas. Debido a su importancia el puesto fue reservado para oficiales que gozaban de la plena confianza del emperador por ser familiares o la excelencia de su carrera.

Un rasgo distintivo de la práctica administrativa bizantina para los territorios recientemente incorporados al Imperio es el mantenimiento de cuadros muy reducidos de funcionarios llegados de Constantinopla y la práctica de una amplia autonomía y el empleo de oficiales indígenas en la mayoría de los cargos administrativos. En lugar de asignar numerosos oficiales militares y civiles que podían ser considerados por las élites y la población como un elemento opresor, el gobierno imperial prefirió confiar la administración civil a las élites indígenas manteniendo en lo posible las costumbres locales. Sobre ellas un representante del emperador, catepán o duque, asistido por un pequeño número de oficiales bizantinos, se ocupaba de supervisar la administración civil y militar del territorio.

Este es el caso también de Antioquía, para la que ni siquiera se conoce con seguridad el nombre de un solo juez (Cheynet especula con la posibilidad de que los asuntos judiciales dependiesen de Tarso, ciudad para la que se conservan los sellos de numerosos jueces en esta época). El mismo fenómeno se observa en la esfera eclesiástica. Sólo cuando se afirma la autoridad imperial sobre esos territorios, un proceso que podía prolongarse durante décadas, se ve aparecer gradualmente en los cuadros los nombres de funcionarios bizantinos. En Oriente, por ejemplo, se encuentran con frecuencia a prestigiosas familias como los Hexamilites, Romeos o Serblias en Tarso; los Eugenianos, Salomones o Catafloros en Antioquía y los  Crisoberges en Melitene al lado de las más prominentes familias locales.

Aunque las fuentes reportan un número de sublevaciones y revueltas en Antioquía, la ciudad no parece haber sido más inestable que otras en su época. Durante la rebelión de Bardas Focas su hijo León conservó la ciudad contra el emperador por un tiempo. En 1034 los antioquenos asesinaron a un recaudador de impuestos, Salibas, cuyo nombre indudablemente apunta a un origen local árabe. En 1039 la familia de los Dalasenos, con estrechas relaciones con el ducado, se vio implicada en una conspiración contra el emperador Miguel IV (1034-1041). En 1071-72 el duque Cataturio se alineó con Romano IV Diógenes (1068-1071) en su lucha contra Miguel VII Ducas (1072-1078) tras la derrota de Manzikert.Vista desde la ciudadela

A finales de 1078 o principios de 1079 el armenio Filareto Brajamio, otro partidario de Romano IV, se convierte en duque de Antioquía. La invasión turca y el corte de la ruta terrestre a través de Anatolia convirtieron su mandato en un gobierno autónomo hasta la caída de la ciudad en manos turcas en diciembre de 1084. La posición autónoma de Filareto fue reconocida por los emperadores de aquel tiempo. Nicéforo III Botaniates (1078-101) y Alejo I Comneno (1081-1118) lo nombraron doméstico de las Escuelas del Este y protosebastos. La relación con Constantinopla nunca se rompió y la noción de legitimidad otorgada por el Imperio siguió siendo fuerte para Filareto y sus colegas Basilio Apocapes y Thoros en Edesa o Gabriel en Melitene. Sólo la llegada de los cruzados provocaría un vuelco radical en la situación geopolítica con la entrada de nuevos actores en escena.

 

La (re)conquista de Antioquía

 

A pesar de haberle sido arrebatada en fechas lejanas los emperadores bizantinos nunca renunciaron a sus antiguas posesiones en Siria. Durante el reinado de Romano I Lecapeno (920-944), de la mano de su eficaz doméstico de las Escuelas Juan Curcuas, el Imperio emprendió una serie de campañas en Siria y Mesopotamia que le permitieron recuperar plazas tan importantes como Melitene (934). Pocos años después la defensa del Islam fue asumida por los Hamdanidas de Alepo en la figura de Sayf ad-Dawla. Sayf durante los años centrales del siglo y hasta su muerte en 967 se convirtió en el principal adversario del Imperio en el Este.

Conquista de Alepo por Nicéforo Focas

Conquista de Alepo por Nicéforo Focas

 

Tras la deposición de Romano I Lecapeno (920-944) y la llegada al poder efectivo de su yerno Constantino VII (944-959) la política exterior bizantina en este teatro de operaciones asumió un carácter agresivo con la ocupación de los principales puestos militares por la familia Focas. En los años cincuenta el balance de las operaciones bélicas se inclinó hacia los hamdanidas, pero a partir de 960, los bizantinos comenzaron a apuntarse éxitos en el campo de batalla, circunstancia a la que no fue ajena la introducción de la caballería acorazada de los catafractos y la presencia masiva de mercenarios extranjeros descritas en sus obras por el poeta Mutanabbi. En este texto compuesto para conmemorar la victoria de Adata (30 de octubre de 954) Mutanabbi expresa la impresión causada por los nuevos jinetes acorazados del ejército imperial y abundancia de mercenarios extranjeros en sus filas:

Ellos [los bizantinos] han marchado contra ti [Sayf ad-Dawla], cubiertos de acero. Se diría que cabalgaban sobre caballos que no tenían patas. Sus armas destellaban confundidas con sus vestiduras y turbantes de acero. Era un ejército de líneas que iban de Oriente a Occidente y su estruendo subía a los cielos. Gentes de todas las lenguas y de todas las naciones se habían reunido allí, a los que sólo los intérpretes podían entender.

El 8 de noviembre de 960 León Focas, hermano de Nicéforo, derrotó decisivamente el ejército de Sayf ad-Dawla en Adrassos (Darb magarat al-qulh). En diciembre de 962 Nicéforo Focas y Juan Tzimiscés, dos futuros emperadores, tomaron Alepo al asalto. Tras la muerte de Romano II (959-963) el 15 de marzo de 963 y la proclamación de Nicéforo como emperador en julio la ofensiva contra las posesiones árabes en Cilicia y Siria se convirtió en el primer objetivo de la política exterior bizantina. Tras afirmar su posición en la capital y nombrar a Tzimiscés doméstico de las Escuelas del Este, Nicéforo lanzó otra vez sus ejércitos a la conquista. En otoño Sayf ad-Dawla había contraatacado penetrando hasta Amorio. Tzimiscés respondió en pleno invierno con una expedición contra Cilicia. Después de un encuentro victorioso cerca de Adana el doméstico asedió brevemente Mopsuestia antes de retirarse por falta de provisiones a principios de 964.

León Focas persigue a Chambdas

La caballería de León Focas persigue a Chambdas (Sayf ad-Dawla)

 

Entre tanto el emperador pasaba el invierno en Constantinopla ocupado en los preparativos para una nueva campaña en Cilicia y la expedición a Sicilia confiada a su familiar Manuel. En primavera el emperador se puso en marcha hacia el campamento de Cesarea. Después de un rápido ataque preparatorio sobre Tarso en el mes de julio la invasión de Cilicia se retrasó hasta el otoño. El primer objetivo fue Mopsuestia, la antesala de Tarso. Incapaces de resistir en campo abierto al ejército imperial el único recurso de los árabes era encerrarse tras las murallas. Tras cincuenta días de asedio los problemas de suministros forzaron a Nicéforo a levantar el sitio y regresar a Cesárea a comienzos de 965. Los árabes intentaron aplacar al emperador ofreciendo tributo, pero Nicéforo rechazó cualquier acuerdo y volvió al ataque en verano, capturó al asalto Mopsuestia el 13 de julio, deportó a su población y de inmediato se dirigió a Tarso. La vieja capital de la resistencia contra Bizancio no podía resistir esta vez y cuando el emperador ofreció un salvoconducto a sus habitantes para dirigirse a Antioquía los tarsiotas estuvieron dispuestos a entregar su ciudad. Era el 16 de agosto y con ello se completaba la conquista de Cilicia.

Entrada en Constantinopla de Nicéforo Focas

Entrada en Constantinopla de Nicéforo Focas
 

Nicéforo Focas asedia Mopsuestia

Nicéforo Focas asedia Mopsuestia

 

El emperador procedió a la creación de los themata de Chipre (conquistada también en la primavera de este año), Tarso y Mopsuestia. Nicéforo permitió a los habitantes que aceptasen convertirse al cristianismo permanecer en sus tierras y comenzó a reclutar nuevos pobladores entre las comunidades cristianas de Armenia y Siria, aunque fuesen de confesión monofisita.

Enviados de Tarso ante Nicéforo Focas

Enviados de Tarso se presentan a Nicéforo Focas
 

Tras la conquista de Cilicia la atención del emperador se volvió hacia Siria y Mesopotamia. A comienzos del otoño de 966 comenzaron los ataques en la región de Amida y Nisibis. El propio Nicéforo encabezó una expedición que alcanzó Manbij/Hierápolis, Alepo y Antioquía. Esta última fue asediada durante una semana hasta que la falta de suministros obligó a abandonar el sitio. Antes de regresar a Constantinopla Nicéforo puso en orden los asuntos en Armenia. La reciente muerte del príncipe de Tarón y la cesión del territorio al Imperio por sus hijos ocupó al emperador en la reorganización administrativa de la nueva posesión bizantina y la creación de una docena de themata en la región bajo el mando de su sobrino Bardas como duque de Caldia.

La atención prestada a los asuntos en Bulgaria e Italia detuvo la intervención de los ejércitos imperiales en Siria pero en  el otoño de 968 el emperador se puso en marcha otra vez hacia el Este:

A finales del año 357/968 el emperador de los griegos Nicéforo partió hacia Diyar Mudar [Oeste de Mesopotamia], pero giró hacia Arzen y Mayafariqin [Martirópolis] y avanzó hasta Kefartab, masacró y condujo a cautividad a gran número de los habitantes de estas ciudades. Después las abandonó y se dirigió a Siria. Por miedo a él Abu’l Ma’ali abandonó Alepo para refugiarse en Balis después de nombrar como lugarteniente al chambelán Qarguyah. El lunes 19 de octubre el emperador se acercó a Antioquía, pero después de haber permanecido allí durante dos días se fue al tercero. Después llegó a Ma’arrah Masrin y habiendo prometido gracia a sus habitantes (eran unos mil doscientos) los envió al país de los griegos. Luego se apoderó de Ma’arrah al-Numan, de Hamah y de Hims/Emesa, de donde se llevó la cabeza del Pródromo [San Juan Bautista]; permaneció cerca de la plaza esa noche e hizo quemar los suburbios. Asedió la ciudad de Arqa, que tenía una ciudadela bien fortificada, durante nueve días y la tomó por asalto y se apoderó de gran número de los que se habían refugiado allí de las ciudades vecinas y les arrebató muchas riquezas. […]  Después regresó por las regiones costeras y las conquistó. Había tal número de prisioneros que era imposible contarlos. Se apoderó de Antarados, de Maraqiyah [Maraceo] y de Hisn-Jabalah [Gabala/Zébel]; después acordó con los habitantes de Laodicea la rendición de la ciudad. Repartió los prisioneros por grupos y dejó allí un millar de ancianos, hombres y mujeres. Hizo construir frente a Antioquía, a la entrada del paso de montaña la fortaleza de Baghras [Pagras] y puso al mando a Miguel Burtzes, ordenó a todos sus colegas que le obedeciesen y le entregó mil hombres.Yahya de Antioquía, Historia, 131

La misión de Burtzes, patricio y estratego del thema de Mauron Oros, consistía en vigilar Antioquía bajo la supervisión del estratopedarca Pedro, un eunuco de la familia Focas. Sus órdenes eran estrictas: impedir la llegada de víveres a la ciudad con prohibición estricta de evitar un ataque en ausencia del emperador y esperar a que este volviese a Siria. Como relata León el Diácono en su Historia en forma de un discurso de Nicéforo a sus soldados:

[…] Para mí es inútil agotar al ejército romano en el asedio de esta ciudad [Antioquía] y destruir y saquear otra vez lo que ya hemos sometido por las armas […] Si estáis dispuestos a escucharme, ya que esta colina parece particularmente segura [la localidad de Pagrai/Baghras] y está bien provista de agua, debería ser fortificada de inmediato y dejar en ella un escuadrón de caballería y una cohorte de infantería para que con ataques diarios y asaltos y con el saqueo de sus aprovisionamientos puedan poner de rodillas a Antioquía, someterla a las mayores pruebas y aunque sea a la fuerza obligarla a convertirse tributaria de los romanos […] Así se pudo ver construida en tres días sobre la colina una fortaleza bien amurallada y muy segura. [Nicéforo] dejó en la guarnición una unidad de quinientos hombres de caballería y una cohorte de mil infantes, las abasteció con provisiones suficientes con órdenes de atacar Antioquía todos los días y destruir y saquear todo lo que se interpusiera en su camino.León el Diácono, Historia, IV, 74

