El emperador Constantino Monómaco ofrece un crisóbulo a Maniaces

 

En esta última entrada de la serie sobre la figura histórica de Jorge Maniaces hacemos una reflexión sobre su figura y sus circunstancias…

 

CONSIDERACIONES SOBRE JORGE MANIACES

 

La revuelta de Jorge Maniaces y su trágico fin en el momento mismo de su triunfo causó honda impresión entre sus contemporáneos. Una de las consecuencias de gran calado fue la de reforzar el partido antimilitarista en la corte ante el temor a que intentos similares pudiesen prevalecer. El resultado fue un proceso de desmilitarización que perjudicó gravísimamente al Imperio en los mismos años en que empezaban a asomarse las primeras bandas turcas en las fronteras.

A la luz de lo que sabemos sobre la biografía del general no podemos considerarle un advenedizo o un aventurero. En tal caso las fuentes no habrían dejado de citar cualquier dato al respecto. En ningún momento se hace mención de un origen humilde y su padre es mencionado sin ningún tipo de apreciaciones negativas. Los cronistas, en general, nos han legado testimonios favorables de su figura y aunque no pretendieron excusar su revuelta no esconden la simpatía y la admiración que le profesaban, opuestas al indigno comportamiento de sus adversarios. Con el tiempo la figura de Maniaces fue considerada como la única que pudo haber salvado a Bizancio de los normandos en Europa y de los turcos en Asia.

En palabras del historiador Miguel Ataliates:

El emperador (Miguel IV ), Dios lo tenga en su gloria, al que por su patria se conocía como el Paflagonio, ostentaba el cetro de los romanos cuando el pueblo agareno fue combatido en la parte occidental del Imperio, en Sicilia, por las fuerzas navales y de infantería de los romanos. Y si a Jorge Maniaces, a quien se había encomendado el mando de todo el ejército, no se le hubiera quitado de en medio acusado de intento de usurpación y sustituido por otros en el mando de la guerra, quizá los romanos serían todavía hoy los amos de isla tan grande y afamada, rodeada de grandes ciudades y no carente de ningún otro bien. Pero la envidia aniquiló al hombre y a sus gestas e impidió tal hazaña, pues los generales que le sucedieron se condujeron de un modo vergonzoso e innoble, de modo que los romanos perdieron tanto la isla como a la mayor parte de su ejército.Ataliates, Historia, III, 5-12

La carrera de Jorge Maniaces floreció cuando el fuerte impulso de la época de Basilio II se empezaba a desvanecer, cuando el imperio se conformaba ya con mantener sus conquistas. En años posteriores, cuando hubiera hecho falta hombres de su temple para hacer frente a tantos enemigos, se produjo de modo natural la reivindicación de su figura que adquirió entonces cierto grado de mitificación.

Efectivamente hay signos inequívocos de la fuerte impresión que produjo entre sus contemporáneos, dentro y fuera del Imperio, que llevaron a perpetuar su nombre como recordatorio de las hazañas del militar bizantino. Gran parte de esa fascinación puede ser atribuida a una existencia en la que no cupo el término medio, la de un hombre aureolado por una vida y muerte dramáticas. Maniaces no respondía al prototipo de hombre bizantino y bien podría haber sido llamado el bizantino normando, pues como ellos era físicamente imponente, astuto, individualista, cruel, valeroso, lleno de recursos y falto de escrúpulos. Eran estas cualidades que le hacían un hombre singular entre los de su época. Un hombre apasionado y violento, que gozó del triunfo y padeció en la prisión, que alcanzó la victoria en el campo de batalla y fue humillado en su hogar, que fue aclamado como la salvación del Imperio y sin embargo condenado por su señor. Que se alzó en rebeldía y murió cuando ya tenía al alcance el triunfo supremo. Que en definitiva nunca fue derrotado, ni siquiera en el momento de su muerte aunque en muchos momentos padeciese la venganza de sus enemigos.

Podríamos establecer un curioso paralelismo entre la figura de Jorge Maniaces y la de otro de los más grandes militares de la historia de Bizancio, Belisario, como paradigmas dramáticos de los cambios de fortuna. Ambos triunfaron en su juventud y asumieron el generalato proporcionando grandes victorias al imperio. Dos veces fueron enviados a Italia y en ambos casos saborearon el triunfo en la primera y la decepción en la segunda. Sufrieron por igual la desconfianza de su señor y, en el caso de Belisario sólo en la leyenda, acabaron calamitosamente su carrera. Las de ambos fueron vidas de características novelescas, movidas a golpe de valor, fortuna y contratiempos que sin duda ofrecerían campo abierto a la recreación literaria para las generaciones posteriores. Ése fue el caso de Belisario, cuya fortuna adversa deformada por la leyenda inspiró a dramaturgos y novelistas. Es curioso que por contra Maniaces no haya encontrado un autor que rememorase su tiempo, circunstancia tal vez achacable a la ausencia de un Procopio para legarnos el relato fiel de sus acciones (hay traducciones en español de buena parte de su obra).