Sin embargo Miguel Burtzes conocedor de las divisiones en la ciudad se decidió a intentar un audaz golpe de mano. Así lo relata Juan Escilitzes:

Burtzes, que estaba muy cerca de Antioquía y ardía en deseos de adquirir fama inmortal no se preocupó de respetar las instrucciones del emperador y consideraba día y noche el modo de apoderarse de la ciudad. Con frecuencia iba a encontrarse con gentes de Antioquía y les proponía tratos. Mientras estas, llenas de orgullo, se negaron a hablar con él, [Burtzes] pudo hacer un trato en secreto con un sarraceno –su nombre era Aulax – al que corrompió con regalos y promesas de forma que pudo conocer las medidas de una de las torres occidentales de Antioquía llamada Kalla. De acuerdo con Aulax, Burtzes hizo fabricar escalas a la medida para alcanzar la cima de esa torre y después de esperar a una noche lluviosa y oscura pudo apoyar sus escalas en la muralla sin ser visto. Subió con trescientos de sus hombres, degolló a los guardias de la torre y los de la torre vecina y después de tenerlas en su poder envió un mensaje al estratopedarca [Pedro], pidiéndole que acudiese a toda prisa con todo el ejército porque la ciudad ya estaba tomada. Pedro, al recibir la noticia, dudaba y vacilaba, temiendo que el emperador se enojase y le castigara por desobedecer sus órdenes. Burtzes insistía, enviando mensajero tras mensajero para apresurar su llegada y asegurarle que no podía resistir a los que le atacaban con intención de volver a tomar las torres con ayuda de máquinas de sitio […] Entonces el estratopedarca, asustado por la idea de que el Estado romano perdiese tantos hombres valerosos si se negaba a escuchar a Burtzes se vio obligado a apresurarse a acudir con todas sus fuerzas. Encontró a Burtzes y los suyos en el mayor de los aprietos. En efecto, habían resistido un asedio durante tres días y tres noches. Cuando el pueblo de Antioquía conoció la llegada de Pedro les faltó el valor y perdieron coraje. Burtzes aprovechó la ocasión. Bajó a la puerta y espada en mano cortó la barra que la bloqueaba y abrió las puertas, dejando entrar a Pedro y a todo su ejército. Así fue como fue conquistada Antioquía la grande, la gloriosa.Escilitzes, Emperadores de Constantinopla, 272-273

Miguel Burtzes tenía a su lado como segundo a Isaac Brajamio, el primer miembro conocido de esta destacada familia. El 28 de octubre de 969 las tropas de Pedro el estratopedarca y de Eustacio Maleino, estratego de Capadocia, entraron en la ciudad. Durante la lucha parte de la ciudad fue pasto de las llamas.

Miguel Burtzes ataca Antioquía

Miguel Burtzes ataca Antioquía
 

Burtzes conquista Antioquía

Miguel Burtzes conquista Antioquia

 

De inmediato Miguel e Isaac partieron hacia Constantinopla para anunciar al emperador la buena nueva, pero el emperador no se mostró en absoluto satisfecho por la desobediencia de sus subordinados y los daños causados en Antioquía y los conquistadores se vieron frustrados en sus deseos. Como primer estratego de la ciudad Nicéforo prefirió nombrar a su pariente Eustacio Maleino. Sin duda el agravio provocado en Burtzes y Brajamio les animó a participar en la conspiración que en la noche del 10 al 11 de diciembre acabó en el asesinato del emperador y la llegada al poder de Juan Tzimiscés.

 

Antioquía durante la dominación bizantina

 

Tras la conquista los emperadores bizantinos hicieron todo lo posible por reforzar la situación de la ciudad frente a su rival Alepo. La pérdida de Antioquía fue muy sentida en todo el Islam y de inmediato se suscitó un sentimiento general de yihad para recuperar lo perdido. En el invierno de 970 Ja’far ibn Falah, el comandante fatimida en Siria, envió contra la ciudad un gran ejército de bereberes reforzados por tropas reclutadas en Palestina y el sur de Siria al mando de su subordinado Futuh . Antioquía soportó un sitio de cinco meses al cabo de los cuales los egipcios se retiraron ante la necesidad de hacer frente a un problema de política interna en Damasco. Algunas fuentes sitúan también en esta época una victoria de los bizantinos en Alejandreta, al norte de Antioquía, a cargo de Nicolás, patricio y eunuco de confianza del emperador.

Durante el verano de 971 Miguel Burtzes apareció de nuevo en Antioquía para dirigir los trabajos de refuerzo de las murallas debilitadas tras un terremoto. Durante su permanencia en la ciudad se ocupó de castigar a los culpables del asesinato en 967 del patriarca Cristóforo. Ibn Dugama, el principal acusado, fue traído desde Tarso y tras su condena fue arrojado al mar en un saco cargado de piedras, el castigo destinado a los traidores.

 

La organización territorial y administrativa

 

Tras la conquista el territorio de Antioquía fue reorganizado como un ducado. Probablemente tras el fugaz mandato de Eustacio Maleino entre octubre y comienzos de diciembre de 969, fue Miguel Burtzes el primer duque de Antioquía. Desde el momento de su creacion la importancia excepcional de la ciudad para el gobierno imperial supuso que el titular de su mandato ocupase uno de los primeros puestos en la jerarquía administrativa. En el Taktikon del Escorial, un manual de precedencia en los banquetes para los altos oficiales datado en el reinado de Juan I Tzimiscés, el duque de Antioquía ocupa el puesto 25, sólo detrás en la escala militar de los dos domésticos de las Escuelas, los estratopedarcas y el estratego de los Anatólicos.

Durante el período 960-1050 el ducado/catepanato fue el puesto militar más importante en el Imperio, un cargo para el que fueron designados habitualmente hombres de la más alta confianza de los emperadores. Siete duques de Antioquía fueron promovidos antes, durante o después de su mandato al más elevado cargo militar en el Imperio, el domesticado de las Escuelas. Algunos de esos duques/catepanes fueron familiares del emperador: Constantino Caranteno (cuñado de Romano III Argiro), Nicetas y Constantino (hermanos de Miguel IV), Miguel Urano (sobrino de Miguel VI) o Isaac Comneno (hermano mayor de Alejo I Comneno).

En origen el duque de Antioquía tenía funciones militares pero asumió de modo natural la decisión sobre todo tipo de cuestiones civiles y administrativas. Aunque los jefes de la administración en el ducado eran los kritai (jueces) de Antioquía y Tarso, el duque podía impartir órdenes a cualquier oficial civil en su jurisdicción.

La duración del mandato del duque no era exacta ni regular, aunque la tendencia en la administración bizantina fue establecer un periodo de tres o cuatro años aunque no faltan casos de mandatos más prolongados (Miguel Burtzes seis años, Nicéforo Urano siete). Los cuadros de personal estrictamente bizantino, de acuerdo a la costumbre, fueron limitados al mínimo, especialmente en los primeros tiempos. Entre los funcionarios conocidos se encuentran representantes de muchos linajes civiles de la capital como los Blangas, Autorianos, Eugenianos, Heládicos, Hexamilites, Carabitziotes, Carbonas, Catacalos, Catafloros, Romeos o Serblias. También es el caso de la influyente familia Monómaco, ya que sabemos que Constantino, el futuro emperador, había nacido en Antioquía, seguramente durante un periodo de servicio allí de su padre Teodosio. Desde mediados de siglo, sin embargo, la irrupción de las bandas turcas y la inestabilidad en todo el Oriente inclinó al gobierno a confiar los cargos militares a los orientales, más motivados para defender sus propias posesiones (así por ejemplo en el caso del Vaspuracán la serie conocida de gobernadores está compuesta exclusivamente por armenios e iberos salvo la excepción del búlgaro Aarón: Miguel Apocapes, Basilio Apocapes, Aarón, Gregorio Magistro Arsácides y Pancracio).

La historia política del ducado conoció un largo período de paz tras la tregua establecida en 1000/1001 por Basilio II y el califa al-Hakim. Más allá de ocasionales disputas con sus vecinos (los mirdasidas en Alepo, a partir de 1025) o la sofocación de algunas sublevaciones locales el agravamiento de la situación política en la región llegó a partir del reinado de Constantino IX Monómaco (1042-1055) y la reducción de los efectivos militares estacionados en Antioquía dentro de un programa que afectaba al conjunto del ejército imperial. Tras una serie de derrotas ante los pechenegos en los Balcanes se reclamó buena parte de las tropas de caballería disponibles en el ducado debilitando así sus defensas. Su sucesor, Constantino X Ducas (1055-1067), enfrentado a la aristocracia militar, disminuyó deliberadamente los efectivos de las tropas provinciales y provocó con ello una fractura del sistema defensivo en vísperas de momentos muy delicados para Antioquía. Desde 1058 los últimos intentos del califato fatimida por dominar Siria del Norte y los ataques de los dinastas mirdasidas de Alepo entre 1060 y 1065 causaron graves daños en el ducado.

A partir del año 1064 se registra la entrada en Siria de las primeras bandas de turcómanos. La primera penetración turca en territorio bizantino se había producido en 1048, ahora en la década de los sesenta las luchas intestinas entre los señores mirdasidas por el control de Alepo provocaron la llamada de los mercenarios turcos que recorrían a placer las estepas de Mesopotamia. A partir de ese momento su presencia constante los convirtió en un factor de primer orden en la política siria. La frecuencia de sus correrías y la incapacidad de los duques en defender con efectividad el territorio obligó en el otoño de 1068 al nuevo emperador Romano IV Diógenes a encabezar una campaña para expulsarlos más allá de la frontera. En el período 1068-1070 esto fue llevado a cabo con relativo éxito. Cuando al año siguiente el emperador se decidió a hacer un esfuerzo definitivo por expulsar las bandas que estaban creando el caos en la parte oriental del Imperio la derrota de Manzikert en agosto llegó como un golpe catastrófico. Las consecuencias de la batalla y sus secuelas políticas, plenamente expuestas a partir de la guerra civil que estalló al año siguiente entre Romano IV y Miguel VII, provocaron una crisis en el Imperio de dimensiones no menores que la del siglo VII. Aislada y expuesta a las ambiciones de los aventureros políticos, Antioquía cayó en manos del armenio Filareto Brajamio en 1079, último representante de la autoridad bizantina y primer gobernante autónomo. En diciembre de 1084 durante una ausencia de Filareto los turcos consiguieron entrar en la ciudad y con su conquista Antioquía se perdió definitivamente para el Imperio.

Una descripción de Antioquía
El autor anónimo de la Gesta Francorum describió la ciudad de Antioquía en la época de la Primera Cruzada con estas palabras:

“La ciudad de Antioquía es un lugar muy hermoso y distinguido. Dentro de sus muros se encuentran cuatro grandes montañas de gran altura. La ciudadela, una construcción maravillosa de enorme fortaleza, se levanta sobre la más alta. A sus pies está la ciudad, que es impresionante y muy bien trazada, adornada con todo tipo de espléndidos edificios, porque hay muchas iglesias y trescientos sesenta monasterios […] La ciudad está rodeada por dos muros, el más grande de ellos es muy alto y enormemente ancho, construido con piedras de gran tamaño, y sobre él se levantan cuatrocientas cincuenta torres. Todo en la ciudad es hermoso. Al Este la cierran cuatro montañas, al Oeste, más allá de las murallas corre el río Orontes”.

Pero, al igual que había ocurrido tantas a lo largo de los siglos, los emperadores no olvidaban la joya perdida en Siria y no renunciaron a ella. En 1137 Juan II Comneno (1118-1143) se presentó ante los muros de Antioquía, la primera vez que lo hacía un emperador bizantino desde 1030. En ese momento los gobernantes de la ciudad reconocieron su soberanía nominal con la esperanza de ayuda contra Zengi. Cuando el emperador se alejó lo hizo sin más ganancia que el prestigio. Su hijo Manuel I (1143-1180) entró en la ciudad el 12 de abril de 1159 como su señor, pero su autoridad se desvaneció tan pronto como se alejó de sus murallas. Fue el definitivo adiós a Siria de la corona bizantina, un adiós prolongado de medio milenio. A partir de entonces la historia de Antioquía se desliga de Bizancio para tomar un camino muy distinto.

 

Los duques y catepanes de Antioquía

 

A continuación proponemos una secuencia reconstituida de los gobernadores de Antioquía durante la segunda dominación bizantina. La reconstrucción no es completa por falta de documentación en algunos casos.

1.- Eustacio Maleino.- Estratego de Capadocia. En el cargo de octubre a diciembre de 969, cesado tras la muerte de Nicéforo II Focas.

2.- Miguel Burtzes (circa 970-976).- Recompensado por el nuevo emperador Juan I Tzimiscés con el ducado de Antioquía. Tras su vuelta a la ciudad dirigió los trabajos de reconstrucción de las murallas y en algún momento posterior fue reclamado de nuevo para otras funciones. En el momento de la muerte de Tzimiscés a comienzo de 976 Miguel ocupaba un puesto en los Anatólicos junto a Bardas Esclero. La asociación de ambos pareció peligrosa al próedro Basilio, el tutor de los jóvenes emperadores Basilio y Constantino. En consecuencia procedió a nombrar de nuevo a Miguel Burtzes duque de Antioquía para separarlo de su colega. Ese mismo año estalló la rebelión de Bardas Esclero contra los emperadores. Miguel recibió la orden de unir las fuerzas del ducado a Maleino para enfrentarse al rebelde. Tras ser derrotado Burtzes se pasó al bando de su antiguo jefe y llamó a su hijo Constantino que había quedado al mando en Antioquía. Con este gesto político finalizó su primer mandato.

3.- Kulaïb/Kulepi (977).- Cristiano indígena, recibió el título de patricio y basílico [responsable de los asuntos fiscales y económicos] de Antioquía de manos de Juan I Tzimiscés por la entrega de Barzuyah/Borzé y Sigon/Sahyun en el camino entre Laodicea y Alepo. Constantino Burtzes le entregó el mando de la ciudad cuando la abandonó para unirse a su padre. En el mismo año 977 Bardas Esclero lo sustituyó por un hombre de su elección, otro árabe de nombre Ubaydallah. Kulaïb abandonó al poco tiempo a Esclero y volvió a reconciliarse con el emperador, que lo nombró gobernador de Melitene.

4.- Ubaydallah (977-978).- Otro árabe cristiano, jeque originario de Melitene, nombrado magistros por Bardas Esclero. Este le dio la orden de tomar el mando en Antioquía de manos de Kulaïb. El emperador Basilio, aconsejado por el obispo de Alepo Agapio al que había prometido la sede antioquena si atraía a su bando a Ubaydallah, ofreció al gobernador un trato ventajoso y el mando en Antioquía de por vida. Ubaydallah aceptó la oferta y  nombró un nuevo patriarca melkita el 22 de enero de 978 y después entró en campaña contra los partidarios de Esclero. Es probable que Basilio II mantuviese su promesa ya que no se conoce un nuevo duque hasta 985.

5.- León Meliseno (985).- El magistros León gobernó el ducado durante algunos meses del año 985. Enviado por el emperador para tomar Balanea, capturada poco antes por los fatimidas, se vio envuelto en una conspiración de palacio en connivencia con Bardas Focas. Más preocupado por las intrigas que de terminar la operación militar abandonó precipitadamente el asedio. El emperador Basilio le conminó a volver a Balanea y tomar la fortaleza amenazándole con hacerle pagar de su bolsa los gastos de toda la campaña. Eventualmente León Meliseno tomó la fortaleza y al poco tiempo fue sustituido por Bardas Focas, en el invierno o primavera de 986.

6.- Bardas Focas (986-987).- Permaneció poco tiempo en el ducado. El 15 de agosto de 987 se proclamó emperador e inició su guerra contra Basilio II. Dejó en Antioquía a su hijo como sucesor.

7.- León Focas (987-989).- León se mantuvo en Antioquía hasta la muerte de su padre el 13 de abril de 989. La rebelión de los antioquenos le obligó a refugiarse en la ciudadela y finalmente a entregar la ciudad el 3 de noviembre de 989.

8.- Miguel Burtzes por segunda vez (989-995).- El emperador envió a Burtzes para hacerse cargo de León Focas. Al término de su misión el patricio volvió a hacerse cargo del ducado. Durante su segundo mandato la fortuna le fue adversa. En 992 fue derrotado mientras intentaba socorrer Alepo de un ejército fatimida. Poco después reprimió severamente una sublevación en Laodicea y deportó a su población. El 15 de septiembre de 994 fue derrotado gravemente en la batalla del Vado por los fatimidas. La situación se volvió tan severa que el propio basileo se vio obligado a presentarse en Siria en abril del año siguiente. Al examinar la conducta de su subordinado el emperador ordenó su deposición y lo envió a su domicilio.

9.- Damián Dalaseno (995-998).- Puedes encontrar un amplio relato del gobierno de Damián en esta entrada.

10.- Nicéforo Urano (999-1006).- El magistros Urano, confidente y amigo del emperador, un hombre cultivado y aficionado a la escritura de tratados de táctica militar, fue nombrado por Basilio II como duque tras su segunda estancia en Siria. En calidad de tal acompañó al emperador en la primavera del año 1000 a Armenia para reclamar la herencia del curopalata David recientemente fallecido. Durante su mandato se firmó una tregua de diez años con el califa al-Hakim. El tiempo de mandato de Urano parece haber sido especialmente pacífico y carente de incidentes. En 1006 las fuentes mencionan una operación contra un aventurero conocido como al-Asfar. Tras sofocar la revuelta no se tienen nuevas noticias del duque.

11.- Miguel el Coitonita (1011).- No se tienen noticias sobre su gobierno salvo la mención que se hace de él el 21 de enero de 1011 cuando dos señores árabes huidos de Egipto le solicitaron autorización para encontrarse con él en Antioquía.

12.- Teofilacto Dalaseno.- Las fechas de su mandato nos son desconocidas. Se han conservado sellos en los que se titula como anthypato, vestes, patricio y duque de Antioquía. Al haber permanecido prisionero en El Cairo durante diez años (vid. la entrada sobre los Dalasenos) no pudo volver a la actividad antes de 1008 o 1009. Su presencia en Antioquía debe datarse antes de 1022, fecha en la que abandonó su puesto como drungario para ser nombrado estratego de los Anatólicos. En esa condición participó en la sofocación de la rebelión de Nicéforo Focas y Nicéforo Jifias.

13.- Constantino Burtzes.- Se conserva un sello que lo titula magistros y duque de Antioquía. Se sabe que Constantino, que gozaba del favor de Basilio II, fue detenido y cegado por Constantino VIII por las repetidas denuncias que Burtzes había presentado ante Basilio de los excesos de su hermano. Se ignora la fecha de su mandato.

14.- Constantino Dalaseno (1025).- Hijo de Damián y hermano de Teofilacto, también fue prisionero en El Cairo. Yahya nos proporciona dos noticias sobre su mandato, la instalación de una guarnición en la plaza fuerte costera de Maraceo/Marakiya y el envío de trescientos arqueros en apoyo de Salih ibn Mirdas durante el asedio de la ciudadela de Alepo. Al conocer la noticia el emperador Basilio ordenó de inmediato la vuelta de los arqueros a Antioquía. Puedes leer más sobre esto en la biografía de Salih ibn Mirdas disponible en la web.

15.- Miguel Espondilés (1026-1029).- Eunuco, miembro del entorno próximo de Constantino VIII, fue nombrado por este catepán de Antioquía al comienzo de su reinado. En 1027 fue derrotado por los mirdasidas de Alepo. En ese mismo año concedió al señor árabe de las montañas de Yebel Rawadif (al este de Laodicea) Nasr ben Musarraf al-Rawadifi (llamado Musáraf en las crónicas bizantinas) que permanecía prisionero en Antioquía por traición, permiso para construir una fortaleza en Menikos/al-Maniqa y le entregó el mando para defender esa parte del ducado de la amenaza de los árabes de Trípoli. Musáraf se hizo con el control de la fortaleza y desafió la autoridad bizantina en su afán por crear un señorío independiente. El 14 de julio de 1029 Espondilés fue derrotado gravemente por los hijos de Salih ibn Mirdas en Qaybar cuando intentaba aprovechar el clima de desconcierto entre los mirdasidas de Alepo tras la muerte del fundador de la dinastía en la batalla de Uqhuwana. Ante su incompetencia manifiesta el emperador Romano III Argiro lo depuso poco después (31 de octubre de 1029).

Entre Espondilés y su sucesor Caranteno J.C. Cheynet sitúa a Pothos Argiro. Familiar del emperador, en la crónica de Juan Escilitzes se inserta una pequeña referencia a la política siria alrededor de 1029:

Espondilés, que mandaba en Antioquía como he dicho, se puso en campaña contra él [el príncipe de Beroea/Alepo, Nasr ibn Mirdas] mientras vivía todavía Constantino. Quería sin duda dar prueba de audacia y bravura. En un encuentro con el príncipe de Beroea fue vencido y sus tropas sufrieron graves pérdidas y él mismo se refugió en Antioquía cubierto de vergüenza. Un árabe llamado Musáraf supo vencerle también por la siguiente estratagema. Este Musáraf, que era un prisionero de guerra detenido en Antioquía –había sido capturado por Pothos Argiro –una vez que las riendas del poder recayeron en las manos de Espondilés comprendió que este hombre era muy influenciable y le prometió prestar grandes servicios a los romanos si se le liberaba de las cadenas y se le ayudaba en su plan.Juan Escilitzes, Emperadores de Constantinopla, 379

16.- Constantino Caranteno (otoño 1029 – otoño 1030).- Cuñado del emperador y miembro de una familia ilustre, Caranteno se encontraba presente en la región y acompañó al emperador durante la desastrosa expedición que acabó con la derrota de Azazion en el verano de 1030. Cuando el emperador abandonó Antioquía Caranteno le acompañó y dejó su puesto a un sustituto.

17.- Nicetas de Misthia (otoño de 1030-1032).- Eunuco, patricio y rector, antiguo duque de Iberia (hacia 1027) es llamado Nicetas de Pisidia en las fuentes. El nuevo catepán de Antioquía demostró ser un jefe militar hábil y exitoso. Desde la primavera de 1031 Nicetas emprendió una campaña para someter al rebelde Musáraf. Entre junio de ese año y julio de 1032 medio año asedió y tomó sucesivamente los castillos de al-Maniqa y Bikisra’il en una fatigosa guerra en las montañas.

18.- Nicetas (1034).- Hermano de Miguel IV, nombrado por imposición de su poderoso hermano Juan el Orfanotrofo. En el momento de su llegada se encontró con la negación de los antioquenos a dejarle entrar por temor a represalias después de haber matado al recaudador Salibas. Nicetas falleció muy poco después.

19.- Constantino (1034-1037).- Otro hermano de Miguel IV. Era eunuco también como su hermano Nicetas. En 1037 su intervención armada en Éfeso contra los árabes le valió el título de nobilísimo y su nombramiento como doméstico de las Escuelas.

Tras la marcha de Constantino se produce un vacío en la documentación. Las hipótesis a partir de los testimonios sigilográficos proponen la siguiente secuencia:

20.- Antes de 1041 el eunuco Basilio Pediadites, luego enviado a Sicilia para sustituir a Jorge Maniaces tras su detención.

21.- Esteban, duque.- Hipotéticamente podría tratarse de un duque de Vaspuracán en 1045/46 con ese nombre.

En esos años también hay indicios de la presencia en Antioquía del vestarca Gregorio (entre 1042-1054), Miguel Iasites (en los años cuarenta) y Miguel Contostéfano (en la década de los cincuenta)

22.- Romano Esclero (1054).-  Un acta sinodal y patriarcal en ese año le señala en Antioquía como duque. La carrera de Esclero debió mucho a la relación de su hermana María con el emperador Constantino IX Monómaco, que le valió los cargos de magistros y protostrator. En 1057 Esclero formó parte de los oficiales que apoyaron la subida al trono de Isaac I Comneno (1057-1059).

23.- Catacalon Cecaumeno (1056).- Este famoso general de amplia y exitosa carrera sucedió a Esclero en Antioquía. Su mandato tuvo corta duración al ser depuesto por Miguel VI en septiembre de 1056. Al año siguiente Cecaumeno fue una de las principales figuras de la sublevación militar contra el emperador.

24.- Miguel Urano (otoño de 1056-1057).-  Sobrino de Miguel VI. La caída de su tío arrastró a Urano en septiembre de 1057.

25.- Adriano (1059).- Un documento religioso de la época señala solamente que Adriano era duque de Antioquía en abril de ese año.

26.- Niceforitzes (1063).- Eunuco originario del thema de los Bucelarios, Nicéforo, llamado habitualmente con ese diminutivo, fue secretario de Constantino X Ducas (1059-1067). Las intrigas de la corte le alejaron hasta Antioquía donde gobernó pesimamente en opinión del historiador Miguel Ataliates.

27.- Bejd (1065).- Armenio, mencionado en la crónica de Mateo de Edesa acudiendo en socorro de su ciudad durante un asalto de los turcos.