Sin embargo el retrato del general ofrece también sombras. Las crónicas de Apulia nos proporcionan una imagen muy diferente, la de un soldado brutal y sanguinario cuyo comportamiento le hizo perder el favor de las poblaciones locales y, paradójicamente, reafirmó el apoyo a las autoridades bizantinas, vistas como la instancia de poder legítima frente al tirano. En el balance final de las campañas italianas el resultado final no fue favorable a Bizancio. Para obtener el éxito frente a árabes y normandos y restablecer así el poder del imperio en Italia hubiera hecho falta combinar el talento de hombre de guerra con la habilidad de un político y en esto último el fracaso de Maniaces fue completo.

Todos los historiadores bizantinos de su época coincidieron en alabar sus cualidades y es evidente que su personalidad causó honda impresión entre sus contemporáneos, como nos lo recuerda la descripción ya citada de Pselo. El poeta Cristóforo de Mitilene lo recuerda en sus obras y se pronuncia a su favor. Ataliates, al que citábamos al principio también nos proporciona este juicio sobre el general:

Un hombre sanguinario y valiente […] sometió a una dura prueba a los soldados imperiales y los atemorizó con su impulso irresistible y con los golpes asestados con sus propias manos (pues luchaba al frente de sus hombres, era el primero en exponerse al peligro y no había quien, herido por su daga, no dejara al menos medio cuerpo destrozado en la refriega; ésa era la fama de este hombre invencible y duro, de gran altura y anchas espaldas, aspecto terrorífico y experto en estrategia).Ataliates, Historia, 15-16

Y todavía muchos años después de su muerte se mantenía vivo el recuerdo de sus hechos, como lo testimonia Ana Comnena en su Alexíada (hay edición española de 1989 de la Universidad de Sevilla) con la mención de los maniacates, las unidades reclutadas por él entre los francos para las guerras de Sicilia y que se consolidaron como un destacamento especial en la organización del ejército. Su nombre aparece también en las sagas escandinavas como Girger Jarl, el señor Jorge, compañero de tantas luchas al lado de Harald Hardrada.

Aunque Maniaces estuvo casado no sabemos si tuvo descendencia, pero nos gustaría creer que el sebastos Constantino Maniaces, que es citado en las Actas del Sínodo de las Blaquernas de 1094 entre los primeros dignatarios asistentes, era descendiente del gran militar y que, en su persona y en los honores de su alta posición Bizancio, suavizados los recuerdos por el paso del tiempo, quiso rehabilitar y honrar la memoria del gran militar.

Para saber más...

  • Histoire de Yahya Ibn Sa’Id d’Antioche, III. ed. de I. Kratchkovsky, trad. de F. Micheau y G. Troupeau. Patrologia Orientalis 47. Brepols, 1997.
  • Jean Skylitzés (2003), Empereurs de Constantinople , ed. y trad. de J.C. Cheynet et B. Flusin, P. Lethiellieux.
  • Mateo de Edesa, Crónica, ed. y trad. De A. E. Dostourian (1993).
  • Miguel Ataliates: Historia, ed y trad. de I. Pérez Martín. Nueva Roma 15. C.S.I.C., 2002.
  • Miguel Pselo (2005), Vida de los emperadores de Bizancio, trad. Juan Signes Codoñer, Gredos.
  • Amato, R. (2005), A protospatharios, magistros and strategos autokrator of 11th cent. , Porphyra, sup. 4.
  • Brehier, L. (1902) Hommes de guerre byzantins: Georges Maniakès, Tours.
  • Cheynet, J.C. (1990) Pouvoir et Contestations á Byzance (963-1210). Paris: Byzantina Sorbonensia, 9.
  • Falkenhausen, V. (1978) La dominazione bizantina nell’Italia meridionale dal IX all’XI secolo, Bari.
  • Gay, J. (1904) L’Italie Méridionale et l’Empire Byzantin depuis l’avènement de Basile 1er. jusqu’a la prise de Bari par les normands (867-1071). Paris: Bibliothèque des Écoles Françaises d’Athènes et de Rome.
  • Guilland, R. (1971) “Patrices du règne de Constantin IX Monomaque”, Sbornik Radova Vizantoloshkog Instituta XIII, Belgrado pp. 1-25 en Guilland (1976) Titres et fonctions de l’Empire Byzantin. Londres: Variorum Reprints.
  • Schlumberger, G. (1905) L’Epopée Byzantine á la fin du dixième siècle, Troisième partie: Les porphyrogénètes Zoe et Théodora. Paris: Hachette.
  • Zapata, R. (2006), Italia bizantina. Historia de la segunda dominación bizantina en Italia, 867-1071, Estudios y textos de Erytheia, 4, ACHH.

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Jorge Maniaces, el hombre que pudo reinar (VI)
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Roberto

Roberto Zapata es profesor y estudioso de Bizancio. Ha publicado el libro Italia bizantina 867-1071. En la actualidad escribe una trilogía ambientada en el siglo XI.

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