28.- Niceforitzes (1067).- Segundo mandato igualmente con balance negativo. La muerte de su protector Constantino X en mayo de ese año le valió la prisión por orden de la emperatriz Eudocia. Durante el reinado de Miguel VII se convertiría en su hombre de confianza.

29.- Nicéforo Botaniates (1067-68).- El futuro emperador fue considerado en diciembre de 1067 como posible marido para la emperatriz Eudocia. Finalmente su candidatura fue rechazada en favor de la de Romano Diógenes porque Botaniates se encontraba en la lejana Antioquía. Diógenes una vez convertido en emperador sospechó de su antiguo colega y lo desposeyó de su cargo en la primera mitad de 1068.

30.- Pedro Libelisio (1068).- Sirio, nativo de Antioquía y perteneciente a una de las familias de mayor rango en la ciudad. Se decía de él que era buen conocedor del árabe. Libelisio estaba al mando durante la primera expedición de Diógenes a Siria. En esa ocasión el duque se distinguió durante la captura de Mambij/Hierápolis el 20 de noviembre. Ese éxito debió conducirlo a otro puesto porque las fuentes señalan a su sucesor.

31.- Bejd (1069).- Segundo período del armenio en el ducado. El historiador Kamal ad-Din señala que este duque conquistó en ese año la fortaleza de Asfuna.

32.- Cataturio (1069-1072).- Este fiel partidario de Romano IV fue encargado por el emperador en la segunda mitad del año 1069 de detener a los turcos que acababan de saquear Iconio. Durante la campaña de Manzikert Cataturio seguía siendo duque de Antioquía. Cuando el emperador Romano intentó recuperar su trono tras ser liberado Cataturio se puso de su lado. Durante el invierno de 1071-72 ambos prepararon su defensa en los desfiladeros del Tauro. A comienzos de 1072 las tropas de Miguel VII Ducas derrotaron al emperador. La caída de Romano arrastró a Cataturio también.

33.- José Tarcaniotes (1072-74).- Tarcaniotes, uno de los militares de más prestigio en los años setenta, había participado en la campaña de Manzikert, donde se mostró en contra de atacar  a los turcos. Tras la batalla escapó sin daño y el nuevo gobierno le premió con el ducado de Antioquía. Tarcaniotes murió en 1074 durante su mandato.

34.- Isaac Comneno (1074-78).- El armenio Filareto Brajamio, antiguo subordinado de Romano Diógenes, aprovechó la muerte de Tarcaniotes para intentar controlar Antioquía con el apoyo del patriarca melkita Emiliano. Ante el fracaso de Catacalon Tarcaniotes, hijo del difunto duque, para reprimir la inquietud en la ciudad Miguel VII envió a Isaac Commeno, hermano mayor de Alejo, con la misión de enviar a Constantinopla al patriarca Emiliano. Tras conseguir inducirlo para embarcarse Comneno tuvo que enfrentarse a la ira de la población de Antioquía. Lo que pasó a continuación lo cuenta el historiador Nicéforo Brienio:

Pues algunos de los que habían llegado recientemente, encendidos por la envidia, armaron al pueblo contra las autoridades y contra el duque. A este lo encerraron en la acrópolis y cerraron sus entradas, los atacaron y mataron a algunos y los otros devastaron las casas de los arcontes en la acrópolis y se apoderaron de sus bienes. El duque, expuesto a un peligro evidente, envió embajadas a las ciudades de alrededor pidiendo soldados y, tras reunir en poco tiempo una fuerza suficiente, hizo un ataque contra los sublevados. Dividió, pues, su ejército en muchas partes y ordenó marchar hacia los desfiladeros y apresar a los que encontrasen, de manera que no llegaran y no pudieran ayudarse mutuamente. Hecho lo cual, se produjo una gran matanza de sublevados de Antioquía y así, a duras penas, fue sofocada la revuelta. Después de aplacarla, en seguida intentó reconciliarse con los de Antioquía. A continuación, cuando pasaron unos pocos días, se anunció que una división importante de turcos avanzaba hacia Siria. Él, reuniendo sus tropas, salió y le seguía también Constantino el marido de su hermana, hijo del emperador Diógenes. Se encontró con los turcos y trabó contacto con ellos. Fue vencido, y aunque había luchado valerosamente, recibió muchas heridas y cayó prisionero. Y Diógenes fue asesinado. Los de Antioquía, pues rápidamente, enviaron dinero, lo rescataron a cambio de veinte mil piezas de oro y se aprestaron a curarle sus heridas de guerra. Él les estaba muy agradecido y se apresuraba, como podía, a recompensarles. Tal fue la situación de Antioquía.Nicéforo Brienio, Materia de Historia, II, 29

Isaac permaneció algún tiempo en Antioquía y no volvió a Constantinopla más que al inicio del reinado de Nicéforo III Botaniates (1078-1081).

35.- Vasak/Baasacio (1078).- Segundo hijo de Gregorio el Magistros, este armenio de la familia de los Bahlavuni gobernó la ciudad durante poco tiempo y fue asesinado a los pocos meses de comenzar su mandato. Es probable que su muerte fuese dictada desde Constantinopla tras haber intentado convertirse en gobernante independiente.

36.- Filareto Brajamio (1078-1084).- La carrera de este célebre armenio simboliza la pérdida de la autoridad bizantina en favor de los colectivos alógenos instalados en Cilicia, Asia Menor y Siria como parte del esfuerzo de repoblación tras la conquista. Brajamio fue el último representante de la autoridad imperial en Antioquía y el primer señor independiente. Los inicios de su carrera han sido estudiados por Cheynet y confirman que sirvió desde muy joven en las filas del ejército imperial. En los años 1050-1060 se datan los primeros sellos que lo señalan como taxiarca, jefe de un millar de infantes. El siguiente paso en su carrera lo sitúa como protoespatario y topotereta [lugarteniente] de los tagmata capadocios. No es extraño pues que Brajamio desarrollara una estrecha relación con un insigne capadocio, Romano Diógenes y que su carrera progresara rápidamente en consecuencia. Estos mandatos son anteriores a 1067.

A comienzos del reinado de Romano IV Filareto recibe la dignidad de magistros. En 1069 el emperador le  confía una parte importante del ejército con la misión de detener las incursiones de las bandas turcas. A pesar de su importante posición el historiador Miguel Ataliates lo juzgó con dureza, posiblemente teniendo en cuenta la evolución posterior de los acontecimientos:

Diógenes, después de dividir en dos el ejército, confió la parte más fuerte a Filareto, un hombre que se jactaba de su porte militar, pero que llevaba una vida infame y desacreditada; este, a pesar de haberse distinguido en la lucha contra aquel pueblo, había sido derrotado y humillado en las batallas de mayor envergadura, como era lógico, pues no se diferenciaba en nada de aquellos, sino que ansiaba valerse del mando militar como trampolín para su codicia y sus ansias de gloria.Miguel Ataliates, Historia, XI, 99. 16-20

Otros autores, como Ana Comnena tienen una opinión más positiva:

Filareto, que era un hombre de origen armenio, célebre por su valentía e inteligencia y que había sido ascendido a la dignidad de doméstico por el anterior emperador Romano, se sintió muy dolido en razón de la alta estima en que lo tenía, al ver el final de Diógenes y al saber que había sido cegado; por ello se rebeló y se hizo con el dominio de Antioquía.Ana Comnena, Alexiada, VI, IX, 2

Es probable que en esta época Filareto detentase ya la dignidad de curopalata. Otras fuentes lo llaman estratego autocrator. Las actividades de Filareto durante el crucial período de 1071-1072 son desconocidas. No figura entre los jefes participantes en la campaña de Manzikert, aunque eso no quiere decir que no estuviese presente. A pesar de su hostilidad hacia Miguel VII no apoyó a Cataturio durante la guerra entre ambos emperadores. Es muy probable que por entonces Brajamio considerase ya sus opciones personales al comprobar la desaparición de la cohesión organizativa en Oriente, especialmente a raíz de la guerra civil de 1072. Desde esa fecha hasta 1078 Filareto Brajamio mantuvo una actividad independiente del poder central, como lo hacía también Teodoro Gabras en Trebisonda. En su lucha por fraguarse un principado propio se enfrentó a los duques bizantinos de Antioquía y Edesa y a los señores armenios con posesiones dentro del Imperio. A pesar del apoyo del patriarca Emiliano de Antioquía, Filareto no pudo dominar Edesa antes de 1077 ni Antioquía antes de 1078.

Tras la caída de Miguel VII, Filareto reconoció a Nicéforo III Botaniates, al que sin duda había tratado durante su servicio en el ejército antes de 1071. Es probable también que el patriarca Emiliano retenido en Constantinopla por Miguel VII abogase en favor de su aliado armenio. Es en este momento tras la marcha de Isaac Comneno y el nombramiento de Vasak/Baasacio como jefe interino cuando Filareto llega a un acuerdo con Nicéforo III. Después de ser nombrado nuevo duque de Antioquía y doméstico de las Escuelas de Oriente Filareto se decidió a mostrar abiertamente sus aspiraciones. En la ciudad quedaban todavía algunas tropas bizantinas en número de setecientos. El nuevo duque ordenó acabar con ellos hasta el último hombre.

Desde ese momento Filareto contaba sólo con sus propios recursos para defender lo que había sido en su tiempo el ducado de Antioquía y el de Edesa. Ni Nicéforo III ni Alejo I que le sucedió podían preocuparse de lo que ocurría en Antioquía ante el peligro directo que amenazaba a Constantinopla. Para agravar la situación Alejo I reclamó al resto de sus tropas en Anatolia para combatir la invasión de Roberto Guiscardo. Cabe la posibilidad de que Filareto enviase alguna ayuda a Occidente en esta época. El historiador Miguel el Sirio menciona entre los duques de Melitene a un tal Hareb. Ana Comnena cita al armenio Ariebes como gobernador de Ocrida en 1082 rechazando un ataque de Bohemundo de Tarento sobre la ciudad. Es posible pues que Hareb/Ariebes abandonase Melitene para unirse al ejército del emperador.

El gobierno de Filareto sobre sus dominios pronto se mostró abusivo por las cargas fiscales necesarias para mantener el esfuerzo bélico y su condición de tzatos (armenio ortodoxo) que concitaba el odio de la mayoría armenia. Y además estaba el peligro omnipresente de las bandas turcas y de Solimán, el sultán de Nicea.

El derrumbamiento del poder de Filareto es bien conocido. Mientras estaba en Edesa Antioquía se perdió el 4 de diciembre de 1084. En ese día el sultán de Nicea, Solimán ibn Qutlumish (1077-1085), que había sido reclamado por el propio hijo de Filareto, entró en la ciudad acompañado sólo por trescientos hombres, la misma fuerza que había conducido Miguel Burtzes ciento quince años atrás.

Sin Antioquía Filareto perdió buena parte de las rentas que mantenían su poder. Hisn Ziyad/Harput se perdió por falta de medios para socorrerla. Poco después llegó el turno para Edesa. Tras la muerte de Basilio Apocapes, su señor durante años, la ciudad prefirió entregarse a Smbat/Simbatios, un armenio hostil a Filareto. Durante un breve tiempo este pudo recuperar el control de la ciudad eliminando a las familias principales hasta que en 1086 el sultán Malik Shah se apoderó de Edesa y nombró como gobernador a uno de sus oficiales, Buzan. Como concesión el sultán permitió a Filareto conservar Germanicea/Marash y se negó a devolverle Edesa a pesar de la supuesta conversión de Filareto al Islam. La fecha de su muerte ha sido situada alrededor de 1090. Sus hijos conservaban todavía el mando en Marash cuando llegaron los cruzados.

Los brillantes inicios del principado de Filareto Brajamio se vieron interrumpidos por una serie de fracasos y reveses que impidieron la continuidad de su dinastía. Sin embargo su resistencia ante los turcos permitió crear las condiciones para la formación de los futuros principados armenios que se convertirían en actores principales en la política siria durante el siglo XII.

En el período entre 1000 y 1060 Antioquía fue objeto de una sistemática reconstrucción de sus murallas, edificios, iglesias y monasterios como lo muestra el testimonio de ibn Butlan, médico árabe que visitó la ciudad en 1049. Ibn Butlán escribió a su amigo en Bagdad el historiador Hilal as-Sabi describiendo Antioquía como una ciudad muy poblada y bien protegida por una ciudadela en el monte Silpio y una muralla de doce kilómetros de extensión coronada con 136 torres y una guarnición de 4000 soldados seleccionados entre los tagmata de la guardia imperial. Según ibn Butlán la ciudad estaba llena de iglesias, baños, palacios y jardines. Los campos en el interior y la región producían lo suficiente para abastecer a una población de orígenes muy diversos en los que predominaban los sirios jacobitas, reclamados para repoblar la región tras la conquista de 969.

Tras recuperar la ciudad los sucesivos emperadores dedicaron cuantiosos recursos para repoblar Antioquía y restablecer su perdido esplendor. Primordial para este objetivo fue la organización administrativa del nuevo ducado, necesario para asegurar su defensa ante los numerosos enemigos en la región. Un documento oficial conservado en la Alexíada de Ana Comnena proporciona información muy valiosa a este respecto.

En octubre de 1107 Bohemundo de Tarento, el hijo de Roberto Guiscardo, desembarcó en Albania con un ejército intentando culminar la empresa en la que había fracasado su padre. La hábil táctica del emperador Alejo Commeno cortando los suministros de su rival y los fracasos en Dirraquio y los pasos de Albania decidieron a Bohemundo a finales del verano de 1108 a negociar con el emperador. El resultado fue el juramento que el normando prestó ante el emperador en Deabolis (Devol), una fortaleza en la Via Egnacia al sur de Acrida. Por él Bohemundo se declaró hombre (anthropos lizios/ανθρωπος λιζιος), sirviente (oiketes/οικέτηες) y súbdito (hypocheiros/υποχείιος) del emperador Alejo y de su hijo y coemperador Juan. Alejo conocía bien las cualidades como guerrero de Bohemundo, pero no podía confiar en él para entregarle el mando en Antioquía, como una vez aquel le había solicitado, pero como concesión por su renuncia a las hostilidades le concedió el cargo de duque vitalicio. Nuestro interés se centra especialmente en la segunda parte del documento en el que se citan las unidades administrativas y las ciudades del antiguo ducado de Antioquía, lo que nos permite reconstruir su estructura durante el periodo de la dominación bizantina.

 

Estructura del ducado de Antioquía

 
  • La primera unidad del ducado estaba formada por Cilicia con el thema de Podando, establecido alrededor de los pasos entre Capadocia y Cilicia, de fundamental valor estratégico durante los largos siglos de la guerra árabo-bizantina. Las estrategias de Tarso, Adana, Mopsuestia/Mamistra y Anabarza/Anazarbo estaban gobernadas cada una por un estratego.
  • Entre Cilicia y Antioquía se encuentra el distrito de Mauron Oros (en árabe Yebel al-Lukkam) que incluye la llanura costera de Payas/Bayyas, el estratégico desfiladero de las Puertas Cilicias, Alejandreta y la parte norteña de la cadena del Amanos.
  • El sur del Amanos y el paso en la montaña de Baylan formaban parte de la estrategia de Pagras/Pagrai  (árabe Baghras).
  • El valle del Nahr al-Aswad/Qara-su era la estrategia de Palatzá (árabe Balgat).
  • La región entre el Kurd Dag y la Montaña de Simón (Yebel Siman) con el valle del Nahr Afrin formaba el thema de Zume (árabe al-Guma). Esta región es denominada Ausonítide en la Historia de Miguel Ataliates.
  • El nordeste del ducado estaba formado por las estrategias de Germanicea (Marash) y Teluj (árabe Duluk). En esta última aparece citado por primera vez en las fuentes Jorge Maniaces como su estratego en 1030. Un relato novelado de lo ocurrido entonces se podrá encontrar en la parte final de la segunda  novela de la Trilogía de Jorge Maniaces. En el documento de Devol no se menciona la estrategia de Hierápolis/Manbij, conquistada por Romano IV Diógenes en otoño de 1068. El emperador puso al mando al armenio Faresmanas Apocapes como estratego y en 1070 le envió como refuerzo un destacamento del ejército con Manuel Comneno, hermano mayor del futuro emperador Alejo. En septiembre de 1075 los turcos del emir Mahmud de Alepo obligaron a rendirse a la guarnición bizantina y así se perdió la ciudad para el Imperio.
  • Es probable que el centro del ducado fuese gobernado por funcionarios civiles, porque el texto reúne en una sola unidad administrativa Antioquía, el puerto Suecio/as-Suwaidiya, Dux (probablemente el antiguo suburbio de Dafne), el Caucas (el monte Casio), el Monte Admirable, Lulon y la región de Fersia (moderno puerto de Mina al-Fasri) bajo el término de diakratesis. En esta región se encuentran gran número de monasterios iberos y armenios que florecieron durante el segundo periodo de dominación bizantina en Antioquía.
  • Más al sur se encuentra la estrategia de San Elías (cerca del puerto de Mina al-Fasri o bien una fortaleza en la parte norte del Yebel Ansariyya, quizás Qalat al-Aido) y la estrategia de Borzé, cuyo centro administrativo era la fortaleza de Barzuya.
  • La estrategia más importante en el sur del ducado era la de Laodicea. La ciudad ocupaba una importante posición natural protegida por dos montañas en el lado este y un puerto fortificado. La ruta de Laodicea hasta el cruce de Gisr as-Sugr en el Orontes estaba protegida por la fortaleza de Sigon/Sahyun, de gran importancia durante la época de las Cruzadas.
  • Al sur de Laodicea se situaban las estrategias de Gabala/Zebel, Balanea, Maraceo, Arados (Tortosa) y Antarados (isla de Arwad). En las montañas de la cadena Yebel Ansariyya los bizantinos erigieron una serie de castillos que fueron escenario de duros combates entre 1031 y 1032. Sobre esta guerra de los castillos se escribirá próximamente una entrada en Desde las Blaquernas.
  • Al este del ducado se encontraba el famoso Puente de Hierro (Siderogefiron o Gisr al-Hadid) protegido por torres. En el camino de Alepo la estrategia de Artaj se organizó para proteger los accesos a la capital de los ataques provenientes de aquella ciudad. Una protección adicional era la fortaleza de Imm (Yenisehir), concedida por Basilio II a Miguel Burtzes por sus servicios. Siguiendo el curso del Orontes la fortaleza de Shayzar/Larissa se convirtió en la frontera del ducado después de que fracasasen los intentos por anexionar al Imperio Apamea y la muerte del duque Damián Dalaseno en 998 (puedes encontrar el relato en esta entrada disponible en Desde las Blaquernas).

En el tratado Alejo estableció que sólo el núcleo central del ducado permanecería bajo el mando de Bohemundo. Cilicia, Laodicea y los distritos de Gabala, Balanea, Maraceo, Arados y Antarados debía ser separadas y puestas bajo mando independiente para vigilar las actividades de Bohemundo. Disposiciones adicionales establecían la ampliación del mandato de Bohemundo al thema de Casiotis (la región de Alepo), los de Limnia y Aetos (cerca de Edesa) y otras regiones en Capadocia en poder de los turcos. El emperador podía permitirse ser generoso en sus concesiones sabiendo que Bohemundo debería librar cruentas guerras para conquistar esos territorios. Eventualmente el tratado de Devol tuvo nulo efecto en la política regional porque ni Bohemundo estaba en condiciones de hacerlo efectivo ni su sobrino Tancredo, al mando en Antioquía en su ausencia, estaba interesado en respetarlo. Bohemundo se retiró a Tarento en los últimos tres años de su vida. Poco antes de morir preparaba una expedición a Siria, aunque se desconoce si el objetivo era obligar a su sobrino a poner en práctica las cláusulas del tratado o si quería renovar la guerra contra el Imperio. Por su parte Tancredo conquistó Laodicea en el mismo año del tratado de Devol con ayuda de una flota pisana y al año siguiente se apoderó de Tarso y Mopsuestia, acabando de raíz con cualquier acuerdo con Alejo. El emperador consideró la posibilidad de emprender una expedición a Antioquía pero en los últimos años de su vida se vio ocupado con la guerra contra los selyúcidas en el Oeste y el centro de Asia Menor. Pero los emperadores no olvidaron nunca su reclamación, como demostraron las operaciones en la región de su hijo Juan II y su nieto Manuel I.

 
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Mapa del ducado de Antioquía

Estructura administrativa del ducado de Antioquía

 

Geografía urbana de Antioquía

 

La posición tradicional sobre la evolución urbana de Antioquía tras su esplendoroso pasado grecorromano asume que la ciudad no se recuperó tras la crisis del período 500-638. En ese período están documentados una impresionante serie de crisis en la ciudad: incendios (522 y 573), terremotos (526, 528, 551, 557, 577 y 588), peste bubónica (542, 553, 560), sequía (599), además del impacto de la conquista persa en 540 y posteriormente su toma durante el período de guerra entre 602 y 628. Cuando apenas comenzaba su recuperación, la conquista árabe en 638 puso un dramático final a la dominación bizantina en Siria. En septiembre de 639 el emperador Heraclio ordenaba la evacuación de la región por sus tropas y se despedía con su famoso ¡Adiós a Siria! recordado por el historiador Eutiquio, para replegarse tras las montañas de Asia Menor. Los reveses para la ciudad no acabaron aquí. En los siglos VIII (712, 713, 716) y IX (859/860 y 881) se sucedieron nuevos terremotos que sin duda provocaron nuevas destrucciones en la ciudad y su debilitamiento como entidad urbana.

Vista del monte Silpio

Las labores de prospección arqueológica realizadas en la moderna Antakya han puesto de manifiesto la transformación sufrida por Antioquía durante su época oscura, cuyos orígenes se pueden situar ya en el siglo VI, abandonando el modelo de urbe grecorromano por otro más adaptado a las condiciones imperantes. Vamos a reconstruir la historia urbana de la ciudad comenzando desde el punto donde terminan los relatos clásicos, la toma de Antioquía por los árabes en 638.

Durante el mandato del califa omeya Yazid ben Muawiya (680-683) Antioquía pasó a formar parte del jund [distrito militar] de Qinnasrin/Calcis, junto con Alepo/Beroea y  Hierápolis/Manbij. Aunque su historia durante este período es muy poco conocida podemos deducir que por su situación estratégica en la encrucijada de rutas comerciales y su cercanía a la frontera, Antioquía mantuvo una actividad notable todavía. Probablemente durante el reinado de Harún al-Rashid (786-809) la ciudad se convirtió en capital de los awasim [las protectoras], provincias fronterizas que sostenían con sus recursos la lucha contra Bizancio. Está documentada la presencia en la ciudad de un oficial encargado de los impuestos (sahib al-dar), con la misión de controlar el comercio y las rentas derivadas de las actividades textiles (seda, algodón). A comienzos del siglo X se introduce el naranjo procedente de la India y se cultiva en los alrededores de la ciudad.

El ducado comprendía territorios muy urbanizados y con abundante población. A pesar de las destrucciones causadas por las operaciones de Nicéforo Focas en los años sesenta la recuperación de la región fue rápida gracias a la llegada de inmigrantes jacobitas y armenios. No se conoce con seguridad el número de habitantes pero con seguridad superaba a Melitene, que por esa misma época tenía una población de 20.000 personas.

La Vida del patriarca Cristóforo († 967) ofrece un testimonio contemporáneo del mayor interés sobre algunos aspectos de la vida urbana, como las actividades caritativas del patriarca como jefe espiritual de la comunidad melkita:

El dinero no abundaba en sus manos, porque vivía entre infieles. Sus rentas eran reducidas. Sin embargo en la medida que pudo nunca faltó al deber de la beneficencia, de la caridad y el cuidado de los pobres […] No tardaba en darse cuenta de las necesidades y de su propia mano daba orden para dar a un pobre algo de plata, a otro unas vestiduras, a uno más alimentos , a otros bebida o cualquier otra cosa. Yo mismo he visto con mis propios ojos a un clérigo que le expuso su caso. El patriarca le hizo entrar en su casa y le preguntó: “¿cuántas personas tienes a tu cargo?”. El clérigo le respondió, “Tantas”. El patriarca dijo: “que se le entregue tanto trigo, tanto aceite y tanto vino como sea suficiente para un año”. Cuando el clérigo estaba a punto de marcharse el patriarca le dijo: “vuelve aquí. ¿De dónde sacarás, desgraciado, para moler el trigo y comprar los condimentos? Que se le pague también lo que necesite para eso” […] Una gran hambruna castigaba entonces a Antioquía, tan terrible que no se podía atender a todos los necesitados. Entonces Cristóforo reunió a un grupo de los más pobres entre los viejos, los enfermos, los sacerdotes y diáconos, los niños, los huérfanos y los alojó en las escuelas. Les hacía sentar a la mesa y él no se contentaba con proporcionarles alimentos en abundancia, sino que a veces él mismo les servía con sus propias manos y les daba de beber […] Viendo como los tiempos eran tan difíciles y se había olvidado la preocupación por la enseñanza incluso entre los notables […] escogió entre los arcontes a doce muchachos inteligentes y les confió a un preceptor para que les instruyese en las ciencias eclesiásticas. Después seleccionó otros entre los más pobres. Reunió a los huérfanos en numero de 150 y los confió a instructores para que aprendiesen lo que pudiera serles más útil. Ordenó preparar a diario tres grandes ollas llenas de comida y llevarlas a las escuelas para dar a cada niño lo que necesitaba con el pan suficiente. Es bueno considerar las lecciones que se encuentran aquí: la primera es ofrecer alimento a quien no puede procurárselo; la segunda,  que la instrucción se impartía sin esperar nada a  cambio o remuneración; la tercera, que era un servicio prestado a la venerable Iglesia .Vida de Cristóforo por el protoespatario Ibrahim ben Yuhanna, 8-9

La ciudad destacaba por su actividad comercial y artesanal. La comunicación marítima con Constantinopla y los puertos sirios estaba asegurada por los puertos de al-Mina y Suecio, que sería conocido como San Simeón por los cruzados. Los mercaderes sirios abundaban en Constantinopla, hasta el punto de contar con una iglesia propia hasta el reinado de Alejo I Comneno. Una de las especialidades comerciales de Antioquía eran los tejidos y sederías por la que era justamente famosa. Cuando Isaac Comneno, el hermano mayor de Alejo, regresó a la capital en 1078 tras el final de su período como duque entregó al emperador Nicéforo III Botaniates tejidos sirios a los que este era muy aficionado.

Mapa de Antioquía en época bizantina

Mapa de Antioquía en época bizantina

 

Otra fuente de una intensa actividad comercial era Alepo. Los tratados comerciales con esta habían sido establecidos en el tratado de 961. Durante la guerra civil Bardas Focas impuso al emir de Alepo un tributo por valor de 20.000 monedas de oro. Como señal inequívoca de la influencia bizantina un funcionario imperial estaba destinado en Alepo para supervisar las transacciones y comprobar que se pagasen los impuestos debidos.

Otra rica fuente de intercambios era la red comercial establecida con el Egipto fatimida. En ocasiones los emperadores bizantinos usaron el bloqueo comercial para reforzar su posición política. La instalación de una guarnición egipcia en Alepo provocó el enojo de Basilio II que, como respuesta, ordenó la interrupción de los intercambios comerciales en la frontera. La única excepción fue hecha para Mansur ibn Lu’lu, el desterrado de Alepo y protegido del emperador (puedes conocer más sobre ello en esta entrada). Como medio de separar al gobernante de Alepo del gobierno cairota, el emperador permitió desde 1017 a Aziz al-Dawla Fatik la reanudación de las relaciones comerciales. Una prueba añadida de la importación del tráfico de mercancías venidas de Siria es aportado por la arqueología submarina. El naufragio de un mercante en la década de 1030 es conocido gracias al hallazgo de su pecio en Serçe Limani, al norte de Rodas. En sus bodegas se han encontrado cargamentos de vidrio y cerámica provenientes de Tiro.

La población de la ciudad al comienzo de la dominación árabe incluía una parte de sus antiguos moradores que no abandonó Antioquía tras la conquista. Esos ciudadanos pudieron seguir viviendo en ella a cambio del pago de un dinar y un porcentaje sobre sus producciones agrícolas. También se sabe que durante un corto tiempo la ciudad fue gobernaVista de Antioquía a principios del siglo XXda por los aristócratas que permanecieron en ella antes de pasar a ser gobernada directamente por la administración omeya.

Entre los residentes se contaron los obispos y patriarcas, aunque sometidos a muchas tensiones. Tras la conquista no se permitió la presencia en la ciudad al patriarca hasta los tiempos del califa Hisham ben Abd al-Malik (724-743), que devolvió su sede al patriarca Esteban. Aunque vigilada de cerca por el gobierno, la comunidad melkita (los imperiales) creció y fue asimilando la cultura de los nuevos amos hasta asumir como lengua el árabe. A comienzos del siglo IX el patriarca Job escribió su primera homilía en árabe y los cabezas de la Iglesia se convirtieron en interlocutores habituales de las autoridades. El califa al-Mutasim (833-842) se llevó con él al patriarca durante su famosa expedición contra Amorio en 838. El patrón observado durante esta época es una alternancia de períodos de estabilidad para la comunidad melkita coincidentes con tiempos de paz con Bizancio y tensión y hostigamiento durante los conflictos armados con el gobierno de Constantinopla. No es casualidad que los períodos de expansión de la comunidad monofisita coincidan con aquellos en los que los melkitas eran perseguidos por el gobierno árabe.

Desde el principio la administración califal facilitó la instalación de colectivos en la nueva ciudad: tribus seminómadas de la estepa del norte de Siria como las tribus Tanuj y Rabi’a; pobladores del sur de las marismas del sur de Iraq o musulmanes eslavos (saqaliba) documentados como guarnición de la ciudad en 693. Entre todos, la llegada de pobladores persas fue particularmente abundante, especialmente durante el califato abasida, en cuyo tiempo la llegada de soldados procedentes del Jurasán fue muy abundante. Las fuentes informan del establecimiento de cinco mil de estos en la ciudad en el año 964, ocupando por entero un barrio en la ciudad.

Tal mixtura de poblaciones otorgó a Antioquía un carácter de ciudad de frontera, con comunidades que vivían separadas de las otras en sus propios barrios, protegidas por muros y puertas y dotadas con mezquitas, baños y mercados propios.

Lo que se conoce del paisaje urbano antes de la conquista bizantina nos habla también del mantenimiento de una actividad urbana. Durante la rebelión de Tomás el Eslavo el califa al-Mamun (813-833) lo hizo coronar en la catedral de San Pedro de Antioquía como rival del emperador en Constantinopla. A mediados del siglo X el escritor al-Masudi de visita en Antioquía menciona dos iglesias en uso:

  • San Casiano (al-Qusiyan), la catedral de los santos Pedro y Pablo construida antes de 459, en la que el patriarca tenía su sede tras el abandono de la catedral octogonal construida por Constantino y completada por Constancio en la isla del Orontes.
  • Otra superviviente fue la Iglesia de la Virgen (Kanisa Maryam), una construcción de planta circular construida en 527 y reconstruida en 552 en el barrio de Epifania y que seguía en pie a pesar de haber sido despojada por el califa al-Walid de columnas de mármol y alabastro para la construcción de la gran mezquita de Damasco. Al-Masudi habla de ella alrededor de 940 como una construcción todavía venerada y de gran belleza.

Otras tres construcciones fueron construidas después del siglo VII:  San Pablo o el monasterio de las pulgas (Dayr al-Baraghith), cerca de la puerta de San Pablo al nordeste (o Bab al-Faris, puerta del Caballero para los árabes), San Asmoneo (al-Ashmunit), probablemente una antigua sinagoga convertida en iglesia de los mártires macabeos en 380 y todavía en uso en tiempos de los cruzados y Santa Bárbara (Kanisa Barbara). Durante el período de dominación latina Guillermo de Tiro menciona una iglesia dedicada a San Jorge, cerca de la puerta sur que miraba a Dafne. La dedicación a este santo apunta a un origen bizantino antes que latino.

 

La ciudad durante la época bizantina

 

El periodo en el que Antioquía estuvo bajo soberanía bizantina (969-1084) ofrece las mejores descripciones de la ciudad en la época medieval. Antioquía siempre fue una gran ciudad para los bizantinos. Esa percepción es reflejada en el discurso que el historiador León el Diácono pone en boca de Nicéforo Focas a las puertas de Antioquía:

Soy consciente de vuestro deseo de destruir esta ciudad [Antioquía],  y de vuestra ansia por arrasarla y hacerla arder. Pero un sentimiento de compasión se ha ido despertando en mí, para que esta ciudad que es la tercera en el mundo por la belleza y el tamaño de sus murallas –porque podéis ver cuán alto se alzan – y también por la multitud de su población y la extraordinaria construcción de sus edificios, no sea reducida a escombros como una vulgar fortaleza.León el Diácono, Historia, IV, 11

Su captura demostró ser laboriosa, sólo tras dos asedios fallidos en 966 y 968 antes de ser tomada por sorpresa en octubre de 969. Durante el periodo de ocupación el gobierno imperial procedió a un amplio programa de reconstrucción urbana y de atracción de poblaciones para repoblarla tras la expulsión o eliminación de los habitantes árabes. Basilio II especialmente fomentó la instalación de griegos ortodoxos, jacobitas sirios, refugiados cristianos procedentes de Egipto y Palestina desde 1013 huyendo de la persecución del califa al-Hakim (como el caso del historiador Yahya ibn Sayd al-Antaki). La presencia de numerosos contingentes militares iberos y armenios también supuso un aporte muy significativo para la nueva población. Paralelamente a la llegada de esas comunidades se asiste a la construcción de numerosos monasterios iberos y armenios en la vecina región de Mauron Oros, en las cercanías del delta del Orontes.

Mosaico Madaba en época bizantina

En Antioquía misma los melkitas ortodoxos de lengua árabe continuaron siendo la comunidad de mayor influencia y convirtieron la ciudad en un foco intelectual en el que abundaron las traducciones de textos del griego al árabe. Varias familias locales, conocidos como los arcontes en las fuentes, desempeñaron importantes funciones en la administración local y posteriormente en otros lugares del Imperio. Cada comunidad exigía su propio régimen religioso y durante todo el periodo bizantino asistimos a momentos de tensión entre las jerarquías de cada confesión, particularmente entre jacobitas monofisitas y armenios frente a los melkitas ortodoxos. Las fuentes citan persecuciones contra los disidentes en 983, 1053/54 y 1076/77.

Estructura urbana de Antioquía en época bizantina

 

Durante las guerras civiles entre Basilio II y los dos Bardas (Esclero y Focas) las familias de buena posición en Antioquía apoyaron mayoritariamente al emperador legítimo en Constantinopla. En 977 el obispo melkita de Alepo, Agapio, se constituyó en su portavoz y arregló con el emperador el paso a su bando del duque Ubaydallah, que hasta entonces había apoyado a Bardas Esclero. Cuando los armenios presentes en la ciudad se rebelaron en favor de Esclero los arcontes ayudaron a Ubaydallah a sofocar la revuelta. En marzo de 989 León Focas, el hijo de Bardas y representante de su padre en Antioquía, se enfrentó a los arcontes y al obispo Agapio por sus sospechas de que planeasen una revuelta en favor de Basilio. Tras la muerte de Bardas Focas y la derrota de su ejército en la batalla de Crisópolis (abril de 989) el pueblo se rebeló contra León. El 3 de noviembre de 989, tras una enconada lucha que duró cuatro días, hicieron prisionero a León y lo entregaron junto con el control de la ciudad a Miguel Burtzes, llegado otra vez a Antioquía como representante del emperador.

Una curiosidad…

Así celebró en un poema Constantino Manasses la reconquista de Antioquía:

En aquellos días los criminales ismaelitas habían ganado por la lanza la ciudad de

Antíoco, la hermosa, la noble, la bien parecida, adornada como una novia.

La deshonraron triplemente como una esclava, una vulgar ramera.

Y otra vez Focas, tres veces excelente en bravura, blandió la espada,

Otra vez atacó a los enemigos amantes de la sangre, los extraños;

Destrozó a los extranjeros, luchó por sus compatriotas,

Y otra vez reunió la elegante y de muy bella tez (Antioquía)

Con su madre (Constantinopla), rica en hijos hermosos.

… Los árabes escaparon de él (Focas) atemorizados, los sirios se inclinaron ante su yugo

Los cilicios escaparon, los fenicios fueron sometidos,

Y otra vez la propiedad de los romanos fue devuelta a los romanos.

Hay claras indicaciones en los textos de la presencia de ahdat [milicias urbanas armadas] con una fuerte participación en la vida de la ciudad como las existentes en Alepo y Damasco. Pero a diferencia de estas últimas, en Antioquía a los cristianos musulmanes la ley islámica sari’a prohibía desempeñar oficios civiles como inspector de los mercados (muhtasib), doctores, farmacopeas, enseñanza así como portar armas. Debido a las necesidades de guarnición la administración bizantina necesitaba el servicio militar de la comunidad melkita, especialmente en momentos en los que los efectivos de soldados profesionales disminuyeron y la presión exterior aumentó, como ocurrió  después de 1060 por los ataques de turcos y mirdasidas.

Las fuentes registran conflictos sociales de importancia en la ciudad durante el período bizantino. En esos momentos el papel de la milicia urbana era fundamental. En 1034 los ciudadanos mataron a Salibas, recolector de impuestos (πρακτωρ/praktor). En el momento de la llegada del nuevo duque Nicetas, hermano del emperador Miguel IV, el pueblo armado de Antioquía le cerró las puertas hasta que Nicetas prometió inmunidad. Incapaz de quebrar la oposición de los antioquenos por la fuerza, el duque Nicetas arrestó después a once cabecillas escogidos por su riqueza, prestigio y nacimiento y los envió a Constantinopla para ser juzgados. El emperador no deseaba alienarse la buena voluntad de los antioquenos y devolvió a sus eximios ciudadanos sin daño poco tiempo después.

Las colecciones sigilográficas nos permiten conocer a algunas de las familias aristocráticas más importantes de Antioquía:

  • Uno de los jefes de la revuelta de 1034 fue Elpidio, de la prestigiosa familia de los Brajamios. Su pariente Isaac fue uno de los conquistadores de 969. El último gobernante legal bajo autoridad bizantina fue otro Brajamio, Filareto. Indudablemente la familia tenía fuertes conexiones con Antioquía.
  • Los Libelisios eran una familia de árabes cristianos. El primer miembro conocido de la familia, León, fue estratego durante el reinado de Basilio II. Otro, Juan, fue patricio, vestes y prepósito del Canicleo, pero el más prestigioso de sus miembros fue Pedro que, en palabras de Miguel Ataliates,  “era un sirio de raza, hijo de la gran Antioquía y bien educado en la cultura romana y la de los árabes”. Así pues Pedro Libelisio era bilingüe. Tras haber ocupado el puesto de duque de Seleucia en noviembre de 1068 consiguió la rendición de Mambij/Hierápolis y fue recompensado con el título de magistros. Se conserva un sello suyo que lo presenta como duque de Antioquía. Otro miembro de la familia, Juan, conocido por sus sellos de espatarocandidato y asekretis fue juez del Velo [juez de la corte de apelación en Constantinopla] y guardián de la Tinta Imperial (Canicleo), uno de los notarios imperiales con la tarea de redactar los crisóbulos imperiales y otros documentos oficiales.
  • Musáraf (Nasr ben Musharraf al-Rawadifi), el señor de las montañas al sur de Antioquía fue conocido por sus tormentosas relaciones de ida y vuelta con los duques entre 1025 y 1032 y uno de los protagonistas de la guerra de los castillos (1031-1032). Se conocen abundantes sellos de esta familia, sobre todo de Nicéforo Musáraf, magistros y estratelates de los Anatólicos (comandante de un tagma reclutado en ese thema).
  • Probablemente la familia Antioquita tenía su origen en la ciudad. Está documentado un Nicolás Antioquita muerto en febrero de 1052 en Mopsuestia, hijo de Apolfaratzi (Abu l-Farag). Un descendiente ilustre de esta familia fue Pedro III, patriarca de Antioquía (1052-1056). Desde muy joven se trasladó a Constantinopla para proseguir sus estudios antes de entrar a formar parte del personal de Hagia Sofia. En 1052 Constantino X Monómaco, también nacido en Antioquía, le nombró patriarca de su ciudad natal. Otros miembros de la familia ocuparon cargos militares como Teojaristo, protoespatario y castrofilacto o Juan, protoespatario y estratego de Anazarbo.
  • Los Marcapsabos, transcripción griega del sirio Mar Habsabba, ocuparon también puestos importantes en la administración. Teodoro Marcapsabo fue estratego de Tarso y Anazarbo, Ciriaco fue protoespatario y Simeón protopróedro.

Un reflejo de lo que podría ser la población de Antioquía es ofrecido, aunque con un tono peyorativo, por el historiador Mateo de Edesa (un monofisita, por tanto naturalmente inclinado a juzgar con severidad a los melkitas):

Ellos [los habitantes de Antioquía] se consideran romanos de fe, pero en esencia deben ser vistos como musulmanes porque esa es la lengua que usan y por sus costumbres.Mateo de Edesa, Crónica, II, 78

Los habitantes de Antioquía durante la época de la dominación bizantina eran ortodoxos, pero el griego no era la lengua mayoritaria ni tampoco su cultura. Los antioquenos usaban el árabe y mucho en sus maneras y costumbres les hacía parecerse a sus vecinos musulmanes. De hecho los manuscritos confeccionados en la región de Antioquía en esta época muestran que las lenguas litúrgicas habituales eran el siríaco y el árabe. También la literatura escrita en Antioquía era mayoritariamente árabe como muestran buena parte de los siguientes ejemplos:

  • Abdallah ibn al-Fadl (circa 1050), diácono, que tradujo textos de San Juan Crisóstomo, San Juan de Damasco y Máximo el Confesor del griego al árabe, así como tratados filosóficos y teológicos en árabe también.
  • Ibrahim ibn Yuhanna al-Antaki, protoespatario, que escribió en árabe la obra hagiográfica sobre la vida del patriarca Cristóforo († 967).
  • Simeón Seth, nacido en Antioquía aunque desarrolló su carrera en Constantinopla. Escribió un tratado sobre los alimentos y una traducción del  árabe Kalila wa-Dimna al griego por orden de Miguel VII y Alejo I Comneno.
  • El duque Nicéforo Urano (999-1006), un hombre cultivado del que se han conservado una colección de cartas durante la época de su mandato, así como un comentario sobre la Vida de San Simeón el Joven.
  • También en griego se escriben en Antioquía las obras del monje y canonista Nicon de la Montaña Negra. Antiguo oficial de Constantino Monómaco, se convierte en monje y se instala en Oriente invitado por el patriarca de Antioquía, Teodosio Crisoberges. Sus obras alcanzaron gran popularidad y fueron traducidas al árabe. Como nota curiosa Nicon ofrece una opinión favorable al sultán Malik Shah, al que reconoce el mérito de haber traído paz a la región.
  • Por último la importantísima figura del melkita Yahya ibn Sa’id, redactor de una crónica en árabe continuadora de la de Eutiquio  que se extendía hasta 1066 pero sólo se conserva hasta el año 1034. Su testimonio es fundamental, no sólo para los acontecimientos de Siria y Egipto, sino por las informaciones que transmite sobre la historia bizantina, informaciones no disponibles en ninguna otra fuente.

En el apartado edilicio podemos trazar algunas actuaciones registradas en la ciudad para el periodo. Las fuentes mencionan la reconstrucción de la iglesia de San Casiano como catedral de la ciudad y dos nuevas iglesias, una de ellas dedicada a San Juan Crisóstomo. En el apartado de las obras defensivas del recinto amurallado  en el año 989 León Focas construyó la ciudadela en la cima del monte Estaurin como refugio para la población. La topografía de este monte, de carácter amesetado, lo hacía más propicio que el Silpio para este fin. La ciudadela nunca fue tomada y resistió satisfactoriamente los asedios de 970, 992, 994 y 998, así como los ataques de los turcos y mirdasidas en 1062 y entre 1063 y 1067. El doble circuito de murallas con cinco puertas fue reconstruido por Juan I Tzimiscés en 971 mediante el envío de 12.000 trabajadores que reconstruyeron los muros y sus 136 torres reparando los daños producidos por un terremoto. Algunas de esas torres tenían nombres como Kalla, la torre ocupada por Miguel Burtzes y sus hombres en octubre de 969 o Dos hermanas, las torres en la que se encontraban los hombres que facilitaron la entrada a Bohemundo y los cruzados en junio de 1098.

Plano de Antioquía 1098

Plano de Antioquía en 1098 (Runciman)
 

Las murallas se abrían en cinco puertas, las mismas de la época clásica:

  • La puerta de San Pablo, Bab al-Faris (puerta del caballero), en la ruta a Alepo. Siguió siendo usada aunque quedaba lejos del núcleo habitado de la ciudad.
  • La puerta del perro, a lo largo de las murallas junto al Orontes. También llamada puerta del Duque o puerta de los jardines (Bab al-Jinan).
  • La puerta del Puente o de Suwaidiya, en el camino a Seleucia de Pieria.
  • La puerta de Dafne o Puerta Dorada, al sur, conocida como Bab Muslim por los árabes y puerta de San Jorge por los cruzados.
  • La puerta de Hierro (Bab al-Hadid), situada en la depresión entre el monte Silpio y el Estaurin.

Para conocer cómo era Antioquía en la segunda etapa bizantina contamos también con el testimonio de los geógrafos y viajeros árabes Istakhri, ibn Hawqal y al-Idrisi, la carta del médico ibn Butlan que visitó la ciudad en 1049 y las informaciones contenidas en la obra del historiador Yahya ben Sa’id al-Antaki. La impresión recibida de todos estos testimonios es la de una ciudad pujante, densamente poblada y autosuficiente, aunque de tamaño disminuido con respecto a la época grecorromana y concentrada en la zona sur, cerca de la puerta de Dafne y del acueducto, que parece haberse mantenido en uso durante todo el periodo bizantino.

Ibn Butlan es quien proporciona una imagen más vivida de la Antioquía bizantina:

Antakiyyah [Antioquía] es una ciudad inmensa. Tiene un muro y otro exterior. Las murallas tienen trescientas sesenta torres [las investigaciones arqueológicas de la misión Brands-Pamir determinaron menos de cien en el circuito amurallado] y son vigiladas por cuatro mil guardias, que son enviados a Antakiyyah cada año por el rey [malik al-Rum] en Constantinopla como salvaguardia de la seguridad de la ciudad y al segundo año son cambiados. El plano de la ciudad es un semicírculo. Su diámetro contornea el del monte Silpio y las murallas de la ciudad suben ladera arriba hasta la misma cima de la montaña; más allá el muro completa el semicírculo en la llanura a los pies. En la cima de la montaña, pero dentro del muro, hay un castillo que parece bastante pequeño desde la ciudad por la distancia a la que está; y esta montaña oculta la ciudad del sol, que sólo comienza a brillar sobre ella en la segunda hora del día. En el muro que la rodea y en la parte que no es la montaña hay cinco puertas.

Ibn Butlan sigue describiendo la iglesia de al-Kusiyan (San Casiano), de planta basilical, con una capilla de cien pasos por ochenta y sobre ella una iglesia columnada en la que se instalan los jueces para dictar sentencias y los profesores para enseñar gramática y lógica. En una de las puertas hay una clepsidra [reloj de agua] que marca las horas y considerada por ibn Butlan como una de las maravillas del mundo.

Más allá de la catedral el autor habla de las terrazas de Antioquía, los baños y jardines y la abundancia de aguas que corren montaña abajo. En la ciudad hay un hospital en el que el propio patriarca atiende a los enfermos leprosos y abundantes establecimientos de baños.

Mosaico hipódromo de Yakto (Antoquía)

El hipódromo de Antioquía

 

Los autores árabes señalan la presencia dentro del recinto amurallado de campos cultivados, pastos, jardines, y árboles frutales. A lo largo del Orontes, también llamado al-Maqlub, el revirado se documenta la presencia de numerosos molinos instalados sobre canales paralelos al río. La presencia de las aguas dentro del recinto urbano, suministradas fundamentalmente por los torrentes Firminio y Parmenio eran conducidas por canalizaciones para su suministro a mercados, calles, viviendas y edificios. Las evidencias apuntan a un núcleo urbano contraído rodeado de un cinturón de tierras de labor que suministraban los recursos suficientes para mantener la ciudad sin asistencia exterior.

La preferencia dada a la investigación sobre la época grecorromana en detrimento de etapas posteriores no favorece el establecimiento de un mapa urbano definitivo de la Antioquía medieval. Además de los restos de la red viaria en cuadrícula todavía visibles en la actual Antakya, se conservan partes de un acueducto, la ciudadela, un hipódromo, un templo y los muros de la ciudad. Buena parte de la responsabilidad es achacable a la sedimentación provocada por el Orontes y un régimen fluvial propicio a las inundaciones sumado al efecto de arrastre de depósitos en la ladera del Silpio particularmente. El intento más reciente de un plan topográfico para la ciudad es el de un equipo germano-turco cuyas investigaciones entre 2004 y 2009 han ampliado considerablemente el conocimiento sobre la estructura urbana de Antioquía.

Banda mosaico Yakto

Los oficios cotidianos en Antioquía

 

El estudio sobre el terreno muestra la reutilización de las vías públicas como espacio de asentamiento de nuevas edificaciones más modestas aprovechando otras más antiguas. Se localizan en ellas nuevas actividades comerciales, un fenómeno que también se documenta en otras ciudades como Laodicea, Apamea o Gerasa. Esta tendencia puede ser datada ya en el siglo IV como muestra el testimonio de Libanio que menciona tiendas y puestos de artesanos instaladas en los espacios porticados. En algunas zonas de la ciudad se detecta la reutilización de viejos edificios como el teatro y los baños para usos industriales (hornos de alfarería), así como su empleo como cementerios. La isla en el Orontes, que en la época grecorromana albergaba los edificios nobles de la urbe, fue abandonada después de los terremotos de 526 y pasó a ser utilizada como lugar de enterramiento y usos agrícolas, los baños como hornos y el hipódromo como cantera, área de habitación y zona de enterramiento.

 

La cuestión religiosa

 

Una de las consecuencias de la reconquista de Cilicia, Antioquía y el norte de Siria fue la reintegración de la Iglesia de Antioquía en la organización eclesiástica bizantina. Al igual que hizo antes en Chipre (965) y después en Bulgaria (1018) el emperador ejerció su prerrogativa para nombrar al patriarca de Antioquía (problesis). Tras el asesinato del patriarca Cristóforo en 967 la sede estaba vacante en el momento de la conquista. Juan I Tzimiscés escogió a su confesor, el monje Teodoro de Colonea, para el cargo. El patriarca de Constantinopla Polieucto (956-970) ordenó a Teodoro y  el emperador le concedió un crisóbulo por el que confirmaba los antiguos privilegios y derechos del patriarcado y restablecía sus derechos sobre las provincias eclesiásticas de Isauria, Cilicia I y Cilicia II. Al nuevo patriarca se le concedió como residencia en la capital el monasterio de la Teotoco ton Hodegon.

Teodoro fue el primero de una serie de patriarcas provenientes del clero del patriarcado constantinopolitano o de los monasterios de la capital con la excepción de Agapio (978-996) y Pedro III (1052-1057), árabes nativos. A pesar de su origen capitalino los patriarcas se mostraron muy celosos en defender los derechos de su sede frente a lo dictado desde Constantinopla.

La relación de patriarcas de Antioquía en ejercicio durante la dominación bizantina de Antioquía es la siguiente:

1.- Teodoro I (23-I-970/29-V-976).- El primer patriarca efectivo tras la conquista. Originario de Colonea, había sido higúmeno del monasterio de San Antonio en el thema de los Armeníacos. Para proceder a su consagración fue ascendido apresuradamente en los grados de acuerdo con los deseos del nuevo emperador Juan I Tzimiscés. Este le entregó un crisóbulo por el que se restablecían los derechos patriarcales sobre las iglesias y monasterios de Antioquía y alrededores. Tras el estallido de la rebelión de Bardas Esclero Teodoro fue reclamado a Constantinopla para conocer su posición. El patriarca falleció en Tarso durante el viaje.

2.- Agapio I (20-I-978/IX-996).- Obispo de Alepo, fue encargado de llevar los nombres de los candidatos a la sede de Antioquía tras la muerte de Teodoro I. Agapio solicitó que su propio nombre fuese añadido a la lista. Durante su estancia en la capital negoció con el gobierno imperial para obtener el nombramiento como patriarca a cambio de convencer al magistros Ubaydallah, que gobernaba Antioquía en nombre de Bardas Esclero, para que se uniese al bando del emperador. Agapio consiguió su objetivo y fue entronizado en Antioquía el 20 de enero de 978. Durante su mandato Agapio se mostró muy celoso en la conversión de los monofisitas, en lo que pareció conseguir notables éxitos. Si una maniobra política le había otorgado la sede otra se lo quitó. Demasiado comprometido en la revuelta de Bardas Focas, el emperador Basilio II ordenó su exilio e internamiento en un convento de la capital en 990. Seis años después el emperador logró de Agapio la abdicación a cambio del monasterio de Picridio y sus rentas. Agapio falleció el 8 de septiembre de 997.

3,.- Juan III Polites (4-X-996/VII-1021).- Juan, cartofilacto de Hagia Sofía, fue ordenado el domingo 4 de octubre de 996, de nuevo un constantinopolitano en la sede de Antioquía. Como tal se mostró dócil a las instrucciones de Constantinopla: accedió a la renuncia a la ordenación del patriarca de Antioquía por sus metropolitas, compromentiendo así notablemente su independencia; y en 1000 cedió a favor de la sede de Jerusalén diversas rentas en Iberia a cambio de algunas concesiones administrativas.

4.- Nicolás II el Estudita (17-II-1025/8-X-1030).- Higúmeno del monasterio de Estudio. Participó en 1029 en el sínodo ante el que tuvo que comparecer Juan Mar Abdun, el patriarca jacobita acusado por el emperador Romano III.

5.- Elías II Sofronites (1-IV-1032/8-IX-1033).- Antiguo monje en un monasterio de Nicomedia. El único recuerdo de su actividad es su participación en el sínodo contra los monofisitas.

6.- Teodoro II el juez (3-III-1034/24-IX-1042).- Participó en la lucha contra el monofisismo en la Iglesia de Iberia, que parece depender de la metrópoli de Antioquía.

7.- Tras Basilio II, con un mandato desconocido, Pedro III (primavera de 1052/después de agosto de 1056).- Antioqueno de nacimiento, aunque educado en Constantinopla, Pedro mantuvo una relación epistolar muy intensa con algunos de los personajes más importantes en el ámbito religioso de la época, como Miguel Pselo, el papa León IX y Domingo de Grado. Durante su patriarcado la Iglesia de Iberia, hasta entonces sometida a la sede de Antioquía, se convirtió en autocéfala. Defendió celosamente los derechos de la Iglesia de Antioquía, y denunció la cesión de sus prerrogativas efectuada tiempo atrás por Juan III. Enfrentado a Miguel Cerulario por este conflicto de competencias, las diferencias estallaron cuando un diácono de Antioquía llamado Cristódulo Hagioestefanites durante su estancia en Constantinopla fue nombrado cubuclesio [chambelán del patriarca] y lo envió de vuelta a Antioquía. Pedro se consideró ultrajado al estimar que los derechos de su sede habían sido infringidos. Expulsó a Hagioestefanites, rompió el diploma de Cerulario y acusó a este de inmiscuirse en los asuntos del trono apostólico antioqueno que no era inferior en nada al de Constantinopla. Cerulario se mostró conciliador, culpó a uno de sus subordinados del error y el incidente se cerró tras readmitir el patriarca Pedro a Hagioestefanites.

El deseo de reafirmación de la autonomía de la sede antioquena durante el mandato de Pedro III se mostró también en diversas cuestiones disciplinares. A pesar de sus esfuerzos no parece que se revocara la intervención de Constantinopla en el nombramiento del patriarca de Antioquía.

8.- Juan IV (después de agosto 1056/antes del 15-VIII-1057).

9.- Teodosio III (antes del 30-VIII-1057/4-IV-1059).- Teodosio participó en el golpe de estado que derribó a Miguel VI y llevó al poder a Isaac I Comneno. Nativo de Constantinopla, era hombre de gran cultura y conocimiento de los saberes eclesiásticos y laicos. Durante su mandato regló asuntos sobre la Iglesia Ibera (puede que fuese entonces cuando se estableció la autonomía de esta Iglesia y no en tiempos de Pedro III) y por su implicación con la política de Cerulario se alineó claramente con él contra Roma. Desde ese momento cesaron las relaciones eclesiásticas con esta.

10.- Emiliano (¿-1074/1078-79).- En 1074 se mostró partidario de Filareto Brajamio, que se había hecho con el control de la ciudad tras la muerte de José Tarcaniotes. El nuevo duque Isaac Comneno llegó con la orden de detener a Emiliano y enviarlo a Constantinopla, lo que tuvo que hacer mediante una estratagema ante el apoyo popular del que gozaba el patriarca. Emiliano vivió en Constantinopla, donde siguió implicado en la política. El 25 de marzo de 1078 fue uno de los participantes en la revuelta que acabó con el reinado de Miguel VII y propició la llegada al trono de Nicéforo III Botaniates.

11.- Nicéforo el Negro (1079/1080 – ?).- Durante su mandato o en el de su sucesor Juan V Antioquía fue conquistada por los turcos. Se ignora todo de su mandato salvo que sobrevivió a Botaniates y mantuvo buena relación con Alejo Comneno.

El control de Antioquía por parte del Imperio puso a las autoridades ante una compleja situación en el terreno religioso. La mayoría de la población original musulmana había huido en el momento de la conquista; pero la comunidad melquita, que había sufrido durante años persecución y acoso por su supuesto apoyo a los invasores de Siria en los años 60 del siglo X, mejoró sin embargo su situación bajo la protección de Constantinopla. Para conocer la situación de este colectivo es útil consultar la Vida del patriarca melkita Cristóforo escrita por el protoespatario Ibrahim ben Yuhanna (Abraham hijo de Juan). El patriarca Cristóforo fue asesinado por los musulmanes inmediatamente antes de la conquista bizantina y ofrece detalles singulares sobre las condiciones de vida en Antioquía para la comunidad melkita

La mayoría de la población cristiana estaba compuesta por jacobitas de confesión monofisita, cuyo apoyo fue buscado abiertamente por el gobierno bizantino ante la necesidad de asegurar la instalación en la ciudad de pobladores cristianos en cantidad. La respuesta masiva de los jacobitas y su paso a Siria provocó la necesidad de crear nuevos obispados y monasterios para dar respuesta a las demandas de la población. Esa necesidad llevaba en sí misma el germen de un conflicto con el gobierno ortodoxo en manos de un emperador menos tolerante que Basilio II. La crisis estallaría con virulencia a partir de 1029 por la política beligerante a este respecto de Romano III Argiro.

Otro participante en el juego era la Iglesia armenia, que debía atender las necesidades espirituales de las guarniciones armenias establecidas en todo el ducado. Un último elemento en el cuadro eran los latinos presentes en la ciudad, soldados y mercaderes, que tenían en Antioquía sus propios hospitales y una iglesia.

Al igual que la tendencia mostrada en la administración civil los primeros patriarcas nombrados tras la conquista fueron locales (el primero efectivo Agapio, obispo de Alepo). Posteriormente sirios y clérigos constantinopolitanos se alternaron al frente de la sede. Sus relaciones con la comunidad monofisita experimentaron altos y bajos, con periodos de paz alternados con épocas de persecución y conflicto, frecuentemente instigados por iniciativas personales como en 1030, cuando el metropolita Juan de Melitene convenció a Romano III para acusar al patriarca jacobita Juan Mar Abdun y hacerlo llamar a Constantinopla para ser juzgado. Se registran otras persecuciones de la minoría jacobita en 983, 1053/54 y 1076/77 durante las cuales hubo destrucción de iglesias y libros litúrgicos.

En cuanto a las otras comunidades presentes, los judíos estuvieron seguramente presentes en la ciudad, aunque sólo son documentados en la época de las Cruzadas. Aunque la población musulmana de Antioquía abandonó en buena parte la ciudad seguía establecida en muchas otras localidades. En Laodicea, por ejemplo, jueces musulmanes ejercían sus funciones con permiso de las autoridades bizantinas, Gabala también estaba poblada mayoritariamente por musulmanes. Muchas otras poblaciones compartían estas características. Los latinos también estaban representados, particularmente peregrinos y mercaderes. Antes de 1071 el amalfitano Mauro fundó un hospital para peregrinos en la ciudad.

Más allá de esas excepciones los emperadores durante el siglo XI habitualmente permitieron a las distintas comunidades religiosas organizarse por ellas mismas. El reinado de Basilio II fue particularmente benevolente con las minorías. En el Tauro, en Melitene florecieron las iglesias. El cronista Miguel el Sirio recuerda su reinado como una edad de oro para la creación de monasterios jacobitas, alguno de los cuales, como el de Bar Gagaï se convirtió en un foco cultural y de proselitismo que llegó a inquietar al metropolita de Melitene.

La atención prestada a los jacobitas no impidió a los emperadores seguir sosteniendo a las comunidades ortodoxas. Numerosos iberos se instalaron en el ducado y en pocos años se creó una rica comunidad monástica en las montañas de Caucas (Casio) y en el Monte Admirable (Thaumaston Oros).

El mito de que la división religiosa favoreció la conquista turca de Siria no parece encontrar reflejo real en las fuentes. En los años 70 del siglo XI altos oficiales en la región como Apelgaripes (Abu’l Garib), estratego de Cilicia;  Gagik, duque de Licando o Cataturio, duque de Antioquía, aunque de religión monofisita fueron considerados por sus enemigos como fieles servidores del emperador. Los hombres que negociaron la entrega de la región a los turcos, Filareto Brajamio, Gabriel y Thoros, eran tzatoi, armenios de confesión calcedonia/ortodoxa.

 

Así acaba esta entrada sobre la dominación bizantina en Antioquía. Espero que te haya parecido interesante. No dudes en utilizar la sección de comentarios para exponer dudas, preguntas o cualquier opinión.

Un saludo muy cordial

Roberto

 

Para saber más...

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Damián Dalaseno, duque de Antioquía
Salih ibn Mirdas, el señor beduino de la guerra

 
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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

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